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El Niño viene con fuerza: Sheinbaum prepara alertas al celular ante lluvias, ciclones y posible sequía

Por: Redacción de LYPmultimedios
Ciudad de México, 9 de julio de 2026.— El Gobierno de México comenzó a preparar una respuesta nacional ante un posible episodio fuerte del fenómeno de El Niño, que podría traer lluvias más intensas, ciclones de mayor fuerza y, posteriormente, condiciones de sequía en el centro del país.

La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo informó que su administración trabaja para tener listo, en aproximadamente dos meses, un sistema de alertamiento telefónico para fenómenos meteorológicos, en coordinación con la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, la Coordinación Nacional de Protección Civil y el Servicio Meteorológico Nacional.

“El objetivo es que en dos meses más o menos tengamos listo el alertamiento telefónico para que se pueda informar a toda la gente, a todas las mexicanas y mexicanos”, puntualizó durante la conferencia matutina.

La apuesta del Gobierno federal es clara: pasar de reaccionar ante los desastres a advertir antes de que el agua, el viento o la sequía golpeen a la población.

El Niño: más lluvia, más ciclones y después sequía

Sheinbaum explicó que se espera que este año y el próximo el fenómeno de El Niño sea muy intenso.

El fenómeno consiste en el calentamiento anómalo del océano Pacífico, lo que altera patrones atmosféricos y puede modificar lluvias, temperaturas, ciclones y sequías en distintas regiones.

De acuerdo con la presidenta, para México los efectos probables serían lluvias más intensas, particularmente hacia finales del año en el norte del país; mayor posibilidad de ciclones, incluso más intensos; y probable sequía durante 2027 en el centro del país.

“Si van a llegar a la costa o no, no se puede saber hasta unos días antes”, advirtió.

Esa frase resume uno de los mayores retos de la prevención climática: los fenómenos pueden anticiparse como tendencia, pero su impacto exacto se define casi en tiempo real.

Por eso el alertamiento telefónico puede convertirse en una herramienta clave, sobre todo para zonas costeras, comunidades en riberas, municipios con historial de inundaciones y regiones vulnerables a deslaves o crecientes súbitas.

63% de probabilidad de un evento muy fuerte

El coordinador general del Servicio Meteorológico Nacional, Fabián Vázquez Romaña, explicó que El Niño es un evento climático que surge de la interacción entre la atmósfera y el océano, y que suele repetirse cada dos a siete años.

Informó que actualmente existe un 63 por ciento de probabilidad de que se trate de un fenómeno muy fuerte.

De acuerdo con el SMN, el pico más alto podría registrarse en diciembre de 2026 y mantenerse hacia el siguiente año.

El pronóstico anticipa que para el verano de 2027 podría disminuir la lluvia en el centro y sur del país, mientras que el invierno sería más húmedo en el norte. Además, se prevén temperaturas altas en primavera.

El Niño no representa un solo riesgo. Es una cadena de riesgos: primero lluvias y ciclones; después, posible sequía y calor.

Esa secuencia obliga a pensar la prevención en varias etapas, no solo como respuesta inmediata a inundaciones.

Alertas al celular: la diferencia entre avisar y lamentar

El alertamiento telefónico que prepara el Gobierno federal busca enviar información directa a la población, especialmente en zonas de riesgo.

Sheinbaum señaló que se trabaja con compañías telefónicas para que los avisos puedan llegar de forma focalizada, dependiendo de la región y del fenómeno meteorológico.

Esto puede marcar una diferencia importante.

En emergencias, la velocidad de la información puede salvar vidas. Un aviso oportuno puede permitir a una familia salir de una zona inundable, evitar cruzar un río crecido, resguardar documentos, proteger a personas mayores, preparar una mochila de emergencia o atender instrucciones de Protección Civil.

Un mensaje a tiempo puede valer más que un operativo tardío.

Sin embargo, el reto será garantizar que el sistema funcione de manera confiable, clara y accesible. Las alertas deben llegar a tiempo, con lenguaje comprensible, sin generar pánico y con instrucciones concretas.

