La Presidenta Claudia Sheinbaum en su conferencia mañanera

Sheinbaum confirma avances con Trump: México y EU buscan destrabar aranceles y futuro del T-MEC

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La presidenta confirmó una llamada con Donald Trump en la que alcanzaron entendimientos parciales, aunque todavía no existe un acuerdo final. Autos, acero, aluminio, reglas de origen y cadenas productivas están en el centro de una negociación que ocurre mientras el T-MEC entra en una etapa de revisiones anuales.

Irapuato, Guanajuato, 18 de septiembre de 2026.— México y Estados Unidos avanzan hacia un posible acuerdo comercial, pero todavía no existe un pacto definitivo ni se conocen públicamente las concesiones o compromisos discutidos entre ambos gobiernos.

La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo confirmó este viernes que sostuvo el miércoles 16 de septiembre una llamada programada con el presidente estadounidense Donald Trump, en medio de las negociaciones que ambos países mantienen sobre aranceles y la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

“Vamos avanzando en los temas comerciales. No podemos dar todavía una solución o una información o un anuncio ya formal”, explicó Sheinbaum durante su conferencia. Después añadió: “va avanzando bien la posibilidad de un acuerdo con nosotros, México-Estados Unidos”.

La mandataria aseguró que durante la conversación se alcanzaron algunos entendimientos, pero evitó revelar su contenido mientras no exista un acuerdo completo. En la llamada participaron también el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco. La presidenta precisó que la conversación se concentró en asuntos comerciales y no en seguridad.

La cautela importa: hasta este viernes no existe un documento bilateral, anuncio de la Casa Blanca o acuerdo publicado que permita conocer exactamente qué aceptó cada gobierno.

No es un nuevo tratado: la negociación ocurre alrededor del T-MEC

La posibilidad de un entendimiento entre Sheinbaum y Trump debe colocarse dentro de una negociación mucho mayor.

El 1 de julio de 2026, durante la primera revisión conjunta obligatoria del T-MEC, Estados Unidos decidió no extender el acuerdo automáticamente por otros 16 años en su forma actual. Eso no significó la desaparición del tratado: el T-MEC continúa vigente, pero entra en un mecanismo de revisiones anuales y, si no existe posteriormente una extensión acordada, su horizonte actual llega hasta 2036.

Washington argumentó que busca corregir lo que considera deficiencias del acuerdo y reducir su déficit comercial con México y Canadá.

Desde entonces, México y Estados Unidos han desarrollado rondas bilaterales dentro del proceso de revisión.

La primera, celebrada a finales de mayo, abordó reglas de origen del sector automotriz, acero, aluminio y seguridad económica. La segunda, realizada en junio, incorporó agricultura, trabajo y medio ambiente. En julio, durante una tercera ronda en Ciudad de México, los equipos ampliaron las conversaciones hacia servicios de pagos electrónicos, cadenas productivas y bienes derivados del acero y aluminio.

La cuarta ronda está prevista para 28 y 29 de septiembre en Washington, de acuerdo con información difundida este viernes por EFE.

La llamada entre Sheinbaum y Trump llega, por tanto, menos de dos semanas antes de que los equipos negociadores vuelvan a sentarse frente a frente.

Autos, acero y aluminio: los tres frentes más visibles

Aunque Sheinbaum no reveló qué acuerdos parciales alcanzó con Trump, sí ha señalado cuáles son algunas de las prioridades mexicanas: reducir los aranceles estadounidenses aplicados a automóviles, acero y aluminio procedentes de México. Reuters confirmó este viernes que esos tres sectores permanecen entre los principales objetivos de la negociación mexicana.

El sector automotriz es particularmente sensible por el nivel de integración de las fábricas norteamericanas.

Desde abril de 2025, Estados Unidos impone un arancel adicional de 25% a automóviles importados. En el caso de vehículos que cumplen con las reglas del T-MEC, el mecanismo permite que ese gravamen se aplique únicamente sobre el valor correspondiente al contenido que no sea estadounidense, siempre que el importador documente ese contenido.

En acero y aluminio también existen medidas específicas.

Una proclamación de la Casa Blanca emitida en junio de 2026 estableció para determinados productos de México y Canadá que cumplen con el T-MEC un arancel de 25% aplicado al contenido no estadounidense, con una tasa efectiva mínima de 15% para los bienes cubiertos por esa disposición.

México ha sostenido que esas medidas afectan cadenas de suministro que funcionan de forma integrada entre plantas mexicanas y estadounidenses.

A principios de septiembre, Marcelo Ebrard se reunió con el secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, para insistir precisamente en los aranceles a automóviles y acero. Reuters reportó entonces que México considera injustificadas algunas de las medidas sobre metales y sostiene que las restricciones al sector automotriz contradicen la lógica de integración manufacturera de América del Norte.

Estados Unidos también quiere cambiar las reglas del juego

La negociación no se limita a que México solicite reducciones arancelarias.

Washington busca endurecer diversos componentes del T-MEC, particularmente las reglas de origen y los mecanismos para impedir que empresas o insumos provenientes de países externos al tratado aprovechen las preferencias comerciales norteamericanas.

La oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) ha planteado oficialmente que uno de sus objetivos es evitar el denominado free-riding de países que no forman parte del acuerdo y reforzar la producción manufacturera dentro de América del Norte.

