Por: Rodrigo Vissuet| LYPmultimedios
La Glosa del 5º Informe del Ejecutivo estatal dejó sobre la mesa una fotografía laboral con dos caras. Por un lado, el Gobierno de Querétaro presentó bajas tasas de desocupación, programas de capacitación, apoyos para mujeres y personas en situación vulnerable, así como cifras de formalidad y vinculación empresarial. Por otro, los propios indicadores laborales muestran que tener empleo no necesariamente significa tener un empleo en buenas condiciones.
Durante su comparecencia ante la LXI Legislatura, las titulares de las Secretarías de la Juventud y del Trabajo, Virginia Hernández Vázquez y Liliana San Martín Castillo, respectivamente, expusieron los resultados de sus dependencias.
La Secretaría de la Juventud puso énfasis en la cobertura de sus programas. Hernández Vázquez afirmó que durante el quinto año de administración llevaron servicios y actividades a los 18 municipios, con acciones relacionadas con salud mental, empleo, emprendimiento, ciencia, tecnología, deporte, cultura y participación.
Entre los resultados presentados aparecen más de mil jóvenes participantes en cursos de educación financiera, más de 800 registros en el padrón estatal de jóvenes emprendedores y 86 proyectos que participaron en una exposición dentro de la Expo Encuentro Industrial y Comercial Querétaro 2025.
También se destacó la participación de más de 50 jóvenes en el International Air and Space Program, en Estados Unidos; más de 2 mil participantes en Universidad Jobs, con acceso a más de 500 vacantes, y 366 jóvenes atendidos mediante Mi Primer Empleo.
El problema es que participar en un programa, registrarse en un padrón o tener acceso a una vacante no equivale necesariamente a conseguir un empleo, incrementar ingresos o consolidar un negocio.
El propio balance presentado ante el Congreso deja preguntas que no aparecen respondidas: ¿cuántos de los jóvenes capacitados consiguieron empleo?, ¿cuántos emprendimientos continúan operando?, ¿cuántos de los 86 proyectos lograron ventas o contratos?, ¿cuántas de las vacantes de Universidad Jobs fueron efectivamente ocupadas y cuántos empleos permanecieron después de seis meses?
La diferencia no es menor. Una política pública puede demostrar actividad mediante el número de personas atendidas, pero su impacto se mide cuando esa atención produce resultados verificables.
El empleo: la cifra que luce y el dato que incomoda
La secretaria del Trabajo, Liliana San Martín Castillo, presentó un panorama favorable del mercado laboral queretano. Señaló una tasa de desocupación de 2.3%, frente al 2.7% nacional, y una formalidad laboral de 59.8%.
También destacó que la dependencia pasó de tener dos programas al inicio de la administración a contar actualmente con 10, entre ellos el Seguro de Desempleo, con una inversión acumulada de 59.2 millones de pesos.
El programa habría beneficiado a 6 mil 227 mujeres y 5 mil 788 hombres, es decir, poco más de 12 mil personas.
Sin embargo, la tasa de desempleo por sí sola no describe la calidad del mercado laboral.
Los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo muestran que durante el segundo trimestre de 2026 Querétaro registró una tasa de desocupación de 2.3%, pero también una tasa de informalidad laboral de 39.2% y una tasa de condiciones críticas de ocupación de 36.9%. Esta última había sido de 28.6% un año antes.
Es decir, mientras el discurso institucional coloca el bajo desempleo y la formalidad en primer plano, otro indicador revela que más de una tercera parte de la población ocupada se encontraba en condiciones que el propio INEGI clasifica como críticas.
El dato tampoco apareció como uno de los ejes centrales del balance presentado ante el Congreso.
Ya desde el primer trimestre de 2026, INEGI había registrado una tasa de condiciones críticas de ocupación de 40.2%, frente a 26.5% un año antes. En ese mismo periodo, la informalidad laboral fue de 39%.
La fotografía, por tanto, es más compleja que un simple “hay poco desempleo”.
Capacitar no es lo mismo que colocar
Otro de los resultados destacados fue el programa de becas para formación de talento: mil 718 apoyos, 50 empresas vinculadas, 52 categorías, 277 capacitaciones y una inversión de 11.3 millones de pesos.
