Por: Redacción de LYPmultimedios
Santiago de Querétaro, Qro., 14 de julio de 2026.— En el recinto donde se discuten leyes, ayer se entregaron papeles de otro tipo: constancias que reconocen a médicos tradicionales de Querétaro por un conocimiento que, en la mayoría de los casos, no se aprende en ninguna universidad ni se acredita con ningún título. El diputado local de Movimiento Ciudadano, Paul Ospital Carrera, encabezó la ceremonia y aprovechó el momento para anunciar la apertura de una mesa de trabajo legislativa, con el objetivo declarado de convertir ese reconocimiento simbólico en algo con más peso institucional.
Un recinto elegido con intención
El evento, organizado por la Gubernatura Indígena —encabezada por José Barajas Olvera— junto con el Club de Leones de Querétaro, se realizó en las instalaciones del Congreso del Estado, una decisión que Ospital Carrera, también presidente de la Comisión de Educación y Cultura, subrayó como deliberada. El legislador señaló que el recinto representa la casa de la representación social y política de Querétaro, y expresó su satisfacción porque el sector eligiera ese espacio para la entrega de constancias, según reportó su oficina. Ospital Carrera reiteró su compromiso con la preservación de la medicina tradicional como parte del patrimonio cultural queretano, y anunció que buscará impulsar, mediante la mesa de trabajo recién anunciada, acciones de capacitación, difusión y respaldo legislativo para quienes se dedican a esta práctica.
Lo que la comunidad ha estado pidiendo, en sus propias palabras
Lo que el boletín de ayer no detalla es lo que la propia comunidad de médicos tradicionales viene señalando desde hace semanas en el mismo recinto. Apenas el pasado 6 de julio, en una ceremonia similar realizada también en la sede del Poder Legislativo, J. Carmen Maldonado García, presidente de Pueblos Originarios del Estado de Querétaro —presente asimismo en el evento de ayer—, fue explícito: la medicina tradicional en Querétaro carece de reconocimiento, regulación o respaldo jurídico, a pesar de que un número considerable de personas la practica y de que, según sus propias cifras, cerca del 80% de quienes ejercen este oficio se reconocen como integrantes de un pueblo originario.
Maldonado García ha explicado que se trata de saberes que se transmiten de generación en generación —de madre a hija, de abuela a nieta— sin que exista ningún documento que ampare ese conocimiento ante la ley, ni frente a quienes buscan capitalizarlo sin reconocer su origen. Según cifras que él mismo ha compartido, la organización que preside agrupa ya a 500 personas, entre médicos tradicionales y quienes se están formando en el oficio, con capacitaciones impartidas en el Centro Cultural Casa del Faldón a través de la Secretaría de Cultura estatal. El uso que la población le da a estos servicios no es menor ni anecdótico: de acuerdo con este mismo representante, la gente acude a los médicos tradicionales principalmente para atender lesiones, torceduras y fracturas, mientras que las parteras tradicionales siguen siendo, para muchas familias, la vía para tener un parto controlado y evitar una cesárea innecesaria.
Entre el símbolo y la ley
Ahí está, en realidad, la distancia que separa el gesto de ayer de lo que el propio sector dice necesitar. Una constancia entregada en el salón del Congreso tiene un valor simbólico real —es, después de todo, una institución del Estado reconociendo públicamente un saber que históricamente ha sido ignorado por el sistema de salud formal—, pero no equivale, jurídicamente, a una regulación que proteja ese conocimiento, que dé certeza a quien lo practica o que evite que terceros se apropien de él sin reconocimiento ni beneficio para las comunidades de origen. Es precisamente esa distancia la que Ospital Carrera dijo querer cerrar con la mesa de trabajo que anunció al cierre del evento, orientada a construir una agenda legislativa que impulse la promoción cultural y genere condiciones concretas para quienes ejercen la medicina tradicional en el estado.
Lo que sigue
La pregunta que queda, entonces, no es si el reconocimiento importa —claramente lo hace, y así lo han dicho tanto Ospital como los propios representantes de Pueblos Originarios—, sino qué forma tomará esa «agenda legislativa» que se anunció ayer, en qué plazo se discutirá, y si logrará traducir en ley lo que hasta ahora ha sido, sobre todo, una serie de ceremonias. La medicina tradicional queretana no necesita más marcos con constancias enmarcadas; necesita, en palabras de quienes la practican, un documento que efectivamente la ampare.