Por: Redacción de LYPmultimedios
Santiago de Querétaro, Qro., 30 de junio de 2026.— Cada mensaje que enviamos, cada foto que subimos, cada factura que se descarga, cada video que se reproduce y cada herramienta de inteligencia artificial que usamos necesita un lugar físico para existir. Ese lugar no está “en la nube”. Está en edificios llenos de servidores, cables, sistemas de enfriamiento, energía eléctrica y vigilancia permanente.
En México, una parte cada vez más importante de esa nube está aterrizando en Querétaro.
Microsoft avanza con otro edificio de data center en la entidad, de acuerdo con información publicada recientemente en medios locales. El dato coloca nuevamente al estado en el centro de la conversación tecnológica nacional, pero también obliga a mirar la otra cara del crecimiento digital: el agua, la electricidad, los empleos reales y la transparencia que las empresas y autoridades deben a la ciudadanía.
Querétaro ya no solo atrae fábricas, parques industriales o empresas automotrices. Ahora atrae los edificios que guardan la vida digital de millones de personas y empresas. Eso puede ser una oportunidad enorme, pero no puede venderse como progreso automático si no se explica con claridad qué exige al territorio.
Microsoft inauguró en 2024 su región de nube México Central, ubicada en el área metropolitana de Querétaro. Desde ahí ofrece servicios como Azure, Microsoft 365, Dynamics 365, Power Platform y plataformas de gaming, con la promesa de mejorar la velocidad de conexión, mantener datos dentro del país y fortalecer la infraestructura digital de empresas, gobiernos y organizaciones.
En palabras simples: Querétaro se está convirtiendo en una especie de caja fuerte digital para México y América Latina.
La inversión puede traer beneficios. Puede abrir empleos especializados, atraer proveedores, mejorar conectividad, impulsar carreras técnicas, acercar a universidades con empresas tecnológicas y colocar al estado en un mapa económico de alto valor. Pero también hay una pregunta que no puede esquivarse: ¿qué recibe la gente a cambio de prestar su suelo, su energía y parte de su infraestructura a la economía digital global?
El caso Microsoft forma parte de un boom más amplio. En los últimos años, Querétaro ha recibido o anunciado proyectos de empresas como Amazon Web Services, Google Cloud, Alibaba Cloud, KIO, CloudHQ, ODATA, Ascenty y Equinix. Algunas operan regiones de nube; otras desarrollan campus de centros de datos o infraestructura para empresas que necesitan almacenamiento, procesamiento e inteligencia artificial.
Amazon Web Services anunció una inversión superior a 5 mil millones de dólares en México durante 15 años, con una región instalada en Querétaro. Google Cloud abrió en el estado su región de nube número 41. Alibaba Cloud lanzó su primera región en México. KIO inauguró su segundo centro de datos en Querétaro y consolidó 19 megawatts de capacidad de TI en su campus local. CloudHQ anunció un proyecto de 4 mil 800 millones de dólares para construir seis centros de datos.
La fotografía es clara: Querétaro se volvió el corazón de la nube en México.
Pero el corazón también necesita sangre, agua y energía para funcionar.
Ahí empieza el debate incómodo. Los centros de datos necesitan electricidad constante. No pueden apagarse como una oficina común. Deben operar día y noche, todos los días del año. También requieren sistemas de enfriamiento, porque miles de servidores trabajando al mismo tiempo generan calor. Si el calor no se controla, el sistema falla.
Para una familia queretana, esto puede sonar lejano. Pero no lo es.
Cuando hay apagones, una familia pierde alimentos, un comercio deja de vender, un restaurante tira producto, una persona puede perder medicamentos refrigerados y una colonia puede quedarse sin agua si las bombas dejan de funcionar. Por eso, cuando Querétaro atrae infraestructura digital de alta demanda eléctrica, la pregunta ciudadana es válida: ¿la red eléctrica está preparada para sostener a todos, no solo a los grandes proyectos?
El tema del agua es igual de sensible. Querétaro se ubica en una región con presión hídrica, crecimiento urbano acelerado y comunidades que durante años han reclamado falta de agua, tandeos o dependencia de pipas. En ese contexto, cualquier proyecto que utilice agua para enfriar servidores debe explicarse con total claridad.
