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Cuando la mentira parece verdad

 

¿Y si en la próxima elección el video más compartido no fuera real? ¿Y si el audio que todos comentan hubiera sido fabricado? ¿Y si la frase que incendió las redes nunca hubiera sido dicha? Ese es el nuevo tamaño del problema.

La inteligencia artificial ya no es una curiosidad tecnológica. Es una herramienta de poder, y como toda herramienta de poder, puede servir para construir o para destruir.

Soy Daniel Dorantes y esto es La Llave.

Durante años nos preocupamos por las noticias falsas, los bots, las campañas negras y las cadenas de WhatsApp. Pero ahora el reto subió de nivel, porque antes alguien podía mentir con un texto, y hoy puede mentir con una cara, con una voz y con una escena que parece real.

La inteligencia artificial no sólo puede inventar información; también puede fabricar evidencia falsa. Puede crear un video de una candidatura diciendo algo que nunca dijo, clonar la voz de un funcionario o inventar una imagen de violencia, corrupción, fraude o escándalo. Y si eso se suelta en el momento correcto, puede cambiar una conversación pública antes de que alguien alcance a desmentirlo.

En elecciones, eso es gravísimo, porque una elección no sólo se cuida en las urnas. También se cuida antes, en la información con la que la gente decide. Votar libremente no es sólo marcar una boleta; es decidir sin trampas, sin montajes, sin voces clonadas, sin imágenes fabricadas y sin mentiras diseñadas para parecer pruebas.

Por eso no hay que caer en dos errores. El primero es asustarnos y querer prohibir todo. El segundo es hacernos los ingenuos y pensar que no pasa nada. Sí pasa, y va a pasar más. La pregunta ya no es si se va a usar inteligencia artificial en las elecciones; la pregunta es quién la va a usar, para qué, con qué límites y con qué responsabilidad.

Porque una cosa es innovar y otra muy distinta es disfrazar una mentira de realidad. Una cosa es usar tecnología para informar mejor y otra es usarla para ensuciar una elección. En tiempos de inteligencia artificial, no todo video es prueba, no todo audio es verdad y no toda imagen es realidad.

También hay una responsabilidad ciudadana. Compartir sin verificar puede convertirse en parte del problema. Si algo nos indigna demasiado rápido, si parece demasiado perfecto o demasiado conveniente, vale la pena detenernos un momento y preguntar de dónde salió, quién lo publicó y quién lo confirma.

La inteligencia artificial llegó para quedarse. La pregunta es si vamos a usarla para mejorar la democracia o para manipularla. Porque una elección se gana en las urnas, sí, pero se cuida desde mucho antes: cuando protegemos la información con la que la ciudadanía decide.

Soy Daniel Dorantes y esto fue La Llave.

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