ImmigrationOS: la infraestructura que decide a quién deportan primero
Por: Rodrigo Vissuet
San Juan del Río, Qro. 17 de agosto de 2026.— Hay un documento público en el sistema federal de contrataciones de Estados Unidos con el número 70CTD022FR000170. Es la justificación con la que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas explica por qué contrató a una empresa sin licitación, sin competencia y con urgencia.
En ese documento aparece una frase que describe con precisión burocrática lo que el sistema hace: «ciclo de vida migratorio de extremo a extremo, desde la identificación hasta la expulsión.»
La empresa es Palantir. Su cofundador y presidente del consejo es Peter Thiel, el mismo que en 2009 escribió que la libertad y la democracia ya no eran compatibles. Esta es la segunda entrega de nuestra serie sobre sus ideas, y toca el punto donde dejan de ser ideas.
La cifra que circuló y la cifra real
En abril de 2025, la prensa internacional reportó que ICE había otorgado a Palantir un contrato de 30 millones de dólares. Ese número se quedó en el imaginario público, pero es apenas el primer piso del edificio.
El desglose verificable:
- 29.8 millones de dólares — contrato del 17 de abril de 2025 para desarrollar el prototipo de ImmigrationOS, con entrega el 25 de septiembre de ese año.
- 29.9 millones de dólares — segunda orden otorgada el 25 de septiembre de 2025 para renovación de licencias, operación y mantenimiento adaptativo del mismo sistema.
- Más de 145 millones de dólares — valor acumulado del contrato matriz de gestión de casos sobre el que ImmigrationOS se construyó.
- Más de 900 millones de dólares — total de contratos federales que Palantir ha obtenido desde el inicio de la actual administración, según registros públicos obtenidos por The New York Times.
Y un dato de procedimiento que importa tanto como las cifras: el contrato se adjudicó sin licitación. ICE argumentó en su justificación que existía una necesidad «urgente e imperiosa» y que Palantir era «la única fuente» capaz de entregarlo a tiempo, porque «los sistemas de Palantir ya están ingiriendo y procesando datos de múltiples fuentes de ICE, del Departamento de Seguridad Nacional y externas».
Traducido: la empresa está tan integrada en la infraestructura del organismo que ningún competidor podría alcanzarla. En el lenguaje de la industria eso se llama vendor lock-in —dependencia de proveedor único. En el lenguaje del ensayo de 2009, se parece bastante a un monopolio.
Las tres funciones, según el propio contrato
El documento oficial enumera qué debe hacer el sistema. Son tres capacidades:
1. Priorización de objetivos y aplicación de la ley. El contrato habla de «agilizar las operaciones de selección y aprehensión». El sistema jerarquiza a quién buscar primero. Las categorías prioritarias que menciona son «criminales violentos», «afiliados de organizaciones criminales transnacionales conocidas» y —esta es la que cambia todo— personas que excedieron la vigencia de su visa.
2. Seguimiento de la autodeportación. El contrato exige «visibilidad casi en tiempo real» sobre las personas que abandonan el país por cuenta propia, para «informar la política» y reportar con exactitud las salidas.
3. Gestión del ciclo de vida migratorio. El proceso completo, «de la identificación a la expulsión», con «mayor eficiencia en la logística de deportación, minimizando tiempo y gasto de recursos».
El detalle que debería importarle a cualquier mexicano con visa
Volvamos a la primera categoría. En la legislación estadounidense, exceder la vigencia de una visa ha sido tradicionalmente una falta administrativa, no un delito. Sin embargo, en el contrato aparece listada junto a «criminales violentos» y miembros de organizaciones criminales transnacionales como prioridad del sistema.
No estamos hablando de una interpretación: es el texto del documento. Y significa que la persona que se quedó unas semanas más de lo permitido después de visitar a su familia queda categorizada, para efectos operativos del sistema, en la misma cola de prioridad que alguien acusado de un delito violento.
De dónde saca los datos
ImmigrationOS no genera información nueva. Su función es unir la que ya existe en bases de datos separadas. Según los registros contractuales y los reportes de organizaciones especializadas, el sistema integra:
- Registros de pasaportes
- Archivos del Seguro Social
- Datos fiscales del servicio de recaudación
- Lectores automáticos de placas vehiculares
- Bases de datos de agencias federales de investigación
- Registros de visas estudiantiles
- Información de corredores de datos privados
A eso se suma una herramienta complementaria llamada ELITE —Identificación Mejorada de Pistas y Focalización para Aplicación de la Ley—, que según reportes públicos ubica objetivos en un mapa digital, arma expedientes individuales y les asigna «puntajes de confianza» sobre la exactitud del domicilio.
