Por Sofía Peña, periodista de negocios LYP
Hay una cuenta que explica el futuro industrial de Querétaro mejor que cualquier anuncio de inversión, y cabe en dos cifras. La primera: el estado tiene 186 megawatts de capacidad instalada en centros de datos, la mayor concentración del país. La segunda: solo 18 de los centros de datos que ya operaban en la entidad habían solicitado al CENACE —el operador de la red nacional— 540 megawatts de potencia.
Casi el triple de lo que hay instalado. Y esa solicitud no incluye los proyectos que siguen anunciándose.
Esta es la revisión de qué tan real es ese techo, qué está construyendo la CFE para levantarlo y por qué el fracking que se discutió la semana pasada en Palacio Nacional no es la respuesta, aunque a primera vista lo parezca.
Lo que Querétaro construyó
El estado no llegó aquí por accidente. Su corredor tecnológico atrajo más de 15,000 millones de dólares en inversiones en los últimos cuatro años, ocupa el sexto lugar en América en infraestructura de colocación digital y el decimocuarto a nivel mundial en capacidad energética destinada a este segmento. Los 186 megawatts instalados lo colocan como el centro neurálgico de la infraestructura digital mexicana.
Conviene señalar una imprecisión que circula: las cifras sobre qué porcentaje del mercado nacional concentra Querétaro varían entre 65% y 80% según la fuente y la metodología —capacidad instalada, oferta de colocación o número de instalaciones no son lo mismo—. Cualquiera de esas cifras confirma el liderazgo, pero no son intercambiables.
Lo que no varía es la aritmética de la demanda. Y ahí es donde aparece la tensión.
Lo que la CFE ya conectó este año
La respuesta de la Comisión Federal de Electricidad no ha sido retórica. Hay obra energizada y fechada.
21 de marzo de 2026, Colón. La CFE modernizó el equipo de la Subestación San Ildefonso, con lo que la línea de 115,000 volts que conecta la subestación El Sauz con San Ildefonso aumentó su capacidad de transmisión de 140 a 180 megawatts. Cuarenta megawatts adicionales para el Centro-Bajío, en el municipio donde se concentra buena parte del desarrollo industrial reciente del estado.
4 de julio de 2026, Querétaro. Quedó energizada la Línea Particular de 400,000 volts que conecta la Subestación Querétaro Potencia con el Parque Industrialix, destinada a suministrar al centro de datos O’DATA, con una carga contratada de 150 megawatts. La obra forma parte de los proyectos instruidos a la compañía Ammper y se documentó en el boletín CFE-BP-117/vf.
Sobre este último dato hay una precisión que conviene hacer, porque se replicó con error en varias coberturas: el boletín consignó la carga como «150,000 Watts», cifra que equivale a 0.15 megawatts y que sería absurda para un centro de datos. La lectura correcta —confirmada por reportes especializados del sector— es 150 megawatts. El detalle importa porque la diferencia entre ambas cifras es de mil veces.
Solo esas dos obras suman 190 megawatts de capacidad incorporada durante 2026. Más que todo lo instalado en data centers hasta ahora.
Lo que viene en el papel
Los proyectos de media y alta tensión que la CFE contempla para el entorno de Querétaro —nuevas líneas y subestaciones— añadirían hasta 800 megawatts adicionales de capacidad de transmisión una vez operados. A escala nacional, el plan de la comisión incluye más de 6,500 kilómetros de líneas nuevas al 2030.
Hay además un proyecto privado de gran escala en marcha: una inversión superior a los 3,000 millones de dólares que aspira a ofrecer hasta 300 megawatts de capacidad de TI para hiperescalares y grandes proveedores cloud, apoyado en expansiones de subestaciones y líneas que ya permitieron energizar 200 megawatts, con la mira puesta en 400 en fases posteriores.
Puestos los números en orden: 540 megawatts solicitados contra 800 megawatts planeados. En el papel, la cuenta cierra. El problema no es la suma; es el calendario y el nivel de voltaje donde ocurre el cuello de botella.
Por qué el fracking no resuelve esto
La semana pasada, el 6 de agosto, el Comité Científico sobre Soberanía Energética y Yacimientos de Gas Natural No Convencional —54 especialistas convocados desde abril, con participación de investigadores de la UNAM— presentó en la conferencia matutina diez recomendaciones sobre la extracción de gas mediante fracturación hidráulica. La lectura pública fue inmediata: varios titulares afirmaron que la presidenta había avalado el fracking.
Conviene precisar tres cosas, porque de ellas depende si esto tiene o no relación con la energía que necesita Querétaro.
Primero: no hay autorización. Claudia Sheinbaum señaló expresamente que el gobierno no ha tomado una decisión para autorizar la explotación de gas mediante esta técnica, y que la etapa corresponde únicamente a la evaluación científica y técnica de los yacimientos. Se comprometió a publicar los estudios en un micrositio y a informar avances cada dos meses; el siguiente reporte sería en octubre, y primero se determinará si en las zonas señaladas existe agua salada para iniciar los procesos. Reuters, citando cuatro fuentes familiarizadas con las discusiones, reportó que Pemex podría iniciar proyectos piloto tan pronto como en septiembre de 2026.
