Por: Redacción de LYPmultimedios
Santiago de Querétaro, Qro., 4 de julio de 2026.— La crisis eléctrica en Querétaro dejó de ser una molestia doméstica para convertirse en un reclamo político. Desde la tribuna del Congreso local, el diputado Enrique Correa Sada exigió a la Comisión Federal de Electricidad asumir su responsabilidad ante las fallas en el suministro, variaciones de voltaje y apagones que, dijo, afectan a miles de familias, trabajadores, comercios y empresas en la entidad.
El legislador no habló solo de cifras ni de diagnósticos técnicos. Llevó al Pleno testimonios concretos: familias que modifican sus rutinas por falta de voltaje, personas que pierden electrodomésticos por descargas eléctricas y comunidades donde la energía llega, pero no siempre alcanza para vivir con normalidad.
Porque una cosa es decir “hubo variación de voltaje” y otra muy distinta es tener que levantarse a las cuatro de la mañana para poder usar una lavadora.
Ese fue uno de los casos que Correa presentó desde tribuna. Relató la historia de Alicia, habitante de la comunidad de Cerro de la Cruz, quien —según el diputado— debe madrugar todos los días para lavar ropa, porque solo a esa hora el voltaje de la red es suficiente para encender el aparato.
También expuso el caso de Patricia, quien habría perdido su refrigerador luego de que el motor se quemara tras una fuerte descarga eléctrica.
Ahí está el rostro cotidiano de la crisis energética: no es solo que se vaya la luz; es que se descompone el refrigerador donde una familia guarda comida, se detiene el negocio, se altera el descanso, se pierden medicamentos refrigerados, se afectan tareas escolares y se rompe la vida diaria.
“Dejen de evadir su responsabilidad”: el mensaje a CFE y Morena
Durante su intervención, Enrique Correa acusó a legisladores de Morena de intentar negar la realidad que viven familias y empresas queretanas.
“Es increíble que hoy nuestros compañeros de Morena no quieran reconocer la realidad de lo que está viviendo nuestra entidad. La culpa y la responsabilidad energética es de la Comisión Federal de Electricidad; dejen de evadir su responsabilidad y dejen de culpar a otros de lo que les toca”, señaló desde tribuna.
La frase instala el debate en dos niveles. El primero es técnico: la CFE debe responder por la calidad y continuidad del servicio eléctrico. El segundo es político: los partidos están disputando quién carga con el costo público de los apagones.
Pero para la ciudadanía, la discusión partidista sirve de poco si el foco no prende.
Ese es el riesgo de convertir una falla de servicio en pleito ideológico: que el problema real se pierda entre acusaciones. La gente no necesita que PAN y Morena se repartan culpas en tribuna; necesita saber cuándo se resolverá la baja tensión, qué zonas están afectadas, qué infraestructura se va a reforzar y cómo se atenderán los daños patrimoniales.
La electricidad ya es infraestructura de supervivencia diaria
Durante décadas, hablar de electricidad podía parecer un tema técnico, reservado a ingenieros, subestaciones, transformadores y redes de distribución. Hoy ya no.
La electricidad sostiene prácticamente todo: refrigeración de alimentos, bombas de agua, seguridad, internet, comercios, herramientas de trabajo, cajeros, semáforos, escuelas, hospitales, talleres, fábricas, iluminación pública y comunicación.
Cuando falla la luz, no solo se apaga una casa. Se apaga una parte de la economía familiar.
Una tienda pierde ventas. Una estética no puede trabajar. Un refrigerador quemado representa miles de pesos imposibles de reponer para muchas familias. Una empresa con interrupciones de suministro pierde productividad. Un trabajador que depende de herramientas eléctricas queda detenido. Una persona enferma que necesita equipo o medicamento refrigerado queda en riesgo.
Por eso, cuando Correa habla de “miles de familias y empresas”, el asunto no debe leerse como exageración política, sino como una advertencia sobre el papel central que tiene la energía en la vida cotidiana de Querétaro.
Querétaro crece; la red también debe crecer
Querétaro es uno de los estados donde el crecimiento urbano, industrial y habitacional ha presionado con fuerza los servicios básicos. La demanda de energía ya no responde solo al consumo doméstico tradicional. También está empujada por parques industriales, nuevos desarrollos, comercios, movilidad, tecnologías, oficinas, refrigeración, infraestructura digital y expansión metropolitana.
Una ciudad que crece sin reforzar su infraestructura eléctrica termina pasando factura en las comunidades.
El problema no necesariamente se expresa solo como apagón total. Muchas veces aparece como baja tensión, fallas intermitentes, variaciones, equipos que no arrancan, luces que parpadean, motores que se queman o zonas donde el servicio funciona a medias.
