El Senador Enrique Inzunza durante su conferencia de prensa el día de hoy en el Senado de la República

El consejero de las 33 horas: Inzunza asesoró a Rocha y ofrece a Morena el voto que le falta

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El senador confirmó que Rubén Rocha Moya lo convocó a Palacio durante su efímero regreso al Gobierno de Sinaloa y le pidió consejo. No reveló qué recomendó. Ahora rechaza solicitar licencia, conserva su escaño y promete respaldar las iniciativas de la Cuarta Transformación.

Ciudad de México.31 de Agosto del 2026— La declaración más importante de Enrique Inzunza Cázarez durante su regreso al Senado no fue su reiterada proclamación de inocencia ni su decisión de enfrentar las acusaciones estadounidenses sin abandonar el escaño.

La revelación apareció casi al final de la conferencia, cuando confirmó que Rubén Rocha Moya lo convocó al Palacio de Gobierno de Sinaloa durante el breve y políticamente desastroso regreso del gobernador.

Rocha le pidió consejo. Inzunza se lo dio.

El senador decidió reservarse el contenido de aquella conversación. Pero su confirmación coloca una pieza nueva en la reconstrucción de las aproximadamente 33 horas durante las cuales Rocha intentó recuperar la gubernatura antes de volver a solicitar licencia, presionado por la presidenta Claudia Sheinbaum, la dirigencia de Morena y buena parte del oficialismo.

“Me pidió algún tipo de consejo y le di lo que consideraba”, reconoció Inzunza en el minuto 31 de la conferencia.

No existe evidencia de que Inzunza haya recomendado a Rocha regresar al cargo o separarse nuevamente. Afirmarlo sería especular. Lo comprobable es políticamente significativo: el senador formó parte del reducido círculo que acompañó al gobernador durante las horas más delicadas de su fallida reincorporación.

El consejo que Inzunza no quiso revelar

Inzunza llegó al Palacio de Gobierno de Culiacán la noche del 21 de agosto, el mismo día en que Rocha volvió a ocupar su despacho después de 112 días de licencia. Permaneció varias horas en el inmueble y evitó hablar con los periodistas tanto al ingresar como al retirarse, según documentaron medios presentes en el lugar.

Hasta ahora se conocía la reunión. Lo nuevo es que el propio Inzunza explicó que Rocha lo mandó llamar y solicitó su opinión.

La secuencia importa. El regreso del gobernador provocó un deslinde casi inmediato de Palacio Nacional y de Morena. Sheinbaum afirmó que no había sido informada y consideró improcedente su reincorporación mientras continuaba abierta la investigación mexicana relacionada con las acusaciones formuladas en Estados Unidos.

Rocha volvió a pedir licencia poco más de un día después. Inzunza no explicó si su consejo fue resistir, negociar una salida o retirarse. Su negativa a revelar la conversación deja una pregunta política abierta: ¿intentó contener a Rocha, respaldó su regreso o solamente lo acompañó mientras se derrumbaba su margen de maniobra?

El silencio no permite responderla, pero sí impide reducir a Inzunza a un observador distante de la crisis.

Independiente en el membrete, oficialista en la votación

La segunda noticia está en la extraña independencia que Inzunza decidió construir.

El 26 de agosto anunció su separación del grupo parlamentario de Morena y comunicó que continuaría como senador independiente. Sin embargo, durante su conferencia dejó claro que seguirá apoyando las iniciativas relacionadas con la soberanía nacional y el proyecto de la Cuarta Transformación.

La ruptura, por lo tanto, es orgánica, pero no necesariamente legislativa.

Al salir de la bancada pierde posiciones internas y tendría que dejar la presidencia de la Comisión de Estudios Legislativos. No obstante, conserva voz, voto, dieta e inmunidad procesal. También puede convertirse en un legislador decisivo para Morena.

Sin Inzunza, el bloque integrado por Morena, Partido Verde y Partido del Trabajo queda con 85 senadores, uno menos de los 86 que normalmente requiere la mayoría calificada para aprobar reformas constitucionales y determinados nombramientos.

Inzunza se separa del grupo, pero ofrece mantener su voto dentro del proyecto. En términos políticos, Morena puede perder el costo de tenerlo sentado formalmente en su bancada sin renunciar al beneficio de su escaño.

