La funcionaria estatal y coordinadora panista en San Juan del Río presentó a Ninfa Salinas como una mujer de “convicciones” con quien comparte ideas. La fotografía no es inocente: conecta su proyecto político con una familia que promueve la “batalla cultural”, combate al Estado social y articula redes internacionales de ultraderecha.
Por Rodrigo Vissuet
Una fotografía puede ser cortesía. Una publicación acompañada de las palabras “compartir ideas y visión” es otra cosa: constituye una definición política.
Tania Ruiz Castro, directora de Proyectos Regionales del Gobierno de Querétaro y coordinadora de la estructura panista “Cuidar Querétaro” en San Juan del Río, eligió presentar públicamente a Ninfa Salinas Sada como una mujer “IMPARABLE”, de “liderazgo, carácter y convicciones”.
“Las mujeres que inspiran no solo abren caminos, también impulsan a otras a recorrerlos”, escribió Ruiz Castro. Después agregó una frase decisiva: había sido un gusto “compartir ideas y visión” con la hija de Ricardo Salinas Pliego.
El mensaje apareció mientras Ruiz construye su posicionamiento rumbo a la presidencia municipal de San Juan del Río. Todavía no existe una candidatura formal, pero su designación partidista, su activismo territorial y el respaldo público recibido desde el poder estatal la colocan dentro de la sucesión.
Por eso la fotografía importa. No muestra únicamente con quién se reunió, sino el horizonte político que decidió elevar como inspiración.
Ninfa Salinas no representa un empresariado neutral
Reducir a Ninfa Salinas a “una mujer empresaria” ocultaría la mitad de la historia. Fue diputada federal y senadora por el Partido Verde, ocupa posiciones directivas dentro de Grupo Salinas y preside el consejo de Fundación Azteca. Es una figura con experiencia política, recursos empresariales, plataformas mediáticas y capacidad para articular organizaciones.
Su trayectoria legislativa está documentada por el Sistema de Información Legislativa. Su papel ideológico es todavía más revelador.
Ninfa Salinas formó parte del comité organizador de la reunión regional de la Mont Pelerin Society celebrada en México en marzo de 2025. El encuentro fue auspiciado por Caminos de la Libertad, perteneciente a Grupo Salinas, y reunió a exponentes del neoliberalismo internacional, organizaciones vinculadas con Atlas Network y representantes de la derecha radical iberoamericana.
La Fundación Atlas la identificó expresamente como integrante del comité organizador. Una investigación periodística documentó la presencia de redes próximas a Vox y de organizaciones dedicadas a extender por América Latina la agenda económica, cultural y política de la nueva extrema derecha.
Ninfa no fue una invitada accidental. Ayudó a organizar la cumbre.
Tampoco es casual el lenguaje adoptado por Fundación Azteca bajo su presidencia. En su informe correspondiente a 2025, la organización declaró haber iniciado una “batalla cultural” por “la mente y el espíritu” de la juventud mexicana.
El documento afirma que “la prosperidad no se regala, se gana” y propone formar una generación que “no espere que otros resuelvan sus problemas”.
Detrás de esas frases aparentemente motivacionales existe una concepción política reconocible: la desigualdad deja de entenderse como resultado de estructuras económicas, salarios insuficientes, concentración de riqueza o privilegios fiscales, y pasa a explicarse como responsabilidad individual. Si alguien no prospera, el problema ya no sería el sistema, sino su falta de esfuerzo.
Es el lenguaje caritativo del neoliberalismo: ayuda selectiva en lugar de derechos universales; filantropía empresarial en lugar de Estado social; historias individuales de éxito para ocultar las condiciones colectivas de explotación.
Una fundación puede entregar apoyos. Lo que no puede hacer es sustituir el derecho a la salud, la educación, la vivienda, el salario digno, la seguridad social y la participación política.
Ricardo Salinas: quitarles el voto a quienes reciben apoyos
El contenido más brutal de ese proyecto lo ha expresado Ricardo Salinas Pliego sin intermediarios.
