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El nuevo Cardenismo frente al polvorín de Medio Oriente: Soberanía, guerra y la trampa de los hidrocarburos

Por Redacción LYPmultimedios

CIUDAD DE MÉXICO (18 de marzo de 2026). – Hace exactamente 88 años, el General Lázaro Cárdenas del Río transformó la historia de México con un decreto que era, en el fondo, una declaración de independencia frente al imperialismo corporativo. La Expropiación Petrolera de 1938 no fue solo un acto administrativo; fue la reivindicación de que los recursos de una nación deben servir a su pueblo y no a los monopolios extractivistas de Washington o Londres. Hoy, al conmemorar esa fecha, el mundo arde en otra latitud por el mismo recurso: Medio Oriente.

La actual y alarmante escalada bélica que enfrenta a la alianza militar entre Israel y Estados Unidos contra la República Islámica de Irán ha puesto al descubierto la fragilidad del orden hegemónico occidental. Más allá del terrible costo humanitario provocado por el militarismo en la región, el conflicto amenaza con paralizar el Estrecho de Ormuz, la principal arteria petrolera del planeta. Con el crudo disparándose en los mercados internacionales y la amenaza de una crisis de suministro global, el fantasma de la dependencia energética vuelve a recorrer el mundo.

Es en esta encrucijada donde la memoria de 1938 colisiona con la urgencia geopolítica de 2026.

La Hipótesis: La coyuntura como trampolín hacia la soberanía verde

Desde una perspectiva progresista, la guerra en Medio Oriente representa para México una paradoja de inmensas proporciones: una ventana de oportunidad económica envuelta en graves peligros estructurales.

La hipótesis es clara. Ante el encarecimiento global del crudo provocado por el conflicto Israel-Irán, México —como país productor— experimentará un flujo extraordinario de ingresos por exportación petrolera. La oportunidad histórica radica en no repetir los errores del pasado, cuando los excedentes petroleros financiaron la corrupción o el gasto corriente. El “Cardenismo del siglo XXI” exige que hasta el último peso de estos ingresos caídos del cielo (windfall profits) sea etiquetado y reinvertido agresivamente en financiar la transición energética justa.

México tiene la oportunidad de aprovechar la coyuntura del oro negro para financiar la independencia verde: acelerar la extracción soberana de litio, masificar la infraestructura de energía solar y eólica, y modernizar su red eléctrica. Transformar la crisis del viejo modelo fósil en la semilla del nuevo modelo renovable.

Los peligros: El abrazo del imperio y la inflación global

Sin embargo, el peligro de esta coyuntura es monumental. A medida que el suministro de Medio Oriente se vea comprometido, Washington —guiado por su tradicional doctrina de seguridad nacional— incrementará una presión asfixiante sobre México y Canadá para que actúen como la reserva estratégica de Norteamérica.

El riesgo inminente es que Estados Unidos exija a México abandonar sus metas climáticas y de soberanía para sobreexplotar sus yacimientos, convirtiendo a Pemex en una válvula de escape para sostener la maquinaria bélica y económica estadounidense. Ceder a esta presión significaría retroceder a la subordinación neocolonial que Cárdenas rompió hace 88 años.

El segundo gran peligro es económico. La guerra en Medio Oriente es un motor inflacionario despiadado. El encarecimiento de los energéticos impactará las cadenas de suministro globales, amenazando el poder adquisitivo de la clase trabajadora mexicana. El Estado deberá intervenir con inteligencia, utilizando los excedentes petroleros para subsidiar estratégicamente los costos internos sin comprometer las finanzas públicas.

Conmemorar el 18 de marzo en medio de tambores de guerra en el Golfo Pérsico nos obliga a repensar la soberanía. El verdadero homenaje a Lázaro Cárdenas hoy no es aferrarse románticamente a los combustibles fósiles, sino garantizar que México nunca vuelva a ser rehén de las guerras imperiales ni de los caprichos del mercado energético global. La independencia hoy, es renovable.