que viva el bienestar carajo

Que Viva el Bienestar Carajo: por qué el modelo brasileño supera al experimento libertario en el norte argentino

Por: Rodrigo Vissuet

Mientras el Gobierno argentino defiende el equilibrio fiscal como dogma —incluso cuando ese ajuste erosiona el ingreso básico de millones—, la geografía social del Cono Sur está emitiendo un veredicto silencioso pero contundente: los trabajadores del Norte Grande argentino están migrando hacia Brasil. No se trata solo de una búsqueda de empleo. Es una huida estructural de un modelo que convirtió al trabajo en sinónimo de precariedad, hacia otro que aún preserva el poder adquisitivo como pilar de cohesión social.

La brecha de la desigualdad: cuando los datos desnudan el relato

 

La comparación entre la política económica de Luiz Inácio Lula da Silva y el programa libertario impulsado por Javier Milei exhibe una diferencia de fondo: en Argentina, la “libertad económica” se tradujo, para amplios sectores, en libertad para perder derechos.

En términos de poder de compra, el salario mínimo argentino atraviesa una de sus peores caídas reales desde que existen registros, al quedar sistemáticamente por debajo de la canasta básica. En contraste, Brasil sostiene una política de valorización del salario mínimo que lo ajusta por encima de la inflación. Estudios recientes indican que la capacidad de compra de alimentos esenciales en Brasil puede ser hasta casi tres veces superior a la registrada en provincias del norte argentino como Formosa, Chaco o Misiones.

El impacto se refleja también en el consumo interno. El modelo brasileño —frecuentemente definido como desarrollista con fuerte impronta social— inyecta recursos en los estratos de menores ingresos, activando el comercio local y el empleo. En el norte argentino, en cambio, la paralización casi total de la obra pública ha provocado una contracción cercana al 45% en el sector de la construcción, históricamente uno de los principales motores laborales de la región.

Desregulación versus protección: el choque con la realidad

 

La promesa libertaria de que la retirada del Estado atraería inversiones y prosperidad no se materializó en la vida cotidiana del peón rural ni del obrero industrial del NEA y el NOA. Para ellos, la desregulación significó desprotección.

“En Argentina me dicen que el salario es un precio de mercado, pero ese precio no alcanza para comer. En Brasil, el Estado garantiza que mi trabajo tenga valor”, resume un trabajador migrante en la frontera de Puerto Iguazú. Su testimonio no es anecdótico: es representativo de un fenómeno creciente.

Dos modelos, dos resultados

CategoríaModelo Brasileño (Socialismo de Bienestar)Modelo Argentino (Libertario)
Salario MínimoPolítica de valorización real constante.Pisado por debajo de la canasta básica.
Obra PúblicaMotor de empleo y conectividad regional.Eliminada por “falta de fondos”.
Salud y EducaciónInversión récord y fortalecimiento del SUS.Desfinanciamiento y arancelamiento encubierto.
Resultado SocialReducción de la pobreza extrema.55% de pobreza (y subiendo en el Norte)

 

El mercado no alimenta, el Estado sí

 

El éxodo laboral desde el norte argentino hacia Brasil no responde al azar ni a una coyuntura pasajera. Es la consecuencia directa de dos proyectos de país antagónicos. Brasil demuestra que un Estado presente —que regula, invierte y protege el salario— no es un obstáculo para el crecimiento, sino una condición para que ese crecimiento tenga rostro humano.

El norte argentino hoy funciona como el espejo de una distopía económica donde trabajar no garantiza vivir con dignidad. Del otro lado de la frontera, Brasil aparece como un refugio imperfecto, pero real, de dignidad laboral. Y los trabajadores ya tomaron nota.