Baja la inflación

La inflación más baja en cinco años y el crédito que no se abarata: el 3.95% que casi nadie leyó

Por Redacción LYP / Negocios

El titular era irresistible y circuló solo: la inflación en México cayó a 3.10% anual, su nivel más bajo desde diciembre de 2020. Es un dato real, verificado y celebrable. Pero si un director financiero leyó esa cifra y concluyó que el crédito está por abaratarse en los próximos meses, conviene que revise el resto del boletín. Porque en el mismo documento, el INEGI publicó otro número que apunta exactamente en dirección contraria, y que explica por qué Banxico va a seguir donde está.

La cifra que se leyó y la que no

En la primera quincena de julio de 2026, el Índice Nacional de Precios al Consumidor alcanzó un nivel de 145.091 puntos, con un aumento de apenas 0.07% respecto a la quincena previa —contra 0.15% en el mismo periodo de 2025—. Con eso, la inflación general anual se ubicó en 3.10%, octava quincena consecutiva de desaceleración y por debajo incluso del 3.12% que anticipaban los analistas.

Hasta ahí, la nota que publicó todo el mundo. Lo que casi no se reportó es la composición. Según el boletín del INEGI, el índice subyacente registró un aumento anual de 3.95%, mientras que el no subyacente creció apenas 0.21%. Un año antes, esas cifras eran 4.25% y 1.24%, respectivamente.

Léalo otra vez, porque el detalle no es menor: la inflación subyacente está por encima de la inflación general. No es un matiz técnico, es una inversión que cambia por completo la lectura del dato.

Por qué esa inversión lo cambia todo

El índice subyacente excluye los bienes y servicios con alta volatilidad o cuyos precios no responden a condiciones de mercado. Es decir, deja fuera frutas, verduras, productos agropecuarios, energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno. Es la medida que los bancos centrales usan para distinguir entre una baja de precios estructural y una baja coyuntural que puede revertirse en cualquier momento. Banxico vigila la subyacente, no el titular.

Y lo que la composición de julio revela es que prácticamente toda la desaceleración del índice general vino del componente volátil. A tasa quincenal, el no subyacente descendió 0.23%: los precios de frutas y verduras cayeron 1.50%, con el jitomate como el producto que más contuvo el índice, con una baja de 13.18%. En sentido opuesto, y por temporada vacacional, el transporte aéreo subió 12.44%.

Traducido: la inflación en México bajó a mínimos de cinco años, en buena medida, porque hubo buena cosecha.

El otro factor que casi nadie conectó

Hay un segundo componente dentro del índice no subyacente que merece atención especial: los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno crecieron apenas 0.03% quincenal. Esa cifra, prácticamente plana, no es casualidad ni resultado de las condiciones del mercado internacional. Es el reflejo estadístico de una decisión de política pública.

El gobierno federal mantiene un acuerdo con los empresarios gasolineros para conservar la gasolina Magna en 23.99 pesos por litro, sostenido con estímulos fiscales al IEPS que, de acuerdo con lo informado por la propia presidencia, ya suman 20,000 millones de pesos. Es decir: mientras el crudo internacional se sacudía por la crisis del Estrecho de Ormuz, el componente energético del índice de precios mexicano se mantuvo prácticamente inmóvil porque el Estado está pagando la diferencia.

Dicho de otro modo, una parte del 3.10% que se celebró la semana pasada está financiada con recursos públicos. Y ese subsidio, como advirtió Fitch Ratings, tiene un costo fiscal creciente y una duración que nadie ha garantizado.

La buena noticia que sí es estructural

Sería injusto quedarse solo en la advertencia, porque hay una mejora real en el dato y conviene reconocerla con la misma precisión. La inflación subyacente viene cayendo de forma sostenida a lo largo del año: fue de 4.47% en la primera quincena de enero, 4.27% en la primera de abril, 4.12% en la primera de junio y ahora 3.95%. Es la primera vez en el año que rompe el umbral del 4%, el límite superior del rango de tolerancia de Banxico, cuyo objetivo permanente es de 3% con un margen de un punto porcentual.

Eso significa que el componente estructural de los precios sí está cediendo. Pero lo hace lentamente, y a 3.95% sigue instalado en el borde superior del rango, no en el centro del objetivo.

Por qué Banxico no va a moverse

Con ese cuadro, la decisión del banco central se explica sola. Banxico mantuvo la tasa de referencia en 6.50% en su reunión más reciente y señaló que hacia adelante sería apropiado conservarla en ese nivel, tras un largo periodo de recortes. La encuesta más reciente de Citi confirma que la mayoría de los especialistas no anticipa cambios en la política monetaria ni en 2026 ni en 2027, con la tasa de fondeo esperada en 6.50% para el cierre de ambos años. Analistas del sector señalan además que el nivel actual de la tasa objetivo se ubica dentro del rango estimado de neutralidad, y que un panorama todavía retador para la inflación, sumado al riesgo de estrechar demasiado el diferencial frente a la Reserva Federal, hacen suponer que no habrá ajustes en lo que resta del año.

Ese último punto se vuelve especialmente relevante hoy: la Fed sesionó ayer y anuncia su decisión de política monetaria esta tarde. Cualquier movimiento que estreche el diferencial de tasas entre México y Estados Unidos presiona al peso y reduce todavía más el margen de maniobra de Banxico, con independencia de lo que digan los precios del jitomate.

Por qué importa para las empresas

Para cualquier dirección financiera, la conclusión operativa es directa: el costo del dinero en México no va a bajar en el horizonte que anticipa el mercado. Una empresa que haya construido su plan de financiamiento del segundo semestre —o su presupuesto de 2027— asumiendo que la caída de la inflación general se traduciría en recortes de tasa está trabajando con un supuesto que ni Banxico ni el consenso de analistas respaldan.

Hay un segundo efecto, menos evidente. Con la inflación general en 3.10% y la tasa de referencia en 6.50%, la tasa real ronda los 3.4 puntos porcentuales. Es un nivel restrictivo, que encarece el crédito empresarial en términos reales justo cuando el crecimiento económico se proyecta débil. Para empresas apalancadas o con planes de expansión que dependan de deuda, esa combinación —crédito caro y demanda floja— es el escenario que hay que modelar, no el de un ciclo de recortes que aún no aparece en ninguna proyección seria.

Y para las áreas de compras y planeación de costos: la estabilidad en el precio de los combustibles que hoy abarata sus operaciones es una decisión de política pública con costo fiscal creciente, no una condición de mercado. Conviene tener un escenario alternativo por si ese acuerdo se ajusta.

La pregunta para el consejo directivo

¿Su plan de financiamiento para lo que resta de 2026 y para 2027 asume un abaratamiento del crédito que ni Banxico ni el consenso de analistas están anticipando, y qué tan expuesta queda su estructura de costos si el tope a los combustibles deja de sostenerse?

Cierre

La inflación en México está en su nivel más bajo en más de cinco años. Es cierto, y es una buena noticia. Pero bajó porque hubo jitomate barato y porque el Estado está pagando por que la gasolina no suba. La inflación que Banxico vigila —la que sí depende de la estructura de la economía y no de la cosecha ni del presupuesto— está en 3.95%, apenas debajo del techo de tolerancia. Por eso la tasa se queda donde está. Y por eso el crédito de su empresa, también.

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Autor

  • Sofia Peña

    Turismo, tecnología y sustentabilidad son la pasión de Sofía Peña, experta en marketing digital y turismo inteligente. Con más de 15 años de experiencia, impulsa un turismo consciente y digitalmente innovador, ayudando a marcas a conectar con propósito y transformar la forma en que exploramos el mundo.

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