Por: Redacción de LYPmultimedios
Estado de México, 25 de julio de 2026.— Morena reunió durante tres días a jóvenes militantes de cuatro entidades para hablar de justicia social, democracia, organización y continuidad de la llamada Cuarta Transformación.
El encuentro puede ser una oportunidad para que nuevas generaciones comprendan la historia de los movimientos sociales, aprendan a organizar comunidades y participen con mayor preparación en la vida pública.
También puede convertirse en algo mucho más convencional: una escuela para aprender consignas, defender decisiones tomadas por las dirigencias y reproducir verticalmente el discurso oficial.
La diferencia dependerá de una pregunta que no aparece en el boletín del partido:
¿Morena quiere formar jóvenes capaces de pensar y cuestionar, o cuadros disciplinados para comunicar lo que otros ya decidieron?
El tercer Campamento Nacional de Formación Política para Jóvenes Morena se desarrolla del 24 al 26 de julio en el Estado de México, con participantes de entre 18 y 29 años procedentes de Colima, Michoacán, Querétaro y la entidad anfitriona.
La dirigencia sostiene que el objetivo es impulsar nuevos liderazgos que fortalezcan la continuidad de los principios de la Cuarta Transformación.
La intención es legítima. Ningún movimiento político puede sobrevivir sin formación, debate y renovación generacional.
Pero la continuidad no debería confundirse con obediencia.
Tres días de conferencias, pero pocos datos públicos
De acuerdo con el comunicado, el programa incluye conferencias magistrales, mesas de trabajo, conversatorios, paneles, talleres y actividades de organización e intercambio de ideas.
La apertura estuvo encabezada por integrantes de la dirigencia nacional y estatal, entre ellos Ariadna Montiel Reyes, Carolina Rangel Gracida, Aarón Enríquez García, Camila Martínez Gutiérrez, Rafael Barajas Durán y Luz María Hernández Bermúdez.
Sin embargo, Morena no informó:
- Cuántas personas fueron convocadas.
- Cuántas acudieron por cada estado.
- Cómo fueron seleccionadas.
- Si se cubrieron traslados, alimentación y hospedaje.
- Cuánto costó el campamento.
- Qué instancia financió la actividad.
- Quiénes impartieron cada conferencia.
- Cuál fue el temario completo.
- Qué criterios garantizaron diversidad territorial, social y de género.
- Cómo se evaluarán sus resultados.
La ausencia de esta información no convierte por sí misma al encuentro en irregular.
Sí impide saber si se trata de una política sistemática de formación o de un evento de movilización y posicionamiento partidista.
Un campamento que pretende formar liderazgos debe comenzar por practicar la transparencia que exige a sus futuros cuadros.
Las juventudes son decisivas, pero participan menos
Las personas jóvenes constituyen uno de los grupos electorales más numerosos del país.
Durante el proceso federal de 2024, el INE calculó que cerca de 25 millones de integrantes del padrón tenían entre 18 y 29 años. Su peso podía definir elecciones, especialmente en contiendas cerradas.
Sin embargo, los estudios históricos del instituto han colocado a las personas de 19 a 29 años entre los sectores con menor participación electoral, en contraste con los niveles más altos observados entre personas adultas mayores.
Ese distanciamiento no necesariamente refleja apatía.
Muchas juventudes participan fuera de las estructuras partidistas: en colectivos feministas, movimientos ambientales, organizaciones estudiantiles, defensa de derechos humanos, activismo digital, causas laborales o redes comunitarias.
El problema puede estar menos en una supuesta indiferencia juvenil y más en partidos que todavía ofrecen espacios rígidos, jerárquicos y subordinados a liderazgos adultos.
El reto de Morena no consiste únicamente en convencer a los jóvenes para que se acerquen al partido.
También consiste en preguntarse qué debe cambiar dentro del partido para que deseen permanecer.
Formación política no es adoctrinamiento
Los estatutos de Morena reconocen la formación ética y política como una obligación para militantes y simpatizantes. Su Instituto Nacional de Formación Política debe desarrollar actividades de capacitación, investigación y divulgación.
La existencia de una escuela partidista puede elevar la calidad del debate público.
Una persona que aspira a gobernar debería comprender, entre otros temas:
- Constitución y división de poderes.
- Derechos humanos.
- Perspectiva de género.
- Finanzas públicas.
- Federalismo y municipalismo.
- Historia política de México.
- Organización comunitaria.
- Transparencia.
- Combate a la corrupción.
- Economía y desigualdad.
- Crisis ambiental.
