De los primeros vínculos con comunidades neolíticas a los templos egipcios, la literatura, el arte y los memes, la historia del gato es también la historia de nuestra fascinación por un animal que aprendió a vivir junto a nosotros sin perder del todo su independencia. Este 8 de agosto, Día Internacional del Gato, recorremos una relación de miles de años.
Hay animales que fueron domesticados para trabajar. Otros, para alimentarnos. El gato parece haber seguido un camino distinto: se acercó a nosotros y decidió quedarse.
Este 8 de agosto, Día Internacional del Gato, millones de personas celebran a uno de los animales de compañía más populares del planeta. Detrás de las fotografías, los videos y esa particular relación que hoy mantenemos con ellos existe, sin embargo, una historia de miles de años atravesada por agricultura, navegación, religión, superstición, arte, ciencia y cultura popular.
Y todavía estamos reconstruyéndola.
El gato que se acercó a los humanos
Durante mucho tiempo se repitió que los antiguos egipcios habían domesticado al gato. La investigación arqueológica y genética ha revelado una historia mucho más compleja.
Una de las evidencias más extraordinarias apareció en Chipre: un enterramiento de aproximadamente 9 mil 500 años en el que un gato fue colocado cerca de una persona.
El descubrimiento resulta especialmente significativo porque los gatos no eran originarios de la isla. Alguien tuvo que transportarlos por mar.
Aquello demuestra que la relación entre humanos y pequeños felinos ya era suficientemente importante como para llevarlos consigo y, al menos en aquel caso, incorporarlos a un contexto funerario.
Pero probablemente el gato no fue domesticado como lo fueron otras especies.
Con el surgimiento de la agricultura aparecieron almacenes de grano. El grano atrajo roedores. Y los roedores atrajeron gatos monteses.
Los ejemplares capaces de tolerar la presencia humana encontraron alimento y refugio; los humanos encontraron un extraordinario controlador de plagas.
Fue, en buena medida, una alianza conveniente para ambos.
Una historia que la ciencia acaba de cambiar
La historia evolutiva del gato continúa escribiéndose.
Durante años predominó la teoría de que los gatos domésticos se habían expandido desde el Próximo Oriente acompañando a las primeras sociedades agrícolas.
Pero investigaciones genómicas publicadas en 2025 modificaron parte de esa interpretación.
La evidencia más reciente indica que la gran expansión de los antepasados de muchos gatos domésticos europeos habría ocurrido desde el norte de África hace aproximadamente 2 mil años, durante la época romana.
Esto obliga a distinguir algo fundamental: los humanos pudieron convivir, transportar y manejar gatos desde miles de años antes sin que necesariamente aquellos animales fueran los ancestros directos de todos los gatos domésticos actuales.
La domesticación del gato parece haber sido menos un acontecimiento y más un proceso prolongado de acercamientos entre dos especies.
Egipto: cuando el gato entró al mundo de los dioses
Si existe una civilización inseparable de la imagen del gato es el antiguo Egipto.
Los felinos quedaron asociados con Bastet, divinidad relacionada, según diferentes periodos, con la protección, el hogar, la fertilidad y otros atributos.
Se han encontrado esculturas, representaciones, ofrendas y gatos momificados que muestran la enorme relevancia religiosa que llegaron a adquirir.
Pero decir simplemente que «los egipcios adoraban a los gatos como dioses» es una simplificación.
Su papel formó parte de un complejo universo religioso en el que determinadas características de los animales podían relacionarse con manifestaciones y atributos divinos.
Lo extraordinario es que el gato había recorrido un camino singular: de cazador de ratones alrededor de los asentamientos humanos a protagonista del imaginario sagrado de una civilización.
De los barcos romanos al mundo
Su habilidad como cazador también terminó convirtiéndolo en viajero.
Los gatos podían proteger alimentos almacenados y combatir roedores en puertos, barcos y ciudades. Las rutas comerciales contribuyeron así a su expansión por el Mediterráneo y posteriormente por buena parte de Eurasia.
Muchos siglos después, los europeos los transportarían también hacia América.
Su expansión mundial estuvo profundamente ligada a una característica que todavía reconocemos en cualquier gato doméstico: su formidable instinto de caza.
Del animal sagrado al compañero de las brujas
Pero la relación humana con los gatos nunca ha sido uniforme.
En distintas épocas fueron protectores, símbolos de fortuna, criaturas misteriosas e incluso representaciones del mal.
Durante determinados periodos de la Europa medieval y moderna, especialmente los gatos negros quedaron vinculados en algunos discursos religiosos y populares con la brujería, la herejía y lo sobrenatural.
De ahí nació parte de una superstición que todavía sobrevive.
También surgieron mitos históricos.
