Por: Redacción de LYPmultimedios
Ciudad de México, 23 de julio de 2026.— Comer mejor, dormir, hacer ejercicio, vacunarse, revisar la presión arterial o solicitar ayuda frente a un problema de salud mental pueden reducir riesgos y permitir que una enfermedad sea detectada antes de convertirse en una emergencia.
Pero ninguna de esas decisiones ocurre en el vacío.
Para cuidarse, una persona necesita tiempo, información confiable, ingresos, espacios seguros, alimentos accesibles y un sistema sanitario que responda cuando la prevención ya no es suficiente.
Con esa tensión en el centro, el Senado de la República iluminó su edificio de color azul en vísperas del Día Internacional del Autocuidado, conmemorado cada 24 de julio.
El senador Emmanuel Reyes Carmona presentó el autocuidado como una herramienta para fortalecer la prevención y la capacidad de las personas para tomar decisiones sobre su propia salud.
También reconoció una responsabilidad que no debería quedar escondida detrás de los llamados a adoptar hábitos saludables: las instituciones deben generar las condiciones para que cuidarse sea realmente posible.
El autocuidado no es abandonar al paciente
La Organización Mundial de la Salud entiende el autocuidado como las acciones y herramientas mediante las cuales individuos, familias y comunidades promueven su salud, previenen enfermedades y enfrentan padecimientos.
Puede incluir hábitos cotidianos, pero también intervenciones concretas respaldadas por evidencia, como medir la glucosa, vigilar la presión arterial, utilizar pruebas diagnósticas o seguir tratamientos con orientación profesional.
La OMS establece una frontera fundamental: el autocuidado complementa la atención médica; no la reemplaza.
Esto significa que promoverlo no puede utilizarse para normalizar:
- La falta de consultas.
- El desabasto de medicamentos.
- Las listas de espera.
- La ausencia de especialistas.
- La automedicación.
- El uso de productos sin evidencia.
- La transferencia de gastos a las familias.
- La idea de que enfermar es consecuencia exclusiva de “malas decisiones”.
La alimentación, el descanso y la actividad física importan. También importan la contaminación, los salarios, las jornadas laborales, la vivienda, la seguridad, la disponibilidad de agua y la distancia hasta una unidad médica.
La salud se construye mediante decisiones personales, pero también mediante condiciones colectivas.
Una definición legal puede cambiar el enfoque
Durante el acto, Reyes Carmona recordó que el Senado recibió una minuta relacionada con la Ley General de Desarrollo Social en materia de cuidados.
La reforma busca reconocer legalmente el cuidado y articular una Política Nacional de Cuidados basada en la corresponsabilidad entre el Estado, las familias, la sociedad civil y el sector privado. El Senado recibió el proyecto procedente de la Cámara de Diputados en marzo de 2024.
Incorporar el autocuidado dentro del marco jurídico puede ayudar a que la prevención deje de depender únicamente de campañas temporales.
También podría obligar a las instituciones a generar:
- Información comprensible.
- Programas de alfabetización en salud.
- Orientación comunitaria.
- Diagnóstico oportuno.
- Acceso a herramientas seguras.
- Acompañamiento profesional.
- Políticas diferenciadas para grupos vulnerables.
Pero reconocer una definición no garantiza su aplicación.
El boletín no informa cuándo será dictaminada la minuta, qué comisión deberá avanzar en su discusión, cuánto costaría implementar sus obligaciones o qué programas públicos tendrían que modificarse.
Una palabra nueva dentro de la ley puede orientar la política. Sin presupuesto, metas y responsabilidades, también puede permanecer como una declaración bien intencionada.
Informarse es un derecho, no una tarea individual
El senador sostuvo que una población informada puede tomar mejores decisiones sobre su salud.
La afirmación es correcta, pero exige preguntar quién produce la información y quién garantiza que sea accesible.
Internet ha multiplicado los contenidos sobre bienestar, nutrición, ejercicio, salud mental, medicamentos y tratamientos. También ha abierto un mercado para desinformación, promesas milagrosas, diagnósticos improvisados y productos comercializados sin evidencia suficiente.
El autocuidado requiere alfabetización en salud: la capacidad de localizar información, comprenderla, distinguir fuentes confiables y utilizarla para tomar decisiones.
No todas las personas cuentan con las mismas herramientas.
Las barreras pueden incluir:
- Bajo acceso a servicios.
- Lenguaje médico incomprensible.
- Falta de conectividad.
- Discapacidad.
- Diferencias culturales y lingüísticas.
- Desinformación digital.
- Costos de pruebas o dispositivos.
- Falta de acompañamiento profesional.
La OMS advierte que las intervenciones de autocuidado necesitan información clara, productos seguros y conexiones con servicios sanitarios cuando aparezcan complicaciones. También señala que no deben aumentar la carga económica de poblaciones marginadas o desatendidas.
Empoderar a una persona no significa dejarla sola frente a una pantalla para que averigüe qué enfermedad tiene.
Significa darle información útil y una puerta abierta hacia la atención.
“República Sana” apuesta por prevenir
María Alejandra Alegría Arrieta, representante de la Secretaría de Salud, vinculó el autocuidado con la estrategia gubernamental denominada “República Sana”.
