Por: Redacción LYP Multimedios Sede: Cabo Cañaveral, Florida.
«La NASA vuelve a estar en el negocio de enviar gente a la Luna». Con estas palabras, el administrador principal de la agencia, Jared Isaacman, celebró el exitoso lanzamiento de la misión Artemisa 2. Tras un receso de más de medio siglo desde la era Apolo, el cohete más potente de la historia despegó este miércoles, poniendo en órbita el módulo Orion con cuatro astronautas a bordo, marcando el inicio de una travesía de 10 días que pondrá a prueba los límites de la ingeniería moderna.
Un despegue con nervios de acero
El camino hacia la órbita no estuvo exento de dramatismo. A los retrasos previos por fugas de combustible en meses anteriores, se sumaron alertas de último minuto en los sensores de temperatura de las baterías del sistema de autodestrucción. Aunque fueron fallos menores, mantuvieron en vilo al equipo de control en Cabo Cañaveral hasta que se solucionaron segundos antes de la ignición.
Aproximadamente 51 minutos después del lanzamiento, la misión enfrentó su momento más crítico: una pérdida temporal de comunicaciones con Houston durante una transferencia de satélites. Tras minutos de tensión, la señal se recuperó de forma autónoma, confirmando que la tripulación se encontraba a salvo y con los sistemas operativos.
«Cosas que pasan cuando sacudes las cosas»
Al ser el primer vuelo tripulado del módulo Orion, la NASA anticipaba «ajustes» en el sistema. Amit Kshatriya, administrador asociado, informó con naturalidad sobre algunos inconvenientes domésticos dentro de la nave:
Fallo en el aseo: El controlador del inodoro —una novedad de diseño que ofrece mayor intimidad a los astronautas— presentó una avería que requirió horas de atención técnica.
Sistema de agua: Una válvula de cruce en los tanques de almacenamiento se cerró debido a la brutal vibración de los 8.8 millones de libras de empuje del cohete.
«Anticipamos que pasarían cosas de este tipo, es normal tras un lanzamiento de esta magnitud», explicó Kshatriya, minimizando los fallos frente al éxito de la maniobra de ‘elevación del perigeo’, que situó a la nave en una órbita estable antes de su inyección hacia el espacio profundo.
El objetivo: Datos «preciosos» y un eclipse único
Artemisa 2 no aterrizará en la superficie lunar, pero servirá como el examen final para el alunizaje previsto en 2028. Durante la misión, los astronautas tendrán el privilegio de observar un eclipse de cerca y capturar imágenes de la corona solar, buscando emular la icónica fotografía Earthrise de 1968.
Para Isaacman, el éxito no se celebrará hasta que la cápsula impacte de forma segura en el océano dentro de 10 días. Por ahora, cada hora de vuelo genera «datos preciosos» que pavimentan el camino para que el ser humano vuelva a pisar el polvo lunar en menos de dos años.
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