Baxico informa alza en las remesas

Remesas: no hay más migrantes enviando dinero. Hay menos enviando más

Por Redacción LYP / Negocios

El titular que circuló durante todo el lunes fue una historia de resistencia: las remesas crecieron 3.1% en el primer semestre pese a las redadas, las deportaciones y el impuesto de Trump. El dato es correcto y la lectura tiene fundamento. Pero en el mismo reporte de Banxico hay una cifra que apunta en dirección opuesta y que casi ninguna cobertura recogió: durante ese mismo semestre, el número de operaciones cayó 1.8% anual, hasta 75.9 millones de envíos.

Es decir, no están enviando más personas. Están enviando menos personas, cantidades mayores.

Lo que reportó Banxico

Los ingresos por remesas sumaron 30,759 millones de dólares entre enero y junio de 2026, 917 millones de dólares más que en el mismo periodo del año anterior, cuando se registraron 29,842 millones. Solo en junio, el ingreso mensual fue de 5,472 millones de dólares, una expansión anual de 4.2% originada en 12.97 millones de transacciones, con un envío promedio de 422 dólares.

La composición de ese crecimiento es donde está la nota. En junio, el número de operaciones aumentó apenas 0.4%, mientras el monto promedio subió 3.8%, unos 16 dólares más que un año antes. En el acumulado del semestre la brecha se abre todavía más: el envío promedio creció 5%, de 386 a 405 dólares, mientras las operaciones retrocedieron 1.8%.

Prácticamente todo el crecimiento vino del tamaño del envío, no de la cantidad de personas enviando.

El dato de junio, en su contexto real

Hay un segundo elemento que conviene precisar. Aunque el 4.2% de junio suena sólido, se trata del menor dinamismo registrado para ese mes desde junio de 2019, si se excluye la caída de 15.6% observada el año pasado. A tasa mensual, además, las remesas bajaron 2.4% frente a mayo —un descenso que tiene explicación estacional, pues mayo concentra los envíos por el Día de las Madres—, pero con un matiz que pesa: cuatro de los seis meses del año han registrado variaciones mensuales negativas.

El punto de comparación de fondo tampoco puede omitirse. En 2025, México recibió 61,791 millones de dólares en remesas, una caída de 4.6% que rompió once años consecutivos de crecimiento. El repunte de 2026 se mide, entonces, contra un año de contracción, no contra una base récord.

Por qué sube el monto y bajan los envíos

Banxico no ofrece una interpretación causal en su reporte, y conviene no atribuirle una. Pero el contexto documentado permite plantear hipótesis razonables.

Desde el 1 de enero de 2026 está vigente un impuesto de 1% a las remesas enviadas en efectivo, giros postales, cheques de caja e instrumentos similares, anunciado por el gobierno estadounidense en junio de 2025. El gobierno mexicano lo ha considerado una violación al tratado bilateral de 1994 contra la doble tributación, y la presidenta Claudia Sheinbaum implementó un programa de reembolso para los connacionales que acrediten haberlo pagado. Analistas de BBVA Research —Marco Lara, Juan José Li y Carlos Serrano— señalaron que el gravamen apenas ha tenido repercusiones medibles hasta ahora, pero advirtieron que lo determinante será cómo el Departamento del Tesoro y el sistema financiero estadounidense implementen las medidas que limitan el acceso de población no documentada a servicios financieros.

Un impuesto por transacción genera un incentivo claro: consolidar envíos. En lugar de mandar tres veces al mes, mandar una vez con el monto acumulado. Eso explicaría, al menos parcialmente, la combinación de menos operaciones con montos mayores.

La otra hipótesis es más directa y más difícil de medir: si el endurecimiento migratorio reduce el número de mexicanos que trabajan en Estados Unidos —los connacionales representan cerca de la mitad de los aproximadamente once millones de inmigrantes indocumentados en ese país—, la base de remitentes se contrae, aunque quienes permanecen envíen más. Ninguna de las dos explicaciones excluye a la otra, y ambas requieren más datos para confirmarse.

Lo que sí está documentado es un cambio en los canales: 99.2% de los ingresos del semestre llegó por transferencia electrónica, y de ese monto, 53.3% se depositó directamente en cuentas bancarias mientras 46.7% se cobró en efectivo. Las remesas entregadas en efectivo o especie representaron apenas 0.6% del total.

Por qué importa para las empresas

Las remesas equivalen a cerca de 4% del PIB mexicano y colocan al país como el segundo mayor receptor del mundo, solo detrás de India. Pero su relevancia para las empresas no está en el agregado macroeconómico, sino en su distribución: son ingreso directo al gasto corriente de hogares en estados y municipios específicos, muchos de ellos con alta dependencia de este flujo.

Si el número de hogares receptores se está reduciendo —que es lo que sugiere la caída en operaciones— mientras el monto por hogar aumenta, el efecto sobre el consumo no es neutro. Un mismo total de dólares repartido entre menos familias significa más ingreso para algunas y cero para otras, con un impacto desigual sobre el comercio local, los servicios y la vivienda en las regiones receptoras.

Este dato adquiere más peso leído junto con lo que ya sabemos de la semana pasada. El PIB del segundo trimestre creció 1.5% impulsado por el consumo, y Moody’s advirtió que ese consumo se está financiando con crédito que crece más rápido que la capacidad de pago de los hogares. Si a un mercado interno apoyado en deuda se le suma una base de remitentes que se contrae, las empresas de consumo tienen dos soportes de demanda mostrando fatiga al mismo tiempo, aunque ninguno de los dos aparezca todavía en los titulares.

Para el sector financiero hay una lectura adicional: con más de la mitad de los recursos depositándose en cuentas bancarias, la bancarización del receptor de remesas sigue avanzando, y con ella la oportunidad de productos de crédito, ahorro y seguros dirigidos a ese segmento. Pero es el mismo segmento sobre el que Moody’s identificó mayor riesgo de deterioro crediticio.

La pregunta para el consejo directivo

Si su empresa opera en regiones con alta recepción de remesas, ¿su análisis de demanda distingue entre el monto total que llega y el número de hogares que lo reciben, o está tratando ambas variables como si se movieran juntas?

Las remesas crecieron. Es cierto y merece decirse sin matices defensivos: pese a un impuesto, pese a las redadas y pese a la presión migratoria, siguen llegando más dólares que el año pasado. Pero los envían menos manos. Y esa diferencia —entre un flujo que crece y una base que se estrecha— es la que va a determinar si el próximo semestre confirma la resistencia o revela que lo que estamos midiendo es el esfuerzo redoblado de quienes todavía pueden mandar.