Ejecutivo de tecnología frente al logotipo de Apple durante una presentación de producto

El ingeniero que hereda un imperio de cinco billones: quién es John Ternus, el nuevo CEO de Apple, y la bomba de tiempo que le dejó Tim Cook

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Hoy, 1 de septiembre de 2026, un ingeniero mecánico de 51 años que construyó el iPhone, el iPad y los AirPods toma las llaves de la empresa más valiosa del mundo. Recibe una máquina de generar dinero impecable —y un rezago en inteligencia artificial que puede costarle la próxima década. Auditamos, de paso, cuánto «produjo» de verdad Apple bajo Cook.

Por: Emiliano Córdoba, periodista tech para LYPmultimedios

Querétaro, Qro., 1 de septiembre de 2026.— Hay herencias que pesan más por lo que funciona que por lo que falla. Este lunes, John Ternus se convirtió oficialmente en el octavo director ejecutivo en la historia de Apple y apenas el segundo desde la muerte de Steve Jobs. No recibe una empresa en crisis: recibe una que vale cerca de cinco billones de dólares, que factura más en un solo trimestre de lo que facturaba en todo el año 2011, y que devolvió más de un billón de dólares a sus accionistas. El problema es justamente ese. Cuando heredas la perfección operativa, el único lugar a donde puedes moverte es hacia el error. Y hay un frente donde Apple ya va tarde: la inteligencia artificial.

Quién es John Ternus: el ingeniero silencioso

Empecemos por el personaje, porque marca el tono de lo que viene. Ternus no es un hombre de finanzas ni de cadena de suministro, como su antecesor. Es ingeniero mecánico por la Universidad de Pensilvania, donde se graduó en 1997 —y donde, dato de color, fue nadador competitivo, ganador de los 50 metros libres en una competencia universitaria—. Su proyecto final de carrera fue un brazo mecánico de alimentación. Antes de Apple trabajó en una empresa de sistemas de realidad virtual, Virtual Research Systems, detalle que hoy cobra sentido: Apple prueba diseños de lentes inteligentes con IA para 2027, justo el terreno donde Ternus empezó.

Llegó a Apple en 2001, al equipo de diseño de producto, cuando Jobs llevaba pocos años de regreso. Su ascenso fue metódico, casi de manual: partió trabajando en pantallas para Mac, pasó por el célebre Apple Cinema Display, y para 2013 ya era vicepresidente de Ingeniería de Hardware. De ahí en adelante, fue acumulando territorio: iPad desde su concepción, AirPods, Mac, el hardware del iPhone en 2020, el Apple Watch a finales de 2022 y, ya en 2025, los equipos de diseño. Para cuando Cook anunció la sucesión, Ternus ya controlaba el desarrollo de productos que generan alrededor del 80% de los ingresos de Apple. En términos llanos: no llegó paracaidista al trono; llevaba años sentado al lado.

Su perfil es el de un solucionador de problemas sistémico, no de un ejecutivo mediático. Colegas y analistas lo describen como un líder de ingeniería respetado, de bajo perfil público, con un conocimiento profundísimo de la cultura interna. La pregunta que divide a Silicon Valley es si ese perfil —hardware puro, product-first, al estilo Jobs— es una ventaja o una trampa en un momento donde la batalla se juega en software y modelos de IA.

La herencia dorada: qué números deja Tim Cook

Aquí entra la parte que pediste auditar, y conviene hacerlo con la calculadora sobre la mesa, no de oídas. Cuando Cook tomó el mando el 24 de agosto de 2011, Apple valía unos 350,000 millones de dólares y facturaba 108,000 millones al año. Quince años después entrega una empresa que ronda los cinco billones de dólares de valor —fue la primera compañía estadounidense en cruzar el billón, los dos, los tres y los cuatro billones—, con ingresos de más de 400,000 millones anuales y una utilidad neta que, en cifras recientes, supera los 128,000 millones al año. La capitalización se multiplicó cerca de catorce veces; el rendimiento total para el accionista durante su gestión ronda un 2,162% frente al 633% del índice S&P 500, según el propio documento de Apple ante la SEC.

Y ahora, el famoso dato de los «600 millones de pesos por hora». Lo pusimos a prueba, porque circula sin fuente. Si tomamos la utilidad neta —el dinero que de verdad le queda a Apple después de gastos— y la dividimos entre las 8,760 horas del año, da unos 14.7 millones de dólares de ganancia por hora: alrededor de 275 millones de pesos por hora. Si en vez de ganancia usamos los ingresos totales, la cuenta se dispara a cerca de 1,000 millones de pesos por hora. ¿Y los 600 millones? Cuadran, pero solo con una tercera lectura: el valor de mercado creado. Los ~4.5 billones de dólares que Apple sumó en capitalización durante los 15 años de Cook, repartidos hora por hora, dan alrededor de 640 millones de pesos por hora. La conclusión es importante para no repetir un mito: Apple no «produjo» 600 millones de pesos por hora en efectivo; creó, en promedio, esa cantidad de riqueza bursátil por hora. Es una cifra deslumbrante y real en su magnitud, pero mezcla conceptos. En periodismo económico esa distinción no es un tecnicismo: es la diferencia entre lo que entra a la caja y lo que el mercado decide pagar.