Microsoft ha dicho públicamente que sus centros de datos en México utilizan tecnología de enfriamiento eficiente. En 2024 afirmó que estimaba usar agua para enfriar sus centros mexicanos menos del 5% del año. En una ficha local publicada en 2025, la empresa actualizó que sus instalaciones en México usan enfriamiento evaporativo directo y que emplearán agua para enfriamiento menos del 15% del año.
Ese cambio no significa, por sí solo, que haya engaño. Pero sí exige una explicación sencilla y pública. La ciudadanía tiene derecho a saber por qué cambió la estimación, cuánto volumen de agua representa, de dónde sale, quién lo autoriza, cómo se mide y qué pasa después con esa agua.
La propia información de Microsoft señala que en México adquiere agua de pozos privados y que, en días calurosos, cuando la temperatura supera los 29.4 grados Celsius, el agua entra al sistema de enfriamiento, circula varias veces, una parte se evapora y el resto normalmente se descarga a una planta local de tratamiento de aguas residuales conforme a la regulación aplicable.
Traducido a lenguaje común: el agua no se usa todos los días para enfriar, pero sí se usa en ciertos días de calor; una parte se evapora y otra parte se descarga. Eso no debe ser motivo de alarma automática, pero tampoco puede tratarse como un dato menor en un estado donde el agua ya es tema de conversación diaria.
Además, Microsoft ha presentado a nivel global nuevos diseños de centros de datos para inteligencia artificial con refrigeración directa a chip y circuitos cerrados que prometen cero uso de agua para enfriamiento durante la operación normal. Esa tecnología puede ser parte del futuro del sector, pero hay que distinguir con precisión: que Microsoft tenga nuevos diseños de “cero agua” no significa que todas sus instalaciones actuales en Querétaro funcionen así.
Esa diferencia importa. Mucho.
Porque en temas de agua y energía, las palabras generales ya no bastan. Querétaro necesita datos locales, medibles y entendibles: cuánta agua se usa, de qué fuente, en qué meses, con qué tecnología, cuánta se evapora, cuánta se descarga, cuánta se reutiliza, cuánta energía demanda cada proyecto y qué medidas se toman para que esa carga no afecte a colonias, comercios o servicios básicos.
La nube puede ser moderna, pero la rendición de cuentas no puede ser nebulosa.
El gobierno estatal ha defendido que los centros de datos modernos consumen mucho menos agua que los de generaciones anteriores y que la prioridad siempre será el agua para la población. El mensaje es importante, pero debe convertirse en reglas claras: permisos transparentes, reportes públicos, supervisión ambiental, coordinación con CFE y CENACE, monitoreo de consumo y compromisos verificables de las empresas.
No se trata de rechazar la inversión tecnológica. Sería absurdo negar que Querétaro tiene una oportunidad histórica para consolidarse como polo digital, atraer talento y participar en la economía de la inteligencia artificial.
El punto es otro: la tecnología debe llegar con responsabilidades, no solo con anuncios.
Los data centers prometen empleos, pero no todos los empleos son iguales ni todos son permanentes. Durante la construcción pueden generar miles de puestos temporales; en operación, suelen requerir equipos más reducidos y altamente especializados. Por eso, el beneficio social debe medirse con honestidad: empleos permanentes, salarios, capacitación local, proveedores queretanos, pago de impuestos, inversión comunitaria e infraestructura que también sirva a la población.
Si Querétaro solo presta territorio y servicios, pero no desarrolla talento ni fortalece a sus comunidades, el beneficio quedará incompleto.
El nuevo edificio de Microsoft, si se confirma con mayor detalle público, no debe verse como una nota aislada. Es una señal de hacia dónde va el estado. Querétaro quiere ser sede de la nube, de la inteligencia artificial y de la economía digital. Pero para lograrlo sin romper la confianza social, necesita hablar claro.
La ciudadanía no está obligada a oponerse a los data centers. Pero sí tiene derecho a preguntar.
Derecho a preguntar cuánta agua consumen.
Derecho a preguntar cuánta luz necesitan.
Derecho a preguntar si los apagones aumentarán.
Derecho a preguntar cuántos empleos reales dejarán.
Derecho a preguntar qué pasará con las comunidades cercanas.
Derecho a preguntar quién vigila que las promesas se cumplan.
Querétaro puede convertirse en la capital digital de México. Puede hacerlo con visión, inversión y talento. Pero también debe hacerlo con transparencia, planeación y respeto al territorio.
Porque la nube no vive en el aire. En Querétaro, la nube ya bajó al semidesierto. Y ahora toca saber cuánto pesa.