Agua vs Data Centers

La nube no cae del cielo: Querétaro, data centers y la nueva disputa por el agua

La inteligencia artificial ya encontró territorio en Querétaro. La pregunta incómoda es si el estado exigirá a la economía digital convertirse en parte de la solución hídrica o si permitirá que crezca sobre acuíferos en déficit, fugas históricas y una ciudadanía cada vez más desconfiada del agua que recibe.

Por Rodrigo Vissuet
Querétaro, Qro.

Querétaro quiere ser una de las capitales tecnológicas de América Latina. El discurso seduce: inteligencia artificial, nube, nearshoring, inversión extranjera, empleos especializados, infraestructura digital, futuro. Pero debajo de esa narrativa de modernidad hay una pregunta que no cabe en los renders corporativos ni en los comunicados de inversión:

¿Puede una ciudad con estrés hídrico convertirse en potencia digital sin hacer del agua el centro de su modelo de desarrollo?

No es una pregunta contra la tecnología. Es una pregunta a favor del territorio.

Porque la nube no vive en el cielo. Vive en edificios de concreto, servidores, fibra óptica, subestaciones eléctricas, plantas de respaldo, sistemas de enfriamiento, permisos, suelo urbanizado y comunidades que muchas veces solo ven pasar la inversión sin saber exactamente qué gana el lugar donde se instala.

Querétaro ya no es un jugador menor en este mapa. CBRE reportó que el inventario de centros de datos en el estado creció 450.2% anual en el primer trimestre de 2026, hasta llegar a 298.2 megawatts, lo que convirtió a Querétaro en el mercado de data centers de más rápido crecimiento en América Latina. La misma firma identifica a la entidad como un punto estratégico por su ubicación industrial, su conectividad y su cercanía con rutas de fibra hacia Norteamérica.

La cifra por sí sola debería provocar una conversación pública de alto nivel. No de miedo. No de simplificación. No de “los data centers nos van a dejar sin agua” como consigna fácil. Pero tampoco de ingenuidad tecnológica.

La conversación seria tendría que empezar con una verdad incómoda: los data centers no inventaron la crisis hídrica de Querétaro, pero sí llegaron a un territorio que ya estaba en crisis.

De los 11 acuíferos del estado, siete tienen disponibilidad media anual negativa. El Valle de Querétaro registra un déficit de -65.56 hm³ anuales, el Valle de San Juan del Río de -56.89 hm³, Amazcala de -22.16 hm³, Buenavista de -13.87 hm³, Tequisquiapan de -5.14 hm³, Tolimán de -4.93 hm³ y Huimilpan de -4.53 hm³. Dicho sin maquillaje técnico: en buena parte del estado se extrae más agua subterránea de la que el sistema puede reponer.

Ahí está el verdadero conflicto. La inteligencia artificial llega a Querétaro no sobre una hoja en blanco, sino sobre una cuenca presionada, una metrópoli en expansión, un modelo inmobiliario que impermeabiliza suelo, una industria que demanda servicios, una red con pérdidas elevadas y una ciudadanía que ya aprendió que tener toma de agua no siempre significa tener seguridad hídrica.

Según la ENCIG 2025 del INEGI, en las zonas urbanas queretanas de más de 100 mil habitantes, 92.2% de la población reporta que el agua potable proviene de la red pública, pero solo 65.7% dice recibir suministro constante y apenas 28.7% considera que el agua es bebible sin temor a enfermarse. La cobertura existe. La confianza no necesariamente.

Y mientras el debate público se concentra en nuevas fuentes de abastecimiento, hay un dato que debería ser políticamente intolerable: en 2025, el vocal ejecutivo de la CEA informó que en Querétaro se pierde cerca del 40% del agua potablepor fugas, clandestinaje o mala medición. Es decir, antes de discutir si la economía digital “va a consumir demasiada agua”, el estado tiene que responder por qué una parte enorme del agua que ya tiene se pierde en el camino.

La llegada de los data centers pone un espejo frente al modelo queretano. Y ese espejo no solo refleja servidores: refleja prioridades.

Amazon Web Services abrió en 2025 su región México Central y afirmó que esta infraestructura incorpora diseño sustentable con tecnología de enfriamiento por aire que elimina la necesidad de agua de enfriamiento en operación. También anunció una inversión superior a 5 mil millones de dólares en México durante 15 años.

CloudHQ, por su parte, anunció una inversión de 4,800 millones de dólares para construir seis centros de datos en Querétaro; Reuters reportó que el proyecto contempla un sistema de enfriamiento sin agua.

Esas promesas importan. No deben minimizarse. Si los nuevos centros de datos realmente operan con sistemas de enfriamiento sin consumo directo de agua, eso representa una diferencia enorme frente a modelos evaporativos tradicionales. Pero también sería irresponsable quedarse en el titular cómodo de “sin agua”.

Porque la huella hídrica de la inteligencia artificial no termina en la llave del sistema de enfriamiento. También puede estar en la generación eléctrica que alimenta los servidores, en la construcción, en la cadena de suministro, en el concreto, en la ocupación de suelo, en la presión sobre redes urbanas, en los picos de demanda energética y en la infraestructura pública que debe expandirse para sostenerlos. Reportes recientes sobre la industria advierten que muchas evaluaciones corporativas se concentran en el uso directo de agua, mientras el consumo indirecto asociado a electricidad y cadenas de suministro puede quedar subestimado.

Ese es el punto político de fondo: Querétaro no necesita una guerra cultural contra los data centers. Necesita una nueva regla de convivencia entre tecnología y territorio.

La pregunta no debería ser solamente: “¿cuánta agua consumen?”. La pregunta completa tendría que ser: ¿cuánta agua ayudan a recuperar, ahorrar, medir, transparentar o regenerar en el lugar donde operan?

Un centro de datos que promete no usar agua para enfriamiento podría ir más lejos. Podría financiar detección inteligente de fugas. Podría invertir en captación pluvial urbana. Podría pagar infraestructura de reúso. Podría contribuir a restaurar zonas de recarga. Podría publicar reportes locales de huella hídrica y energética auditados por terceros. Podría comprometerse a no usar agua potable donde pueda usarse agua tratada. Podría ayudar a que Querétaro no solo sea sede de la inteligencia artificial, sino laboratorio mundial de inteligencia hídrica.

Ese sería el salto sofisticado. No pedirle a la tecnología que se vaya, sino exigirle que se comporte a la altura del territorio que la recibe.

El propio gobierno estatal reconoce la urgencia. El Sistema Batán plantea regenerar y reutilizar mil 800 litros por segundo de agua previamente tratada para suministrar a la Zona Metropolitana de Querétaro, reducir la extracción de pozos profundos e incrementar el saneamiento. En su diagnóstico, el proyecto advierte que la demanda de agua en la zona metropolitana supera la oferta disponible y calcula un déficit de al menos 0.21 m³/s para 2026.

Pero ni Batán, ni los data centers “waterless”, ni las campañas de ahorro doméstico serán suficientes si Querétaro no cambia la lógica completa: pasar de una política de abastecimiento a una política de metabolismo hídrico.

Eso significa medir todo. Reparar fugas. Captar lluvia. Reusar agua. Infiltrar donde hoy se expulsa. Proteger zonas de recarga. Rediseñar parques industriales. Exigir techos captadores en nuevas naves. Crear estacionamientos permeables. Regular desarrollos inmobiliarios por impacto hídrico real. Obligar a que los grandes consumidores publiquen su huella local. Y construir un pacto donde cada nueva inversión estratégica tenga una contraprestación hídrica verificable.

Porque la economía digital puede ser parte de la solución, pero no por decreto publicitario. Solo lo será si se le exige más que inversión: responsabilidad territorial.

La provocación es clara: si Querétaro va a hospedar la nube, la nube tiene que ayudar a cuidar la lluvia.

La ciudad que presume inteligencia artificial no puede seguir perdiendo agua por fugas invisibles. El estado que aspira a ser hub tecnológico no puede seguir urbanizando zonas de recarga como si el suelo fuera infinito. La región que vende futuro no puede construirlo sobre acuíferos en deuda.

Querétaro no tiene que elegir entre agua o tecnología. Pero sí tiene que elegir entre dos modelos: uno donde la tecnología llega, se instala, consume infraestructura y se protege con discursos de sostenibilidad; y otro donde cada megaproyecto se convierte en una obligación pública de regenerar el territorio.

El futuro digital no puede ser una excepción al estrés hídrico. Debe ser una prueba de madurez institucional.

Porque la nube no cae del cielo.
La nube se construye.
Y en Querétaro, cada cosa que se construye debe responder una pregunta antes de presumirse como progreso:

¿Devuelve agua o solo ocupa futuro?

Ten invito a leer mi articulo anterior sobre la Crisis Hídrica dando click aquí

Cada lluvia es una evaluación para Felifer Macías,

Cada lluvia evalúa a Felifer Macías: Querétaro ya no puede culpar solo al clima

Por: Rodrigo Vissuet
Santiago de Querétaro, Qro., 4 de julio de 2026.— En Querétaro, cada lluvia es una evaluación pública. No lo dice la oposición, no lo dice una encuesta, no lo dice una consigna: lo dice la calle cuando se inunda, el tráfico cuando se paraliza, la coladera cuando no traga, el dren cuando se desborda y la familia que vuelve a mirar la puerta de su casa con miedo de que el agua entre otra vez.

Durante años, las autoridades han tratado la lluvia como si fuera un accidente del cielo. Como si cada tormenta llegara sin aviso, como si julio no existiera en el calendario, como si el agua tuviera mala intención y la ciudad ninguna responsabilidad.

Pero la verdad es más incómoda: la lluvia no solo cae sobre Querétaro; también revela cómo fue gobernado, planeado y mantenido Querétaro.

Y hoy esa evaluación tiene destinatario político: el gobierno municipal encabezado por Felipe Fernando Macías, Felifer Macías, y su equipo.