- Comunicación pública y desinformación.
- Ética del servicio público.
Pero la formación pierde valor cuando la doctrina partidista sustituye el análisis.
Repetir “no mentir, no robar y no traicionar al pueblo” no garantiza que un militante comprenda cómo identificar un conflicto de interés, fiscalizar un presupuesto, denunciar violencia política o resistir una instrucción contraria a la ley.
Los principios necesitan convertirse en reglas, controles y conductas verificables.
De otro modo, corren el riesgo de transformarse en una identidad moral que el partido se atribuye a sí mismo, aunque algunos de sus integrantes actúen en sentido contrario.
¿Quién puede cuestionar dentro de Morena?
El comunicado señala que las y los asistentes compartirán una visión de justicia social y democracia.
La calidad del encuentro dependerá de si también pueden discutir las contradicciones del propio movimiento.
Una formación verdaderamente política tendría que permitir preguntas incómodas:
- ¿Cómo evitar que Morena repita las prácticas de los partidos que desplazó?
- ¿Cómo impedir que las candidaturas se repartan mediante grupos y acuerdos cupulares?
- ¿Qué hacer frente al nepotismo?
- ¿Cómo sancionar a militantes acusados de corrupción o abuso de poder?
- ¿Cómo garantizar que las encuestas internas sean transparentes?
- ¿Por qué algunos liderazgos cambian de partido sin compartir la historia del movimiento?
- ¿Cómo conciliar disciplina partidista con libertad de conciencia?
- ¿Qué ocurre cuando una decisión gubernamental afecta derechos o comunidades?
- ¿Puede un joven disentir públicamente sin quedar excluido?
Un movimiento democrático no forma militantes únicamente para defenderlo.
También los forma para corregirlo.
Si una persona joven aprende que cuestionar equivale a traicionar, no está recibiendo educación política. Está aprendiendo subordinación.
De asistentes a protagonistas
Morena presenta el campamento como un semillero de nuevos liderazgos.
La promesa de relevo generacional solo podrá tomarse en serio si existen rutas posteriores de participación.
Después del encuentro, las y los asistentes deberían conocer:
- Cómo incorporarse a órganos de decisión.
- Qué cargos pueden disputar.
- Cómo presentar propuestas.
- Cómo acceder a responsabilidades territoriales.
- Qué mecanismos protegen su participación.
- Cómo se distribuyen oportunidades entre grupos internos.
- Qué criterios se aplican para seleccionar candidaturas.
- Cómo evitar que la juventud funcione únicamente como brigada electoral.
Los partidos suelen convocar a jóvenes para tocar puertas, administrar redes sociales, colocar propaganda, organizar actos o defender gobiernos en internet.
Con menor frecuencia les permiten definir presupuestos, plataformas, candidaturas o posiciones políticas.
La inclusión no consiste en llenar una fotografía con personas menores de 30 años.
Consiste en compartir poder.
Querétaro y la disputa por 2027
La presencia de militantes queretanos da al encuentro una dimensión particular.
Querétaro se aproxima a un proceso electoral de alta competencia en 2027, con Morena intentando convertirse en una alternativa real frente al poder que Acción Nacional ha mantenido en el estado.
En ese contexto, la formación juvenil no es políticamente neutral.
Puede servir para preparar cuadros territoriales, fortalecer estructuras municipales, ampliar la afiliación y construir narrativas rumbo a la disputa por la gubernatura, alcaldías y Congreso local.
Eso forma parte de la actividad legítima de un partido.
Pero la juventud queretana no debería ser tratada únicamente como ejército electoral para proyectos ya definidos por figuras con mayor poder.
Quienes participan en Morena también tienen derecho a discutir:
- Acceso a vivienda.
- Precariedad laboral.
- Transporte público.
- Crisis hídrica.
- Educación superior.
- Violencia de género.
- Salud mental.
- Medio ambiente.
- Derechos digitales.
- Cultura.
- Desarrollo desigual entre la capital y los municipios.
Una organización que escucha a sus jóvenes puede descubrir una agenda distinta de la que producen sus dirigencias.
Una organización que únicamente los capacita para repetir mensajes termina desperdiciando su capacidad política.
Hablar de jóvenes sin escuchar sus problemas
El INE ha difundido investigaciones que muestran la falta de propuestas sustantivas dirigidas a las juventudes durante procesos electorales. Con frecuencia se les menciona como símbolo de futuro, innovación o energía, pero sus necesidades concretas quedan diluidas dentro de discursos generales. citeturn827228search3turn827228search5
La política mexicana suele romantizar a los jóvenes mientras les ofrece:
- Empleos con salarios insuficientes.