Un puntaje de confianza sobre dónde vive una persona. Ese es el nivel de granularidad del sistema.
La Unión Americana de Libertades Civiles, que sigue a Palantir desde 2011, documentó que estas herramientas «forman la columna vertebral del régimen de deportación masiva de ICE».
Lo que dijeron desde adentro de Silicon Valley
Aquí es donde la historia deja de ser solo contractual.
Cuando se conoció el contrato, Paul Graham —fundador de Y Combinator, la incubadora más influyente del sector tecnológico— escribió públicamente: «Es un momento muy emocionante en la tecnología ahora mismo. Si eres un programador de primer nivel, hay muchísimos otros lugares donde puedes ir a trabajar en lugar de la empresa que está construyendo la infraestructura del Estado policial.»
La respuesta de Palantir llegó de Ted Mabrey, su director global comercial, quien defendió a la compañía recordando que su trabajo con Seguridad Nacional comenzó tras el asesinato del agente Jaime Zapata a manos de los Zetas, en una operación llamada «Héroe Caído». Su argumento fue: «Cuando hay personas vivas por lo que construiste, y otras muertas porque lo que construiste no era todavía suficientemente bueno, uno…»
Es un argumento que merece registrarse completo, porque es el mejor que la empresa tiene y porque tiene fondo real: Palantir empezó a trabajar con el gobierno estadounidense en 2011, bajo una administración demócrata, y el asesinato de Zapata ocurrió en territorio mexicano.
En mayo de 2025, trece exempleados de Palantir firmaron una carta abierta con una valoración distinta: «Las empresas están apaciguando a la administración, suprimiendo la disidencia y alineándose con su agenda xenófoba, sexista y oligárquica.»
El conflicto de interés documentado
Un elemento que las organizaciones civiles han señalado y que conviene consignar con precisión: Stephen Miller, arquitecto de la política migratoria de la administración estadounidense, mantiene una participación financiera sustancial en Palantir, según reportó el American Immigration Council.
No es una acusación de ilegalidad. Es un hecho registrado que describe cómo se solapan la decisión política y el beneficio corporativo en este caso concreto.
Lo que ya no se limita a migrantes
En diciembre de 2025, nuevos registros contractuales revelaron que Palantir construye también una plataforma tecnológica para el servicio de Ciudadanía e Inmigración —la agencia que otorga beneficios migratorios, no la que los persigue. Es decir, el mismo proveedor que opera el sistema de expulsión ahora participa en el sistema que decide quién obtiene residencia o ciudadanía.
Organizaciones de libertades civiles han advertido un riesgo estructural: nada en el diseño técnico del sistema limita su uso a personas sin documentos. La arquitectura que rastrea a un migrante puede rastrear a cualquiera.
La línea que conecta con 2009
En la primera entrega documentamos que Thiel escribió: «la gran tarea para los libertarios es encontrar una vía de escape de la política en todas sus formas», y que identificó tres territorios donde construirla —el ciberespacio, el espacio exterior y el mar.
Diecisiete años después, el ciberespacio dejó de ser una vía de escape de la política. Se convirtió en el instrumento con el que un gobierno ejerce una de sus funciones más coercitivas: decidir quién puede quedarse en el país y quién debe irse, y en qué orden.
Hay una diferencia importante que este medio no va a omitir: Thiel cofundó Palantir y preside su consejo, pero no dirige su operación diaria ni firma sus contratos. Atribuirle cada decisión de la empresa sería inexacto.
Lo que sí es exacto es esto: el hombre que escribió que había que escapar de la política construyó, en cambio, una de las herramientas de poder estatal más precisas de este siglo. No la usó para huir del Estado. Se la vendió.
En la próxima entrega: Competir es de perdedores. La tesis de Zero to One que enseña a Silicon Valley que el capitalismo y la competencia son opuestos, y por qué esa idea explica tanto el éxito de Palantir como el contrato sin licitación que acabamos de describir.