No porque la lluvia sea culpa del alcalde. Nadie serio diría eso. Pero sí porque los efectos de la lluvia —las inundaciones, los encharcamientos, el caos vial, los riesgos en colonias, el mantenimiento preventivo, la respuesta de Protección Civil, la limpieza de drenes, la vigilancia de obras y la comunicación con la ciudadanía— sí forman parte de la responsabilidad pública de un gobierno municipal.

No se gobierna el clima. Se gobierna la ciudad que recibe ese clima.

El problema no es que llueva; el problema es qué pasa cuando llueve

Querétaro no necesita funcionarios que miren al cielo con sorpresa cada vez que se nubla. Necesita autoridades que entiendan que la temporada de lluvias no es una emergencia imprevista, sino una prueba anunciada.

Se sabe que va a llover. Se sabe dónde se inunda. Se sabe qué vialidades colapsan. Se sabe qué drenes requieren limpieza. Se sabe qué colonias han vivido afectaciones. Se sabe qué pasos, avenidas, puentes, bordos y zonas bajas necesitan vigilancia.

Entonces la pregunta no es meteorológica. Es política.

¿Qué se hizo antes de que lloviera?

Ahí empieza la verdadera evaluación para Felifer Macías y su equipo. Porque una cosa es reaccionar con brigadas cuando el agua ya está encima, y otra muy distinta es anticiparse con mantenimiento, prevención, información pública y decisiones urbanas responsables.

Gobernar bien no consiste en tomarse la foto con botas después de la tormenta. Gobernar bien consiste en evitar que la gente necesite esas botas dentro de su propia casa.

La lluvia desnuda la ciudad que el discurso maquilla

Querétaro tiene una narrativa cuidadosamente construida: ciudad moderna, ordenada, competitiva, atractiva para invertir, buena para vivir, símbolo de crecimiento y calidad urbana.

Y en parte lo es.

Pero cada tormenta pone esa narrativa contra el pavimento. La baja de su pedestal. La moja. La obliga a responder preguntas más concretas que cualquier campaña institucional.

¿Puede una ciudad presumir modernidad si cada lluvia convierte avenidas en canales?
¿Puede presumir planeación si los mismos puntos se inundan año tras año?
¿Puede hablar de futuro si no protege sus áreas de infiltración?
¿Puede venderse como ciudad de primer nivel si sus colonias viven con miedo al temporal?

La lluvia tiene una virtud política brutal: no respeta propaganda.

No le importa el eslogan, no lee boletines, no distingue colores partidistas. El agua simplemente busca salida. Y cuando no la encuentra, exhibe lo que se tapó, lo que se autorizó mal, lo que no se limpió, lo que se improvisó y lo que se dejó para después.

Por eso el gobierno municipal debe entender algo: en temporada de lluvias, la calle comunica más que cualquier rueda de prensa.

Felifer frente a una ciudad que ya no acepta pretextos

Felifer Macías gobierna una capital compleja, desigual y acelerada. Una ciudad que creció con velocidad, con presión inmobiliaria, con expansión vial, con nuevos desarrollos, con plazas, fraccionamientos, parques industriales y una demanda ciudadana cada vez más alta.

Esa ciudad no se administra con discursos de buena voluntad. Se administra con capacidad técnica, coordinación, sensibilidad social y una obsesión por el mantenimiento.

Querétaro no puede seguir actuando como si el crecimiento urbano fuera solo una buena noticia. Crecer también tiene costos: más agua sobre concreto, más autos en vialidades saturadas, más colonias expuestas, más basura en drenajes, más presión sobre servicios y más riesgo cuando la infraestructura no acompaña al desarrollo.

Una ciudad que crece rápido pero no se prepara bien termina inundándose no solo de agua, sino de errores acumulados.

Ahí es donde el equipo municipal debe demostrar si está a la altura. No basta con decir que hay monitoreo. No basta con publicar recomendaciones. No basta con pedir a la gente que no tire basura, aunque la ciudadanía también tenga responsabilidad.

La autoridad no puede reducir el problema a “la gente tapa las coladeras”. Eso existe, pero no explica todo. También hay permisos, obras, supervisión, drenaje insuficiente, mantenimiento, planeación, desazolve, coordinación metropolitana y prioridades presupuestales.

La basura en la calle es un problema ciudadano.
La falta de prevención estructural es un problema de gobierno.

La lluvia también pregunta por las prioridades

El debate sobre lluvias en Querétaro se conecta con muchos otros temas que hoy están en la conversación pública: venta de predios municipales, áreas de donación, pérdida de espacios públicos, crecimiento inmobiliario, falta de áreas verdes y presión sobre el suelo urbano.

Porque los parques no son adornos. Los árboles no son decoración. Las áreas permeables no son terrenos “vacíos”. Los drenes no son zanjas olvidadas. Los predios públicos no son caja chica.

Todo eso forma parte de la defensa de la ciudad frente al agua.

Cuando se pierde suelo público, cuando se reduce área verde, cuando se construye sin mirar escurrimientos, cuando se pavimenta sin pensar en infiltración, cuando se autoriza desarrollo sin infraestructura suficiente, la factura llega. Y muchas veces llega con lluvia.

Querétaro necesita dejar de tratar el urbanismo como negocio de metros cuadrados y empezar a tratarlo como política de supervivencia urbana.

No se trata de detener el desarrollo. Se trata de preguntarse desarrollo para quién, con qué infraestructura, con qué impacto y con qué responsabilidad frente al futuro.

El ciudadano no quiere heroicidad; quiere que funcione

Hay una escena que se repite en muchas ciudades mexicanas: llueve fuerte, se inunda una avenida, llegan autoridades, se activan cuadrillas, se suben fotos, se presume atención inmediata.

Pero la gente no quiere heroicidad administrativa. Quiere que las cosas funcionen.

Quiere poder salir del trabajo sin pasar dos horas atrapada. Quiere que su colonia no se convierta en laguna. Quiere que el transporte avance. Quiere que una ambulancia pueda cruzar. Quiere que el agua no entre a su negocio. Quiere que la autoridad le avise a tiempo, no cuando ya está todo cerrado. Quiere que los puntos de riesgo estén atendidos antes, no narrados después.

La eficiencia pública no se mide cuando el funcionario aparece en la emergencia; se mide cuando la emergencia no escala.

Eso es lo que debe entender el gobierno de Felifer Macías. La ciudadanía no está pidiendo milagros climáticos. Está pidiendo administración seria de una ciudad que ya conoce sus riesgos.

No todas las lluvias son iguales, pero todos los gobiernos son evaluados

Sería injusto negar que hay tormentas extraordinarias. El cambio climático está alterando patrones de lluvia y haciendo más frecuentes eventos intensos. Las ciudades del mundo están enfrentando retos nuevos.

Pero justamente por eso la vara de exigencia debe subir.

Si las lluvias son más intensas, la planeación debe ser más inteligente. Si el clima es más agresivo, la infraestructura debe ser más resiliente. Si la ciudad creció, el gobierno debe dejar de administrar como si siguiera siendo una capital pequeña.

La nueva normalidad climática no puede enfrentarse con viejas respuestas burocráticas.

Querétaro necesita mapas de riesgo actualizados, drenaje pluvial con visión metropolitana, inversión preventiva, transparencia en puntos críticos, comunicación en tiempo real, revisión de permisos urbanos, protección de áreas verdes y coordinación con Corregidora, El Marqués y gobierno estatal.

El agua no reconoce fronteras municipales. Una mala decisión en una zona puede afectar a otra. Un escurrimiento no se detiene porque cambie el límite administrativo.

Por eso el gobierno de la capital debe liderar con mayor claridad. Querétaro no puede esperar a que cada municipio actúe por separado mientras el agua corre junta.

La lluvia como oposición perfecta

En política se suele decir que la oposición desgasta a un gobierno. Pero en temporada de lluvias, la oposición más dura puede ser el clima.

La lluvia no necesita tribuna. No necesita campaña. No necesita desplegados. Le basta caer.

Y cuando cae, pregunta sin pedir permiso:

¿Se limpió a tiempo?
¿Se invirtió donde hacía falta?
¿Se protegieron los puntos vulnerables?
¿Se escuchó a las colonias?
¿Se revisaron las obras?
¿Se permitió construir donde no debía?
¿Se informó con claridad?
¿Se actuó antes o solo después?

Cada tormenta es una comparecencia pública sin micrófono.

Felifer Macías y su equipo deberían tomarlo así. No como una crítica incómoda, sino como una oportunidad de demostrar gobierno. Porque una ciudad que responde bien a la lluvia gana confianza. Una ciudad que se desborda cada temporada acumula enojo.

Y el enojo urbano no siempre grita. A veces se queda en silencio, atrapado en el tráfico, empujando una puerta mojada, secando una sala, perdiendo mercancía o esperando que alguien responda.

Humanizar la infraestructura

Hablar de drenaje puede sonar técnico. Hablar de cárcamos, bordos, rejillas y escurrimientos puede parecer asunto de ingenieros. Pero al final, todo eso se traduce en vida cotidiana.

Una coladera limpia puede evitar que una madre llegue tarde por su hijo.
Un dren funcionando puede salvar un negocio familiar.
Una alerta oportuna puede evitar que alguien cruce una corriente.
Una calle bien diseñada puede impedir un accidente.
Un parque conservado puede absorber agua y dar sombra.
Una obra bien planeada puede evitar años de afectaciones.

La infraestructura también es una forma de cuidado.

Y si el gobierno municipal quiere hablar de calidad de vida, debe empezar por eso: por cuidar lo básico, lo cotidiano, lo que permite que una ciudad siga funcionando incluso cuando el cielo se rompe.

Querétaro no necesita un gobierno que prometa controlar la lluvia. Necesita uno que entienda que cada tormenta afecta personas reales, no solo estadísticas de Protección Civil.

El cierre que debería escuchar el municipio

Felifer Macías está ante una oportunidad política importante. Puede tratar las lluvias como un problema estacional que se atiende con comunicados, patrullas y cuadrillas. O puede convertirlas en el punto de partida de una agenda seria de resiliencia urbana.

