La Presidenta aseguró en su Segundo Informe que México atraviesa una “primavera laboral”; destacó el aumento del salario mínimo, la caída de la pobreza laboral y la transición hacia una jornada de 40 horas.
Ciudad de México, 1 de septiembre de 2026.— Claudia Sheinbaum colocó la recuperación del ingreso de las personas trabajadoras entre los principales argumentos sociales de su Segundo Informe de Gobierno. Desde Palacio Nacional, la Presidenta sostuvo que la política laboral iniciada en 2019 permitió romper con más de tres décadas de deterioro salarial y abrió lo que definió como una “primavera laboral”.
El dato central de su exposición fue el salario mínimo. De acuerdo con las cifras presentadas por la mandataria, pasó de 2 mil 800 pesos mensuales en 2018 a 9 mil 282 pesos en 2026, una recuperación de 154 por ciento en términos reales. En la frontera norte, añadió, el ingreso mínimo alcanzó los 13 mil 409 pesos al mes.
“Después de 36 años de empobrecimiento y aumento de las desigualdades, desde 2019, las y los trabajadores viven una primavera laboral”, afirmó durante la rendición de cuentas.
La elección de esa expresión no fue casual. Sheinbaum convirtió la política salarial en una de las líneas divisorias entre el proyecto de la Cuarta Transformación y el modelo económico de los gobiernos anteriores, a los que atribuyó una prolongada pérdida del poder adquisitivo y una ampliación de las brechas sociales.
Según el balance presidencial, el salario medio de la economía nacional llegó a 20 mil 212 pesos mensuales, el registro más alto reportado hasta ahora. La mandataria vinculó ese crecimiento con la reducción de la pobreza laboral, indicador que —aseguró— se ubicó en 2026 en su nivel más bajo desde 2005.
El informe también incorporó cambios que amplían el debate más allá del salario. Sheinbaum mencionó la formalización de trabajadores de plataformas digitales, la incorporación de jornaleras y jornaleros agrícolas a esquemas de seguridad social y la reducción gradual de la jornada laboral hasta alcanzar 40 horas semanales en 2030.
La narrativa presidencial busca presentar estas medidas como partes de una misma transformación: elevar los ingresos, ampliar derechos y extender la protección social a sectores históricamente colocados en la informalidad o fuera de la cobertura institucional.
Sin embargo, la solidez de esa “primavera laboral” no dependerá únicamente de los aumentos decretados. Su alcance deberá medirse frente al costo de vida, la calidad de los empleos, la informalidad persistente y la capacidad de empresas y autoridades para aplicar las nuevas disposiciones sin trasladar sus costos a los trabajadores.
El Segundo Informe dejó así una definición política y una prueba de resultados. El gobierno sostiene que el trabajo dejó de ser la variable de ajuste de la economía; ahora tendrá que demostrar que la recuperación salarial puede sostenerse, extenderse y traducirse en bienestar cotidiano.
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Claudia Sheinbaum colocó la recuperación salarial en el centro de su Segundo Informe y aseguró que las y los trabajadores viven una “primavera laboral”. Destacó que el salario mínimo pasó de 2 mil 800 pesos mensuales en 2018 a 9 mil 282 en 2026, así como la caída de la pobreza laboral, la formalización de trabajadores de plataformas y la transición hacia una jornada semanal de 40 horas.



