Por Redacción LYP / Negocios
México acaba de tener el mejor mes exportador de su historia. El INEGI reportó ayer que en junio las ventas al exterior alcanzaron 72,551 millones de dólares, el mayor valor mensual jamás registrado, y que el superávit comercial prácticamente se duplicó respecto a mayo. En el acumulado del semestre, el saldo positivo se multiplicó casi por siete. Son cifras que, en cualquier otro contexto, se leerían como una victoria sin matices.
El contexto, sin embargo, es este: cuatro días después del cierre de ese mes, Estados Unidos cambió las reglas bajo las que México tendrá que sostener esos números. Y la composición del récord —no su tamaño— dice bastante sobre qué tan expuesto está.
Las cifras del mes
El superávit comercial de junio se ubicó en 4,090 millones de dólares, frente a los 2,259 millones de mayo. Las exportaciones totales crecieron 34.4% anual hasta 72,551 millones de dólares; las importaciones avanzaron 28.0% hasta 68,461 millones. La balanza no petrolera aportó un superávit de 7,486 millones, mientras que la petrolera registró un déficit de 3,396 millones, ampliándose desde los 2,642 millones de mayo. Con cifras desestacionalizadas —la lectura que elimina efectos de calendario— el superávit fue de 3,843 millones, contra 1,034 millones del mes previo.
El semestre completo confirma la magnitud: entre enero y junio, las exportaciones sumaron 389,723 millones de dólares, un récord, con un alza de 24.6% anual. Las importaciones llegaron a 379,866 millones, 22% más. El superávit acumulado de 9,857 millones de dólares se compara con apenas 1,433 millones en el mismo periodo de 2025.
La divergencia que importa: automotriz contra todo lo demás
Aquí empieza la letra chica. Las exportaciones manufactureras de junio sumaron 67,219 millones de dólares, con un crecimiento anual de 35.3%. Pero ese promedio esconde dos realidades opuestas: las ventas automotrices crecieron 7.6% anual, mientras que las manufacturas no automotrices avanzaron 48.8%. Los mayores incrementos se registraron en minerometalurgia (40.9%), equipos y aparatos eléctricos y electrónicos (19.7%) y alimentos, bebidas y tabaco (14.5%).
La lectura es difícil de evitar: el sector que ya carga con aranceles sectoriales —el automotriz, sujeto a los gravámenes de la Sección 232 sobre acero y aluminio y bajo escrutinio permanente en las negociaciones de reglas de origen— creció a una sexta parte del ritmo del resto de la manufactura. No es una anomalía estadística de un mes: es la evidencia de lo que le ocurre a una cadena exportadora cuando el arancel deja de ser hipótesis y se vuelve costo.
Las exportaciones agropecuarias y pesqueras, por su parte, retrocedieron 2.8% anual, con caídas en melón, sandía y papaya, café, aguacate y cítricos, aunque pimiento y legumbres frescas mostraron incrementos relevantes.
La dependencia, en un solo número
Estados Unidos concentró 84.16% de las exportaciones no petroleras mexicanas en junio. Esa cifra, que en tiempos de estabilidad se leía como eficiencia logística y ventaja geográfica, hoy se lee distinto: significa que más de ocho de cada diez dólares que México vende al exterior dependen de las decisiones de una sola oficina en Washington. La USTR cambió el fundamento legal de los aranceles el 23 de julio; el 84.16% no se movió.
El dato que conecta el récord con el nuevo riesgo
Y aquí está el punto que ninguna cobertura del dato ha desarrollado. Durante el primer semestre, los bienes de uso intermedio concentraron casi ocho de cada diez dólares importados por México. Es decir: el récord exportador no se construyó sobre producción enteramente nacional, sino sobre una operación de transformación que compra componentes, partes e insumos afuera, los procesa y los reexporta.
Ese modelo funcionó impecablemente durante décadas. El problema es que desde el viernes 24 de julio, bajo el nuevo esquema de la Sección 301 por trabajo forzoso, esos insumos intermedios son precisamente los que las empresas mexicanas deben poder documentar. No basta con acreditar que el producto final califica como T-MEC: hay que poder demostrar que los componentes que lo integran no provienen de cadenas vinculadas a trabajo forzoso. El récord de junio, en otras palabras, se construyó sobre exactamente el tipo de flujo que ahora está bajo exigencia probatoria.
El paréntesis petrolero
El déficit petrolero se amplió a 3,396 millones de dólares. Las exportaciones de crudo y derivados sumaron 2,091 millones —1,600 millones de petróleo crudo y 491 millones de otros productos—, con un alza anual de 43.4%. El volumen exportado subió a 648 mil barriles diarios, contra 616 mil en mayo y 520 mil en junio de 2025. El precio promedio de la mezcla mexicana de exportación se ubicó en 82.30 dólares por barril: 19.02 dólares menos que en mayo, pero 19.27 dólares más que un año antes. Es decir, México vendió más volumen a mejor precio anual y aun así el saldo petrolero se deterioró, señal de que el peso de las importaciones de refinados sigue siendo el factor determinante de esa balanza.
Por qué importa para las empresas
El récord de junio no es una ilusión estadística: las exportaciones efectivamente crecieron y el superávit efectivamente se amplió. Pero para cualquier dirección de operaciones o comercio exterior, la lectura útil está en la composición, no en el total.
Primero, la divergencia automotriz-no automotriz (7.6% contra 48.8%) es la mejor estimación disponible de lo que le hace un régimen arancelario a una cadena exportadora una vez que se aplica. Cualquier empresa que quiera anticipar el efecto del nuevo esquema sobre su sector tiene ahí un caso de referencia con datos reales, no con proyecciones.
Segundo, la concentración de 84.16% en Estados Unidos y el hecho de que ocho de cada diez dólares importados sean bienes intermedios definen el perfil de riesgo del modelo exportador mexicano: alta dependencia de un solo mercado y alta dependencia de insumos externos que ahora requieren trazabilidad documental. Los sectores que más crecieron en junio —electrónicos, minerometalurgia— son también los que más dependen de proveeduría asiática, es decir, los de mayor exposición al nuevo requisito probatorio.
Tercero, y en sentido inverso: este dato es la mejor foto de línea base que van a tener las empresas. Junio es el último mes completo bajo el régimen anterior. Cualquier medición seria del impacto del nuevo esquema arancelario debería tomar estas cifras como punto de partida, sector por sector.
La pregunta para el consejo directivo
Si el sector automotriz creció 7.6% mientras el resto de la manufactura creció 48.8% bajo el peso de sus aranceles sectoriales, ¿qué tasa de crecimiento está proyectando su empresa para el segundo semestre, y ese supuesto ya incorpora el costo de documentar el origen de su proveeduría?
México cerró junio exportando como nunca en su historia. Cuatro días después, cambiaron las reglas bajo las que tendrá que repetirlo. El récord es real y merece reconocerse; la pregunta es si la estructura que lo produjo —ocho de cada diez dólares importados en insumos, ocho de cada diez dólares exportados a un solo país— sigue siendo una ventaja o empezó a ser una exposición. Los próximos datos, ya bajo el nuevo régimen, van a responderlo sin necesidad de interpretación.
CEO del medio de comunicación LYPmultimedios y GreenInc.