Puede esperar a que el agua suba. O puede decirle a la ciudad, con hechos, dónde están los riesgos y qué se está haciendo para reducirlos.

Puede culpar al clima. O puede aceptar que gobernar también es anticipar.

Porque en Querétaro, cada lluvia ya no es solo lluvia.

Cada lluvia es una evaluación pública del gobierno municipal.
Cada encharcamiento pregunta por el mantenimiento.
Cada inundación pregunta por la planeación.
Cada cierre vial pregunta por la movilidad.
Cada familia afectada pregunta por la prevención.
Cada tormenta pregunta si la ciudad creció con inteligencia o solo creció rápido.

Y esa pregunta, tarde o temprano, llega al escritorio del presidente municipal.

No como consigna.
No como ataque.
Como realidad.

Porque la lluvia no vota, pero sí exhibe. Y en Querétaro, lo que el agua exhibe ya no puede seguir tratándose como simple pronóstico.

tradicion

Retrato de una tortura celebrada en San Juan del Río

Hay violencias que se esconden.
Otras se justifican.
Y algunas, las más perturbadoras, se celebran con boleto, aplauso y fotografía oficial.

En San Juan del Río, en el marco de su feria tradicional, una corrida de toros volvió a abrir una pregunta que incomoda porque no se resuelve con nostalgia, folclor ni economía: ¿qué clase de sociedad somos cuando llamamos tradición al sufrimiento de un ser sintiente?

El debate no es nuevo, pero el momento sí lo vuelve urgente. Mientras el país vive una Copa del Mundo cargada de contrastes —por un lado, la ternura colectiva provocada por Merlin, el pato que se volvió símbolo viral de la afición mexicana; por otro, celebraciones masivas que terminaron en tragedia, con cuatro personas fallecidas en la Ciudad de México tras el partido de México contra Ecuador—, San Juan del Río quedó atrapado en su propio espejo: el de una comunidad que puede conmoverse por un animal convertido en ícono mundialista y, al mismo tiempo, permitir que otro animal sea herido, sometido y reducido a espectáculo.

La contradicción duele porque retrata algo más profundo: la sensibilidad humana parece depender del escenario. Si el animal nos enternece, lo abrazamos como símbolo. Si el animal nos enfrenta con nuestra violencia, algunos prefieren llamarle cultura.

La denuncia que nadie debería ignorar

Tras la corrida realizada en San Juan del Río, una denuncia ciudadana difundida en redes sociales relató una escena brutal. De acuerdo con ese testimonio, después del festejo, el toro aún habría estado luchando por vivir cuando fue levantado con maquinaria, colocado boca arriba en una camioneta y herido con un cuchillo en el pecho para provocarle la muerte.

La frase escrita por la persona denunciante es difícil de leer. Pero precisamente por eso debe leerse.

Porque si lo denunciado es cierto, no estamos ante una “tradición”, sino ante un acto de crueldad que exige investigación. Y si alguien considera exagerado llamarle tortura, entonces el problema no está en la palabra: está en la anestesia moral con la que hemos aprendido a mirar.

LYPmultimedios no cuenta, hasta este momento, con una confirmación oficial independiente sobre el procedimiento descrito en esa denuncia. Por responsabilidad periodística, debe decirse así. Pero también debe decirse lo otro: una denuncia ciudadana de esta gravedad no puede ser desestimada solo porque incomoda a intereses económicos, políticos o sociales.

Las autoridades municipales y estatales tendrían que aclarar qué ocurrió, bajo qué protocolos se manejó al animal, quién supervisó el evento, qué personal veterinario estuvo presente, qué empresa organizó el espectáculo y si existió algún incumplimiento a la normativa aplicable.

Porque el silencio institucional también comunica. Y muchas veces comunica complicidad.

No se trata de tradición: se trata de violencia

Este artículo no busca discutir si la tauromaquia tiene historia. La tiene. Tampoco pretende negar que existan personas que la defienden como actividad cultural o económica. El punto es otro: ninguna tradición debería tener licencia moral para convertir el dolor en entretenimiento.

En México, el debate público ya se movió. Una encuesta de Enkoll para EL PAÍS y W Radio reportó en 2025 que 72% de las personas consultadas estaba en contra de las corridas de toros y las consideraba maltrato animal. Ese dato no es menor: revela que la sociedad mexicana no está donde algunos grupos de poder creen que está.

La Ciudad de México ya dio un paso relevante al aprobar una reforma para transformar las corridas tradicionales en espectáculos taurinos sin violencia: sin muerte del toro, sin banderillas, sin espadas, sin lanzas y con la obligación de proteger la integridad física del animal antes, durante y después del evento. La medida fue celebrada por sectores animalistas y rechazada por el gremio taurino, precisamente porque toca el nervio central del debate: sin violencia, la tauromaquia tradicional pierde su forma actual.

Eso confirma lo evidente. No estamos hablando solo de una actividad cultural. Estamos hablando de una práctica cuya estructura depende de la dominación física de un animal.

La violencia no empieza en la plaza, pero ahí se normaliza

En un país donde la violencia se mide todos los días con datos duros, carpetas de investigación, cuerpos, ausencias y miedo, resulta perturbador que todavía haya espacios donde el dolor pueda organizarse como fiesta.

La crueldad hacia los animales no es un asunto menor ni aislado. Diversas investigaciones han estudiado la relación entre crueldad animal y otras formas de violencia interpersonal, especialmente violencia familiar, abuso infantil y conductas antisociales. No significa que toda persona que asiste a una corrida sea violenta; significa que una sociedad que normaliza la violencia ritualizada contra seres vulnerables debería preguntarse qué está educando, qué está tolerando y qué está celebrando.

San Juan del Río no puede analizar este hecho como si ocurriera en el vacío. El municipio vive discusiones permanentes sobre seguridad, consumo problemático de sustancias, violencia familiar, deterioro urbano, prioridades presupuestales e infraestructura pública. Y Querétaro, aunque suele presentarse como una entidad de orden y desarrollo, también enfrenta una realidad grave en materia de violencia contra las mujeres: la ENDIREH 2021 del INEGI colocó al estado entre las entidades con mayor prevalencia de violencia contra mujeres mayores de 15 años.

Por eso el debate importa. Porque la violencia no siempre aparece de golpe. A veces se entrena en símbolos. A veces se legitima en discursos. A veces se normaliza desde la infancia con la idea de que un cuerpo indefenso puede ser sometido si existe una razón económica, estética, cultural o política para hacerlo.

La hipocresía política alrededor del ruedo

La corrida en San Juan del Río también exhibió otro elemento incómodo: la presencia, simpatía o silencio de actores políticos de distintas ideologías frente a un espectáculo cuestionado por sectores cada vez más amplios de la sociedad.

Panistas, priistas, emecistas, morenistas o cualquier otra fuerza política no pueden hablar de paz, bienestar social, derechos, humanismo o reconstrucción del tejido comunitario mientras se sientan cómodamente frente a una escena donde un animal es llevado al límite del miedo, la sangre y la muerte.

Aquí no hay superioridad moral por partido. Hay una contradicción transversal.

La política local suele indignarse con la violencia cuando la violencia tiene costo electoral. Pero cuando la violencia tiene taquilla, palco, patrocinio o tradición, entonces se vuelve muda, elegante y administrable.

Esa es la hipocresía que debe nombrarse.

La ley que protege a medias

El caso también obliga a revisar la eficacia de las normas de protección animal en Querétaro. El estado ha sido escenario de precedentes importantes en materia de maltrato animal, como el caso Athos y Tango, los perros rescatistas envenenados en 2021, cuyo proceso derivó en una sentencia histórica en México.

Pero esa misma sensibilidad jurídica parece tener límites cuando se trata de espectáculos taurinos. Querétaro forma parte de los estados donde la tauromaquia ha sido reconocida o protegida como tradición cultural, lo que genera una tensión evidente entre bienestar animal, intereses económicos y discursos patrimoniales.

La pregunta es inevitable: ¿a quién protege realmente la ley cuando un perro envenenado merece justicia, pero un toro torturado puede ser convertido en espectáculo?

Si la protección animal depende de la especie, del negocio o del peso político de quienes organizan el evento, entonces no estamos ante una política de bienestar animal. Estamos ante una protección selectiva.

Y la protección selectiva no es justicia. Es simulación.

La feria que también debe rendir cuentas

Una feria municipal no es solo entretenimiento. Es una decisión pública. Implica permisos, seguridad, recursos, logística, prioridades, discurso institucional y responsabilidad política.

Por eso, cuando dentro de una feria ocurre un hecho denunciado como maltrato animal, el municipio no puede lavarse las manos diciendo que se trata de un evento privado o de una costumbre arraigada. Si ocurre dentro del marco de una celebración pública, bajo condiciones autorizadas por autoridades públicas, entonces hay responsabilidad pública.

San Juan del Río merece una discusión más seria que el falso dilema entre “tradición” y “prohibición”. La verdadera pregunta es si una ciudad que aspira a vivir en paz puede seguir celebrando espectáculos donde la violencia es parte del atractivo.

Porque una comunidad no solo se define por sus obras, sus festivales o sus discursos oficiales. También se define por aquello que decide dejar de aplaudir.

El lamento que no entró al programa oficial

En medio de la música, las luces, las fotografías y los discursos de feria, hubo un lamento que no apareció en ningún boletín.

El de un toro.

Un animal encerrado en un destino diseñado por humanos. Un cuerpo aturdido. Un ser sintiente al que no se le preguntó si quería formar parte de una tradición. Un animal cuyo miedo fue convertido en espectáculo y cuya agonía, según la denuncia ciudadana, habría continuado incluso después del ruedo.

Esa imagen debería perseguirnos más que cualquier polémica partidista.

Porque el fondo no es si a alguien le gustan o no los toros. El fondo es si somos capaces de reconocer sufrimiento cuando el sufrimiento no habla nuestro idioma.

