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Familiares, amigos y vecinos acompañaron el último adiós a la joven de 21 años en San Martín Cuautlalpan. Su familia pidió justicia por el crimen y abrió otra discusión: las condiciones laborales y la falta de prestaciones para quienes realizan trabajos de cuidados.
Chalco, Estado de México.— Entre música, porras, pétalos de rosas y reclamos de justicia, familiares, amigos y vecinos despidieron a Aleyda Romero, joven de 21 años asesinada junto con el músico Jonathan Meléndez, su esposa Ana Paula y la hija de ambos, de tres años, en el multihomicidio ocurrido esta semana en Atizapán de Zaragoza.
El cortejo recorrió las calles de San Martín Cuautlalpan, comunidad donde Aleyda vivía con sus padres y hermanos. Música de banda y mariachi acompañaron una despedida marcada por el dolor de una comunidad que también exigió el esclarecimiento de los hechos.
Pero entre las flores apareció también una exigencia que amplía la dimensión del caso.
Familiares mostraron mensajes para pedir justicia y solicitaron la intervención de la presidenta Claudia Sheinbaum. Además, reclamaron mejores condiciones laborales para las personas que realizan tareas domésticas y de cuidados.
Aleyda era trabajadora de cuidados
Aleyda trabajaba en el domicilio de Jonathan Meléndez y Ana Paula, donde colaboraba en labores del hogar y en el cuidado de sus hijos. Su familia la recordó como una joven trabajadora y responsable.
De acuerdo con el testimonio familiar, trabajaba durante la semana en Atizapán y regresaba a su comunidad los fines de semana.
Una de sus tías aprovechó la presencia de medios de comunicación para plantear una demanda que trasciende la investigación criminal: que el trabajo de las cuidadoras sea reconocido, regulado y cuente con las prestaciones correspondientes.
La petición coloca sobre la mesa una discusión que no debe quedar eclipsada por la notoriedad pública de otra de las víctimas: Aleyda también tenía una historia, una familia y derechos laborales.
Cuatro personas asesinadas y un menor sobreviviente
El multihomicidio ocurrió en un departamento del fraccionamiento Grand Viure, en la Zona Esmeralda de Atizapán de Zaragoza.
Las víctimas fueron Jonathan Meléndez, músico de Camilo Séptimo, de 38 años; su esposa Ana Paula, de 35 años y con cuatro meses de embarazo; su hija de tres años, y Aleyda Romero. También murió la mascota de la familia. Un hijo de la pareja, de seis años, fue localizado con vida y sin signos de violencia.
Las primeras investigaciones de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México apuntan a que los homicidios ocurrieron durante la tarde-noche del 1 de septiembre. Las autoridades continúan investigando las circunstancias y el móvil.
La familia de Aleyda ha señalado que no cuenta con elementos para confirmar algunas versiones difundidas sobre lo ocurrido dentro del departamento, entre ellas la versión de que la joven habría intervenido para salvar al niño sobreviviente.
Dos detenidos por el multihomicidio
Diego Sebastián “N” y Gerardo “N” fueron detenidos por su probable participación en los hechos y este viernes fueron trasladados al penal de Barrientos, en Tlalnepantla, para quedar a disposición de un juez de control.
Diego Sebastián “N” mantenía una relación comercial con Jonathan Meléndez, mientras que Gerardo “N” ha sido identificado en las investigaciones como su chofer. Las autoridades indagan un posible conflicto económico como línea de investigación.
Hasta el momento, las acusaciones forman parte de un proceso penal en curso y deberán ser acreditadas ante la autoridad judicial.
Una despedida que también exige derechos
El último recorrido de Aleyda atravesó las calles de la comunidad en la que creció. Después de la ceremonia religiosa, su familia decidió continuar la despedida de manera privada.
Su nombre, sin embargo, comienza a representar también otra conversación.
El multihomicidio de Atizapán ha alcanzado amplia repercusión por el asesinato de Jonathan Meléndez y su familia. Pero la despedida de Aleyda obliga a mirar también a quienes realizan diariamente trabajos domésticos y de cuidados, muchas veces lejos de sus hogares.
Su familia pide dos cosas: justicia por su asesinato y condiciones laborales dignas para quienes, como ella, dedican su trabajo al cuidado de otras personas.
La investigación deberá determinar responsabilidades por el crimen. La segunda exigencia planteada durante su despedida abre una discusión distinta, pero igualmente necesaria: quién cuida y bajo qué condiciones laborales lo hace en México.




