Pantalla de computadora antigua encendida en una habitación a oscuras, en referencia al origen del movimiento neorreaccionario en blogs.

De un blog anónimo a la vicepresidencia: la ruta que siguieron las ideas que llaman a sustituir la democracia por un director ejecutivo

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Quince años, una inversión de capital de riesgo y quince millones de dólares

Por: Redacción de LYPmultimedios

San Juan del Río, 11 de septiembre de 2026.— En septiembre de 2021, un candidato al Senado de Estados Unidos explicó en un podcast qué haría si Donald Trump volviera a la Casa Blanca. Su consejo fue despedir a todos los burócratas de nivel medio, sustituirlos con gente propia y, si los tribunales lo impedían, desobedecerlos.

Le preguntaron de dónde venía la idea.

«Hay un tipo, Curtis Yarvin, que ha escrito sobre algunas de estas cosas», respondió JD Vance.

Tres años después, Vance era vicepresidente de Estados Unidos. Quien financió su campaña con alrededor de quince millones de dólares —la donación individual más grande registrada hasta entonces en la historia legislativa de ese país— fue Peter Thiel. Y quien había invertido en la empresa de Yarvin en 2013, también.

Esta es la quinta entrega de nuestra serie. Reconstruye cómo un blog que casi nadie leía terminó siendo citado por el segundo funcionario del gobierno más poderoso del mundo.

Quién es Curtis Yarvin

Programador, nacido en 1973 en una familia liberal y laica. Entre 2007 y 2013 escribió miles de páginas bajo el seudónimo Mencius Moldbug, en un blog llamado Unqualified Reservations.

Su tesis central es directa: la democracia estadounidense fracasó y debe sustituirse por un gobierno con estructura de corporación, conducido por alguien con facultades de director ejecutivo. En una conferencia de 2012 titulada Cómo reiniciar el gobierno de Estados Unidos lo formuló sin rodeos: si los estadounidenses quieren cambiar su gobierno, tendrán que superar su fobia a los dictadores.

Describe a los países como sistemas de software obsoletos que requieren reinstalación. A la prensa, la academia y la burocracia las agrupa bajo un término propio —la Catedral— como un aparato ideológico que, según él, gobierna al margen del voto.

Fundó dos empresas para llevar sus ideas al código: Urbit en 2002 y Tlon Corp en 2013. El nombre de la segunda viene del cuento de Borges Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, sobre un mundo imaginario que termina reemplazando al real.

El punto de contacto

Aquí es donde la trayectoria de Thiel se cruza con la de Yarvin, y conviene seguirla en orden.

En abril de 2009, Thiel publica en Cato Unbound el ensayo que documentamos en la primera entrega de esta serie: ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles.

Yarvin lo celebra desde su blog en una entrada titulada Democraphobia Goes (Slightly) Viral. Poco después se conocen en persona, en la casa de Thiel en San Francisco, y —según reportó la revista Nueva Sociedad con base en mensajes privados— inician una correspondencia confidencial.

En 2013, Founders Fund invierte en Tlon Corp, junto con Andreessen Horowitz.

El filósofo británico Nick Land, que en ese periodo escribe The Dark Enlightenment —el texto que da nombre y sistema al movimiento neorreaccionario—, cita expresamente aquella discusión de Cato Unbound de abril de 2009 como una de sus fuentes.

En 2016, Yarvin asiste a la fiesta electoral de Thiel en San Francisco la noche en que Trump gana.

El periodista Max Chafkin, autor de una biografía de Thiel, describe a Yarvin como el filósofo político de cabecera del Thielverso, el término con el que se conoce al círculo del inversionista.

Lo que este medio no va a afirmar

Antes de continuar conviene fijar los límites, porque es la parte donde una investigación seria se distingue de una insinuación.

Financiar una empresa no equivale a suscribir la ideología de su fundador. Founders Fund invirtió en una startup de software, no en un programa político. Thiel no ha defendido públicamente la monarquía ni el reemplazo de la democracia por un director ejecutivo. Sus escritos son considerablemente más ambiguos que los de Yarvin.

Tampoco existe evidencia pública de que Thiel haya instruido a Vance sobre qué pensar o qué decir.

Lo que sí está documentado es la infraestructura: el dinero que financió a la empresa del ideólogo, el dinero que financió la campaña del político, y las declaraciones en las que ese político atribuye sus ideas al ideólogo. Tres hechos verificables, y ninguna necesidad de conjetura para conectarlos.