La conversación que San Juan del Río necesita

Este debate no se resuelve con insultos entre taurinos y antitaurinos. Tampoco con superioridades morales instantáneas. Se resuelve con una conversación pública a la altura de una sociedad que dice querer paz, justicia y bienestar.

Esa conversación debe llegar a los ayuntamientos, al Congreso local, a los empresarios, a las autoridades de cultura, a las áreas de protección animal, a las escuelas y a las familias.

La pregunta no es si la tradición debe desaparecer de un día para otro. La pregunta es si la tradición puede evolucionar sin sangre, sin tortura y sin muerte.

La experiencia de la Ciudad de México demuestra que existen rutas legislativas para replantear estos espectáculos desde el bienestar animal, aunque el gremio taurino las rechace. La presión social también está cambiando: la mayoría de la población mexicana ya no mira las corridas con la misma naturalidad de antes.

San Juan del Río puede elegir quedarse en el pasado o puede abrir una discusión valiente.

Puede seguir aplaudiendo desde la grada o puede preguntarse qué tipo de convivencia quiere construir.

Puede llamar tradición a la violencia o puede tener la madurez ética de replantearla.

Porque cualquier práctica que necesite del sufrimiento de un ser indefenso para sostenerse merece, por lo menos, ser cuestionada. Y cualquier gobierno que permita ese sufrimiento tiene la obligación de rendir cuentas.

La paz no se construye solo reduciendo delitos.
También se construye dejando de celebrar la crueldad.

Luis Humberto Fernández remonta en las encuestas

Luis Humberto Fernández rompe la interna de Morena en Querétaro: sube 13.6 puntos y ya disputa el segundo lugar

Por: Rodrigo Vissuet
Santiago de Querétaro, Qro., 1 de julio de 2026.— La noticia de la encuesta no está en quién aparece primero. Está en quién está creciendo.

El nuevo tracking de Demoscopia rumbo a la gubernatura de Querétaro 2027 mantiene a Santiago Nieto Castillo como el perfil mejor posicionado dentro de Morena, con 30.7%. Pero el dato que verdaderamente cambia la conversación política es otro: Luis Humberto Fernández pasó de 7.2% en abril a 20.8% al inicio de julio.

Es decir, en tres meses creció 13.6 puntos porcentuales.

Para una contienda interna, ese salto no es un detalle. Es una señal.

Luis Humberto Fernández dejó de ser un nombre secundario en la lista de aspirantes de Morena y se convirtió en el perfil que más rápido está moviendo la encuesta.

Mientras Fernández subió 13.6 puntos, Santiago Nieto pasó de 29.5% en abril a 30.7% en julio, apenas 1.2 puntos más. En términos políticos, Nieto sigue arriba, pero su curva luce estable. Fernández, en cambio, aparece en ascenso.

La diferencia entre ambos también cambió. En abril, Santiago Nieto le llevaba más de 22 puntos a Luis Humberto. En julio, la distancia bajó a 9.9 puntos.

No es empate. No es relevo. Pero sí es una contienda que dejó de estar congelada.

La interna de Morena ya no es una carrera de un solo nombre

Hasta hace unas semanas, la narrativa más extendida colocaba a Santiago Nieto como el perfil más mencionado de Morena en Querétaro. Tenía lógica: ex titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, ex director del IMPI, figura nacional, queretano y con presencia mediática.

La encuesta de Demoscopia no borra esa ventaja. Nieto conserva el primer lugar.

Pero sí introduce una lectura nueva: la candidatura de Morena no necesariamente se resolverá solo por conocimiento nacional o por exposición mediática. También puede jugarse en territorio, crecimiento y capacidad de construir narrativa local.

Ahí entra Luis Humberto Fernández.

El diputado federal por Morena aparece como el aspirante que mejor aprovechó el arranque formal de la conversación rumbo a 2027. Su avance no coincide con un crecimiento equivalente de Morena como partido. En la misma encuesta, Morena pasó de 28.1% en abril a 29.7% en julio en intención de voto partidista, apenas 1.6 puntos.

Esto significa que el crecimiento de Fernández no puede explicarse únicamente por una mejora general de Morena en Querétaro.

El dato apunta más bien a una redistribución interna: una parte de quienes miran hacia Morena está empezando a voltear hacia Luis Humberto Fernández.

Beatriz Robles baja y Fernández ocupa espacio

La encuesta también muestra otro movimiento importante. Beatriz Robles Gutiérrez aparece con 17.4% en julio, después de haber estado en 20.6% en abril. Es decir, baja 3.2 puntos.

Robles sigue siendo una figura relevante: senadora, con campaña estatal reciente y presencia en la estructura nacional. Pero el tracking sugiere que perdió el segundo lugar frente a Fernández.

Eso cambia el tablero interno.

Hasta hace poco, Morena podía leerse como una disputa entre Santiago Nieto y Beatriz Robles, con otros perfiles buscando abrirse espacio. Hoy, Demoscopia muestra otra fotografía: Santiago sigue primero, Luis Humberto sube al segundo lugar y Beatriz queda tercera.

El cuarto perfil medido, Gilberto Herrera Ruiz, aparece con 7.1% en la fotografía de julio. También hay 12.9% de personas que aún no deciden, lo que mantiene abierta la posibilidad de nuevos movimientos.

El margen de error obliga a leer con cuidado, pero no borra el salto

La encuesta reporta una muestra de 1,000 personas, levantada vía telefónica del 26 al 29 de junio de 2026, con margen de error de ±3.8%.

Ese dato obliga a la prudencia. Ninguna encuesta debe tratarse como profecía. Además, el documento no especifica ponderaciones, patrocinador ni si el orden de nombres fue rotado de forma aleatoria, elementos que siempre importan en preguntas de preferencia interna.

Pero incluso con esa advertencia, el crecimiento de Fernández es demasiado grande para ignorarlo.

Un movimiento de 13.6 puntos no se parece a una variación normal de encuesta. Se parece a un cambio político en proceso.

En cambio, el crecimiento de Santiago Nieto de 1.2 puntos sí puede leerse como estabilidad dentro del margen de error.

Por eso la nota no es “Santiago sigue primero”, aunque eso sea cierto. La nota es que Luis Humberto Fernández se convirtió en el aspirante con mayor velocidad de crecimiento dentro de Morena.

El dato incómodo para Morena: el PAN sigue arriba

La encuesta también mide intención de voto por partido. Ahí el PAN aparece con 38.4%, mientras Morena registra 29.7%. La diferencia es de 8.7 puntos.

Esto importa porque Morena puede tener una interna viva, pero todavía enfrenta un reto mayor: convertir su fuerza nacional y su crecimiento local en una candidatura competitiva frente al panismo queretano.

En el careo publicado por Demoscopia, el candidato panista mejor ubicado es Felipe Macías, con 37.2%, frente a Santiago Nieto, con 27.1%. Ese ejercicio todavía no mide a Luis Humberto Fernández como posible candidato de Morena en un enfrentamiento directo.

Ahí está una de las preguntas que vienen: si Fernández ya creció en la interna, ¿qué pasaría si se le midiera en careo contra el PAN?

Por ahora no hay respuesta en la encuesta. Y esa ausencia también es noticia. Demoscopia ya lo registra como segundo en Morena, pero todavía no lo coloca como carta principal en la competencia general.

Por qué este crecimiento importa rumbo a 2027

Morena llega al proceso de 2027 con una oportunidad real, pero no sencilla. Querétaro sigue siendo uno de los estados donde el PAN conserva estructura, narrativa de gobierno y ventaja territorial. Sin embargo, el resultado presidencial de 2024 mostró que Morena ya puede competir con fuerza en el estado.

La pregunta para Morena no es solo quién tiene más conocimiento. La pregunta es quién puede unir, crecer y convertir la preferencia interna en voto competitivo frente al PAN.

Santiago Nieto tiene ventaja de reconocimiento y trayectoria nacional. Beatriz Robles tiene presencia legislativa y una campaña estatal reciente. Gilberto Herrera mantiene identidad ideológica dentro del obradorismo. Luis Humberto Fernández, según esta medición, está construyendo otra cosa: momentum.

Y en política, el momentum importa.

Porque una candidatura no solo se gana con estar arriba un día. Se gana mostrando que se puede crecer, ordenar apoyos y aparecer como opción viable cuando el partido empieza a medir.

La noticia está en la velocidad

El proceso interno de Morena será definido por filtros, acuerdos y encuestas. Todavía falta mucho para saber quién será la candidatura. Pero la fotografía de julio deja un mensaje claro: Luis Humberto Fernández ya no puede ser tratado como aspirante periférico.

Su crecimiento de 13.6 puntos lo convierte en el movimiento más relevante de la medición.

Santiago Nieto sigue primero, pero no se expande. Beatriz Robles pierde terreno. Gilberto Herrera aparece lejos. Y Morena, como partido, sigue debajo del PAN en intención general.

Por eso el dato de Fernández no debe leerse como triunfo anticipado, sino como advertencia política.

La interna de Morena en Querétaro se abrió.

Y si el crecimiento se confirma en nuevas mediciones, la pregunta ya no será si Luis Humberto Fernández puede entrar a la conversación. La pregunta será si puede convertir ese ascenso en una candidatura capaz de disputar el poder en un estado donde el PAN todavía conserva ventaja.

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Zohran Mamdani y sus primeros 100 días: la izquierda pone a prueba a Nueva York

Mamdani y la Nueva York imposible: 100 días para demostrar que gobernar desde la izquierda sí incomoda al poder

El alcalde de Nueva York no resolvió la desigualdad en tres meses. Pero sí cambió la pregunta central: ¿para quién debe gobernar una ciudad global?

Zohran Mamdani llegó a la alcaldía de Nueva York con una promesa incómoda para el poder económico: bajar el costo de vivir en una de las ciudades más caras del planeta. Sus primeros 100 días no fueron una revolución consumada, pero sí una declaración de principios: poner vivienda, transporte, cuidados, derechos laborales e inclusión social en el centro del gobierno municipal.