En marzo de 2026, el propietario de Grupo Salinas propuso que las personas beneficiarias de programas sociales no pudieran votar. La posición fue difundida en sus redes y documentada por diversos medios.
No se trata de una ocurrencia pintoresca. Es una propuesta para condicionar un derecho político fundamental a la situación económica de cada ciudadano.
El artículo 35 de la Constitución reconoce el derecho de la ciudadanía a votar. El Instituto Nacional Electoral recuerda que el sufragio debe ser universal, libre, secreto, directo, personal e intransferible. El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos obliga a garantizar elecciones mediante sufragio universal e igual.
Quitarles el voto a quienes reciben una pensión, beca, apoyo por discapacidad o ayuda social significaría construir una democracia censitaria: una sociedad donde el dinero público no se concibe como derecho de quienes lo necesitan, pero la riqueza privada sí pretende convertirse en requisito para decidir el rumbo del país.
Es la idea de que los pobres pueden trabajar, consumir, endeudarse y pagar intereses, pero deberían callar cuando llega el momento de votar.
Esa propuesta coloca a Ricardo Salinas fuera del liberalismo democrático convencional. Restringir el sufragio por condición económica pertenece al repertorio histórico del autoritarismo clasista.
Tania Ruiz decidió describir como fuente de inspiración a una de las principales dirigentes del grupo familiar y empresarial desde el cual se difunde esa agenda. Por ello, la pregunta ya no es si la fotografía fue “personal”: la propia funcionaria declaró que compartieron ideas y visión.
¿Cuáles?
Desigualdad, trabajadores y “zurdos” en las alcantarillas
La posición contra el voto de los beneficiarios sociales no es una excepción. Forma parte de una secuencia.
Ricardo Salinas ha sostenido que la desigualdad es normal y llegó a declarar: “Somos iguales solamente en la cárcel».
También calificó la reducción de la jornada laboral a 40 horas como una ley “pendeja” y “queda bien”, una descalificación dirigida contra una de las demandas históricas de la clase trabajadora mexicana.
Su vocabulario político resulta todavía más transparente cuando se refiere a sus adversarios. Antes de reunirse con Javier Milei afirmó que había que regresar a los “zurdos de mierda” a “las alcantarillas”.
En octubre de 2025 endureció la misma narrativa: “Es hora de sacar a los zurdos de mierda y mandarlos a chingar a su madre”.
El objetivo no es debatir con la izquierda, sino expulsarla simbólicamente del espacio público. No propone confrontar ideas, sino degradar a millones de personas hasta convertirlas en basura política.
Esa deshumanización es parte de la mecánica de la extrema derecha: primero se presenta a un sector como parásito, ignorante, criminal o indigno; después se normaliza la posibilidad de reducir sus derechos.
A los pobres, quitarles el voto. A los trabajadores, negarles tiempo de descanso. A la izquierda, devolverla a las alcantarillas. A la desigualdad, tratarla como una condición natural.
No son frases inconexas. Son un programa.
El empresario que cuestiona los apoyos y litigó durante años sus impuestos
La contradicción alcanza una dimensión pública cuando se revisa la historia fiscal de Grupo Salinas.
En marzo de 2024, el Gobierno federal informó que el conglomerado enfrentaba 17 litigios fiscales por 53 mil millones de pesos y que, al incorporar otros asuntos, el monto alcanzaba 63 mil millones. Más del 90% estaba relacionado con el antiguo régimen de consolidación fiscal, según la información oficial presentada por el SAT.
Después de resoluciones judiciales, en enero de 2026 el grupo acordó pagar 32 mil 132 millones 897 mil 658 pesos. Entregó inicialmente 10 mil 400 millones y el resto quedó dividido en 18 parcialidades, conforme a la tarjeta informativa del SAT.
La imagen política es difícil de ignorar: el empresario que propone retirarles el voto a quienes reciben recursos públicos mantuvo durante años disputas por obligaciones fiscales indispensables para financiar escuelas, hospitales, pensiones, carreteras y servicios.