Cómo se mueven las ideas, en concreto

La ruta que siguió el pensamiento neorreaccionario tiene un valor que va más allá de este caso: muestra el mecanismo por el que una idea marginal se vuelve política pública.

Primero, la formulación. Alguien escribe durante años, gratis, para una audiencia mínima. En 2007 el blog de Yarvin tenía lectores contados.

Segundo, la validación de élite. Una figura con prestigio en otro campo —negocios, tecnología— toma la idea en serio públicamente. El ensayo de Thiel en Cato Unbound cumple esa función: da respetabilidad institucional a una tesis que hasta entonces circulaba en foros de internet.

Tercero, el capital. No como propaganda, sino como sustento. Una inversión permite al autor dejar de escribir en los ratos libres y dedicarse a ello.

Cuarto, el vehículo político. Un candidato joven y elocuente adopta el vocabulario, lo traduce a lenguaje electoral y lo lleva a un cargo.

Quinto, la ejecución. Las ideas dejan de discutirse y empiezan a aplicarse.

Ninguna de estas etapas requiere conspiración. Requiere paciencia y dinero.

El puente con las entregas anteriores

Las cuatro piezas previas de esta serie describieron elementos que hasta ahora podían parecer inconexos.

El ensayo de 2009 que declara incompatibles la libertad y la democracia. La doctrina económica según la cual el objetivo de toda empresa es el monopolio: una posición donde nadie puede competir. El sistema que su compañía vendió al gobierno estadounidense para gestionar el ciclo migratorio de la identificación a la expulsión. Y las conferencias donde sostiene que quienes proponen límites a la tecnología son legionarios del Anticristo.

Puestas en fila, todas describen la misma operación en distintos terrenos: suprimir al contrapeso. El votante en política. El competidor en economía. El regulador en tecnología.

La neorreacción es, sencillamente, el nombre teórico de esa operación llevada al gobierno.

Lo que dice Yarvin de sí mismo

En una entrevista con The New York Times en enero de 2025, Yarvin se presentó como un forastero y minimizó su influencia sobre la administración estadounidense, atribuyéndola a «jóvenes miembros del equipo». En otra, con Politico, detalló su relación con Vance y con el funcionario Michael Anton.

Es una modestia que conviene registrar junto al resto de la evidencia, no en lugar de ella.

Por qué esto importa desde aquí

Podría objetarse que se trata de una disputa interna estadounidense. Hay tres razones por las que no lo es.

La primera: el vicepresidente que cita a Yarvin ejerce el cargo en el país con el que México comparte tres mil kilómetros de frontera, el destino del 84% de las exportaciones no petroleras mexicanas y una relación comercial que se renegocia en los próximos meses.

La segunda: el argumento central del neorreaccionarismo —que la burocracia profesional, la prensa y la academia constituyen un poder ilegítimo que hay que desmantelar— no tiene fronteras. Es un vocabulario exportable, y ya circula en el debate político latinoamericano.

La tercera, y la más concreta: esta semana documentamos que el gobierno de Estados Unidos adjudicó sin licitación a la empresa cofundada por Thiel el sistema con el que decide a quién deportar, y que entre las prioridades de ese sistema figuran las personas que excedieron la vigencia de su visa. La mayoría de ellas son mexicanas.

Las ideas de un blog anónimo tardaron quince años en llegar a la Casa Blanca. La infraestructura que las acompaña ya opera sobre connacionales.


En la próxima entrega: Thiel en el Cono Sur. La mudanza a Buenos Aires, las reuniones con Milei, el encuentro sin agenda con Kast en Chile y el foro que encabeza en septiembre. Qué busca en América Latina el hombre que quiso escapar de la política.

Y para cerrar la serie: El precedente Gawker. Cómo financió en secreto los litigios que quebraron a un medio de comunicación, y por qué lo llamó «una de mis mayores acciones filantrópicas».

Rodrigo Vissuet
Sobre el autorDirección · PolíticaRodrigo Vissuet

Rodrigo Vissuet es fundador y director de LYPmultimedios. Además de dirigir el medio, firma buena parte de la cobertura política de Querétaro y encabeza «La Ruta del Agua», la serie de investigación sobre la crisis hídrica de la región. Con más 15 años en los medios y formación en Producción / Comunicación / Periodismo / Marketing digital, apuesta por un periodismo local que fiscaliza al poder y pone los temas de fondo sobre la mesa: el agua, el Congreso y las decisiones que moldean el Bajío. hoy su visión esta en la integración norteamericana con bienestar para esta región del planeta.

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