A Mamdani se le puede criticar por muchas cosas: por el tamaño de sus promesas, por la dificultad presupuestal de cumplirlas, por la resistencia de las élites financieras y por el choque inevitable con Albany. Pero lo que no se puede negar es que su llegada movió el eje del debate público en Nueva York. La ciudad dejó de preguntarse únicamente cómo atraer inversión y comenzó a discutir, con fuerza, cómo hacer posible que la gente que la sostiene pueda seguir viviendo en ella.

Un alcalde que no llegó desde el molde tradicional

Mamdani no representa al político neoyorquino de manual. Nacido en Kampala, Uganda, criado entre África y Estados Unidos, musulmán, socialista democrático y exasambleísta estatal por Queens, su figura condensa varias de las tensiones más profundas de la ciudad: migración, renta, desigualdad, racismo, precarización laboral y representación política.

Su campaña se construyó alrededor de una idea sencilla, pero profundamente disruptiva para una ciudad capturada por el costo de vida: Nueva York no puede presumirse progresista si expulsa a sus trabajadores, a sus familias migrantes, a sus jóvenes y a sus comunidades racializadas.

Por eso sus principales propuestas —congelar rentas, acelerar autobuses, ampliar el cuidado infantil, abrir tiendas de alimentos de propiedad pública y endurecer la defensa de inquilinos— no fueron ocurrencias de campaña. Fueron una lectura política del malestar urbano: la ciudad funciona gracias a quienes menos margen tienen para sobrevivir en ella.

Los primeros 100 días: entre el símbolo y la maquinaria pública

Los primeros 100 días de Mamdani deben leerse con cuidado. No son suficientes para medir el éxito total de un gobierno, pero sí para identificar prioridades, alianzas, resistencias y límites reales. En ese periodo, su administración instaló el tono de una alcaldía que quiso hablarle primero a inquilinos, usuarios del transporte, familias trabajadoras, pequeños negocios y comunidades migrantes.

Entre las acciones iniciales destacaron la creación de una oficina enfocada en la protección de inquilinos, la instalación de equipos de trabajo para acelerar políticas públicas, la defensa de la ciudad santuario frente a presiones migratorias federales, y el impulso a programas de cuidado infantil y movilidad. También colocó sobre la mesa un debate fiscal de fondo: si Nueva York quiere derechos universales, alguien tiene que financiar esa promesa.

Ahí apareció el primer gran choque. Mamdani propuso elevar impuestos a personas con ingresos superiores a un millón de dólares y aumentar la carga fiscal corporativa, pero la gobernadora Kathy Hochul mostró resistencia ante esas medidas, dejando claro que gobernar Nueva York desde la izquierda implica negociar con estructuras estatales que no siempre comparten la misma velocidad política.

Vivienda: la batalla que define su gobierno

Si hay un tema que explica el fenómeno Mamdani, es la vivienda. Nueva York se volvió una ciudad donde tener empleo ya no garantiza poder pagar renta. Ese dato social, más que cualquier consigna ideológica, explica por qué su discurso conectó con miles de personas.

Durante sus primeros meses, Mamdani apostó por reforzar la protección a inquilinos, exhibir abusos del mercado inmobiliario y presionar para contener el aumento de rentas. La medida más importante llegó después del corte de los 100 días, cuando la Junta de Directrices de Renta aprobó congelar rentas para cerca de un millón de departamentos regulados, una decisión histórica que afectó aproximadamente a una cuarta parte de la población de la ciudad. Mamdani había nombrado a seis de los nueve integrantes de esa junta, por lo que el resultado también fue leído como una victoria política de su administración.

La lectura editorial es clara: Mamdani entendió que una ciudad no se vuelve justa sólo construyendo más edificios, sino evitando que el mercado expulse a quienes ya viven en ella. Esa postura lo convirtió en adversario directo del lobby inmobiliario, pero también en referente para una generación que ya no cree en la promesa de “trabaja duro y podrás pagar la ciudad”.

Cuidado infantil: cuando la política pública toca la vida diaria

Otra de las apuestas centrales fue el cuidado infantil. En una ciudad donde pagar guardería puede devorar el ingreso familiar, hablar de cuidados no es un tema secundario ni “blando”; es hablar de economía, género y justicia social.

Mamdani impulsó una agenda para ampliar el acceso al cuidado temprano, especialmente en comunidades donde las familias enfrentan más barreras económicas. Sin embargo, una parte de esa promesa avanzó de manera limitada en sus primeros meses: medios locales documentaron que el programa inicial contemplaba alrededor de 2,000 espacios en algunas comunidades, lejos todavía de una cobertura universal.

Aquí está una de las tensiones más honestas de su administración: la izquierda gana elecciones prometiendo derechos, pero gobierna enfrentando presupuestos, burocracias y negociaciones. La diferencia política no está en negar esas dificultades, sino en decidir si los cuidados serán tratados como gasto o como infraestructura social.

Transporte: la promesa más visible, pero también una de las más difíciles

El transporte fue otro eje de campaña. Mamdani habló de autobuses más rápidos, más accesibles y eventualmente gratuitos. La idea es potente: si la ciudad depende de sus trabajadores, moverlos no debería ser un lujo ni una carga diaria imposible.

Pero la promesa de autobuses gratuitos no se materializó plenamente durante los primeros 100 días. Reportes locales señalaron que la propuesta quedó reducida o en fase piloto, evidenciando la dificultad de financiar un cambio estructural en movilidad pública sin acuerdos presupuestales más amplios.

Aun así, el debate importa. Mamdani colocó el transporte público como una política de justicia económica, no sólo como un tema de tráfico o infraestructura. Para una ciudad como Nueva York, donde millones de personas dependen del transporte para trabajar, estudiar, cuidar y sobrevivir, esa mirada no es menor.

Servicios públicos: la política también está en los baches

Uno de los episodios más comentados de sus primeros meses fue la reparación de 100 mil baches. Para algunos críticos, fue un gesto de propaganda municipal. Para sus simpatizantes, una señal de que un gobierno progresista también debe ser eficiente en lo básico.

La administración celebró la cifra como parte de su balance de 100 días, mientras medios locales la ubicaron dentro de una estrategia de alto impacto simbólico: mostrar resultados visibles en la calle, no sólo discursos de transformación.

Y aquí hay una lección política importante: la justicia social no puede quedarse en la abstracción. También se mide en calles transitables, escuelas seguras, transporte que llega, trámites que no destruyen al pequeño negocio y servicios públicos que funcionan en los barrios que históricamente fueron ignorados.

Derechos laborales, consumidores y pequeños negocios

Mamdani también intentó equilibrar una agenda progresista con señales hacia pequeños negocios. Su administración impulsó medidas contra cobros abusivos, prácticas comerciales injustas y obstáculos administrativos. El mensaje fue doble: proteger a consumidores y trabajadores sin convertir al pequeño comercio en enemigo.

Ese equilibrio no es fácil. En ciudades altamente desiguales, muchas veces la conversación pública queda atrapada entre dos caricaturas: o se protege al mercado sin límites, o se acusa a toda actividad empresarial de ser parte del problema. La apuesta de Mamdani parece ir por otro lado: distinguir entre el poder concentrado que especula con la vida urbana y los negocios pequeños que también sobreviven al costo de la ciudad.

Migración e inclusión: Nueva York como ciudad santuario

Uno de los gestos políticos más importantes fue la defensa de las protecciones santuario frente a la presión migratoria federal. En una ciudad construida por migrantes, Mamdani entendió que la inclusión no podía ser únicamente un discurso ceremonial.

Su administración reforzó la idea de que la seguridad pública no debe confundirse con persecución migratoria, y que las comunidades indocumentadas o en situación vulnerable necesitan acceso a servicios sin miedo. En tiempos donde la migración se usa como arma electoral, esa postura tuvo un peso simbólico y práctico.

Para LYPmultimedios, este punto es clave porque conecta con una discusión más amplia en América Latina y Estados Unidos: las ciudades progresistas están siendo obligadas a decidir si gobiernan desde el miedo o desde los derechos.

Seguridad pública: el terreno más delicado

La seguridad fue una de las áreas más complejas. Mamdani impulsó una Oficina de Seguridad Comunitaria con una lógica distinta: reducir la dependencia exclusiva de la policía en crisis sociales, especialmente salud mental y atención comunitaria. Sin embargo, reportes de AP señalaron que la oficina inició con apenas dos personas, muy lejos del tamaño planteado originalmente durante la campaña.

Esto muestra el límite entre promesa y ejecución. Cambiar el enfoque de seguridad pública requiere presupuesto, personal, coordinación y confianza social. No basta con crear una oficina si no tiene capacidad real de intervención.

Aun así, el debate abierto por Mamdani es relevante: ¿debe la policía ser la respuesta predeterminada ante toda crisis urbana? Para una izquierda responsable, la respuesta no puede ser ingenua. La seguridad importa, pero la seguridad también se construye con vivienda, salud mental, comunidad, empleo y servicios públicos.

La aprobación ciudadana: señales de respaldo, no cheque en blanco

A casi 100 días de gobierno, una encuesta de Marist reportó que Mamdani tenía 48% de aprobación y 30% de desaprobación; además, 55% de los consultados tenía una opinión favorable de él. El mismo sondeo registró que 56% consideraba que la ciudad avanzaba en la dirección correcta, un salto importante frente al 31% registrado meses antes.

Estos números no significan que Mamdani tenga el camino libre. Significan que una parte importante de Nueva York quiso darle oportunidad a una agenda distinta. En política, eso es mucho: no una coronación, pero sí un mandato para intentarlo.

Las resistencias: dinero, medios y miedo al precedente

La reacción contra Mamdani no se explica sólo por sus políticas específicas. Se explica por el precedente. Si una ciudad como Nueva York demuestra que puede congelar rentas, ampliar cuidados, discutir transporte gratuito y cobrar más a quienes más concentran riqueza, otras ciudades podrían exigir lo mismo.