- Renta y vivienda inaccesibles.
- Jornadas extensas.
- Escasa seguridad social.
- Dificultades para independizarse.
- Violencia.
- Falta de atención psicológica.
- Educación desigual.
- Pocas oportunidades para decidir.
Un campamento partidista tendrá profundidad si conecta la formación ideológica con esas condiciones materiales.
La justicia social no puede enseñarse únicamente como episodio histórico o consigna electoral.
Debe discutirse desde la experiencia de una generación que estudia, trabaja y vive bajo condiciones distintas a las de quienes actualmente conducen los partidos.
“No mentir, no robar y no traicionar” también obliga a la dirigencia
Morena señala que el encuentro se desarrolla bajo tres principios: no mentir, no robar y no traicionar al pueblo.
El lema posee fuerza política porque sintetiza una expectativa ética.
También debe aplicarse de arriba hacia abajo.
“No mentir” exige información completa sobre procesos internos, padrones, encuestas, alianzas y decisiones.
“No robar” requiere controles patrimoniales, vigilancia del financiamiento y sanciones sin protección de grupo.
“No traicionar” implica que quienes llegan al poder no abandonen las causas sociales que justificaron su llegada.
Los jóvenes no deberían recibir esos principios como mandamientos que solo ellos deben obedecer.
Tienen derecho a utilizarlos para evaluar a sus dirigentes.
La formación política sería más honesta si enseñara no solo lealtad al proyecto, sino capacidad para exigir cuentas a quienes hablan en su nombre.
El riesgo de fabricar una nueva élite partidista
Todo programa de formación puede ampliar oportunidades.
También puede crear circuitos cerrados donde las dirigencias identifican, seleccionan y promueven a jóvenes afines.
Sin criterios transparentes, los campamentos pueden convertirse en espacios para construir relaciones, cercanía y padrinazgos que posteriormente influyan en cargos y candidaturas.
Por eso importa conocer cómo se seleccionó a las personas asistentes.
La convocatoria debe evitar que tengan ventaja:
- Familiares de funcionarios.
- Integrantes de grupos políticos dominantes.
- Personas con vínculos previos con las dirigencias.
- Militantes con mayores recursos para trasladarse.
- Jóvenes de zonas urbanas sobre comunidades rurales e indígenas.
El relevo generacional pierde sentido cuando cambia la edad de los cuadros, pero conserva las mismas redes de privilegio.
Un joven puede representar renovación biológica sin representar renovación política.
Morena necesita militantes, pero México necesita ciudadanía crítica
Los partidos tienen derecho a formar ideológicamente a sus integrantes. Esa tarea es parte de su vida interna y puede contribuir a profesionalizar la política.
Pero existe una tensión inevitable.
El partido busca cohesión.
La democracia necesita pensamiento independiente.
La formación de calidad debe enseñar a las personas a sostener convicciones sin renunciar a los hechos, reconocer errores, dialogar con adversarios y distinguir entre una crítica legítima y una campaña de desinformación.
También debe recordar que ningún partido, por popular que sea, equivale al pueblo completo.
Morena representa a una parte amplia de la sociedad mexicana.
No a toda.
Un militante democrático debe poder defender su proyecto sin descalificar automáticamente a quienes piensan distinto.
El examen comenzará después del campamento
El tercer Campamento Nacional puede convertirse en una inversión valiosa para la renovación política de Morena.
Pero tres días de actividades no forman por sí solos un liderazgo.
El resultado deberá observarse en lo que ocurra después:
- Cuántos jóvenes ingresan a espacios de decisión.
- Cuántas propuestas se incorporan al programa partidista.
- Cuántos proyectos comunitarios reciben seguimiento.
- Qué diversidad territorial alcanzan los órganos del partido.
- Cuántas mujeres y personas de grupos históricamente excluidos llegan a responsabilidades.
- Qué mecanismos existen para disentir.
- Cómo se evita el uso clientelar de la formación.
- Qué evaluación pública se presenta.
Morena puede enseñar la historia de la Cuarta Transformación.
Su desafío más difícil es formar a quienes serán capaces de continuarla sin convertirla en dogma, corregirla cuando se aparte de sus principios y disputar el poder sin reproducir los vicios que prometió superar.
El relevo generacional no consiste en preparar jóvenes para ocupar las mismas sillas.
Consiste en permitirles cambiar la manera en que se toman las decisiones.


