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El Legado de los Pañuelos: Medio siglo de una genealogía de resistencia en América Latina

Lo que comenzó el 24 de marzo de abril de 1976 como un acto de desesperación individual frente a la sede del Poder Ejecutivo argentino, se ha consolidado, 50 años después, como el movimiento de derechos humanos más longevo y sofisticado de la región. La marcha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo no es solo una efeméride; es la columna vertebral de una nueva forma de organización social que ha redefinido la participación política de las mujeres en América Latina.

La politización del ámbito privado

La dictadura cívico-militar iniciada en 1976 implementó un plan sistemático de desaparición forzada que, según registros de organismos internacionales, alcanzó las 30,000 víctimas. En un contexto de supresión total de garantías individuales, un grupo de catorce mujeres —originalmente calificadas por el régimen como “las locas”— rompió el cerco informativo.

Ante la prohibición de reuniones públicas, estas mujeres utilizaron el recurso de la “ronda”: caminar de dos en dos alrededor de la Pirámide de Mayo. El uso del pañuelo blanco, confeccionado con la tela de los pañales de sus hijos, no fue un accesorio aleatorio, sino una poderosa herramienta de comunicación no verbal que trasladó el dolor del ámbito doméstico al espacio político global.

Innovación y Justicia: El aporte científico

La labor de las Abuelas de Plaza de Mayo trascendió la protesta de calle para incursionar en la vanguardia científica. Ante la apropiación ilegal de aproximadamente 500 niños nacidos en cautiverio, el movimiento impulsó la creación del Índice de Abuelidad.

Este método, basado en el análisis del ADN mitocondrial, permitió establecer filiaciones en ausencia de la generación intermedia (los padres desaparecidos). Hasta marzo de 2026, el Banco Nacional de Datos Genéticos ha logrado la restitución de 140 identidades. Este avance no solo permitió resolver casos criminales, sino que sentó las bases del “Derecho a la Identidad” en la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño de la ONU.

La mujer como eje de los movimientos sociales en LATAM

Desde una perspectiva sociopolítica, el fenómeno de las Madres y Abuelas marca un antes y un después en la estructura de los movimientos sociales latinoamericanos. La transición de “víctima” a “sujeto político” ha servido de hoja de ruta para otras organizaciones contemporáneas en la región.

A cinco décadas del golpe, la organización de mujeres en Latinoamérica se erige como el contrapeso más sólido frente a las derivas autoritarias. Mientras los discursos negacionistas intentan reinterpretar los hechos documentados como “excesos de guerra”, la institucionalización de la memoria por parte de estos movimientos garantiza que la justicia no dependa de la voluntad política en turno, sino de la vigilancia ciudadana organizada.

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Política con “A”: El tiempo de las mujeres no es una concesión, es nuestra historia

La política en México ha dejado de ser un sustantivo masculino para conjugarse en femenino. No es casualidad, es causalidad. Hoy, una Presidenta Claudia Sheinbaum encabeza el Ejecutivo con una aprobación que supera el 79%, no por azar, sino por la ejecución de un plan de gobierno que entiende la capilaridad social: desde el contenido viral que conecta con las juventudes hasta la gestión masiva que marca la agenda digital.

A ratos, lo viral parece trivial frente a la complejidad del país, pero en la era de la inmediatez, la narrativa es territorio. La agenda política se construye en cada clic, en cada debate y en cada suceso que inunda nuestras pantallas.

Inteligencia política frente a la inercia

La política no se detiene; se ejerce con rigor, pero no siempre con estrategia. Hoy, más que nunca, la ciudadanía está ávida de una inteligencia política real. No basta con militar o legislar; el verdadero reto es mover las piezas del tablero para que el proyecto político responda a una transformación de fondo, y no solo a un cambio de siglas.

Mientras las famosas “corcholatas” abundan y algunos nombres saltan de un partido a otro buscando el interés personal bajo el viejo proverbio del oportunismo, el pueblo —que es sabio— observa. Sabemos quién es quién. Por eso, más allá de repetir los nombres de siempre, es momento de nombrar a las que han sido omitidas.


San Juan del Río: De la inercia a la esperanza

San Juan del Río vive un momento crítico. Lo que antes llamaban “la joya de la corona” hoy parece una corona vacía. Estamos ante un gobierno que carece de empatía social, una administración que no ha sabido estar a la altura de la bondad de su tierra y de su gente.