Por eso su gobierno incomoda. No porque haya transformado todo en 100 días, sino porque abrió una disputa sobre lo posible. La derecha lo acusa de radical; sectores empresariales lo ven como amenaza; medios conservadores lo presentan como experimento riesgoso. Pero desde una lectura progresista, la pregunta debería ser otra: ¿radical es intentar que la gente pueda vivir en la ciudad, o radical fue normalizar que trabajar ya no alcance para pagar renta?

La crítica necesaria: prometer derechos exige demostrar viabilidad

Una versión editorial seria no puede convertir a Mamdani en santo laico ni en póster de campaña. Su gobierno debe ser evaluado con la misma exigencia con la que se evalúa a cualquier administración que promete transformar la vida pública.

Las promesas de transporte gratuito, cuidado infantil universal y tiendas públicas de alimentos todavía enfrentan límites presupuestales, institucionales y políticos. Algunas avanzaron parcialmente; otras quedaron en fase inicial; varias dependen de negociaciones con el estado de Nueva York y de una arquitectura fiscal que no está asegurada.

La discusión sobre el presupuesto también mostró esa tensión. Para junio, el gobierno municipal y el Concejo alcanzaron un acuerdo presupuestal de 125.8 mil millones de dólares, con prioridades en educación, servicios sociales, vivienda y seguridad, pero bajo presión por brechas fiscales y decisiones polémicas sobre la estructura policial.

La izquierda que gobierna no puede vivir sólo de símbolos. Tiene que probar que sus políticas son financiables, medibles, sostenibles y capaces de mejorar la vida cotidiana sin perder legitimidad pública.

Lo que Mamdani sí logró en 100 días

Mamdani no resolvió la crisis de vivienda. No volvió gratuito todo el transporte. No universalizó el cuidado infantil. No desmontó las desigualdades históricas de Nueva York.

Pero sí logró algo políticamente poderoso: cambió el centro de gravedad de la conversación pública.

Puso a los inquilinos por encima de los rentistas. Puso los cuidados dentro de la economía. Puso el transporte como derecho urbano. Puso a las comunidades migrantes en el centro de la protección municipal. Puso a los pequeños negocios dentro de una narrativa que no perdona abusos corporativos, pero tampoco los abandona.

Y, sobre todo, obligó a Nueva York a discutir si una ciudad global puede seguir funcionando cuando expulsa a la gente que la hace posible.

La lectura LYP: Mamdani no es el final, es una pregunta abierta

Desde una mirada progresista, los primeros 100 días de Zohran Mamdani no deben leerse como una victoria absoluta ni como un fracaso temprano. Deben entenderse como el arranque de un laboratorio político bajo presión.

Mamdani representa una generación de liderazgos que ya no aceptan administrar la desigualdad con lenguaje amable. Su apuesta no es simplemente “hacer más eficiente” el gobierno, sino redefinir sus prioridades: menos privilegio para quienes especulan con la ciudad y más poder público para quienes la habitan, la trabajan y la sostienen.

La pregunta que deja su inicio de gobierno es incómoda, pero necesaria: ¿qué pasaría si las grandes ciudades dejaran de gobernarse para atraer capital y comenzaran a gobernarse para garantizar vida digna?

Nueva York todavía no tiene la respuesta completa. Pero durante los primeros 100 días de Mamdani, al menos se atrevió a formularla.

Arcos de qro - agua hay esperanza

Querétaro: la ciudad que dejó de guardar el agua

No basta con que llueva. Si el suelo se urbaniza, los acuíferos se sobreexplotan y la red pierde hasta 40% del agua potable, la crisis hídrica no se resuelve mirando al cielo: se resuelve cambiando el modelo de ciudad.

Por: RodrigoVissuet
Querétaro, Qro., 28 de junio de 2026.

Querétaro no se está quedando sin agua únicamente porque llueva menos. Se está quedando sin futuro hídrico porque durante años confundió crecimiento con expansión, infraestructura con suficiencia y lluvia con seguridad. La crisis real no puede explicarse solo desde la sequía: debe entenderse como una fractura entre el agua que cae, el suelo que ya no infiltra, los acuíferos que se sobreexplotan, la industria que crece, las viviendas que se multiplican y una red que todavía pierde una parte inaceptable del recurso.

Los datos oficiales son contundentes. De los 11 acuíferos de Querétaro, siete tienen disponibilidad media anual negativa. El Valle de Querétaro registra un déficit de -65.56 hm³ anuales; el Valle de San Juan del Río, -56.89 hm³; Amazcala, -22.16 hm³; Buenavista, -13.87 hm³; Tequisquiapan, -5.14 hm³; Tolimán, -4.93 hm³, y Huimilpan, -4.53 hm³. Es decir: la base subterránea que sostiene al estado ya opera en deuda hídrica.

La paradoja es brutal: Querétaro puede pasar de la sequía extrema a la inundación sin resolver su escasez estructural. Puede llover con fuerza y, aun así, no recuperar sus acuíferos. Puede abrir nuevos desarrollos, atraer inversiones globales y presumir sofisticación industrial, mientras debajo de la ciudad el agua se extrae más rápido de lo que la naturaleza alcanza a reponer.

Por eso el problema no es solamente cuánta agua cae, sino qué hace Querétaro con ella cuando cae. Si la lluvia golpea techos, avenidas, fraccionamientos cerrados, estacionamientos, parques industriales y suelos sellados por concreto, se convierte en escurrimiento, colapso pluvial, inundación y pérdida. La ciudad moderna expulsa el agua que las civilizaciones antiguas aprendieron a guardar.

La experiencia cotidiana de la ciudadanía ya confirma el deterioro. Según la ENCIG 2025 del INEGI, en las zonas urbanas queretanas de más de 100 mil habitantes, 92.2% de la población reportó que el agua potable proviene de la red pública, pero solo 65.7% dijo recibir suministro constante, apenas 28.7% consideró que el agua es potable sin temor a enfermarse, y 64.3% manifestó satisfacción con el servicio. La cobertura formal existe; la confianza, la continuidad y la calidad ya no son tan sólidas.

En mayo de 2025, el Municipio de Querétaro activó un Protocolo de Seguridad Hídrica ante la emergencia por sequía. Entre sus medidas se incluyó reducir al menos 50% el gasto de agua en edificios municipales, utilizar agua tratada para riego de áreas públicas, impulsar cosecha pluvial y pedir a las familias reducir 33% su consumo doméstico. Cuando una autoridad pide ese nivel de reducción, ya no habla de cultura del agua: habla de administración de escasez.

Pero hay un dato que debería escandalizar más que cualquier campaña: en 2025, el vocal ejecutivo de la CEA informó que Querétaro pierde cerca del 40% del agua potable por fugas, clandestinaje o mala medición. En otras palabras, antes de discutir nuevos megaproyectos, el estado tendría que responder una pregunta elemental: ¿cuánta agua estamos buscando afuera mientras dejamos escapar la que ya tenemos adentro?

La llegada de los data centers no inventó la crisis, pero sí la volvió imposible de ocultar. Querétaro es ya el mercado de centros de datos de más rápido crecimiento en América Latina: CBRE reportó que su inventario aumentó 450.2% anual en el primer trimestre de 2026, hasta 298.2 MW, impulsado por despliegues de hiperescala e inteligencia artificial. El reto más visible para el sector es la energía, pero el dilema público más profundo es hídrico y territorial: ¿qué tipo de economía digital puede crecer sobre acuíferos en déficit?

Las empresas tecnológicas han comenzado a blindar su narrativa. AWS afirma que su región México Central incorpora enfriamiento por aire que elimina la necesidad de agua de enfriamiento en operación. Microsoft anunció diseños de nueva generación con cero agua para enfriamiento evaporativo, capaces de evitar más de 125 millones de litros por año por centro de datos. CloudHQ, que anunció una inversión de 4,800 millones de dólares para seis centros de datos en Querétaro, también informó que usará un sistema de enfriamiento sin agua.

Pero “waterless” no significa “sin impacto”. La huella hídrica de la economía digital no termina en la torre de enfriamiento. También está en la energía, el concreto, el cambio de uso de suelo, la presión urbana, la infraestructura asociada y la percepción social de desigualdad. Para que la industria tecnológica tenga legitimidad pública en Querétaro, no basta con consumir menos agua: debe demostrar cómo ayuda a recuperar, medir, transparentar y regenerar el sistema hídrico del territorio.

La salida tampoco será una sola obra. El Sistema Batán plantea regenerar y reutilizar mil 800 litros por segundo de agua previamente tratada para suministrar a la Zona Metropolitana, reducir extracción de pozos profundos e incrementar el saneamiento. El propio portal del proyecto advierte que la demanda de agua en la zona metropolitana supera la oferta disponible y calcula un déficit de al menos 0.21 m³/s para 2026.

Pero una visión verdaderamente moderna debe ir más lejos: captar lluvia desde las casas, infiltrar en barrios, restaurar zonas de recarga, reducir fugas, reutilizar aguas tratadas, proteger suelos, rediseñar estacionamientos y parques industriales, y convertir la lluvia urbana en infraestructura.

No es una fantasía. Ciudad de México ha reconocido la captación pluvial como medida para reducir inundaciones, aumentar seguridad hídrica y garantizar derechos al agua y la salud. Singapur canaliza la lluvia que cae sobre dos terceras partes de su territorio hacia 17 reservorios y cosecha escorrentía urbana a gran escala para consumo potable.

Tampoco es una idea nueva. Hace miles de años, los mayas diseñaron ciudades capaces de capturar lluvia, almacenar agua en reservorios, usar cenotes, aguadas, canales, filtros naturales y reglas comunitarias para gestionar el recurso. UNESCO recuerda que, ante la ausencia de aguas superficiales permanentes en Yucatán, la civilización maya desarrolló estrategias colectivas para almacenar y administrar el agua de lluvia.