Eso lo hace más difícil de documentar, pero no menos grave.
Para la ciudadanía, la pregunta es directa: si Querétaro presume inversión, industria, crecimiento y competitividad, ¿por qué hay familias que tienen que organizar su vida alrededor de la hora en que “sí alcanza” el voltaje?
CFE debe responder, pero el seguimiento local también importa
La CFE tiene una responsabilidad central en la prestación del servicio eléctrico. Sin embargo, el problema requiere seguimiento institucional más amplio.
El Congreso puede exhortar, exigir y presionar. Los municipios pueden documentar afectaciones, levantar reportes, canalizar casos y acompañar a comunidades. El gobierno estatal puede coordinar mesas técnicas, revisar impactos productivos y exigir soluciones de infraestructura donde existan cuellos de botella.
La electricidad es federal, pero sus fallas se viven en territorio local.
Por eso no basta con decir que “le toca a CFE” y cerrar la conversación. Sí, CFE debe responder. Pero las autoridades locales también tienen que hacer su parte: mapear zonas afectadas, transparentar reportes, dar seguimiento, informar a la ciudadanía y evitar que el reclamo se diluya entre oficinas.
La exigencia de Correa puede abrir una ruta útil si se convierte en seguimiento real y no solo en posicionamiento de tribuna.
¿Quién paga los daños?
Uno de los puntos más sensibles es el daño a electrodomésticos y equipos. Cuando una descarga o variación de voltaje quema un refrigerador, una pantalla, una lavadora o equipo de negocio, la afectación no es abstracta.
Para una familia, perder un refrigerador puede significar perder alimentos, endeudarse o pasar meses sin poder reponerlo. Para un pequeño comercio, puede significar perder mercancía. Para una empresa, puede implicar paros o reparaciones costosas.
La pregunta ciudadana es inevitable: si el daño viene de una falla del servicio, ¿quién responde?
CFE cuenta con procedimientos para reclamaciones por daños, pero muchas personas no saben cómo iniciarlos, qué pruebas deben presentar, en qué plazo hacerlo o qué posibilidades reales tienen de recibir reparación.
Ahí hay otra tarea pública: informar. No basta con pedir paciencia. Las familias afectadas necesitan rutas claras para reportar fallas y reclamar daños cuando correspondan.
El reclamo no debe apagarse
Enrique Correa afirmó que mantendrá la exigencia hasta que las autoridades federales implementen una solución definitiva.
“Esperamos que la Comisión Federal de Electricidad tome cartas en el asunto y no sigan haciendo, como hasta ahora lo han hecho, oídos sordos al reclamo”, concluyó.
Su mensaje conecta con una molestia que puede crecer: cuando los servicios fallan y la ciudadanía siente que nadie escucha, el enojo se acumula.
Los apagones no solo cortan electricidad. También cortan confianza.
Una autoridad puede explicar fallas técnicas. Puede informar sobre mantenimiento. Puede reconocer saturación. Puede presentar calendario de obras. Puede habilitar canales de atención. Puede asumir errores. Lo que no puede hacer es guardar silencio.
Porque el silencio, en medio de una crisis de servicios, se siente como abandono.
La luz como termómetro político
Querétaro ya vive varias discusiones urbanas al mismo tiempo: lluvias, drenaje, venta de predios, movilidad, crecimiento inmobiliario, seguridad, agua y ahora energía eléctrica.
Todas se conectan en una idea: la ciudad está creciendo y sus servicios están siendo puestos a prueba.
La energía eléctrica es uno de los termómetros más claros de esa presión urbana.
Cuando la red falla, no solo aparece un problema técnico. Aparece una pregunta política: ¿la infraestructura está creciendo al ritmo de la ciudad? ¿Las instituciones están coordinadas? ¿Hay inversión suficiente? ¿Las comunidades más alejadas reciben la misma atención que las zonas empresariales? ¿El desarrollo se está planeando con servicios reales o solo con permisos?
Correa llevó el tema a tribuna con una exigencia fuerte a CFE. Ahora corresponde que esa exigencia produzca respuestas medibles.
No basta con que el Congreso reclame. No basta con que CFE reciba exhortos. No basta con que Morena y PAN se acusen mutuamente.
La ciudadanía necesita algo más simple y más importante: que la luz funcione.
Porque al final, la crisis energética no se mide en discursos.
Se mide en la señora que madruga para lavar.
En el refrigerador que se quemó.
En el negocio que cerró temprano.
En la familia que se quedó sin servicio.
En la empresa que detuvo producción.
En la comunidad que siente que nadie escucha.
Y cuando la luz falla tantas veces, lo que termina apagándose no es solo una red eléctrica: es la paciencia ciudadana.