Ahí está la paradoja: el senador del que el partido procura tomar distancia puede terminar convertido en el voto número 86 que la coalición necesita.

El desafío a la señal presidencial

Sheinbaum y la dirigencia de Morena han sostenido que las personas investigadas deben valorar su separación temporal de los cargos. Rocha terminó haciéndolo. Inzunza eligió otra ruta.

Durante la conferencia rechazó reiteradamente solicitar licencia. Argumentó que desde el comienzo decidió defenderse mediante el ejercicio de su cargo y que no cambiará esa postura.

También aseguró que nadie le solicitó abandonar la bancada y que su separación fue una determinación personal para evitar que los señalamientos en su contra fueran utilizados contra el movimiento.

Sin embargo, esta salida no cumple con lo que pedía la dirigencia partidista: retirarse del cargo mientras avanzan las investigaciones. Inzunza responde con una fórmula distinta: deja las siglas parlamentarias, pero conserva todas las capacidades institucionales del puesto.

No se trata de una rebelión ideológica. Es una desobediencia práctica a la salida política que Morena y la Presidencia consideraban más conveniente.

Las acusaciones y la presunción de inocencia

El 29 de abril, la Fiscalía Federal para el Distrito Sur de Nueva York hizo pública una acusación contra Rocha, Inzunza y otros ocho funcionarios y exfuncionarios sinaloenses por presuntos delitos relacionados con narcotráfico y armas.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos sostiene que los acusados habrían utilizado posiciones públicas para proteger operaciones del Cártel de Sinaloa a cambio de sobornos y respaldo político.

Se trata de acusaciones, no de hechos judicialmente probados. El propio documento estadounidense advierte que todas las personas señaladas deben ser consideradas inocentes mientras no se demuestre lo contrario.

Inzunza niega categóricamente los cargos, afirma que se trata de una ofensiva política y sostiene que la justicia estadounidense no ha presentado pruebas ante las autoridades mexicanas. La Fiscalía General de la República mantiene abierta una investigación y el senador asegura que compareció una vez ante el Ministerio Público Federal.

La presunción de inocencia debe mantenerse. También debe distinguirse de la responsabilidad política: conservar un cargo durante una investigación de esta gravedad es una decisión legítima desde el punto de vista jurídico, pero inevitablemente sujeta al escrutinio público.

Cinco cuentas bloqueadas y una dieta pagada con cheque

La conferencia dejó otro dato concreto: Inzunza confirmó que mantiene cinco cuentas bancarias inmovilizadas y que ha recibido su dieta legislativa mediante cheque.

Explicó que tres corresponden a nómina —incluida una donde recibe su pensión como magistrado jubilado— y dos están relacionadas con créditos hipotecarios. Aseguró que el dinero disponible no alcanza el millón de pesos y que todos sus ingresos proceden del servicio público.

La Unidad de Inteligencia Financiera informó en mayo que había aplicado inmovilizaciones preventivas a personas políticamente expuestas de Sinaloa, derivadas de alertas del sistema financiero tras las acusaciones estadounidenses. La dependencia aclaró que la medida administrativa no acredita responsabilidad penal.

El bloqueo no impidió que Inzunza continuara cobrando como senador. El cambio fue operativo: recibió los recursos mediante cheque.

La separación que no rompe

Inzunza salió de la bancada, pero no del proyecto. Rechazó la licencia, pero asegura que colaborará con la investigación. Defendió la honorabilidad de Rocha, aunque evitó responder por sus actos. Admitió haberlo asesorado, pero ocultó el consejo.

Esa arquitectura de medias distancias define su nueva posición.

Morena puede excluirlo de sus reuniones, retirarle una comisión y revisar su militancia. Lo que no puede hacer es expulsarlo del Senado. Mientras Inzunza conserve el escaño, su voto seguirá teniendo valor propio.

La pregunta ya no es solamente si podrá limpiar su nombre ante las autoridades. También es cuánto está dispuesto a pagar Morena por utilizar legislativamente el voto de una figura de la que intenta deslindarse públicamente.

En las 33 horas de Rocha, Inzunza estuvo dentro de Palacio. En la nueva etapa del Senado estará fuera de la bancada, pero todavía dentro de la aritmética del poder.

RL
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