Una alerta mal redactada o enviada tarde puede causar confusión. Una alerta bien diseñada puede ordenar la respuesta social.

Puestos de comando en estados costeros

La coordinadora nacional de Protección Civil, Laura Velázquez, informó que se mantiene coordinación con los 32 estados de la República, los gabinetes legales y ampliados estatales, la Comisión Nacional del Agua y equipos de Protección Civil desplegados en territorio.

También explicó que se mantienen mapas actualizados, se vigilan refugios temporales y se preparan equipos para atender a población afectada.

Como parte de las acciones preventivas, se establecen puestos de comando en 17 estados costeros. Hasta el momento, hay 11 conformados y la siguiente semana se instalará el resto.

El foco inicial está en las costas porque ahí la amenaza puede llegar primero como ciclón, marejada, lluvia extrema o inundación.

Pero el gobierno también prevé avanzar hacia el centro del país, donde los riesgos pueden cambiar con el paso de los meses: menos lluvia, temperaturas más altas y presión sobre el agua.

Desazolve, ríos y barreras: prevención antes de la emergencia

Sheinbaum detalló que en los estados se realizan acciones como desazolve de ríos y presas, apertura del diámetro de ríos y colocación de barreras.

Estas medidas buscan reducir riesgos de inundación, liberar cauces, mejorar capacidad de conducción de agua y proteger zonas vulnerables.

Aunque pueden parecer acciones técnicas, tienen una importancia directa para la población.

Un río azolvado puede desbordarse más rápido.
Una presa sin mantenimiento puede elevar riesgos.
Una barrera colocada a tiempo puede proteger viviendas.
Un cauce liberado puede evitar que una lluvia intensa se convierta en desastre.

La prevención no siempre se ve. Pero cuando falta, el desastre sí se nota.

El desafío será que estas acciones no se queden en anuncios generales, sino que lleguen a los municipios con mayor riesgo y se ejecuten antes de la temporada más crítica.

El nuevo rostro de la Protección Civil

El anuncio muestra un cambio necesario en la política de protección civil: enfrentar fenómenos climáticos no solo con reacción, sino con anticipación tecnológica, coordinación territorial y comunicación directa.

México ya conoce el costo de no prevenir.

Huracanes, inundaciones, deslaves, sequías, incendios y olas de calor han demostrado que los desastres no son naturales en su totalidad. El fenómeno puede ser natural; la tragedia muchas veces se agrava por falta de planeación, infraestructura, información o respuesta temprana.

La lluvia no se puede detener. Pero sí se puede evitar que la desinformación, el abandono y la improvisación conviertan una tormenta en tragedia.

Por eso el alertamiento telefónico puede representar un avance importante si se integra a una estrategia más amplia: mapas de riesgo, refugios seguros, evacuaciones ordenadas, infraestructura limpia, coordinación municipal y comunicación constante.

El riesgo de que la alerta no llegue a todos

El sistema telefónico tiene potencial, pero también plantea preguntas.

¿Qué pasará con comunidades con mala señal?
¿Qué ocurrirá con personas sin celular?
¿Cómo se informará a adultos mayores que no usan tecnología?
¿Cómo se evitarán mensajes confusos?
¿Qué protocolos se seguirán después de la alerta?
¿Qué instituciones responderán en territorio?

Una alerta no salva por sí sola. Salva cuando está conectada con una comunidad preparada y una autoridad lista para actuar.

Por eso, el sistema deberá complementarse con radio comunitaria, perifoneo, brigadas locales, redes vecinales, escuelas, centros de salud, autoridades municipales y protocolos claros en refugios.

La tecnología ayuda. Pero la prevención real sigue dependiendo de organización comunitaria y capacidad institucional.

El clima extremo ya no es excepción

El anuncio ocurre en un contexto global donde los fenómenos climáticos son cada vez más intensos, frecuentes y costosos.