Segundo: la geografía no coincide. Las zonas recomendadas son la Cuenca de Burgos, en Tamaulipas, y la cuenca Sabinas-Burro-Picachos, en Coahuila y Nuevo León. Están a más de 700 kilómetros de Querétaro.
Tercero, y decisivo: es gas, no electricidad. El objetivo declarado es reducir la dependencia del gas natural importado desde Estados Unidos, un tema de soberanía energética y de balanza comercial. Para que ese gas se convierta en electricidad disponible en un parque industrial queretano tendría que atravesar toda la cadena: extracción, procesamiento, transporte por ducto, generación en centrales de ciclo combinado y transmisión. Son años, y cada eslabón es una obra distinta.
Pero hay una razón más específica por la que no aplica, y la explicó bien el sector inmobiliario industrial: el problema de Querétaro no es de generación, es de distribución. Rodrigo Villaseñor, socio fundador de SITE Solución Inmobiliaria, ha señalado que el estado recibe múltiples líneas de alta tensión por su ubicación en el centro del país, lo que garantiza disponibilidad en ese nivel; el cuello de botella está en la media tensión, que es justamente donde se conectan los parques industriales.
Es decir: aunque mañana hubiera gas de sobra y generación adicional, la restricción seguiría en el último tramo. Más generación no descongestiona una red de distribución saturada. Eso se resuelve con subestaciones y líneas nuevas —exactamente lo que la CFE está construyendo—, no con pozos en Coahuila.
Conviene registrar, además, que la discusión sobre fracking está lejos de cerrarse: el 16 de junio, 178 especialistas de México y otros catorce países publicaron un pronunciamiento advirtiendo impactos acumulativos sobre agua, salud y clima, y una treintena de organizaciones encabezadas por la Alianza Mexicana contra el Fracking rechazó el anuncio recordando el compromiso 87 de campaña. Es un debate abierto, con implicaciones hídricas serias en una región del país que ya enfrenta estrés por agua.
La pregunta que sí importa para Querétaro
Si los 800 megawatts planeados cubren en el papel los 540 solicitados, la variable crítica deja de ser cuánta capacidad se anuncia y pasa a ser cuándo se energiza y en qué nivel de voltaje.
Las dos obras de este año dan una referencia útil. La modernización de San Ildefonso sumó 40 megawatts a una línea de 115 kV. La línea de O’DATA entregó 150 megawatts, pero lo hizo a 400 kV y como línea particular, es decir, construida para un cliente específico y de escala hiperescalar. Ese modelo funciona para quien puede pagar una acometida dedicada en alta tensión. No resuelve al proveedor de autopartes que necesita conectarse en media tensión dentro de un parque ya existente.
Ahí está la tensión de fondo que ningún anuncio de megawatts resuelve por sí solo: la infraestructura que se está construyendo atiende primero a quien llega con capital para financiar su propia conexión. La red compartida —la que usan las PyMEs y la manufactura tradicional— avanza a otro ritmo.
Por qué importa para las empresas
Para cualquier empresa que evalúe instalarse o expandirse en Querétaro, este cuadro cambia la pregunta operativa. No es si hay energía en el estado —la hay, y se está sumando—, sino a qué nivel de voltaje, en qué corredor y con qué plazo comprometido por escrito.
Para los sectores de manufactura tradicional, autopartes y proveeduría especializada, hay un elemento de competencia que conviene tener presente: están disputando capacidad de red con centros de datos cuya solicitud individual puede equivaler al consumo de un parque industrial completo. Esa competencia no es hipotética; ya está registrada en las solicitudes al CENACE.
Para el sector inmobiliario industrial y los desarrolladores, la conclusión operativa es que la capacidad eléctrica dejó de ser un servicio y se convirtió en un activo diferenciador. Quien tiene subestación propia o acometida dedicada tiene un producto distinto al de quien depende de la red compartida, y eso debería reflejarse en el precio y en el contrato.
Y para quien está haciendo planeación de mediano plazo: el fracking no debe entrar en el modelo. No hay decisión tomada, no hay calendario, la geografía no corresponde y el mecanismo de transmisión a la red queretana no está definido. Cualquier supuesto que dependa de esa vía es especulación.
La pregunta para el consejo directivo
Su proyecto en Querétaro, ¿requiere conexión en alta tensión con acometida dedicada, o depende de la red de media tensión compartida? Y si es lo segundo, ¿tiene un plazo de energización comprometido por escrito o solo una confirmación verbal de disponibilidad?
Querétaro quiere ser la capital de la nube en México y tiene argumentos para lograrlo: la infraestructura instalada, la inversión atraída y la posición geográfica están ahí. Lo que decide el desenlace no es la ambición, sino una cuenta que se resuelve subestación por subestación. Dieciocho centros de datos ya pidieron casi el triple de lo que todo el estado tiene conectado. La CFE está construyendo la respuesta. La pregunta que ninguna cifra contesta todavía es si va a llegar al ritmo que la demanda ya comprometió.



