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El Rostro del Ancestro: La persistencia de los Shitases en el Querétaro Moderno

En el tejido social del Bajío, pocas figuras son tan fascinantes y, a menudo, tan incomprendidas como el Shitase (o Xitace). Para el espectador casual, su danza entre el estruendo de la banda y las máscaras grotescas parece un caos festivo; sin embargo, bajo el disfraz late el corazón de la resistencia otomí y un sistema de creencias que ha sobrevivido a cinco siglos de colonización.

1. El Origen: ¿Quiénes son los Xitas?

La palabra proviene del hñähñu «Xita», que se traduce como «abuelo» o «antepasado». Históricamente, en la cosmogonía otomí, los Xitaces no son bufones, sino mediadores sagrados. Su función original era invocar a los ancestros para que intercedieran ante las deidades de la lluvia y la fertilidad.

Durante la época colonial, esta tradición se fusionó con el calendario católico. Los frailes franciscanos, al no poder erradicar el rito, permitieron su integración en festividades como el Corpus Christi, otorgando a los indígenas un espacio de libertad bajo el anonimato de la máscara.

2. La Simbología de la Máscara y el Caos

La estética del Shitase es una afrenta a la pulcritud. Utilizan harapos, pieles de animales y máscaras talladas en madera de colorín o quiote, con rasgos exagerados que representan la vejez, la locura o lo sobrenatural.

  • La Terapia Social: El Shitase tiene licencia para la burla. A través del baile, ridiculiza al poder, a la autoridad y a las normas sociales, funcionando como una válvula de escape para la comunidad.

  • La Sorra y el Diablo: La presencia de personajes como «La Sorra» (un hombre vestido de mujer) simboliza la dualidad y la fertilidad, mientras que el Diablo representa la apropiación de los miedos coloniales, ahora dominados por el ritmo de la danza.

3. Persistencia y Evolución en el Querétaro de 2026

Hoy, la cultura Shitase vive una etapa de resignificación. En barrios emblemáticos como San Francisquito o en la delegación de Santa Rosa Jáuregui, las comparsas de Xitaces son el alma de las fiestas patronales.

En el Semidesierto, particularmente en Tolimán y Cadereyta, la tradición conserva su carácter ritual más puro, ligado a las capillas oratorio y a los pedimentos de lluvia. No obstante, en zonas urbanas, la tradición ha mutado: hoy vemos máscaras de látex de personajes de la cultura pop conviviendo con las tradicionales máscaras de madera. Lejos de ser una degradación, los antropólogos lo ven como una actualización del derecho a la sátira.

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