El Niño puede amplificar lluvias, modificar ciclos agrícolas, favorecer ciclones en ciertas regiones, alterar temperaturas y aumentar riesgos de sequía.

Para México, esto puede afectar no solo a familias en zonas de riesgo, sino también a la producción agrícola, el abasto de agua, carreteras, presas, escuelas, hospitales, comercios, turismo y cadenas logísticas.

El clima extremo ya no puede tratarse como una emergencia aislada. Debe entenderse como una condición permanente de gobierno.

Eso implica presupuestos, infraestructura, ciencia, datos, comunicación y políticas públicas coordinadas.

Norte húmedo, centro en riesgo de sequía

Uno de los datos más importantes del informe presentado es la posible diferencia regional de impactos.

El norte del país podría enfrentar un invierno más húmedo, mientras que el centro y sur podrían experimentar disminución de lluvias hacia el verano siguiente.

Esto significa que México deberá prepararse para dos realidades simultáneas: exceso de agua en algunas regiones y falta de agua en otras.

El mismo fenómeno puede inundar una zona y secar otra. Esa es la complejidad de El Niño.

Por eso, la prevención no puede ser uniforme. Cada estado necesita una estrategia propia, basada en su geografía, infraestructura, historial de riesgos y vulnerabilidad social.

No es lo mismo preparar a Baja California Sur que a Veracruz, Guerrero, Sonora, Nuevo León, Oaxaca, Querétaro o la Ciudad de México.

La prevención también es justicia social

Los fenómenos climáticos no golpean igual a toda la población.

Una familia con vivienda sólida, seguro, automóvil y ahorros enfrenta una emergencia de manera distinta a una familia que vive junto a un río, en una ladera, en una colonia irregular o en una comunidad sin drenaje suficiente.

Por eso, hablar de prevención también es hablar de desigualdad.

El agua cae del cielo, pero el riesgo se distribuye según la pobreza, la infraestructura y el abandono.

Las alertas telefónicas, los refugios, las barreras y el desazolve deben priorizar a quienes tienen menos capacidad de protegerse por sí mismos.

La política de prevención será realmente fuerte si mira primero a los territorios más vulnerables.

La prueba para los gobiernos locales

Aunque el anuncio viene del Gobierno federal, buena parte de la ejecución dependerá de estados y municipios.

Son los gobiernos locales quienes conocen los cauces desbordables, colonias inundables, caminos que se cortan, presas de riesgo, zonas de deslave, refugios disponibles y comunidades con mala conectividad.

También son ellos quienes deben mantener alcantarillas limpias, revisar drenajes, ordenar asentamientos, evitar construcciones en zonas de riesgo y responder de manera inmediata cuando ocurre una emergencia.

La prevención federal puede marcar la ruta, pero el desastre se contiene o se agrava en el territorio.

Por eso la coordinación será determinante.

La alerta que México necesita escuchar

Sheinbaum presentó el plan bajo una frase política: “La prevención es nuestra fuerza”.

La frase funciona como lema, pero su valor dependerá de la ejecución.

Si el sistema de alertamiento telefónico llega a tiempo, si los puestos de comando funcionan, si los ríos se limpian, si los refugios están listos y si la población recibe información clara, México podrá enfrentar El Niño con mayor capacidad.

Si la prevención se queda en discurso, el país volverá a actuar cuando el agua ya esté dentro de las casas.

México no puede esperar a que el desastre toque la puerta para empezar a organizarse.

El fenómeno de El Niño no avisa con precisión absoluta, pero sí ofrece señales. Y esta vez, el gobierno dice estar leyendo esas señales antes de que se conviertan en emergencia.

La verdadera prueba vendrá en los próximos meses.

Cuando las lluvias sean más intensas.
Cuando los ciclones se acerquen.
Cuando los mensajes tengan que llegar al celular correcto.
Cuando los municipios deban actuar sin improvisar.
Cuando la prevención deje de ser palabra y se convierta en protección real.

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