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México resiste y avanza: cómo el comercio con Estados Unidos rompió récords en 2025 pese a los aranceles de Trump

Por: Redacción | LYPmultimedios

En un año marcado por la incertidumbre comercial y el regreso del discurso proteccionista en Estados Unidos, México logró lo que parecía improbable: consolidarse en 2025 como el principal proveedor de importaciones de Estados Unidos, superando con claridad a China y Canadá, aun con la imposición de nuevos aranceles por parte de la administración del presidente Donald Trump.

De acuerdo con datos oficiales del Buró del Censo de Estados Unidos, entre enero y octubre de 2025 las importaciones estadounidenses provenientes de México alcanzaron 447 mil 997 millones de dólares, lo que representa 15.6% del total de las importaciones del país vecino. En contraste, las compras a China se ubicaron en 266 mil millones de dólares (9.3%) y las de Canadá en 322 mil millones (11.2%). La cifra mexicana no solo es la más alta, sino que además implicó un crecimiento anual de 5.7%, mientras China registró una caída de 26.7% y Canadá de 5.8%.

El punto más alto llegó en octubre de 2025, cuando Estados Unidos importó desde México 48 mil 524 millones de dólares, un récord histórico mensual que volvió a confirmar el desplazamiento estructural de Asia hacia América del Norte.


 

Aranceles, pero con ventajas estructurales

 

El desempeño mexicano resulta aún más relevante si se considera el contexto: en 2025, Washington reactivó aranceles de hasta 25% para productos como autos, acero y aluminio que no cumplen con las reglas de origen del T-MEC. Aun así, cerca del 85% de las exportaciones mexicanas continuaron entrando libres de arancel gracias al tratado, lo que amortiguó el impacto real.

Este marco permitió que México captara flujos comerciales desviados desde China, particularmente en manufacturas, donde el país se ha vuelto pieza clave de la reorganización de las cadenas globales de suministro. El fenómeno del nearshoring —la relocalización de producción hacia países cercanos al mercado final— dejó de ser una promesa para convertirse en un motor tangible del comercio bilateral.

Sectores como el automotriz, autopartes, electrónicos y manufactura avanzada crecieron con fuerza, empujando las exportaciones mexicanas totales a un avance cercano al 9% interanual en la segunda mitad del año.


 

Un superávit simbólico y un cambio de rol

 

Octubre también marcó un hito poco común: México registró un superávit comercial de 606 millones de dólares, el primero desde junio, impulsado por un aumento de 14.2% en las exportaciones totales. Más allá del dato coyuntural, el hecho simbólico fue otro: México se convirtió en el principal mercado de exportaciones de Estados Unidos, rompiendo un dominio canadiense que se había mantenido por más de tres décadas.

La relación comercial ya no es solo de dependencia, sino de interdependencia profunda, con cadenas productivas integradas que cruzan la frontera varias veces antes de llegar al consumidor final.


 

Resiliencia económica mexicana frente a la incertidumbre

 

En el plano macroeconómico, México transitó 2025 con un crecimiento moderado pero positivo. El PIB avanzó 1.8% en la primera mitad del año, superando los pronósticos de recesión que circularon a inicios del periodo. Aunque el crecimiento anual se desaceleró respecto a años previos, el país evitó una contracción severa gracias al comercio exterior, la inversión vinculada al nearshoring y la estabilidad que brinda el T-MEC.

El empleo total creció alrededor de 2.1% interanual a mitad de año y, aunque algunos segmentos manufactureros enfrentaron ajustes, la economía mostró capacidad de adaptación en un entorno volátil.


 

El otro lado del proteccionismo: costos para EE.UU.

 

Mientras México consolidaba su posición, los efectos de los aranceles comenzaron a sentirse con mayor claridad en la economía estadounidense. Diversos análisis —incluidos los de la Tax Foundation y modelos económicos del Wharton Budget Model— coinciden en que los aranceles funcionaron como un impuesto regresivo para los hogares estadounidenses.

El costo promedio se estimó en 1,200 dólares anuales por hogar, con aumentos de precios en autos, electrónicos y bienes de consumo. A largo plazo, los modelos advierten una posible reducción del PIB estadounidense de hasta 6%, junto con presiones inflacionarias persistentes y pérdida de poder adquisitivo, especialmente en hogares de ingresos medios.

En términos simples, el proteccionismo no corrigió el déficit comercial de Estados Unidos, pero sí encareció la vida de sus consumidores y tensionó su aparato productivo.


 

Un tablero que se reacomoda

 

El balance de 2025 deja una lección clara: México no solo resistió los aranceles, sino que salió fortalecido. Su ventaja no radica en confrontar, sino en su posición estratégica, su integración productiva y su capacidad de adaptación frente a un mundo más fragmentado.