Para las mayorías, la asistencia pública sería dependencia. Para el gran capital, litigar durante años el pago de impuestos es presentado como defensa empresarial.
Ese doble rasero constituye el corazón del proyecto: disciplina para quienes viven de su trabajo; tolerancia para quienes concentran riqueza y poder mediático.
Venezuela: el silencio sobre la soberanía también es una posición
La orientación ideológica de Tania Ruiz también aparece en lo que elige omitir.
Después de la intervención militar estadounidense en Venezuela, difundió un mensaje sobre paz, instituciones y derechos humanos. Deseó que Venezuela volviera a “brillar con dignidad, esperanza y futuro”.
No condenó la acción de Estados Unidos. No habló de invasión, soberanía, autodeterminación ni prohibición del uso de la fuerza. No identificó al país que ejecutó la operación militar.
México sí lo hizo.
La Secretaría de Relaciones Exteriores condenó y rechazó enérgicamente las acciones militares unilaterales de Estados Unidos y las calificó como una violación clara del artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas.
La presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo después que “la soberanía y la autodeterminación de los pueblos no son opcionales ni negociables” y recordó que las intervenciones extranjeras nunca han llevado democracia, bienestar ni estabilidad a América Latina. Su posicionamiento oficial fue inequívoco: cooperación sí; subordinación e intervención, no.
Frente a una agresión militar, esconder al agresor detrás de palabras genéricas como paz y futuro no constituye neutralidad. Es borrar del relato la relación de poder que explica los hechos.
La derecha latinoamericana suele invocar la democracia para legitimar el intervencionismo estadounidense, pero guarda silencio cuando Washington vulnera la soberanía de otro país. Tania Ruiz escogió ese lenguaje: habló de las consecuencias sin nombrar la intervención.
¿Qué proyecto llevaría Tania Ruiz a San Juan del Río?
San Juan del Río no está eligiendo todavía entre candidaturas oficiales, pero sí comienza a conocer las referencias ideológicas de quienes buscan gobernarlo.
Tania Ruiz combina actualmente un cargo en el Gobierno de Querétaro con una responsabilidad política dentro de la estructura territorial del PAN. Esa doble condición vuelve indispensable conocer si el encuentro con Ninfa Salinas tuvo carácter privado, partidista o institucional; quién cubrió traslados y gastos; qué agenda se discutió y si participó personal pagado con recursos públicos.
También obliga a responder preguntas de fondo:
¿Comparte Tania Ruiz la propuesta de quitarles el voto a quienes reciben programas sociales?
¿Considera que las pensiones, becas y apoyos públicos generan dependencia?
¿Respalda la “batalla cultural” promovida por Fundación Azteca?
¿Está de acuerdo con la reducción de la jornada laboral y el fortalecimiento del salario?
¿Defiende la soberanía latinoamericana frente al intervencionismo de Estados Unidos?
¿Concibe a la ciudadanía como titular de derechos o como beneficiaria de la filantropía empresarial?
¿Su proyecto municipal gobernaría para comerciantes, trabajadores, comunidades y colonias populares, o convertiría San Juan del Río en una plataforma de intereses económicos y redes conservadoras nacionales?
Tania Ruiz tiene derecho a reunirse con Ninfa Salinas. Pero cuando una funcionaria que construye una candidatura afirma compartir “ideas y visión” con una dirigente empresarial y política, la sociedad tiene derecho a examinar esas ideas.
La fotografía abrió una puerta que ya no puede cerrarse con frases de motivación personal.
En la antesala de 2027, Tania Ruiz decidió mostrar hacia dónde mira. Y su mirada no apunta al San Juan del Río de quienes viven de su trabajo, esperan una pensión, necesitan una beca o defienden los servicios públicos. Apunta hacia una familia que ha convertido el poder económico, televisivo y digital en una ofensiva contra la izquierda, el Estado social y la igualdad política.
La pregunta para San Juan del Río es si quiere ser gobernado desde sus barrios y comunidades o desde la órbita ideológica de Grupo Salinas.




