Por Sofía Peña, periodista de negocios LYP
Hay dos titulares sobre el mismo tema que circularon con cuatro semanas de diferencia y que parecen contradecirse. El primero, en julio: los aranceles mexicanos funcionan, las importaciones desde Asia caen 23.2%. El segundo, esta semana: las importaciones mexicanas desde Asia se disparan 43% hasta un récord histórico de 189,471 millones de dólares.
Los dos son correctos. Y leerlos juntos revela algo que ninguno de los dos dice por separado: el muro arancelario que México construyó a finales de 2025 sí detuvo lo que se propuso detener. El problema es que la avalancha entró por otro lado.
El muro y lo que efectivamente frenó
En diciembre de 2025, el Senado aprobó —con 76 votos a favor, 5 en contra y 35 abstenciones— un decreto que impuso aranceles de entre 5% y 50% a más de 1,400 productos provenientes de países sin Tratado de Libre Comercio con México. La lista abarcó vehículos ligeros, autopartes, textiles, calzado, plásticos, electrodomésticos, juguetes, muebles, acero, aluminio, remolques, papel, motocicletas, vidrio, perfumes y cosméticos.
Los datos de la Subsecretaría de Comercio Exterior muestran que la medida operó. Entre enero y mayo de 2026, las importaciones correspondientes a las 1,463 fracciones arancelarias incluidas en el decreto, provenientes de países sin TLC, cayeron de 15,383 millones de dólares a 11,808 millones: una reducción de 23.2%.
El ajuste por sector es contundente. Los remolques se desplomaron 54.5%. Las autopartes cayeron 39.5%, unos 909 millones de dólares menos. El calzado retrocedió 37.9%. Los productos siderúrgicos bajaron 30%. Los vehículos ligeros encabezaron la reducción en términos monetarios, con 1,180 millones de dólares menos, equivalentes a 29.7%. Y China, principal proveedor de esas mercancías, redujo sus envíos 28.4%, de 10,099 a 7,228 millones de dólares.
En sus propios términos, la política funcionó.
La avalancha que entró por otro lado
Ahora la otra cifra. Al cierre del primer semestre, las importaciones totales de México desde Asia alcanzaron 189,471 millones de dólares, un incremento anual de 43% y un récord absoluto en los registros oficiales.
Y dentro de ese total, un dato que no había ocurrido nunca: las compras a China, Taiwán, Vietnam y Malasia sumaron 138,720 millones de dólares, mientras que las importaciones desde Estados Unidos se ubicaron en 130,458 millones. Por primera vez, México le compró más a un grupo de economías emergentes asiáticas que a su principal socio comercial.
El caso taiwanés es el que mejor explica el fenómeno. Las importaciones desde la isla pasaron de 14,613 millones de dólares en el primer semestre de 2025 a 43,915 millones en el mismo periodo de 2026: un salto de 200.53%, sin precedente. Vietnam duplicó su cifra, de 9,057 a 18,405 millones.
¿Qué compró México de Taiwán? Circuitos integrados electrónicos, y partes y accesorios de máquinas para ensamblaje.
Por qué el muro no sirvió contra esto
Aquí está el punto que define la nota. El decreto de diciembre gravó zapatos, muebles, juguetes, remolques y vehículos ligeros: bienes de consumo y productos terminados que compiten con producción nacional. La lógica era proteger a la industria mexicana de mercancía barata.
Pero el flujo que explotó en 2026 no es de bienes de consumo. Son componentes electrónicos y semiconductores para la cadena de inteligencia artificial. México no los produce, no puede sustituirlos y, por lo tanto, no tiene incentivo alguno para gravarlos: hacerlo encarecería a las mismas plantas exportadoras que los ensamblan.
La proporción lo dice todo. El universo completo de mercancías cubiertas por el decreto, provenientes de países sin TLC, sumó 11,808 millones de dólares en cinco meses. Las importaciones asiáticas totales del semestre fueron 189,471 millones. El muro cubre una fracción menor del flujo.
Janneth Quiroz, directora de Análisis Económico de Monex, lo formuló con precisión al evaluar el decreto: las cifras muestran que el aumento de los aranceles está modificando los flujos comerciales, aunque no necesariamente implica una menor demanda de insumos. Y añadió la advertencia que hoy resulta central: el impacto definitivo de la estrategia dependerá de las reglas de origen que resulten de la renegociación del T-MEC, porque serán ésas las que definan cuánto contenido importado puede incorporarse a los productos fabricados en México sin perder el acceso preferencial.
Lo que esto significa para el «récord exportador»
México cerró el mejor primer semestre exportador de su historia: 389,723 millones de dólares, un alza de 24.6%. Pero las importaciones subieron 22% en el mismo periodo, hasta 379,866 millones, y 79.9% de ellas fueron bienes de uso intermedio.
Dos economistas pusieron el matiz sobre la mesa. Daniel Zaga, socio economista en jefe de Deloitte Spanish Latin America, señaló que las exportaciones subieron 24% pero las importaciones subieron casi lo mismo, y describió el mecanismo: la relocalización de las exportaciones chinas está pasando por el sudeste asiático, y de ahí van directo a Estados Unidos o pasan vía México, en algunos casos con cierto valor agregado.