Uno de los más repetidos sostiene que el papa Gregorio IX ordenó exterminar gatos en el siglo XIII y que aquello facilitó posteriormente la expansión de la Peste Negra.
La historia es atractiva, pero la evidencia no la sostiene.
El documento papal Vox in Rama contiene la descripción de un gato negro dentro de un supuesto ritual herético, pero no establece una orden general para exterminar gatos en Europa.
La historia del gato también está llena de historias sobre los propios gatos.
Fortuna en Japón, respeto en el islam
Mientras algunas tradiciones europeas relacionaron al felino con lo oscuro, otras culturas desarrollaron interpretaciones completamente distintas.
En Japón, los gatos han transitado entre lo sobrenatural y la buena fortuna. El célebre maneki-neko, el gato que parece levantar una pata para llamar, terminó convirtiéndose en uno de los símbolos populares de prosperidad más reconocibles del mundo.
En la tradición islámica, por otra parte, existen fuentes tempranas que muestran al gato como un animal considerado limpio para efectos rituales y aceptado en la convivencia cotidiana.
Sin embargo, también aquí conviene separar historia y leyenda: la popular narración según la cual el profeta Mahoma tenía una gata llamada Muezza y llegó a cortar la manga de su ropa para no despertarla carece de una base histórica temprana suficientemente sólida.
El gato conquista el arte
Era cuestión de tiempo antes de que un animal tan ambiguo terminara conquistando también a artistas y escritores.
Los gatos aparecen en grabados japoneses, pintura, carteles, fotografía, poesía y literatura.
Charles Baudelaire escribió sobre ellos. Natsume Sōseki convirtió a uno en observador irónico de la sociedad japonesa en Soy un gato. T. S. Eliot les dedicó Old Possum’s Book of Practical Cats, obra que décadas después serviría de inspiración para el musical Cats.
Pablo Picasso, Henri Matisse, Théophile Steinlen y numerosos artistas encontraron también en ellos un motivo recurrente.
¿Por qué?
Quizá porque el gato posee una cualidad especialmente fértil para el arte: vive con nosotros, pero nunca parece pertenecernos completamente.
Y entonces llegó internet
Si alguna especie estaba preparada para las redes sociales, probablemente era esta.
Los primeros años de la cultura digital convirtieron a los gatos en protagonistas de una nueva iconografía global.
Llegaron los LOLcats, Keyboard Cat, Maru, Grumpy Cat y posteriormente millones de videos, fotografías, GIF, stickers y memes.
La fascinación no nació con internet.
Internet simplemente le proporcionó una escala planetaria.
Su expresividad, sus comportamientos impredecibles y nuestra tendencia a atribuirles pensamientos y personalidades hicieron del gato uno de los lenguajes universales de la cultura digital.
Un felino podía haber sido representado junto a una divinidad egipcia hace miles de años y convertirse, muchos siglos después, en un meme observado por millones de personas.
Pocos animales han recorrido semejante distancia cultural.
El gato del siglo XXI también plantea responsabilidades
Pero celebrar al gato implica hablar también de bienestar animal.
La relación contemporánea con ellos exige tenencia responsable, esterilización, atención veterinaria, enriquecimiento ambiental y combate al abandono y al maltrato.
Existe además un debate ambiental relevante.
El extraordinario instinto predador que durante siglos convirtió al gato en aliado de agricultores y navegantes puede representar un problema para la fauna silvestre cuando existen poblaciones numerosas de gatos domésticos de vida libre.
Bienestar animal y conservación ambiental no tienen por qué ser enemigos: forman parte de una misma discusión sobre nuestra responsabilidad hacia los animales que decidimos incorporar a nuestros entornos.
8 de agosto: celebrar una relación extraordinaria
Quizá esa sea la mejor manera de entender por qué seguimos fascinados por ellos.
Después de miles de años, el gato conserva algo de aquel pequeño depredador que se aproximó a los asentamientos humanos.
No transformamos radicalmente su cuerpo. Tampoco eliminamos su independencia.
Aprendimos a convivir.
Los convertimos en símbolos religiosos y personajes literarios. Los asociamos con la fortuna y con la mala suerte. Los pintamos, fotografiamos, escribimos sobre ellos y finalmente llenamos internet con sus rostros.
Hoy habitan nuestras casas, pero también nuestra imaginación.
Y probablemente ahí reside la verdadera historia del gato: durante miles de años los seres humanos hemos intentado otorgarle significados —divinidad, misterio, elegancia, rebeldía, ternura— mientras él conserva una cualidad difícil de domesticar por completo.
Tal vez por eso, después de más de nueve milenios de convivencia, seguimos mirándolo con la misma pregunta:
¿nosotros domesticamos al gato… o el gato simplemente decidió vivir con nosotros?



