Por: Redacción de LYPmultimedios
Huehuetoca, Estado de México, 30 de junio de 2026.— La Guardia Nacional cumplió siete años en medio de un balance que el Gobierno de México presenta como histórico: más elementos, más cuarteles, más detenciones y una reducción de 46% en homicidios dolosos, de acuerdo con lo dicho por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo durante la ceremonia conmemorativa.
Pero el aniversario también deja una pregunta de fondo: ¿cómo se traduce una cifra nacional de seguridad en tranquilidad real para una familia que todavía evita salir de noche, que teme una extorsión o que no deja caminar sola a una hija o un hijo?
Ese es el punto central del debate. La seguridad no se mide únicamente en gráficas. También se mide en la vida diaria: en abrir un negocio sin miedo, esperar el transporte sin angustia, regresar de noche a casa, denunciar sin temor y sentir que la autoridad llega cuando se le necesita.
Durante el acto por el 7° Aniversario de la Guardia Nacional, realizado en Huehuetoca, Estado de México, Sheinbaum reconoció a las y los integrantes de la corporación y afirmó que su labor forma parte de la reducción de homicidios dolosos en el país.
“Ustedes, Guardia Nacional, están haciendo historia”, expresó la presidenta, al señalar que la misión de la institución es proteger la paz que construye el Gobierno de México.
El mensaje político fue claro: la administración federal busca colocar a la Guardia Nacional como uno de los pilares de su estrategia de seguridad, junto con la atención a las causas, la inteligencia, la investigación y la coordinación entre instituciones.
Sheinbaum recordó que la Guardia Nacional nació en 2019 como una de las transformaciones institucionales más importantes de las últimas décadas. A siete años de su creación, la corporación cuenta con 125 mil elementos, distribuidos en 53 coordinaciones y 590 cuarteles en todo el país.
“La creación de la Guardia Nacional, a siete años, podemos decir que es una hazaña”, afirmó.
El dato muestra el tamaño que ha alcanzado la institución. En pocos años pasó de ser una promesa de reorganización de la seguridad pública a convertirse en una de las principales fuerzas desplegadas en territorio nacional.
La Guardia Nacional ya no es un experimento institucional. Es una estructura central del Estado mexicano.
El secretario de la Defensa Nacional, general Ricardo Trevilla Trejo, destacó que la corporación mantiene altos niveles de reconocimiento ciudadano. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI, la Guardia Nacional registró una percepción de desempeño efectivo de 77% en marzo de 2026, por encima de policías estatales y municipales.
Ese dato importa, pero también debe leerse completo. La confianza en una institución no borra automáticamente el miedo que la ciudadanía vive en su entorno inmediato. En la misma medición del INEGI, más de seis de cada diez personas adultas en zonas urbanas consideraron inseguro vivir en su ciudad.
Ahí está la tensión de la seguridad mexicana: la gente puede reconocer a la Guardia Nacional como una autoridad más confiable que las policías locales y, al mismo tiempo, seguir sintiendo que su colonia, su transporte o su camino al trabajo no son seguros.
El comandante de la Guardia Nacional, Guillermo Briseño Lobera, presentó resultados operativos de la institución: más de 45 mil personas detenidas relacionadas con hechos delictivos, 23 mil armas de fuego aseguradas, 213 toneladas de droga decomisadas y más de 2 mil laboratorios clandestinos desmantelados.
También se informó que la corporación pasó de 78 mil a más de 125 mil elementos, con la meta de alcanzar 170 mil integrantes al finalizar la administración.
El crecimiento es evidente. La pregunta es si ese crecimiento está logrando cambiar la vida en los territorios más golpeados por la violencia.
Porque en México la inseguridad no se vive igual en todas partes. Hay regiones donde la presencia federal puede significar contención, patrullaje y apoyo inmediato. Pero también hay zonas donde el crimen organizado controla economías locales, extorsiona comercios, disputa rutas, infiltra policías y obliga a la población a convivir con reglas impuestas por grupos criminales.
En esos lugares, la paz no se anuncia: se comprueba.