La dependencia reportó una contratación efectiva de 80.1%.
Es uno de los indicadores que más merecería ser desglosado: ¿80.1% de quiénes fueron contratados, durante cuánto tiempo y bajo qué condiciones?
Porque una contratación inmediata después de una capacitación puede ser un resultado positivo, pero no necesariamente demuestra permanencia, salario suficiente, seguridad social, posibilidades de crecimiento o estabilidad.
La misma pregunta aplica para el programa Sin Brecha, que reúne a 545 empresas y 83 mil 547 trabajadoras y trabajadores bajo modelos relacionados con protocolos contra el acoso, lactancia, cuidados y cultura organizacional.
La cifra de empresas adheridas es relevante, pero falta conocer cuántas han sido verificadas, cuántas cuentan efectivamente con protocolos funcionando, cuántas denuncias han sido atendidas y si esos mecanismos han producido cambios medibles en salarios, ascensos y permanencia laboral de las mujeres.
Mujeres: el avance es real, pero la brecha permanece
La secretaria del Trabajo informó que la participación económica de las mujeres pasó de 41.7% a 41.8%, mientras que la brecha de participación frente a los hombres se redujo de 31.6% a 25.6%.
También reportó una tasa de desocupación femenina de 1.9%.
Son datos que muestran avances, pero también permiten dimensionar el tamaño del pendiente: una variación de apenas 0.1 puntos en participación económica femenina no puede presentarse, por sí misma, como una transformación profunda del mercado laboral.
El propio IMCO ha señalado que el análisis del mercado laboral requiere observar variables como informalidad, ingresos, participación económica y brechas de género, no únicamente la cantidad de personas ocupadas. Su Índice de Competitividad Estatal 2026 utiliza 53 variables agrupadas en seis subíndices para evaluar las condiciones de las entidades.
Por eso también resulta necesario que el Gobierno estatal precise la fuente, fecha de corte y metodología de los distintos rankings que fueron mencionados durante la comparecencia.
Más programas, pero ¿más resultados?
La Secretaría del Trabajo también reportó 654 personas beneficiadas mediante Talento sin Barreras y 698 mujeres incorporadas al programa de Mujeres Operadoras de Transporte Público.
En ambos casos, el dato de cobertura es importante. Pero nuevamente falta la segunda parte de la historia: cuántas personas permanecen en esos empleos, qué salarios reciben, cuáles son sus condiciones laborales y qué porcentaje de los participantes logró una inserción laboral permanente.
En materia de justicia laboral, el Centro de Conciliación Laboral reportó más de 100 mil procesos iniciados durante la administración y una conciliación del 80% de los asuntos individuales.
Aquí también hay un resultado cuantitativo que merece contexto. El porcentaje de conciliación habla de la resolución de controversias, pero no explica por sí solo cuánto tiempo tomó cada proceso, qué tipo de acuerdos se alcanzaron, si fueron cumplidos o cuál fue la satisfacción de las partes.
La glosa que falta
Las comparecencias ante el Congreso tienen precisamente esa función: no solamente escuchar cifras, sino someterlas a escrutinio.
En el caso de Juventud y Trabajo, el balance presentado muestra una administración con una amplia cartera de programas y una importante cantidad de personas atendidas. Eso está documentado en las cifras expuestas.
Pero la siguiente pregunta es mucho más incómoda y también mucho más útil: qué cambió realmente en la vida de quienes fueron atendidos.
Porque 2.3% de desocupación puede hablar de un mercado laboral con poca gente buscando empleo sin encontrarlo. No dice, por sí solo, cuánto gana esa población, cuánto trabaja, si tiene seguridad social o si puede vivir dignamente de su salario.
Y 36.9% de trabajadores en condiciones críticas obliga a que la conversación vaya más allá del número de empleos generados.
El reto para el cierre de esta administración no es solamente seguir acumulando programas, beneficiarios, becas o vacantes.
Es demostrar que esos programas producen empleos estables, salarios suficientes, igualdad de oportunidades y mejores condiciones laborales.
La verdadera prueba del quinto informe no está únicamente en cuántas personas fueron atendidas.
Está en qué cambió después de ser atendidas.




