Por: Redacción de LYPmultimedios
Ciudad de México, 24 de junio de 2026.— México colocó sobre la mesa una de sus apuestas energéticas más ambiciosas de las últimas décadas. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo presentó el Plan de Crecimiento de Energías Renovables, con el que el país incorporará hacia 2030 32 mil megawatts de nueva capacidad eléctrica, de los cuales el 70% provendrá de fuentes renovables.
El anuncio no se limita a una expansión técnica del sistema eléctrico. La apuesta federal combina transición energética, soberanía nacional, reducción de dependencia del gas natural importado y fortalecimiento del papel del Estado en la generación eléctrica. En otras palabras: México busca crecer energéticamente sin entregar el timón estratégico de su matriz eléctrica.
Durante la conferencia matutina Las mañaneras del pueblo, Sheinbaum calificó el plan como un hecho “histórico” y “único”, al señalar que por primera vez se impulsan proyectos de esta magnitud con una mayoría de nueva capacidad basada en energías renovables.
“Por primera vez en la historia estamos con proyectos de 32 mil megawatts —es algo histórico— en seis años, cinco años, ahora, y el 70 por ciento de ellos son renovables”, sostuvo la mandataria.
La presidenta afirmó que esta ruta permitirá que, hacia 2030, disminuya el consumo de gas natural y aumente la generación eléctrica limpia. El dato tiene una lectura geopolítica: importar menos gas no solo reduce vulnerabilidad energética, también fortalece la capacidad de decisión del país frente a mercados externos.
“Esto es algo histórico, único, un esfuerzo enorme para beneficio del pueblo de México, del país, de la nación, y de la soberanía energética porque implica importar menos de lo que estamos importando actualmente de gas natural”, puntualizó Sheinbaum.
El Gobierno federal sostiene que el cambio de matriz energética permitirá reducir el consumo de combustibles fósiles como petróleo, carbón y gas natural, asociados a emisiones contaminantes, afectaciones a la salud y gases de efecto invernadero. La transición, en este sentido, se presenta no solo como política energética, sino como política ambiental y sanitaria.
Sheinbaum agregó que las energías renovables han reducido de manera importante sus costos de inversión a nivel mundial, lo que las vuelve indispensables para cambiar la matriz energética del país. “Que dejemos de consumir combustibles fósiles y aumentemos las energías renovables”, expresó.
La secretaria de Energía, Luz Elena González Escobar, informó que los 32 mil MW adicionales contemplan una inversión de 739 mil millones de pesos. Del total, 42.6% será mediante esquema mixto, 36.6% con recursos propiosy 20.8% con participación privada.
Uno de los puntos políticamente más relevantes del plan es que, al final del sexenio, se prevé mantener la prevalencia del Estado con 61% de la generación eléctrica total. La transición energética, bajo este modelo, no se plantea como una privatización verde, sino como una expansión renovable con rectoría pública.
De acuerdo con González Escobar, la meta para 2030 es que 38% de la energía se genere con fuentes renovables. Para lograrlo, se proyecta incrementar en 140% la generación fotovoltaica, en 90% la geotérmica, en 70% la eólica y en 18% la hidroeléctrica mediante mantenimiento de centrales.
La funcionaria detalló que actualmente están en proceso 50 plantas fotovoltaicas, equivalentes a 7 mil 859 MW, y 17 centrales eólicas, con 4 mil 701 MW. Además, están por asignarse 2 mil 159 MW adicionales. Con esta estrategia, el Gobierno federal estima evitar 69 millones de toneladas de CO2 en 2030.
La directora general de la Comisión Federal de Electricidad, Emilia Esther Calleja Alor, presentó dos proyectos emblemáticos de la transición energética. El primero es Oasis, en el Sistema Eléctrico Mulegé, Baja California Sur, que combinará energía solar, almacenamiento con baterías e hidrógeno verde.
El proyecto Oasis contempla una central fotovoltaica de 72 MW, un sistema de baterías de 20 MW y almacenamiento de hidrógeno verde en celdas de combustible. La iniciativa beneficiará a 40 mil hogares, producirá 120 metros cúbicos de agua destinados a la población y evitará la emisión de 94 mil 389 toneladas de CO2.
El segundo proyecto es la Central Fotovoltaica Rafael Galván Maldonado, ubicada en Puerto Peñasco, Sonora. Una vez concluidas sus cuatro etapas, alcanzará una capacidad total de mil MW, lo que la convertiría en la central fotovoltaica más grande de América.
La planta de Puerto Peñasco contará además con sistemas de almacenamiento mediante baterías por 246 MW y una inversión total superior a mil 400 millones de dólares. El almacenamiento es clave: sin baterías, la energía solar enfrenta límites para responder a la demanda cuando no hay radiación suficiente.
El plan federal también abre una conversación de fondo sobre el tipo de transición energética que México quiere construir. No basta con producir electricidad limpia; el desafío es garantizar que esa energía sea suficiente, accesible, estable, soberana y territorialmente justa.
En un país con regiones aisladas, zonas industriales en expansión y una demanda eléctrica creciente, la transición energética tendrá que resolver una ecuación compleja: más generación, menos emisiones, menor dependencia externa, tarifas sostenibles, justicia social y confiabilidad del sistema.
La apuesta de Sheinbaum coloca a la CFE en el centro del nuevo mapa energético. Si el plan se ejecuta con capacidad técnica, transparencia y continuidad, México podría acelerar su entrada a una era donde la soberanía ya no dependa solo de hidrocarburos, sino también del sol, el viento, la geotermia, el agua y la tecnología de almacenamiento.
El reto será monumental: construir, financiar, conectar y operar infraestructura suficiente en menos de una década. Pero el mensaje político ya fue lanzado: la transición energética mexicana no quiere ser solo verde; quiere ser pública, soberana y socialmente útil.
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