La presidenta sostuvo que la Guardia Nacional actúa bajo principios de honradez, honestidad, cercanía y respeto a los derechos humanos. Ese punto será clave para su legitimidad futura. Mientras más crece una corporación armada, más necesita controles, capacitación, evaluación, transparencia y rendición de cuentas.
Una institución de seguridad fuerte no solo debe ser numerosa. Debe ser confiable, profesional y capaz de actuar sin abusos.
El reto también pasa por la coordinación con policías estatales y municipales. La Guardia Nacional puede desplegarse, patrullar, apoyar operativos y responder a emergencias, pero la seguridad cotidiana depende mucho de las autoridades locales: la primera patrulla, el ministerio público, la denuncia, el seguimiento, la prevención, el alumbrado, el transporte, los entornos escolares y la atención a víctimas.
Si las policías municipales siguen débiles, mal pagadas o infiltradas, la Guardia Nacional termina cargando con una responsabilidad que ningún cuerpo federal puede resolver solo.
La seguridad no puede descansar únicamente en una fuerza nacional. Necesita instituciones locales que funcionen todos los días.
Ese es uno de los puntos más sensibles del balance. El gobierno federal puede reportar una baja en homicidios, pero la ciudadanía evalúa la seguridad desde experiencias concretas: si le robaron el celular, si su negocio recibió una amenaza, si escuchó disparos, si dejó de visitar familiares o si ya no camina de noche.
La reducción de homicidios dolosos es un dato relevante. Cualquier baja en asesinatos importa porque detrás de cada número hay una vida que no se perdió y una familia que no fue destruida.
Pero una política de seguridad completa debe mirar también delitos que afectan de forma directa la tranquilidad diaria: extorsión, desapariciones, violencia familiar, robo, cobro de piso, narcomenudeo, amenazas, trata, secuestro y violencia contra mujeres.
La paz no es solo que haya menos homicidios. La paz es que la gente recupere la calle, la noche, el negocio, el camino y la confianza.
En su discurso, Sheinbaum presentó a la Guardia Nacional como parte de una estrategia que combina presencia territorial, inteligencia e investigación. Esa combinación es indispensable, porque el crimen organizado no se derrota solo con patrullas. También se enfrenta siguiendo dinero, desmantelando redes, protegiendo testigos, judicializando bien los casos y rompiendo complicidades dentro del poder público.
El aniversario de la Guardia Nacional llega entonces como una fotografía de dos realidades. Por un lado, una corporación que creció rápido, que tiene presencia nacional y que el gobierno asocia con una baja importante en homicidios. Por otro, un país donde la percepción de inseguridad sigue marcando rutinas, miedos y decisiones familiares.
Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
La Guardia Nacional puede estar mejor evaluada que otras instituciones de seguridad y, aun así, México puede seguir teniendo una deuda profunda con la tranquilidad cotidiana. Puede haber menos homicidios y, aun así, muchas comunidades pueden seguir sintiendo que viven bajo presión criminal.
Por eso el balance de siete años no debería quedarse en celebración. También debe abrir una evaluación seria: qué funciona, qué no, dónde se redujo la violencia, dónde sigue la crisis, cómo se cuidan los derechos humanos, cómo se fortalecen las policías locales y cómo se garantiza que el despliegue federal no sustituya indefinidamente a las instituciones civiles.
La presidenta dijo que la Guardia Nacional está haciendo historia. La frase puede sostenerse por su tamaño y por su papel en la estrategia de seguridad. Pero la historia no se escribirá solo en los informes oficiales.
Se escribirá en las colonias donde la gente vuelva a salir sin miedo, en los negocios que dejen de pagar extorsión, en las familias que no tengan que cambiar rutinas y en las comunidades donde la autoridad vuelva a ser más fuerte que el crimen.
A siete años de su creación, la Guardia Nacional ya tiene presencia, estructura y peso político. Ahora el reto es más difícil: demostrar que su crecimiento puede convertirse en paz cotidiana.
Porque en seguridad, el dato importa. Pero lo que realmente cambia un país es que la gente pueda vivir sin miedo.