“Con el pueblo todo, sin el pueblo nada” es quizá una de las consignas más poderosas —y más repetidas— de la Cuarta Transformación. Sin embargo, como toda frase que se vuelve mantra, su fuerza depende menos de la retórica y más de su coherencia con la práctica. En política, la distancia entre el discurso y los hechos suele ser el territorio donde florece la demagogia.
Bajo esa premisa, LYPmultimedios realizó un ejercicio de sondeo ciudadano con un objetivo claro: medir preferencias reales, no infladas; participación auténtica, no simulada. En el tablero se colocaron cuatro figuras políticas que aspiran a coordinar los comités territoriales rumbo a la definición de la candidatura a la gubernatura de Querétaro. La regla fue explícita: solo cuentan perfiles digitales reales; los bots quedan automáticamente descalificados.
El resultado reveló más que una simple fotografía de preferencias. Puso en evidencia dos formas de entender la política en la era digital. Por un lado, los diputados federales Ricardo Astudillo (PVEM) y Luis Humberto Fernández (Morena), cuyas interacciones estuvieron marcadas por una alta presencia de perfiles falsos. En el caso de Astudillo, se detectaron más de 300 bots, con origen en regiones como Asia y África, lo que derivó en una preferencia digital artificialmente baja y, sobre todo, carente de legitimidad.
Ante esta distorsión, y fiel a su compromiso editorial con la veracidad, la libertad informativa y la verificación de datos, el consejo editorial de LYPmultimedios determinó anular la participación de ambos perfiles. No como un acto punitivo, sino como una decisión ética: en una democracia, la simulación no puede competir en igualdad de condiciones con la participación genuina. El agradecimiento, en cambio, quedó para las personas reales que sí ejercieron su derecho a opinar.
El sondeo se concentró entonces en dos figuras: Gilberto Herrera y Santiago Nieto Castillo. Con información cruzada y una revisión técnica apoyada en una filtración vinculada al equipo de META, los números finales fueron claros. Gilberto Herrera registró 435 votos, de los cuales se descontaron 146 perfiles falsos. Santiago Nieto alcanzó 288 votos, tras restar 115 interacciones no auténticas. El balance arroja una preferencia del 60.16% para Herrera frente a un 39.84% para Nieto, sobre un total de 723 votos válidos.
Más allá del resultado puntual, el mensaje es político y profundamente simbólico: la verdad sigue siendo un activo electoral. Herrera encabeza hoy la preferencia digital real, pero el propio ejercicio muestra que Santiago Nieto aún tiene margen de crecimiento si decide transitar con mayor rigor por los principios que la 4T enuncia: congruencia, honestidad y cercanía con el pueblo, no con las métricas infladas.
Este sondeo deja una advertencia clara para quienes aspiran a liderar procesos territoriales: el “Día D” no se gana con estructuras virtuales asentadas en India, Asia o África. Esas no votan, no caminan territorio y no construyen legitimidad. El pueblo —ese que se invoca en los discursos— tampoco se engaña indefinidamente.
En tiempos donde la política digital puede ser herramienta o trampa, Querétaro ofrece una lección temprana: sin datos reales, no hay mandato; sin pueblo auténtico, no hay transformación.
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