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Día Mundial del Perro: el abandono que México aún no resuelve

ESPECIAL LYPMULTIMEDIOS | DÍA MUNDIAL DEL PERRO

Millones de perros viven sin hogar en México. El abandono no es una casualidad, es una responsabilidad colectiva

Mientras miles de familias celebran a sus perros este 21 de julio, millones más sobreviven entre el hambre, el miedo y la indiferencia. Esta es la historia de una crisis silenciosa que no comenzó en las calles, sino detrás de la puerta de un hogar.

Cada mañana, antes de que las ciudades despierten por completo, ellos ya están ahí.

Recorren avenidas, mercados, parques, lotes baldíos y colonias enteras buscando agua, alimento o simplemente un lugar donde descansar sin ser ahuyentados. Algunos caminan solos; otros forman pequeñas manadas para aumentar sus posibilidades de sobrevivir. La mayoría aprendió a desconfiar del ser humano, aunque muchos aún mueven la cola cuando alguien les ofrece una caricia.

Este 21 de julio, cuando el mundo conmemora el Día Mundial del Perro, vale la pena hacer una pausa y preguntarnos si realmente estamos celebrando a quien ha sido llamado el mejor amigo del ser humano o si, por el contrario, estamos ignorando una de las mayores crisis de bienestar animal de nuestro tiempo. La efeméride surgió en 2004 para reconocer el papel que los perros desempeñan en la vida de las personas y, al mismo tiempo, llamar la atención sobre el abandono y promover la adopción y la tenencia responsable.

Una cifra que duele más cuando se entiende

Hablar de perros en situación de calle implica enfrentarse a un problema para el que no existe un censo nacional único. Las estimaciones varían según la metodología utilizada, pero todas coinciden en algo: México enfrenta una de las poblaciones más altas de perros sin hogar en América Latina.

La Asociación Mexicana de Médicos Veterinarios Especialistas en Pequeñas Especies (AMMVEPE) estima que en el país existen alrededor de 28 millones de perros, de los cuales aproximadamente siete de cada diez viven en situación de calle o sin un cuidador responsable. Esa proporción colocaría a México entre los países con mayor abandono de animales de compañía en la región.

Otras investigaciones académicas utilizan metodologías diferentes y ofrecen estimaciones menores de población canina total, pero coinciden en que el abandono, la reproducción sin control y la falta de políticas públicas sostenidas explican la sobrepoblación de perros que deambulan libremente por ciudades y comunidades.

Más allá de cuál sea la cifra definitiva, el mensaje es el mismo: millones de perros viven fuera de un hogar.

Y ninguno llegó ahí por decisión propia.

Ningún perro nace siendo callejero

Existe una idea profundamente equivocada: pensar que los perros de la calle «siempre han vivido así».

La realidad es mucho más incómoda.

Especialistas y organizaciones de protección animal coinciden en que una gran parte de los perros que hoy sobreviven en las calles provienen del abandono humano o son descendientes de animales que alguna vez tuvieron un hogar.

El problema comienza mucho antes de que un perro aparezca vagando por una colonia.

Empieza cuando alguien compra un cachorro por impulso sin comprender el compromiso de 10, 12 o hasta 15 años que implica cuidarlo. Cuando una camada no deseada termina siendo «regalada» sin seguimiento. Cuando la esterilización se considera un gasto innecesario. Cuando un cambio de domicilio, una enfermedad o unas vacaciones pesan más que la responsabilidad adquirida con un ser vivo.

Cada abandono no solo cambia la vida de un perro.

También alimenta un problema que se multiplica generación tras generación.

Una crisis que también afecta al medio ambiente y a la salud pública

Reducir el abandono únicamente a un asunto de compasión sería simplificar una realidad mucho más compleja.

Las poblaciones de perros sin supervisión pueden afectar la fauna silvestre mediante la depredación de aves, reptiles y pequeños mamíferos, competir con especies nativas por alimento y transmitir enfermedades entre animales y, en algunos casos, a las personas. También enfrentan riesgos constantes de atropellamientos, desnutrición, violencia y enfermedades prevenibles.

Desde una perspectiva ambiental, el abandono rompe el equilibrio entre las comunidades humanas y los ecosistemas. Desde una perspectiva ética, revela la forma en que una sociedad responde —o deja de responder— frente al sufrimiento de los seres que dependen de ella.

Porque un perro abandonado no es únicamente un animal sin dueño.

Es el reflejo de una cadena de decisiones humanas que falló en algún momento.

Una fecha para mirar de frente una realidad incómoda

El Día Mundial del Perro no nació para celebrar fotografías tiernas en redes sociales.

Nació para recordar que detrás de cada perro con hogar existen millones que nunca volvieron a dormir bajo un techo.

Y que el verdadero homenaje no consiste únicamente en consentir a quienes ya forman parte de una familia, sino en preguntarnos qué estamos haciendo para que cada vez menos perros tengan que aprender a sobrevivir en la calle.

Mañana, cuando el tráfico vuelva a llenar las avenidas y la rutina recupere su ritmo, esos perros seguirán ahí.

Esperando agua.

Esperando comida.

Esperando una oportunidad.

O, simplemente, esperando que alguien vuelva a mirarlos.