Por: Redacción de LYPmultimedios
Santiago de Querétaro, Qro., 7 de julio de 2026.— El bolero volverá a ocupar escenarios queretanos como una forma de memoria, emoción y encuentro entre generaciones. La secretaria de Cultura del estado, Ana Paola López Birlain, anunció la octava edición del Festival Internacional “Mi Voz y un Bolero”, que se realizará los días 27 de julio, 13, 26 y 27 de agosto en la capital queretana.
El festival reunirá exposición, conversatorio y presentaciones musicales en espacios como el Centro Cultural Casa del Faldón, la Delegación Centro Histórico y el Teatro de la Ciudad, con una programación pensada para celebrar al bolero desde distintas miradas.
Más que un género musical, el bolero funciona como una educación sentimental compartida: canciones que han acompañado despedidas, reconciliaciones, amores imposibles, serenatas, sobremesas familiares y noches de memoria.
Durante la presentación, López Birlain destacó que el festival es resultado del trabajo conjunto entre artistas, promotores culturales, instituciones y sociedad civil.
El bolero como patrimonio vivo
La secretaria de Cultura afirmó que el bolero forma parte de la historia emocional de México y de América Latina, al ser una música que ha acompañado a generaciones enteras y que sigue encontrando lugar en el presente.
“El bolero forma parte de nuestra historia. Sus canciones han acompañado generaciones enteras y siguen encontrando un lugar en el presente porque hablan de emociones que todos compartimos”, señaló.
López Birlain recordó que en 2023 México y Cuba lograron que el bolero fuera inscrito por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Ese reconocimiento internacional colocó al género no solo como una tradición musical, sino como una expresión cultural que merece preservarse, transmitirse y reinterpretarse.
El bolero no sobrevive por nostalgia. Sobrevive porque todavía nombra emociones que la modernidad no ha podido reemplazar.
En una época de música acelerada, consumo instantáneo y canciones diseñadas para durar segundos en redes sociales, el bolero mantiene otra lógica: la palabra cuidada, la melodía íntima, la interpretación profunda y el tiempo lento de escuchar.
Una programación para distintas generaciones
El presidente de la asociación civil Ecus Ludarte, José Luis Aguilar Luna, explicó que el festival busca ofrecer una programación que celebre al bolero desde distintas perspectivas.
También destacó que el evento mantiene espacios de recreación para personas adultas mayores, al mismo tiempo que abre alternativas musicales para jóvenes.
Ese cruce generacional es uno de los valores más importantes del festival: permitir que una música asociada a la memoria encuentre nuevos oídos.
El programa iniciará el 27 de julio en el Centro Cultural Casa del Faldón, con la inauguración de la exposición “Aroma de Mujer”.
Posteriormente, el 13 de agosto, se llevará a cabo el conversatorio “Historia del Bolero en México” en la Delegación Centro Histórico.
El 26 de agosto se presentará el espectáculo musical “Bolero con Aroma de Mujer”, nuevamente en la Casa del Faldón.
La clausura será el 27 de agosto en el Teatro de la Ciudad, con un concierto que contará con la participación de Los Panchos, Los Santos y la Orquesta “Somos Bolero”.
Cultura que se construye en colaboración
Ana Paola López Birlain subrayó que el festival confirma que la cultura también se construye desde la colaboración, el cariño por las tradiciones y la voluntad de compartirlas con nuevas generaciones.
La funcionaria destacó la suma de voluntades entre artistas, promotores, instituciones y sociedad civil para mantener vivo este proyecto cultural.
La cultura no se preserva únicamente en archivos o declaratorias: se preserva cuando vuelve a sonar, cuando se canta, cuando se comparte y cuando encuentra nuevas voces.
En ese sentido, “Mi Voz y un Bolero” funciona como una plataforma para acercar el género a públicos diversos, pero también como un ejercicio de continuidad cultural.
El bolero no pertenece solo a quienes lo vivieron en su época dorada. Pertenece también a quienes lo descubren hoy, reinterpretado desde nuevas sensibilidades.
Querétaro como escenario de memoria musical
La realización del festival en espacios culturales de la capital queretana refuerza la vocación de Querétaro como una ciudad donde la música puede dialogar con el patrimonio, la comunidad y la vida pública.
El Centro Cultural Casa del Faldón, la Delegación Centro Histórico y el Teatro de la Ciudad no serán solo sedes. Serán puntos de encuentro para una tradición que ha viajado de Cuba a México, de la radio al escenario, de los tríos a las orquestas y de una generación a otra.
Cada bolero tiene algo de confesión pública: una emoción privada que se canta frente a todos.
Por eso, el festival no solo convoca a melómanos. También convoca a familias, personas adultas mayores, jóvenes artistas, intérpretes, promotores culturales y públicos que encuentran en la música una forma de reconocerse.
Un género que sigue hablando al presente
El bolero podría parecer una música del pasado. Pero esa lectura se queda corta.
Su permanencia demuestra que hay emociones que no envejecen: el amor, la pérdida, el deseo, la espera, la nostalgia, la ternura, el duelo y la esperanza.
Aunque cambien las plataformas, los formatos y las formas de consumo, la necesidad humana de contar lo que se siente sigue siendo la misma.
El bolero le dio elegancia musical a la vulnerabilidad. Por eso todavía importa.
La octava edición de “Mi Voz y un Bolero” llega como una invitación a escuchar esa herencia con una mirada renovada: no como pieza de museo, sino como patrimonio vivo.
Un patrimonio que no se conserva callado.
Se conserva cantándolo.
Asistentes a la presentación
Al anuncio del festival asistieron el director de Educación Artística y Servicios Culturales de la Secretaría de Cultura, Arturo Mora Campos; la coordinadora y directora del Centro Cultural Casa del Faldón, Marisol Flores García; la secretaria de la Asociación Civil Ecus Ludarte, Hilda Ibarra Garza; y la intérprete Alinna Moreno.
Con esta edición, Querétaro abre nuevamente un espacio para reconocer al bolero como una de las formas musicales más sensibles de la identidad latinoamericana.
Porque cuando una canción logra acompañar a varias generaciones, deja de ser solo repertorio.
Se vuelve memoria.