Por: Redacción Editorial LYP Mayo, 2026
Mientras las calles de San Juan del RÃo se hunden entre baches, fallas en el alumbrado público y una percepción de inseguridad que no da tregua, el alcalde Roberto Cabrera Valencia parece habitar una realidad paralela. En un acto de cerrazón polÃtica que raya en la indolencia, la administración municipal ha decidido priorizar el turismo taurino por encima del bienestar social y la demanda ciudadana de detener la tortura animal en la próxima Feria 2026.
¿A quién representa realmente el alcalde? Porque a la mayorÃa de los sanjuanenses, definitivamente no.
Prioridades invertidas: Migajas económicas, deudas sociales
El argumento del «impulso económico» para defender las corridas de toros es, en el mejor de los casos, una falacia estadÃstica. Según datos de la propia administración, la derrama económica de eventos como la Semana Santa (que superó los 130 millones de pesos este año) proviene del turismo gastronómico y de servicios, no de la tauromaquia.
El «turismo taurino» no figura en el top de ingresos municipales, pero sà en el de las crÃticas. Resulta ofensivo que, con un presupuesto de egresos de 1,703 millones de pesos para 2026 calificado por la oposición como «administrativo y no social», se destinen esfuerzos y —posiblemente— recursos públicos a un espectáculo que solo satisface el aspiracionalismo falso de un pequeño sector de élite.
Dato Clave: Mientras el municipio presupuestó 15 millones de pesos para la Feria 2026, colonias como La Rueda y El Rodeo continúan reportando alzas en robos y deficiencias crÃticas en servicios básicos.
La Psique en juego: El peligro de normalizar la crueldad
La insistencia de Cabrera Valencia por mantener la «fiesta brava» no es solo una falta de sensibilidad ética; es una irresponsabilidad de salud pública. La ciencia es clara: la exposición de infancias a actos de tortura animal desensibiliza ante el dolor ajeno y erosiona la empatÃa, factores que en una sociedad ya lacerada por la violencia, son pólvora pura.
Para el adulto espectador, el placer derivado del daño a un ser vulnerable no es cultura; es una regresión moral. Al negarse a escuchar a los colectivos animalistas y expertos en salud mental, el alcalde está validando una pedagogÃa de la crueldad en el corazón de nuestras festividades patronales.
Un llamado a la transparencia y a la ciudadanÃa
San Juan del RÃo ha perdido su reputación como destino turÃstico de excelencia por la falta de infraestructura y la creciente inseguridad en sus accesos. Recuperar el brillo de nuestra ciudad no se logra con estocadas y sangre en una plaza, sino con calles iluminadas, policÃas capacitados y servicios públicos eficientes.
Hacemos un llamado enérgico a Roberto Cabrera Valencia para:
Transparentar el uso de recursos: ¿Cuánto dinero de los impuestos de los sanjuanenses se está inyectando directa o indirectamente en la cartelera taurina?
Garantizar la protección de menores: Cumplir con los tratados internacionales y las recomendaciones de la ONU que prohÃben la entrada de niños a estos espectáculos.
Gobernar para todos: La identidad de San Juan no se resume en una ganaderÃa brava del siglo pasado; se encuentra en su gente trabajadora que hoy exige paz y dignidad.
Alcalde, la tradición no puede ser el refugio de la barbarie. Es momento de elegir: ¿Estará del lado de una élite anacrónica o de la ciudadanÃa que exige un San Juan del RÃo vanguardista y compasivo?