La mujer de 87 años que convirtió su desahucio en una lucha nacional por la vivienda

Muere Maricarmen Abascal, símbolo de la lucha contra los desahucios en España

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Madrid, España, 7 de octubre de 2026.— Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años cuyo desahucio después de vivir más de siete décadas en el mismo departamento desató una movilización nacional por el derecho a la vivienda en España, murió este miércoles en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid.

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El fallecimiento fue confirmado por el Sindicato de Inquilinas, organización que acompañó durante años su batalla para permanecer en el piso del distrito madrileño de Retiro al que había llegado con su familia en 1956.

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Maricarmen permanecía hospitalizada desde el 23 de septiembre, cuando una comisión judicial ejecutó finalmente su desahucio después de varios intentos previos. Salió de su vivienda en camilla y fue trasladada en ambulancia al Hospital Gregorio Marañón.

Su historia terminó convirtiéndose en algo mucho mayor que una disputa entre una inquilina y la empresa propietaria de un departamento.

Las imágenes de aquella mujer de 87 años abandonando el hogar donde había pasado prácticamente toda su vida provocaron manifestaciones, acampadas y un debate nacional sobre alquileres, desahucios y acceso a una vivienda digna.

71 años en la misma casa

María del Carmen Abascal llegó al piso de la calle Alcalde Sáinz de Baranda, en Madrid, en 1956.

Su padre había alquilado la vivienda y allí Maricarmen pasó 71 años de su vida junto a su familia.

Estudió taquimecanografía y secretariado, trabajó durante 34 años como secretaria del consejo de administración de una empresa farmacéutica y se jubiló en 1998.

Con el paso de los años, aquella vivienda se convirtió también en el archivo de su propia historia: fotografías familiares, pinturas, porcelanas y objetos acumulados durante décadas permanecían en las habitaciones donde habían vivido y muerto sus padres.

Pero el inmueble cambió de propietario y comenzó una larga batalla judicial para que Maricarmen abandonara el departamento.

La mujer defendía su derecho a permanecer allí bajo un contrato de renta antigua y sostenía que había cumplido regularmente con sus obligaciones como inquilina.

El conflicto se prolongó durante años y llegó a convertirse en un caso emblemático para el movimiento por la vivienda.

Cuatro intentos de desahucio

El lanzamiento ejecutado el 23 de septiembre fue el cuarto intento para desalojarla.

Activistas del Sindicato de Inquilinas y vecinos se concentraron frente al inmueble para tratar de impedirlo, mientras la comisión judicial acudía para ejecutar la orden.

Finalmente, Maricarmen abandonó la casa en una camilla y fue trasladada por los servicios sanitarios al hospital.

Tenía movilidad reducida y utilizaba silla de ruedas.

La imagen de una mujer de 87 años dejando en esas condiciones la vivienda donde había pasado siete décadas transformó rápidamente el caso en un símbolo de un problema mucho más amplio.

España arrastra una intensa discusión sobre el precio de los alquileres, la vulnerabilidad de determinados inquilinos y la capacidad del Estado para garantizar el acceso y permanencia en una vivienda.

Maricarmen terminó poniéndole rostro a ese debate.

“Luchad por vuestra casa”

Incluso hospitalizada, Maricarmen continuó enviando mensajes a quienes se movilizaban.

Dos días después del desahucio pidió públicamente que las protestas continuaran.

“No he logrado defender mi casa, pero sí he luchado para que los demás aprendan a luchar por la suya”, dijo desde el hospital.

Su mensaje encontró eco.

Manifestantes ocuparon las calles de Madrid y se instaló una acampada en la Puerta del Sol. Las protestas se extendieron mientras organizaciones de inquilinos aumentaban la presión para modificar la legislación.

El Sindicato de Inquilinas llegó a plantear un “decreto Maricarmen”, con medidas destinadas a reforzar la protección frente a los desahucios y ampliar la duración de los contratos de alquiler.

De un desahucio a una crisis política

El caso terminó entrando directamente en la agenda del Gobierno español.

Tras el desalojo, el Ejecutivo impulsó medidas relacionadas con vivienda que posteriormente fueron rechazadas en el Congreso. La crisis política derivada de aquella votación contribuyó al escenario que llevó al presidente Pedro Sánchez a convocar elecciones generales anticipadas para el 29 de noviembre.

La vivienda, que ya constituía una de las principales preocupaciones sociales del país, pasó nuevamente al centro de la confrontación política.

Pero mientras España discutía nuevas leyes, Maricarmen seguía hospitalizada.

Estuvo a punto de regresar a casa

La movilización consiguió algo extraordinario.

Después del desahucio, la empresa propietaria aceptó alcanzar un acuerdo que habría permitido a Maricarmen regresar al departamento mediante un nuevo contrato de alquiler.

Su familia y el Sindicato de Inquilinas esperaban que pudiera hacerlo cuando recibiera el alta hospitalaria.

Nunca ocurrió.

El sindicato lamentó este miércoles que la solución hubiera llegado demasiado tarde y sostuvo que su caso representa un punto de inflexión en la movilización por la vivienda.

No existe hasta ahora información médica pública que permita establecer que el desahucio haya sido la causa directa de su fallecimiento. Lo confirmado es que permaneció ingresada desde el día en que perdió su vivienda hasta su muerte, quince días después.

“Todos somos Maricarmen”

En pocas semanas, su nombre dejó de pertenecer únicamente a aquella mujer que intentaba conservar su departamento.

“Todos somos Maricarmen” comenzó a aparecer en las movilizaciones.

Su caso se convirtió en una representación de miles de personas que enfrentan dificultades para conservar una vivienda ante el incremento de precios, la finalización de contratos o procesos de desahucio.

Maricarmen había dicho que quería ser una luz para quienes luchaban por una vivienda digna.

Al final no consiguió cumplir uno de sus deseos más personales: morir en la habitación donde habían muerto sus padres y donde había transcurrido prácticamente toda su vida.

Pero su desahucio terminó provocando algo que probablemente aquella mujer que durante décadas paseaba por las calles de su barrio nunca imaginó.

Una disputa por un piso se convirtió en una movilización nacional.

Y una inquilina de 87 años terminó transformándose en uno de los rostros de la lucha por el derecho a la vivienda en España.

Su último mensaje quedó en manos de quienes ocuparon las plazas después de su desahucio:

“Luchad, seguid luchando por lo que es vuestro”.

RL
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