Por Redacción LYPmultimedios | Cultura y Turismo Mágico
ACULCO, EDOMEX. (11 de junio de 2026). – Hay lugares donde el tiempo parece haberse detenido, esculpido meticulosamente entre calles empedradas y muros de cantera. Aculco, uno de los Pueblos Mágicos más emblemáticos del Estado de México, resguarda en su centro una joya arquitectónica que ha sido testigo de casi cinco siglos de historia: la Parroquia de San Jerónimo.
Más que un centro de culto, este templo es una fortaleza moral, un emblema religioso y una obra de arte genuina del siglo XVI que despierta la admiración de historiadores y turistas por igual.
El sincretismo de 1674: El nacimiento del arte Tequitqui
La historia de esta parroquia comienza en el año 1540, cuando frailes franciscanos iniciaron su construcción bajo los cánones de la arquitectura medieval europea. Sin embargo, su verdadero espíritu visual nacería más de un siglo después.
En 1674, el templo experimentó su primera gran remodelación. Fue en este momento cuando ocurrió una fascinante fusión de modelos e íconos europeos con la cosmovisión indígena local. Este mestizaje arquitectónico dio vida al arte Tequitqui (término que significa «tributario»), una manifestación estética donde las manos indígenas plasmaron su propia interpretación de la fe cristiana sobre la piedra.
Resiliencia ante la furia de la tierra
La grandeza de la Parroquia de San Jerónimo no solo radica en su belleza, sino en su inquebrantable resistencia. En 1912, un fuerte movimiento telúrico con epicentro en el municipio vecino de Acambay sacudió la región, provocando graves grietas y mutilaciones en la estructura del templo.
Lejos de dejarla caer, el pueblo de Aculco emprendió una profunda restauración, incorporando materiales locales y toques más modernos que terminaron por consolidar la imponente fachada que hoy recibe a los visitantes.
En su interior, el visitante es recibido por tesoros de incalculable valor histórico. Destacan sus retablos y figuras, como la Virgen del Carmen (con el Purgatorio en su parte inferior), y el altar mayor, que resguarda a la Virgen María, a San Agustín, a Jesús antes de la flagelación y, coronando el recinto, al santo patrono Señor San Jerónimo.
Sabores que complementan la historia
La experiencia de visitar Aculco no está completa sin deleitar los sentidos a través de su herencia culinaria. Recorrer sus calles de cantera exige una pausa obligada para saborear lo mejor de sus tradiciones.
A solo unos pasos de la historia, en la Segunda calle de Matamoros #6, se encuentra Lloviendo Café, un refugio imperdible que trae a la mesa los mejores granos de las montañas de Oaxaca, Chiapas y Veracruz. El lugar ideal para cerrar una tarde de ensoñación cultural con un buen postre en compañía.
Para quienes buscan una experiencia de sabor más intensa, Quesos Mena se ha consolidado como un referente regional. Su oferta incluye una exquisita selección de carnes frías, miel de agave y productos gourmet, destacando su innovador maridaje: quesos locales combinados con el sabor exclusivo del tequila reposado conservado en barrica.
Aculco es, hoy por hoy, un testimonio vivo donde la historia, la piedra y la tradición se niegan al olvido.
(Este espacio histórico en «Spotlight Mágico» fue presentado gracias al impulso de Lloviendo Café y Quesos Mena).
CEO del medio de comunicación LYPmultimedios y GreenInc.