Lo que sí es indiscutible: bajo Cook, Apple más que cuadruplicó su ganancia, creó dos categorías nuevas —servicios y wearables— que hoy suman unos 145,000 millones de dólares al año, y construyó una base instalada de más de 2,500 millones de dispositivos activos. Cook no inventó un producto que redefiniera al mundo como el iPhone; hizo algo distinto y quizá más difícil de sostener: convirtió un fabricante de aparatos en una máquina de ingresos recurrentes.

La bomba de tiempo: la IA que Apple no supo hacer a tiempo

Toda herencia dorada trae su asterisco, y el de Ternus se llama inteligencia artificial. Este es el reto que enfrenta en tiempo real, hoy mismo. La renovación de Siri con IA —que debía demostrar la competencia de Apple en el terreno— se retrasó una y otra vez: prometida para 2024, se empujó a 2025, luego a 2026 y parcialmente a septiembre de 2026. Apple descubrió que su primera arquitectura no alcanzaba la calidad necesaria y tuvo que reconstruir el asistente casi desde cero.

La solución que dejó Cook —y que Ternus hereda sin haber negociado— es reveladora: en lugar de construir el modelo de frontera, Apple decidió rentarlo. En enero de 2026 firmó un acuerdo estimado en unos 1,000 millones de dólares al año para licenciar un modelo Gemini personalizado de Google, de 1.2 billones de parámetros, ocho veces más grande que lo que Apple había desarrollado internamente. Léelo otra vez: la empresa que hizo del «lo hacemos todo en casa» su religión, terminó pagándole a Google para que su asistente funcione. El despliegue completo de la nueva Siri está previsto para este mes, y las primeras reseñas, según Bloomberg, son positivas. Pero el mensaje de fondo es incómodo para los inversionistas: Apple será, por ahora, seguidora antes que líder. El propio Ternus lo enmarca como «un maratón, no un sprint».

Los otros tres frentes abiertos

La IA no viene sola. Ternus arranca su gestión con tres presiones simultáneas que conviene nombrar sin adornos:

  • La crisis de memoria. El «RAMaggedon» —el acaparamiento de chips de memoria por los centros de datos de IA— ya obligó a Apple a subir entre 17% y 33% los precios de Mac y iPad en junio de 2026, y los analistas anticipan que el próximo iPhone podría encarecerse entre 150 y 200 dólares. La acción de Apple llegó a caer más de 6% en una sola sesión tras ese anuncio.
  • China y los aranceles. El frente geopolítico que Cook administró durante años no desaparece; de hecho, Cook se queda como presidente ejecutivo precisamente para seguir gestionando las relaciones con Washington y Pekín. La dependencia de la manufactura china y la guerra arancelaria siguen siendo el talón de Aquiles.
  • La pregunta existencial. Mientras OpenAI, Meta y Google exploran nuevos dispositivos —lentes inteligentes, aparatos nativos de IA—, ronda la duda de si el smartphone, que hoy da la mayor parte de los ingresos de Apple, podría un día ser reemplazado. Ternus tendrá que decidir si Apple lidera esa transición o la sufre.
Qué se espera de él —y el ángulo que nos toca

Los analistas están divididos con una honestidad refrescante. Gene Munster, veterano observador de Apple, cree que Ternus tiene «la mayor oportunidad en la gran tecnología» para cambiar la narrativa y disparar el valor de la acción, y anticipa contrataciones agresivas desde firmas enfocadas en IA. Los escépticos recuerdan un dato terco: Ternus, en 25 años, no ha lanzado una categoría de producto genuinamente nueva. Su primera gran prueba pública llega en apenas días: el evento del 9 de septiembre, donde se espera el iPhone 18 y el primer iPhone plegable de la historia de Apple.

¿Y por qué debería importarte esto desde el Bajío? Por dos razones concretas. La primera, de bolsillo: si Apple sube el iPhone entre 150 y 200 dólares por la crisis de memoria, ese aumento llega amplificado a México por impuestos y tipo de cambio —la misma escasez de chips que encarece tu laptop y tu consola—. La segunda, industrial: la apuesta de Apple por diversificar manufactura fuera de China —abrió en agosto una planta en Houston— es la otra cara del nearshoring que vive nuestra región; cada vez que un gigante mueve una pieza de su cadena, el corredor manufacturero mexicano se juega algo.

Qué vigilar

Tres cosas que seguiremos desde aquí: si la nueva Siri con Gemini convence de verdad o se vuelve otro anuncio que se desinfla; si Ternus se atreve a lanzar una categoría nueva —lentes, dispositivo de IA— o se limita a administrar el iPhone con excelencia; y cuánto de la factura de la crisis de memoria termina pagando el consumidor mexicano.

Por hoy, el marcador es claro y un poco cruel. Tim Cook entrega la empresa más valiosa del planeta y una de las gestiones más rentables de la historia corporativa. John Ternus recibe todo eso… y la única pregunta que Cook no alcanzó a responder: ¿puede un ingeniero de hardware ganar una guerra que se pelea en software? En un año lo sabremos. El reloj —ese que marca cientos de millones de pesos por hora— ya corre para él.

Emiliano Cordoba
Sobre el autorTecnologíaEmiliano Cordoba

Emiliano Córdoba sigue de cerca la tecnología y la innovación desde LYPmultimedios: inteligencia artificial, la industria tecnológica que aterriza en el Bajío, gadgets y la forma en que lo digital transforma la vida cotidiana. Curioso por naturaleza, 26 años combina el rigor con una mirada cercana para explicar lo complejo sin tecnicismos. Licenciado en Estadística y Sistemas de la Información por la UNACH y colabora con nosotros desde El Paso, Texas. 

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