La política actual en San Juan no comprende que los problemas se resuelven desde el territorio y que la prosperidad, para ser real, debe ser compartida. Si el gobierno actual no entiende el sentido social, ¿quién lo hará?

“Nombrarnos a nosotras significa entender que la Transformación no es solo un párrafo en los libros de texto, sino una realidad en el presente.”

Si llega una, llegamos todas

La respuesta está en la sustancia de lo femenino. Es hora de dar paso a las mujeres que entiendemos las jornadas multiplicadas, que escuchamos las inquietudes de las nuevas generaciones y que poseemos la fortaleza para sostener a quienes nos precedieron.

En el tablero nacional y local, las piezas se perfilan con claridad:

  • Trayectoria y compromiso: Mujeres que desde San Lázaro cimentaron el proyecto de la 4T junto a Andrés Manuel López Obrador.

  • Consolidación: Liderazgos que hoy, desde el Senado, construyen el “segundo piso” de la transformación de la mano de la presidenta Claudia Sheinbaum.

No se trata solo de ocupar espacios, sino de transformarlos en forma y fondo. Cuando hablamos en colectivo, el mensaje es claro: si llega una, llegamos todas. Estamos aquí para hacer política con “A”, para gobernar con el corazón en el pueblo y la mirada en el futuro.

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Es tiempo de mujeres

Es una mañana de jueves, como cada mañana, y como miles de mujeres, estoy inmersa en una de las tantas jornadas que asumimos como madres y responsables de cuidados. Entre ellas, el acompañamiento a nuestras hijas e hijos. Como cada jueves, desde que la presidenta de México tomó el foro de comunicación más importante del país, me dispongo a escuchar La Mañanera del Pueblo.

Día tras día, observo el poder que la presidenta erige para todas las mujeres. Escucho sus palabras: “Es tiempo de mujeres”, y entonces todo cobra sentido. A través de los relatos que resuenan en Palacio Nacional, la historia de aquellas que fueron silenciadas por generaciones vuelve a emerger con fuerza.

Cada mañana, en este gran podcast matutino, se narran las vivencias de mujeres indígenas, de las combatientes de la Revolución, de aquellas que no pudieron elegir con quién casarse pero sí decidieron pelear por su patria. Mujeres que escribieron poesía, que lucharon por todas. Escuchamos la historia de Elvia Carrillo Puerto, quien logró que las mujeres fuéramos reconocidas como sujetas de elección, y junto a ella, el eco de muchas más que marcaron el camino. Y entonces, me vuelvo consciente de una verdad irrefutable: llegamos todas y llegamos juntas.

El sendero de la historia, el presente y el futuro se despliega ante nosotras. Pero en ese andar, seremos insistentes en visibilizar la narrativa de quienes intentan borrarnos y violentarnos. En el quehacer político y social, continúan llamándonos “feminazis”, como recientemente lo hizo un periódico nacional que, con un cartón burdo y ofensivo, intentó satirizar nuestro movimiento. Pero no, una disculpa no basta.

La política se mueve a la velocidad del planeta: estrepitosa y fugaz. Es 2025, pero los aspirantes a los “encargos” actúan como si estuvieran en la recta final de la campaña electoral de 2027. Abrazan, comen en la calle e… invisibilizan a las mujeres. “Los” presidenciales se regodean como gallitos, pretendiendo ser los elegidos en la granja. Pero esperen, que ya lo dijo la presidenta hace unos días a propósito de la Ley Antinepotismo: qué mal y qué indigno se vería convertir una aspiración individual en un espejo donde solo se refleje la hipotenusa (como dice la chaviza) de decir que ‘están con la presidenta porque es tiempo de mujeres’.

Compañeros, compañeras, compañeres, colegas… No seamos ingenuos. Sería absurdo pensar que las mujeres no podemos gobernar un municipio, un estado o un país. Hoy vemos a una mujer con cabeza fría y paciencia, desmantelando los estereotipos del machismo naranja, no solo en un tablero mundial, sino demostrando (sin necesidad) que las mujeres sabemos gobernar.

La brújula de la historia nos lo marca, y hacia allá vamos. Porque, efectivamente… es tiempo de mujeres.