El modelo busca fortalecer la prevención, la promoción de hábitos saludables, la vacunación, la detección oportuna y la atención de la salud mental.
Durante la Semana Nacional de Salud Pública de 2026, la Secretaría reportó acciones preventivas y de promoción en las 32 entidades como parte de esa estrategia.
El cambio de enfoque resulta necesario.
Un sistema concentrado exclusivamente en atender enfermedades avanzadas llega tarde y enfrenta costos humanos y financieros mayores.
Sin embargo, prevenir no puede significar únicamente decirle a la población que coma bien o haga ejercicio.
Una estrategia nacional necesita intervenir sobre entornos:
- Escuelas con alimentación saludable.
- Comunidades con espacios públicos.
- Empleos con tiempo para descansar.
- Vacunas disponibles.
- Atención primaria cercana.
- Servicios de salud mental.
- Regulación de productos dañinos.
- Detección gratuita de enfermedades.
- Seguimiento para pacientes con riesgos.
La prevención funciona cuando la decisión saludable también es una opción materialmente disponible.
Una enfermera escolar podría acercar la salud
Rosa Amarilis Zárate Grajales, directora de la Facultad de Enfermería y Obstetricia de la UNAM, propuso incorporar la figura de la enfermera escolar en los centros educativos.
La idea podría ampliar la prevención desde la infancia.
Una profesional de enfermería dentro de una escuela podría participar en:
- Educación para la salud.
- Detección de riesgos.
- Primeros auxilios.
- Vacunación.
- Salud menstrual.
- Nutrición.
- Salud mental.
- Prevención de adicciones.
- Orientación sexual y reproductiva.
- Canalización a servicios médicos.
- Acompañamiento a estudiantes con enfermedades crónicas.
La OMS reconoce a las escuelas como plataformas capaces de vincular educación, promoción y servicios de salud para niñas, niños y adolescentes. Sus lineamientos señalan que estos programas requieren personal suficiente, estándares de calidad, atención apropiada para cada edad y coordinación entre los sectores sanitario y educativo.
La propuesta, sin embargo, todavía se encuentra en el terreno de la conversación.
No se anunció una iniciativa formal, el número de plazas necesarias, un programa piloto ni la institución que pagaría y contrataría al personal.
Crear la figura sin recursos podría terminar asignando nuevas responsabilidades a las enfermeras existentes o produciendo una cobertura desigual entre escuelas.
Para avanzar sería necesario definir:
- Qué planteles participarían.
- Qué formación tendría el personal.
- Cuántos estudiantes atendería cada profesional.
- Qué servicios podría ofrecer.
- Cómo protegería los expedientes.
- Cómo se coordinaría con centros de salud.
- Qué presupuesto financiaría las plazas.
- Cómo se evitarían diferencias entre escuelas urbanas y rurales.
La enfermería escolar puede convertirse en una herramienta poderosa. Necesita diseño institucional, no solo reconocimiento público.
El autocuidado también tiene una dimensión de género
Las campañas de salud suelen pedir a las personas que cuiden su alimentación, sus tratamientos y el bienestar de sus familias.
En la práctica, muchas de esas tareas recaen principalmente sobre mujeres.
Son ellas quienes con frecuencia organizan consultas, acompañan a familiares, administran medicamentos, cuidan a personas enfermas y vigilan la salud de niñas, niños y adultos mayores.
Promover el autocuidado sin analizar esta distribución puede agregar otra obligación a jornadas ya saturadas.
Una política integral debe reconocer:
- El tiempo dedicado a cuidar.
- El trabajo no remunerado.
- La necesidad de servicios públicos.
- El descanso de las personas cuidadoras.
- La corresponsabilidad de los hombres.
- El derecho de quienes cuidan a cuidar también de sí mismas.
Por eso, la discusión sobre autocuidado debe mantenerse conectada con el Sistema Nacional de Cuidados.
No son conceptos separados.
Una persona puede responsabilizarse de su salud únicamente cuando no está obligada a sostener, sin apoyo, la salud de toda su familia.
Iluminar un edificio es un símbolo; legislar requiere decisiones
El color azul permitió visibilizar el Día Internacional del Autocuidado.
El acto reunió al Senado, la Secretaría de Salud, la academia y profesionales de enfermería alrededor de un enfoque preventivo que puede mejorar la vida de millones de personas.
Pero la iluminación debe conducir hacia decisiones concretas.
El Congreso tiene frente a sí una minuta pendiente sobre cuidados. La Secretaría de Salud debe demostrar cómo su estrategia preventiva llegará a comunidades y grupos con menor acceso. La propuesta de enfermería escolar necesita una ruta legislativa y presupuestal.
El autocuidado puede ayudar a detectar riesgos, prevenir enfermedades y dar mayor autonomía a las personas.
Lo que no puede hacer es compensar por sí solo un sistema fragmentado, una consulta inaccesible o un medicamento ausente.
Cuidarse es una responsabilidad personal y comunitaria.
Garantizar las condiciones para hacerlo sigue siendo una responsabilidad pública.
El Senado ya iluminó su fachada.
Ahora corresponde iluminar el camino legislativo, asignar recursos y evitar que la prevención se convierta en otra obligación que el Estado deposita sobre los hombros de quienes ya enfrentan la enfermedad con menos apoyo.