La lección para Querétaro es poderosa: la ciudad inteligente no es la que solo atrae inteligencia artificial; es la que aprende a comportarse como una cuenca. La que no expulsa la lluvia, la guarda. La que no presume desarrollo mientras seca sus acuíferos. La que no separa industria, vivienda, campo, energía y agua como si fueran expedientes distintos.

Querétaro todavía puede corregir. Pero necesita dejar de hablar del agua como emergencia y empezar a tratarla como el eje rector del territorio. Porque la pregunta ya no es si va a llover. La pregunta es más incómoda: cuando vuelva a llover, ¿Querétaro seguirá dejando ir su futuro por las coladeras?

AMLO - Monsivais

Monsiváis, AMLO y el archivo en disputa: una cita reeditada incendia la Comisión Permanente

Por: Rodrigo Vissuet Aquino
San Juan del Río, 24 de junio de 2026.— Hay frases que no entran a la vida pública caminando: entran ardiendo. Una cita atribuida a Carlos Monsiváis sobre Andrés Manuel López Obrador fue llevada a la Comisión Permanente del Congreso y, en cuestión de horas, dejó de ser un fragmento de archivo para convertirse en munición política, combustible digital y pieza de conversación nacional.

El asunto parece sencillo, pero no lo es. Legisladores de oposición retomaron una entrevista reeditada por El Universal, en la que supuestamente Monsiváis habría hecho señalamientos duros, incluso personales, contra López Obrador. Sin embargo, la familia del escritor rechazó públicamente esa versión, aseguró que contiene agregados y pidió pruebas. Ahí está el núcleo del problema: cuando una cita está disputada, el periodismo no puede tratarla como sentencia histórica.

En tribuna se atribuyó a Monsiváis haber dicho que López Obrador “está loco” y que tenía “desmedidos sueños de grandeza”. También se retomó una comparación con figuras imperiales, al sugerir que el tabasqueño quería ser una especie de “Julio César o Nerón” moderno. Son frases diseñadas para viajar rápido: breves, filosas, memorables, perfectas para el algoritmo y peligrosas para la verdad si se desprenden de su origen documental.

La intervención legislativa fue más allá. Se leyeron pasajes en los que supuestamente Monsiváis habría dicho que dio cobijo a López Obrador cuando este llegó desde Macuspana, Tabasco, a los 19 años; que habría permanecido nueve meses en su casa; y que habría salido de su tierra tras la muerte accidental de su hermano. Ese tramo no puede manejarse como dato confirmado, sino como parte de una versión impugnada por la familia Monsiváis.

La diferencia importa. Una cosa es reportar que una senadora leyó esos dichos en el Congreso; otra muy distinta es afirmar que Monsiváis efectivamente los dijo. En tiempos de política acelerada, esa frontera se borra con demasiada facilidad. La tribuna amplifica, las redes deforman, los titulares simplifican y, cuando la espuma baja, queda una pregunta incómoda: ¿quién se hace cargo del daño si la cita no era verificable?

Otro fragmento retomado fue la expresión “deliciosas y divertidas noches”, atribuida al cronista en referencia a López Obrador. La frase, por su ambigüedad, fue colocada casi como un artefacto de provocación. No operó solamente como cita; operó como insinuación. Y en política, pocas cosas viajan tan rápido como una insinuación que puede leerse de varias formas.

También se atribuyó a Monsiváis un señalamiento relacionado con dinero, al sugerir que López Obrador sería capaz de hacer cualquier cosa por obtenerlo. Ese tipo de afirmaciones exige un estándar editorial más alto, porque ya no se trata de una crítica política o de carácter, sino de una imputación grave. Sin prueba sólida, atribución precisa y contexto completo, la frase deja de informar y empieza a contaminar.

La familia Monsiváis hizo lo que correspondía frente a una memoria que considera alterada: salió a disputar el archivo. Rechazó la versión reeditada, negó que López Obrador hubiera vivido en la casa del escritor y sostuvo que los dichos no corresponden con el estilo ni con la ética pública del cronista. También pidió pruebas o disculpas. Esa reacción no es un detalle menor: es el contrapeso indispensable frente a una frase convertida en espectáculo.

Aquí aparece el verdadero tema de fondo. Carlos Monsiváis no fue un hombre cualquiera en la cultura mexicana. Fue cronista, testigo, ironista, lector feroz del poder, figura incómoda para muchas solemnidades nacionales. Precisamente por eso, poner palabras en su boca —o disputar cuáles fueron realmente sus palabras— tiene consecuencias públicas. No se está discutiendo solo una entrevista: se está peleando por el sentido político de una memoria.

La oposición entendió el potencial de la cita: Monsiváis funciona como autoridad moral, cultural y simbólica. Si él hubiera dicho eso de López Obrador, el golpe no vendría solo de una adversaria partidista, sino de una voz con prestigio intelectual. Por eso el archivo fue llevado al Congreso como si fuera un testigo llamado a declarar desde el pasado.

Pero el pasado no declara solo. Al pasado lo editan, lo recortan, lo citan, lo encuadran y, a veces, lo manipulan. Por eso el periodismo tiene que entrar con bisturí, no con megáfono. Debe preguntar quién publicó, cuándo publicó, qué versión existía antes, qué parte fue agregada, quién desmiente, qué prueba se presenta y qué intereses políticos se activan alrededor de la cita.

La discusión también exhibe algo más: la política mexicana vive obsesionada con López Obrador incluso después de la Presidencia. Sus adversarios lo siguen usando como centro gravitacional del debate; sus seguidores reaccionan ante cada ataque como si se tratara de una defensa del proyecto entero; y la conversación pública vuelve, una y otra vez, a organizarse alrededor de su figura.

En esa lógica, Monsiváis fue usado como espejo incómodo. No importaba solo lo que supuestamente dijo, sino lo que su nombre permitía insinuar: que una figura respetada de la inteligencia crítica mexicana habría visto en López Obrador rasgos de ambición, exceso o desmesura. El problema es que una lectura política no puede descansar sobre una base documental puesta en duda.

La columna vertebral de este caso no es la defensa de AMLO ni la absolución de sus críticos. El punto es más elemental y más democrático: ninguna causa política debería necesitar citas dudosas para sostener sus argumentos. Si hay crítica, que sea con hechos; si hay archivo, que sea verificable; si hay acusación, que haya prueba; si hay debate, que no se disfrace de documento lo que todavía está bajo disputa.

La viralidad tiene una virtud y una enfermedad. Puede abrir conversaciones que antes se enterraban, pero también puede convertir cualquier fragmento en sentencia. Una frase atribuida a Monsiváis puede atravesar redes, noticiarios y tribunas antes de que alguien pregunte si realmente fue dicha así. Esa velocidad es el paraíso de la propaganda y el infierno de la verificación.

El episodio deja una lección para medios, partidos y audiencias: no todo lo que enciende una conversación merece ser tratado como verdad; a veces merece ser investigado precisamente porque enciende demasiado rápido. La responsabilidad editorial no consiste en apagar el debate, sino en impedir que el fuego consuma los hechos.

Monsiváis entendía como pocos el teatro nacional: sus personajes, sus máscaras, sus frases lapidarias, sus farsas involuntarias. Tal vez por eso resulta tan irónico que hoy su nombre aparezca atrapado en una disputa donde archivo, poder, odio digital y cálculo parlamentario se mezclan en una sola escena.

Al final, la pregunta no es únicamente qué dijo o no dijo Monsiváis. La pregunta es qué hacemos nosotros con las palabras de los muertos cuando ya no pueden defenderlas. Y ahí, en esa zona delicada entre memoria y manipulación, el periodismo tiene una obligación mínima: no fabricar certezas donde solo existen atribuciones, intereses y una disputa abierta por la verdad.

Celia Maya entra a la competencia por Querétaro

La persistencia de Celia Maya y el empate técnico que definirá a Morena en Querétaro

Por Redacción LYPmultimedios | Columna de Opinión y Análisis Político 17 de junio de 2026

En política, el reconocimiento de nombre es un activo que tarda años, a veces décadas, en construirse. Y si hay alguien en Querétaro que ha cimentado su marca a base de persistencia electoral, es Celia Maya García.

Esta semana, el panorama rumbo a las elecciones a la gubernatura de 2027 sufrió una sacudida importante. Una robusta encuesta publicada por el diario El Universal, elaborada por la casa encuestadora Enkoll (levantada cara a cara entre el 30 de mayo y el 3 de junio de 2026), arrojó un dato que a muchos sorprendió, pero que a los analistas locales nos hace todo el sentido: Celia Maya encabeza las preferencias para abanderar a la Cuarta Transformación en el estado.

Los números fríos: Un liderazgo con sabor a empate técnico

Vamos a los datos verificados. Ante la pregunta «¿A quién prefiere como candidato o candidata por Morena para la gubernatura de Querétaro?», la actual integrante del Tribunal de Disciplina Judicial obtuvo una preferencia bruta del 16%.

Sin embargo, el triunfo interno está lejos de ser un día de campo. Pisándole los talones se encuentra el extitular de la UIF, Santiago Nieto Castillo, con un 13%, y la senadora Beatriz Robles Gutiérrez, con un 12%. Mucho más rezagado quedó el senador Gilberto Herrera Ruiz con un lejano 7%.

¿Qué nos dice esto? Que si tomamos en cuenta el margen de error metodológico de la encuesta (+/- 2.8%), lo que realmente tenemos en Querétaro es un trepidante empate técnico a tres bandas.

El factor conocimiento: El arma de doble filo de Celia Maya

La verdadera fortaleza de Celia Maya en este estudio no es su 16% de intención de voto interna, sino su nivel de conocimiento. El 40% de los queretanos encuestados afirma conocerla o haber escuchado de ella, logrando además un nada despreciable 21% de opinión positiva.