El comercio México–Estados Unidos confirmó que las cadenas regionales son hoy más eficientes que el aislamiento. Y mientras el discurso proteccionista insiste en levantar muros económicos, los datos muestran que la competitividad —cuando se apoya en acuerdos, cercanía y reglas claras— sigue siendo el verdadero motor del crecimiento.

En un escenario global incierto, México cerró 2025 no como víctima de los aranceles, sino como uno de los grandes ganadores silenciosos del reordenamiento comercial mundial.

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El Mastín Tibetano: El Linaje Canino que Despertó la Fiebre del Lujo en China

Zhejiang, China – 29 de octubre de 2025

En un país donde el lujo ha adquirido formas tan diversas como un yate o una obra de arte imperial, pocos símbolos han encarnado con tanto dramatismo la colisión entre tradición milenaria y consumismo moderno como el mastín tibetano. Hace poco más de una década, un ejemplar dorado de esta raza imponente fue vendido en una feria de mascotas de élite por una suma cercana a los dos millones de dólares, eclipsando el valor de un Ferrari y elevando a este perro ancestral al panteón de los bienes de prestigio más codiciados de China.

El hecho ocurrió el 18 de marzo de 2014, en la “Exhibición China de Mascotas de Lujo Top con Mastines Tibetanos”, celebrada en Tongxiang, Zhejiang. Allí, una cachorra de un año, procedente de un criadero de Hebei, fue adquirida por 12 millones de yuanes —alrededor de 1.95 millones de dólares— por un magnate inmobiliario de Shandong cuyo nombre permaneció confidencial. Con esta transacción, el mastín tibetano pasó de ser un perro guardián de monasterios a convertirse en epítome del consumo conspicuo en la era del auge económico chino.

Lejos de ser una extravagancia aislada, esta venta representó el clímax de una burbuja especulativa que transformó al Do-khyi —nombre tibetano que significa “perro atado”— en un activo de inversión. Originario de las mesetas del Himalaya, este can de pelaje espeso y presencia intimidante fue históricamente valorado por su ferocidad selectiva y lealtad monástica. En el siglo XXI, sin embargo, se convirtió en sinónimo de poder adquisitivo y pureza genética, atributos idolatrados por una clase media-alta en ascenso y ávida de símbolos de distinción.

El fenómeno fue alentado por exposiciones, medios locales y breeders que impulsaron precios astronómicos. En 2011, otro ejemplar, un macho rojo apodado Big Splash, se vendió por 10 millones de yuanes, marcando un hito en la valorización de mascotas como objetos de prestigio. Criadores de renombre, como Yao Yi, presumían pedigríes certificados con pruebas de ADN y criaderos donde los animales eran alimentados con carne de res cocida, custodiados en instalaciones de seguridad y asegurados contra robo.

Reportajes de medios como People’s Daily y Sohu Finance documentaron la sofisticación de esta industria paralela, donde un macho podía generar hasta 30,000 yuanes por monta. A la par, medios internacionales como The New York Times y Time Magazine lo retrataban como un síntoma de la desigualdad: en una nación cuyo PIB per cápita apenas superaba los 7,000 dólares, un perro podía representar décadas de salario.

Pero como todo auge sin fundamento estructural, la burbuja estalló. A partir de 2015, regulaciones contra la especulación animal, escándalos de pedigrí falsificado y un cambio de gustos hacia razas occidentales provocaron un desplome en los precios. Criadores liquidaban lotes enteros; algunos perros terminaron abandonados o vendidos a mataderos. Xinhualamentaba en 2016 que estos “tesoros nacionales” acabaran convertidos en perros callejeros, en un epitafio simbólico del capitalismo sin freno.

En la prensa hispanohablante, portales como Ecoosfera o Azteca Laguna retrataron la paradoja del mastín tibetano: un ser reverenciado por su vínculo con el Himalaya y reducido, en ferias como la de Zhejiang, a un trofeo viviente. Hoy, los ejemplares de calidad premium oscilan entre 5,000 y 50,000 dólares, todavía inaccesibles para la mayoría, pero lejos de los excesos de antaño.

Más allá del precio, el mastín tibetano se convirtió en una alegoría viviente de China misma: un país que aspira a reconciliar su herencia milenaria con el vértigo del capitalismo global. En algún ático de Shanghái, quizás aquel comprador anónimo aún pasee a su mastín dorado, orgulloso de poseer no sólo un perro, sino un fragmento vivo del relato nacional. Queda la pregunta suspendida: ¿cuánto vale un linaje cuando el lujo es efímero?

Como señaló un criador entrevistado por la AFP: “Estos perros no mienten sobre el alma de quien los posee”.