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La epidemia silenciosa: Querétaro busca contener un alza de 200% en conductas de riesgo con redes de apoyo escolar

Por Redacción LYPmultimedios

SANTIAGO DE QUERÉTARO, QRO. (26 de mayo de 2026). – Las aulas de Querétaro enfrentan un enemigo invisible que no hace ruido pero que destruye vidas a un ritmo sin precedentes. No se trata del rezago educativo ni de la falta de infraestructura, sino del deterioro silencioso de la salud mental de sus estudiantes. En una entidad que destaca por su crecimiento industrial y económico, la paradoja del desarrollo social se evidencia en el bienestar emocional de sus jóvenes.

Ante esta realidad, la diputada local Perla Patricia Flores Suárez, representante del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), presentó formalmente una iniciativa de ley para reformar la Ley de Educación y la Ley de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del Estado. El propósito medular es instituir por ley las “Redes Juveniles por la Salud Mental” en todos los planteles escolares y centros de asistencia social del estado.

La urgencia de los datos: El doloroso retrato del semidesierto

El sustento de la iniciativa de la legisladora radica en cifras oficiales que configuran una auténtica emergencia de salud pública. De acuerdo con la exposición de motivos del proyecto, las conductas con intenciones de autolesión o suicidio entre la población joven del estado de Querétaro han experimentado un incremento del 200% desde el año 2018.

Para dimensionar la gravedad del panorama, tan solo en el año 2023 se registraron aproximadamente 220 decesos por suicidio en territorio estatal, colocándose como una de las principales causas de muerte violenta o prematura en el sector joven. Las estadísticas de ansiedad, depresión severa y dependencia a sustancias adictivas caminan de manera paralela a este indicador crítico, alimentadas por entornos familiares fracturados y dinámicas de aislamiento digital.

Acompañamiento entre pares: ¿Suficiente o paliativo?

El modelo de las Redes Juveniles propone una metodología horizontal: la detección temprana y el acompañamiento emocional a través de grupos de apoyo conformados por los mismos estudiantes («entre pares»). La premisa es sociológicamente sólida: un adolescente que padece ansiedad o depresión es mucho más propenso a abrirse y confiar sus emociones a un compañero de su edad que a una autoridad escolar o a un psicólogo institucional, figuras con las que a menudo asocia un sentimiento de estigma o castigo.

La propuesta legislativa contempla que las escuelas queretanas, en coordinación estrecha con las dependencias de salud del estado, capaciten a los jóvenes para que actúen como primeros respondientes emocionales, capaces de detectar conductas de riesgo, canalizar casos graves y construir círculos de empatía.

Uno de los factores que la diputada Perla Flores destacó para facilitar la viabilidad de la iniciativa es que no requiere un incremento al presupuesto estatal ni la creación de burocracias, pues el esquema aprovecha los recursos humanos y la infraestructura escolar ya existente en el sistema público y privado.

No obstante, esta característica de «costo cero» abre una conversación obligada para especialistas y padres de familia: ¿las redes voluntarias entre compañeros pueden suplir la urgente necesidad de psicólogos clínicos profesionales en los planteles escolares? Si bien la empatía entre pares es un excelente preventivo de primera línea, la crisis de salud mental en Querétaro podría requerir de un debate mucho más profundo sobre la asignación de presupuestos públicos específicos para el tratamiento terapéutico profesional de la juventud.

La iniciativa de la diputada Perla Flores coloca sobre la mesa del Congreso local un reto impostergable. La salud de una sociedad no se mide solo por sus niveles de empleo o inversión extranjera, sino por el bienestar emocional de la generación que heredará el futuro del estado.

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