Esto no es obra de la casualidad. Sus múltiples candidaturas pasadas al gobierno del estado la han mantenido en la boleta y en la mente del electorado. La gente en la Sierra Gorda, en San Juan del Río y en la capital ubica perfectamente su rostro y su nombre.

No obstante, aquí radica el gran dilema para la dirigencia nacional de Morena. En los cuartos de guerra del partido guinda saben que Querétaro es, junto con Guanajuato, la «joya de la corona» del panismo nacional. Arrebatarle el estado al PAN en 2027 requerirá más que solo reconocimiento de nombre; requerirá una figura que atraiga al voto indeciso, a la clase media y al sector empresarial.

¿Es Celia Maya ese perfil aglutinador o su nivel de conocimiento ya alcanzó un «techo» electoral? Esa es la pregunta que Santiago Nieto y Beatriz Robles intentarán capitalizar en los próximos meses. Nieto, apostando por su perfil de «zar anticorrupción» y su red de contactos institucionales; y Robles, afianzándose como el perfil orgánico y leal a la línea dura de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Las reacciones y el filtro nacional

La publicación de El Universal no pasó desapercibida. En los pasillos políticos locales, el bloque afín a Maya celebró los números como una validación de su lealtad al movimiento. Sin embargo, desde la trinchera de sus competidores, se argumenta que la encuesta demuestra que «no hay nada definido» y que dos terceras partes del obradorismo queretano buscan una alternativa distinta.

A nivel nacional, la presidenta de la Comisión de Elecciones de Morena, Citlalli Hernández, ha sido muy clara esta misma semana: el partido priorizará encuestas rigurosas y perfiles sin «cola que les pisen», buscando competitividad real para las 17 gubernaturas en juego en 2027.

La moneda está en el aire

La encuesta de El Universal y Enkoll es una fotografía invaluable del momento que vive Morena en Querétaro a mediados de este 2026. Confirma que Celia Maya está más vigente que nunca, validando el peso de su trayectoria jurídica y política.

Pero también nos deja una lección clarísima: en Querétaro no hay «dedazo» que valga aún. Con una contienda interna dividida a tercios, el candidato o candidata que logre representar a la 4T en 2027 será aquel que, además de convencer a las bases obradoristas, logre tender puentes hacia una sociedad queretana altamente exigente. El tiro está cantado y el reloj electoral ya comenzó a correr.

Ulises Gómez de la Rosa se reúne con compañeros de partido y aspiración

Ulises Gómez de la Rosa y César Guti cierran filas: Lideran pacto de unidad en Morena por la capital queretana

Por Redacción LYPmultimedios | Política Local

SANTIAGO DE QUERÉTARO, QRO. (13 de junio de 2026). – Las piezas del ajedrez político en la capital queretana comienzan a acomodarse y los liderazgos reales de la Cuarta Transformación han decidido dar un paso al frente. Con la convicción de que los grandes retos del municipio requieren visión de futuro, el diputado local Ulises Gómez de la Rosaarticuló una mesa de diálogo clave para definir el rumbo de los Comités de Defensa de la 4T en Querétaro.

Reconocido por su destacada labor como diputado local, su indudable capacidad para la búsqueda de acuerdos y respaldado por un gran capital político que tiene como base a Santa Rosa Jáuregui, Gómez de la Rosa convocó a los perfiles que han levantado la mano para coordinar el movimiento en la capital. Dejó en claro que la unidad y la construcción de consensos serán la única ruta viable para hacer frente a los desafíos electorales que se avecinan.

La mancuerna estratégica: Ulises y Guti

El peso específico de esta cumbre política recayó en la sólida alianza mostrada entre el diputado y César Gutiérrez «Guti», ex titular del Corredor Económico de Bienestar en Querétaro y uno de los cuadros más activos en la movilización territorial del partido.

Guti respaldó la iniciativa de Gómez de la Rosa, coincidiendo en que, más allá de las legítimas aspiraciones personales, el trabajo conjunto es innegociable. “Querétaro necesita sumar visiones, capacidades y liderazgos comprometidos con la transformación. Estoy convencido de que, caminando juntos y poniendo por delante el bienestar de la gente, podremos hacer realidad los principios de la Cuarta Transformación”, destacó César Guti, reafirmando su lema de que “A Querétaro lo transformamos todos”.

Ambos liderazgos marcaron la pauta del encuentro: ampliar la visión política, fortalecer a los perfiles más competitivos y evitar las divisiones internas que en el pasado han mermado al movimiento en la capital del estado.

Respaldo legislativo y sumas menores

El pacto de unidad tejido por Ulises Gómez de la Rosa y César Guti cuenta además con el aval de otras figuras de peso dentro del partido. Durante el cónclave, se reconoció la disposición de la diputada local Andrea Tovar y del regidor Fernando Flores, quienes, aunque no pudieron asistir por compromisos de agenda, enviaron su respaldo total para sumarse a este esfuerzo conjunto por el bienestar del municipio.

Finalmente, a esta mesa de diálogo articulada por los liderazgos principales, también se le dio espacio de participación a Mauricio Ruiz Olaes, actual titular de la representación de la SEP en la entidad, quien acudió a la reunión para suscribir los acuerdos de unidad planteados por el bloque mayoritario.

Con este cierre de filas, Gómez de la Rosa y Guti envían un mensaje claro tanto al interior de Morena como hacia la oposición: en Querétaro, la 4T ya tiene orden, estructura y un bloque unido listo para competir.

La Perrita de Trump le cambia la vida a Ricardo Salinas Pliego

«¡Ahí va la perrita de Trump!»: Cómo el «Tío Perrichi» perdió su blindaje mediático en 15 segundos en el Estadio CDMX

Por Redacción LYPmultimedios | Análisis Político y Sociedad

CIUDAD DE MÉXICO (13 de junio de 2026). – El partido inaugural de la Copa Mundial FIFA 2026 entre México y Sudáfrica dejó una imagen grabada en la memoria colectiva que nada tuvo que ver con el rodar del balón. A su llegada al Coloso de Santa Úrsula, el magnate Ricardo Salinas Pliego fue recibido por un grupo de aficionados con una cascada de insultos directos. Entre la multitud, un grito espontáneo y lapidario sobresalió, siendo captado por decenas de teléfonos celulares: «¡Ahí va la perrita de Trump!».

En cuestión de minutos, los videos inundaron X (antes Twitter). En pocas horas, la frase se convirtió en la tendencia número uno en México —y una de las más duraderas de las últimas 48 horas— desatando memes, parodias y el nacimiento instantáneo del apodo «Tío Perrichi» (en burla a su autonombrado título de «Tío Richi»).

Pero más allá de la vulgaridad del estadio, este evento exige una lectura sociopolítica profunda: ¿Por qué un insulto lanzado por un joven desconocido caló tan fuerte contra uno de los hombres más poderosos del país?

La anatomía de un apodo: Trump y la 4T

El grito no fue un insulto random o desconectado de la realidad. Su efectividad radica en que combinó dos percepciones preexistentes y profundamente arraigadas entre los críticos del dueño de TV Azteca:

  1. La sombra de la Casa Blanca: La relación de Salinas Pliego con Donald Trump no es un secreto. Su subsidiaria en EE. UU. donó 250,000 dólares al comité inaugural de Trump en 2017. A lo largo de los años, el empresario ha presumido reuniones en la Casa Blanca y coincidencias ideológicas sobre la «libertad empresarial». En un México que resiente las políticas arancelarias y el discurso antimexicano de Trump, esta relación es leída por sus críticos como una alineación servil frente a intereses extranjeros.
  2. La guerra contra la 4T: Desde sus plataformas televisivas y su cuenta personal en X (@RicardoBSalinas), el empresario ha mantenido una guerra frontal contra los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum. Sus constantes ataques al «estatismo» y a los «parásitos del Estado» son vistos por la base morenista no como libertad de expresión, sino como una guerra sucia orquestada por una élite renuente a pagar impuestos y perder privilegios.

El grito en el Azteca redujo todo ese complejo entramado político a una imagen mental ridícula, humillante y altamente «memeable»: el multimillonario que le mueve la cola al expresidente estadounidense.

El «Rey está desnudo»: La derrota de las Relaciones Públicas

El verdadero impacto de este fenómeno responde a la pregunta de si este evento «desenmascaró» al magnate. En el plano simbólico y de percepción pública, la respuesta es un rotundo sí.

Grupo Salinas ha invertido cientos de millones de pesos durante años en posicionar una imagen cuidadosamente diseñada: el «empresario exitoso», el filántropo rebelde, el defensor de la libertad. Sin embargo, este episodio ilustra el límite definitivo del poder mediático tradicional. Por más control que tengas sobre noticieros nacionales o campañas pagadas de PR, un momento auténtico y espontáneo en el espacio público puede desmoronar esa narrativa en 15 segundos. Es el equivalente moderno de gritar «el rey está desnudo».

Perspectivas enfrentadas: ¿Indignación popular o mafia digital?

Para no caer en una narrativa de un solo bando, es necesario observar el fenómeno desde ambos espectros:

  • Para los críticos del empresario: El meme es la victoria del «pueblo» humillando al poder fáctico. Demuestra que ni con todo el dinero del mundo se puede comprar el respeto en la calle, ni controlar la narrativa en la arena indomable del internet.
  • Para los defensores de Salinas: Argumentan que el networking empresarial con líderes como Trump es una práctica corporativa estándar a nivel global. Para este sector, los gritos fueron una muestra de la bajeza de las «masas polarizadas» y afirman que la viralidad fue inflada artificialmente por granjas de bots afines a la Cuarta Transformación.

La realidad factual es que este video de 15 segundos no cambiará los balances financieros de Grupo Salinas ni borrará sus pleitos legales con el SAT. Sin embargo, en el despiadado terreno de la percepción política en 2026, la tendencia «La perrita de Trump» quedará registrada como un caso de estudio brutal sobre cómo la espontaneidad ciudadana, armada con un celular, es capaz de arrinconar y someter a las maquinarias mediáticas más grandes del país.