Mario Correa, expresidente del Comité de Estudios Económicos del IMEF, atribuyó buena parte del repunte a que empresas estadounidenses aceleraron importaciones para construir inventarios ante los vaivenes de la política comercial. Advirtió que el impulso podría ser de corta duración y que una porción relevante corresponde a ensamblaje final en México de componentes asiáticos, es decir, exportaciones de menor valor agregado.
Eso explica la anomalía del semestre: las manufacturas no automotrices crecieron 37.6%, su mayor avance desde que hay registro, mientras las exportaciones automotrices —el sector con mayor integración de proveeduría nacional— avanzaron apenas 1%.
La carrera que México está perdiendo
Los datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos completan el cuadro. En el primer semestre, Estados Unidos importó bienes mexicanos por 298,157 millones de dólares, un alza de 13% que mantiene a México como su principal proveedor con 17.1% de participación. Pero las exportaciones taiwanesas a ese mercado crecieron 67%, hasta 136,614 millones, y las vietnamitas 40%, hasta 123,194 millones.
En productos de alta tecnología —los que alimentan centros de datos, IA y telecomunicaciones— Taiwán ya superó a México: 117,068 millones contra 98,335 millones. Y el déficit comercial estadounidense con Vietnam (114,000 millones) y con Taiwán (107,200 millones) ya es mayor que el que mantiene con México (102,600 millones).
Hay una razón estructural detrás. Michael Waugh, economista de la Reserva Federal de Minneapolis, calcula que alrededor de 69% de las importaciones vinculadas con inteligencia artificial está exento de aranceles y enfrenta una tasa efectiva de 4.5%, frente a 12.1% para los demás bienes. Las economías más señaladas en el discurso arancelario resultaron las grandes ganadoras del comercio con Estados Unidos.
Lo que Washington quiere ahora, y por qué apretó en julio
Este es el contexto que faltaba para entender el arancel de 10% que Estados Unidos impuso a México el 23 de julio bajo la Sección 301, con el argumento de aplicación laxa contra el trabajo forzoso.
Washington está apuntando a los países que se aprovechan de las ventajas del T-MEC sin haberlo firmado —el free-riding— y quiere que México lo acompañe. En su encuentro con Jamieson Greer, la presidenta Claudia Sheinbaum se comprometió a fortalecer la relación bilateral y hacer frente a ese aprovechamiento indebido, con énfasis en robustecer la manufactura de América del Norte y reforzar las cadenas regionales de suministro.
Y el 1 de agosto, Estados Unidos vetó importaciones de 43 empresas chinas por presunto uso de trabajo forzoso.
Leído así, el arancel de julio deja de parecer una medida laboral aislada. Es una palanca en una negociación sobre reglas de origen y triangulación, y llega justo cuando las cifras muestran a México comprando en Asia más que nunca.
El dato que llega el viernes
Este viernes 21 de agosto el INEGI publica el Valor Agregado de Exportación de la Manufactura Global, el indicador que mide exactamente cuánto de las exportaciones mexicanas es valor generado en México y cuánto es contenido importado que solo pasa por el país.
Es la prueba empírica de la tesis de Deloitte y del IMEF. Y es el número que va a determinar cuánta razón tiene Washington en su reclamo.
Por qué importa para las empresas
Para cualquier empresa manufacturera de exportación, la conclusión operativa es directa: el riesgo dejó de estar en el arancel y pasó a estar en la trazabilidad. Si las reglas de origen se endurecen en la negociación del T-MEC —que es hacia donde apunta todo—, la variable crítica no será cuánto cuesta importar un componente asiático, sino si ese componente descalifica al producto final del trato preferencial.
Para el sector automotriz y de autopartes, el mensaje del semestre es ambivalente. Creció apenas 1% mientras el resto de la manufactura crecía 37.6%, pero es justamente el sector con mayor integración de proveeduría regional. Si el criterio de acceso preferencial se vuelve más estricto, el sector que hoy parece rezagado es el que llega mejor preparado.
Para el Bajío, y particularmente para Querétaro —que concentra cerca de 8% de la producción nacional de autopartes—, la pregunta se vuelve local y urgente: cuánto contenido efectivamente queretano tienen las cadenas instaladas en el estado. No es casualidad que el gobierno estatal haya puesto el 15 de agosto la integración de proveeduría local en el centro de su discurso, ni que SEDESU haya reconvertido su tradicional Expo Encuentro en un Encuentro Industrial orientado a proveeduría estratégica. La conversación nacional sobre valor agregado tiene una versión regional que todavía nadie ha medido.
La pregunta para el consejo directivo
Si mañana el umbral de contenido regional subiera diez puntos, ¿su empresa sabe qué porcentaje de sus insumos son de origen asiático y cuáles podría sustituir con proveeduría de América del Norte, con qué costo y en qué plazo?
México construyó un muro arancelario en diciembre y funcionó: la mercancía que se propuso frenar, se frenó. Pero mientras se levantaba ese muro contra zapatos, muebles y remolques, entraban por la puerta abierta 43,915 millones de dólares en circuitos integrados taiwaneses que ninguna política industrial mexicana puede sustituir en el corto plazo. El país no tiene un problema de aranceles. Tiene un problema de capacidades. Y la diferencia entre ambas cosas es lo que se va a negociar en Washington en septiembre.



