El gobierno estatal reportó que el abandono escolar bajó de 16 a 5.8 por ciento y destacó avances en escolaridad e infraestructura. La presentación, sin embargo, no precisó el nivel educativo, ciclo escolar ni metodología de algunas cifras, y tampoco incluyó indicadores de aprendizaje.
Santiago de Querétaro, Qro., 14 de septiembre de 2026.— El Gobierno de Querétaro presentó la reducción del abandono escolar, el crecimiento de la matrícula universitaria y la ampliación de infraestructura como pruebas de que “la educación sí funciona” en el estado. Los resultados muestran avances relevantes, pero la información expuesta deja sin responder una pregunta esencial: ¿los estudiantes permanecen más tiempo en las aulas y, además, están aprendiendo mejor?
Durante el ejercicio Contigo Informamos, encabezado por el gobernador Mauricio Kuri González, la secretaria de Educación, Martha Soto, aseguró que el abandono escolar disminuyó de 16 a 5.8 por ciento y que Querétaro pasó del lugar 29 al tercero nacional entre las entidades con menor deserción.
La reducción sería considerable. Sin embargo, no se precisó a qué nivel educativo corresponde el indicador, cuál es el ciclo escolar comparado, si el dato más reciente es definitivo o preliminar ni qué fuente permite colocar al estado en esa posición nacional.
La distinción es importante porque el abandono escolar no se mide como una sola cifra para todo el sistema. La Secretaría de Educación Pública lo presenta por nivel y ciclo escolar. Por ejemplo, sus estimaciones para 2023-2024 ubicaban a Querétaro en 0.6 por ciento en primaria, 2.7 en secundaria y 10.2 en educación media superior. Cada etapa enfrenta problemas diferentes y, por tanto, requiere políticas distintas.
Sin ese desglose, el descenso de 16 a 5.8 por ciento resulta difícil de reproducir, comparar o atribuir a una intervención específica. Tampoco queda claro cuánto corresponde a programas estatales y cuánto a becas federales, recuperación posterior a la pandemia, cambios demográficos u otros factores.
Permanecer no equivale necesariamente a aprender
Entre los indicadores destacados se encuentra un promedio de 11.2 años de escolaridad, con el que Querétaro ocuparía el segundo lugar nacional. La cifra refleja que la población permanece más tiempo dentro del sistema educativo, pero no mide por sí sola comprensión lectora, razonamiento matemático, conocimientos científicos ni las capacidades adquiridas.
El grado promedio de escolaridad es un indicador relevante para observar la trayectoria de una población. En 2020, el Censo del INEGI colocó a Querétaro en 10.48 años, por lo que el dato presentado por el gobierno apuntaría a una evolución positiva. No obstante, ambos resultados requieren fuentes y metodologías compatibles antes de construir una comparación directa.
La exposición gubernamental no incorporó resultados sobre aprendizajes, recuperación académica después de la pandemia, diferencias entre escuelas públicas y privadas ni brechas entre municipios, comunidades rurales y zonas urbanas. Tampoco informó cuántos estudiantes concluyen cada nivel con los conocimientos esperados.
Por eso, presentar al sistema educativo como una “historia de éxito” únicamente mediante permanencia, apoyos e infraestructura ofrece una fotografía incompleta. Mantener a un estudiante inscrito es indispensable, pero el resultado final también debe medirse por lo que aprende y por las oportunidades que obtiene al egresar.
Infraestructura abundante, cuentas que requieren explicación
La administración reportó una inversión de mil 780 millones de pesos en infraestructura y otros 207 millones en equipamiento. Durante el periodo se habrían construido 866 aulas, 201 módulos sanitarios, 75 arcotechos, 107 barras y 46 espacios deportivos.
El Instituto de Infraestructura Física Educativa del Estado de Querétaro informó primero la intervención de mil 376 planteles de educación básica y 16 de media superior. Posteriormente señaló un total de mil 900 planteles atendidos. Las cifras no necesariamente son incompatibles, pero no se explicó qué instalaciones adicionales integran el segundo universo ni si un mismo plantel fue contabilizado en más de una intervención.
Tampoco se presentó el catálogo de obras, su ubicación, monto individual, estado de ejecución o criterios utilizados para seleccionar los planteles. Sin esos datos, es posible conocer el tamaño anunciado de la inversión, pero no evaluar su distribución territorial ni determinar si los recursos llegaron primero a las escuelas con mayores carencias.
Beneficiarios no siempre significa personas distintas
La USEBEQ reportó apoyos con útiles y uniformes para más de 340 mil estudiantes; lentes para 49 mil alumnos de 175 escuelas; pantallas didácticas para 29 mil estudiantes de telesecundaria, y actividades de convivencia y civismo digital para 200 mil alumnos, 15 mil docentes y 75 mil madres y padres.
Son coberturas amplias, aunque la presentación no aclaró si se trata de beneficiarios acumulados durante cinco años o de personas atendidas una sola vez. Un estudiante puede aparecer en más de un programa o recibir apoyos durante varios ciclos, por lo que estas cantidades no deberían sumarse para calcular una población total beneficiada.
También se informó un incremento de más de 17 mil estudiantes en educación superior, pero faltaron el periodo de comparación, la matrícula inicial y la proporción que representan frente a la población en edad universitaria.
El rezago educativo fue ubicado en 14.5 por ciento. Sin una serie histórica, un comparativo nacional y un desglose territorial, el porcentaje dice dónde se encuentra Querétaro, pero no cuánto avanzó durante la administración ni qué municipios concentran el problema.
Los resultados presentados permiten sostener que existen mejoras en permanencia, escolaridad e infraestructura. No alcanzan, por sí solos, para cerrar la evaluación del sistema educativo.
La rendición de cuentas necesitaría publicar bases de datos, ciclos escolares, fuentes, metodología, inversión por plantel e indicadores de aprendizaje. Solo entonces podrá determinarse si Querétaro no únicamente tiene más estudiantes dentro de las escuelas, sino mejores condiciones para que todos aprendan, independientemente del municipio, ingreso o tipo de plantel al que pertenezcan.