Esto tiene implicaciones para industrias que producen en México utilizando componentes importados desde Asia y posteriormente exportan a Estados Unidos.

Las conversaciones abarcan además agricultura, temas laborales, seguridad económica, compatibilidad regulatoria, pagos electrónicos y cadenas de suministro.

Por eso, un eventual acuerdo Sheinbaum-Trump podría ir mucho más allá de una simple reducción de aranceles.

Casi un billón de dólares explica lo que está en juego

La dimensión de la relación comercial ayuda a explicar por qué ninguna de las dos economías trata esta negociación como un asunto menor.

De acuerdo con el USTR, el intercambio de bienes y servicios entre Estados Unidos y México alcanzó aproximadamente 964 mil 100 millones de dólares durante 2025. Sólo el comercio de mercancías representó 871 mil 600 millones de dólares.

Estados Unidos exportó bienes por 337 mil 300 millones de dólares a México e importó 534 mil 300 millones, lo que dejó un déficit estadounidense de 197 mil millones de dólares.

Ese déficit es precisamente uno de los argumentos utilizados por la administración Trump para exigir modificaciones al esquema comercial.

Y la tendencia continúa.

Entre enero y julio de 2026, el comercio de mercancías entre ambos países alcanzó aproximadamente 588 mil 500 millones de dólares, de acuerdo con los datos del Buró del Censo estadounidense: Estados Unidos exportó 229 mil 817 millones e importó 358 mil 707 millones de dólares desde México. El déficit estadounidense acumulado durante esos siete meses fue de cerca de 128 mil 900 millones de dólares.

Pero el déficit es sólo una parte de la fotografía.

Las cadenas manufactureras norteamericanas están profundamente integradas: componentes pueden cruzar varias veces la frontera antes de convertirse en un vehículo, equipo electrónico, maquinaria o producto terminado.

Por eso, las reglas de origen y los aranceles no afectan únicamente a empresas mexicanas: modifican también costos de producción para compañías estadounidenses que dependen de proveedores instalados en México.

La incertidumbre ya pesa sobre las decisiones de inversión

La falta de certeza sobre el futuro del T-MEC no es únicamente una discusión diplomática.

Reuters reportó a principios de septiembre que empresas están retrasando o reconsiderando nuevas inversiones en México ante la incertidumbre comercial. Aunque la inversión extranjera directa acumulada en el primer semestre de 2026 alcanzó alrededor de 35 mil millones de dólares, sólo 7.8% correspondió a nuevas inversiones, mientras buena parte se concentró en reinversión de utilidades.

La estabilidad de las reglas comerciales es especialmente importante para industrias cuya inversión se amortiza durante periodos largos, como automotriz, aeroespacial, electrónica, maquinaria y centros de producción avanzada.

En ese contexto, un entendimiento que reduzca la incertidumbre podría tener consecuencias más amplias que la simple modificación de una tasa arancelaria.

México negocia mientras la relación de Washington con Canadá se complica

Hay otro elemento que distingue el momento actual.

Aunque el T-MEC es un acuerdo trilateral, Estados Unidos ha mantenido negociaciones bilaterales diferenciadas con México y Canadá.

Mientras Washington y Ciudad de México han celebrado tres rondas formales y preparan una cuarta, la relación comercial entre Estados Unidos y Canadá se ha deteriorado durante las últimas semanas, con nuevos aranceles y medidas de respuesta.

El USTR ha descrito públicamente a México como un interlocutor “pragmático” dentro de las conversaciones de revisión, mientras las negociaciones con Canadá han enfrentado mayores diferencias.

Eso no convierte al T-MEC en un acuerdo bilateral. México, Estados Unidos y Canadá siguen siendo sus tres integrantes y cualquier renovación integral del tratado requiere resolver el marco trilateral.

Pero sí muestra que Washington está negociando asuntos específicos por separado con cada socio.

¿Qué significa entonces la llamada?

Hasta ahora hay tres hechos comprobables.

Primero, Sheinbaum y Trump hablaron el miércoles y alcanzaron algunos entendimientos, según confirmó la presidenta mexicana.

Segundo, no existe todavía un acuerdo final ni se conocen los términos de esos entendimientos.

Y tercero, la conversación ocurrió en la antesala de una nueva ronda formal en Washington donde estarán sobre la mesa algunos de los sectores más relevantes de la economía mexicana.

Reuters informó que funcionarios de ambos países buscan avanzar con rapidez y que existe interés en alcanzar un entendimiento antes de las elecciones intermedias estadounidenses del 3 de noviembre, aunque no existe públicamente un plazo formal que obligue a cerrar la negociación antes de esa fecha.

La frase de Sheinbaum —“va avanzando bien la posibilidad de un acuerdo”— es, por tanto, una señal política relevante, pero todavía no equivale a un acuerdo comercial firmado.

La verdadera dimensión de la llamada comenzará a conocerse cuando México y Estados Unidos definan qué ocurrirá con los aranceles automotrices, el acero y aluminio, las reglas de origen y el acceso de componentes externos a las cadenas norteamericanas.

La siguiente fecha a observar será el 28 de septiembre en Washington.

Ahí deberá comenzar a verse si los entendimientos alcanzados directamente entre los dos presidentes pueden convertirse en compromisos comerciales concretos.

RL
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