Por: Ing. Luis Muñoz — Delegado Estatal de Tradiciones Unidas Por México
En el artículo escrito por la Srta. Daniela Altamirano el pasado miércoles 6 de mayo, se comentan varias imprecisiones que, como taurino y queretano, quisiera aclarar. Se comenta de un posible desvío de recursos hacia los eventos taurinos; déjeme explicarle cómo es el proceso. Efectivamente, el municipio, año con año, destina una partida para la celebración anual de la Feria de San Juan del Río, pero son empresarios los que traen a dicha feria los diferentes eventos, tanto taurinos como gallísticos, teatro del pueblo, etc. El municipio aporta el espacio físico, permisos y facilidades para la realización de los diferentes eventos. Dados los eventos prohibicionistas con respecto a la tauromaquia que se han suscitado en la CDMX, San Juan del Río ha logrado capitalizar el momento.
La finalidad de esta réplica no es la de convencer a nadie de convertirse en taurino, pero hay que tener cuidado y responsabilidad con lo que se escribe, ya que la tauromaquia no es tortura animal como mal lo define la autora, ya que para ser tortura se debe estar ante un ser indefenso y, créame, un toro de lidia no lo es. La invitamos a ella y a todo aquel que quiera conocer realmente del toro a que se acerque a una ganadería.
Las corridas de toros sí son actos crudos, con veracidad, donde hay vida y hay muerte; que como todo mamífero, tanto toro como torero tienen sangre, pero aquí estriba una de las principales falacias que los prohibicionistas usan: “vamos a ver sangre”. No; si quisiéramos ver sangre iríamos a un rastro. Nosotros vamos a ver la liturgia taurina que se crea entre toro y torero: los pases y lances, la conformación del toro, la bravura y la crianza. Que hay sangre, sí, efectivamente hay sangre; por eso no es para cualquiera, pero no por eso se debe buscar prohibir o cancelar. A mí en lo particular me desagrada el fútbol (soccer); nunca me verán en un estadio o viéndolo en televisión, pero no por eso voy a pedir que se cancele, ya que si hablamos de violencia y muertes, en los últimos 10 años ha habido más de 250 fallecidos entre estampidas, violencia y enfrentamientos en los estadios de fútbol a nivel mundial, contra cero en plazas de toros.
Comenta también la autora que la tauromaquia es para un pequeño grupo aspiracionista de élite, cosa por demás falsa. Dejemos a un lado esa herencia de los últimos siete años que ha dividido al país; la tauromaquia es 100% igualitaria, popular e incluyente. En los tendidos puedes estar codo con codo con una persona de un gran poder económico o con un campesino, jornalero u obrero, ambos disfrutando y comentando la corrida. También es importante aclarar que Querétaro es el tercer estado con mayor número de ganaderías de toros de lidia con 30, siendo San Juan del Río uno de los municipios que más ganaderías tiene con ocho; siendo «La Antigua» la primera en fundarse en este municipio en el año de 1973. Además, la organización de festejos taurinos dentro de las ferias de San Juan se ha documentado formalmente desde finales del siglo XIX, alcanzando más de un siglo de continuidad oficial.
La última falacia vertida en el artículo al que se le da réplica es que causa daños a la psique infantil, argumento muy socorrido por los prohibicionistas, hecho desmentido con el estudio: Evaluación del impacto emocional y conductual que generan las corridas de toros en una muestra de niños y adolescentes del centro y bajío de la República Mexicana, del Dr. Juan Alberto Cárdenas Medina. Por lo que nosotros, los taurinos, lo único que exigimos es respeto. Entendemos que exista gente que no comprende lo que es la tauromaquia; a nadie se le obliga a asistir. Las corridas de toros se realizan en un lugar privado donde para entrar se tiene que pagar un boleto, lugar al que asistimos solamente las personas interesadas en dicho evento.
¿Qué sigue? ¿Prohibir que gente del mismo sexo se bese en la calle porque a una minoría le resulta desagradable? ¿Prohibir el “perreo” y el reggaetón porque a una minoría se le hace indecente? Como dijo el poeta Friedrich von Schiller, en un aforismo histórico de tolerancia que promueve el respeto a las elecciones ajenas: “Vive y deja vivir”.
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