Más de 100 xhitases danzaron en la tercera edición del festival. La palabra, en otomí, significa ancestro
Por: Redacción de LYPmultimedios
San Juan del Río, Qro., 26 de octubre de 2026.— No basta con ponerse la máscara.
Quien quiere ser xhitá en La Valla pasa el año entero cumpliendo faenas comunitarias, organizando, acompañado por los mayores que deciden cuándo está listo. La máscara de madera tallada no se compra ni se presta: se gana.
Eso explicó Paulino Moreno Paz, coordinador de Festivaleando, en los días previos al tercer Festival de la Máscara de Palo, Danzas y Xhitases, Únicos y Diferentes, que la comunidad celebró el domingo en su campo de futbol.
Participaron más de 100 xhitases, todos de La Valla.
Qué significa la palabra
Xhitae viene del otomí. El mayor xhitá de la comunidad, Marcial Ramírez García, la traduce como anciano, abuelo o ancestro.
Portar la máscara, dice, es llevar un conocimiento antiguo.
Y los xhitases no solo bailan. Durante la fiesta cuidan la celebración, atienden a los visitantes y hacen reír a la gente. Es un papel que combina lo ceremonial con lo festivo, y que en La Valla se hereda desde la infancia: madres y padres llevan a sus hijos a participar, sin distinguir género ni edad.
La tradición acumula más de 120 años.
De dónde vino
Hay una pregunta abierta que la propia comunidad está investigando.
Hace unas semanas, un maestro mascarero de Veracruz impartió un taller en La Valla y entregó una máscara notablemente parecida a las de la comunidad. A ese dato se suma otro: muchas familias veracruzanas llegaron a trabajar ahí en su momento.
De ahí la hipótesis que Festivaleando está rastreando: que la tradición haya llegado de otro estado y echado raíz aquí.
Moreno Paz lo planteó sin dramatismo. Aun si vino de fuera, dijo, lo que dejó es un legado, y en La Valla la máscara tiene un valor propio.
Las danzas estuvieron originalmente ligadas a las fiestas patronales y al ciclo agrícola. Hoy conservan un carácter religioso —en honor a la Virgen de Guadalupe— junto con uno recreativo.
Lo que ocurrió el domingo
El programa combinó lo tradicional con lo contemporáneo.
Hubo una sesión de baile fitness a cargo de Gris Ramírez. Se presentaron Las Coronelas, hombres y mujeres de la tercera edad que ofrecieron bailables folklóricos. Cantó Christian Neyra.
La parte musical siguió con Banda Los Aires del Bajío y La Escandalosa Banda M-16.
Los asistentes recorrieron una exposición fotográfica y observaron el trabajo de los xhitases de La Valla y de La Loma.
El dinero se queda en la comunidad
Es el punto que distingue a este festival de otros encuentros culturales.
La entrada fue gratuita y los beneficios económicos se destinan a la comunidad. Participaron alrededor de 30 negocios locales de gastronomía y artesanías, más una decena de establecimientos de postres, con zona infantil para las familias.
En la organización se sumaron la comunidad ciclista, la delegación y los habitantes de La Valla.
La segunda edición, en 2025, proyectó 5 mil visitantes. Para esta tercera se estimó cerca del doble.
Lo que la tradición está perdiendo
Ramírez García señaló algo que suele quedar fuera de las notas festivas.
“La juventud de hoy ocupa otra vestimenta; de hecho la de anteriormente ya no hay, la de aquel tiempo de hace 120 años”, dijo.
Es decir: la danza continúa, pero el traje original se perdió. Las máscaras más antiguas —algunas de más de un siglo— sobreviven y se exhiben; la ropa que las acompañaba, no.
Festivaleando prepara visitas a escuelas con danzantes para trabajar el relevo generacional, y se ha planteado la creación de un museo de la máscara de palo en San Juan del Río.
El reconocimiento que llegó tarde
Tras esta tercera edición, la comunidad xhita cuenta con mayor reconocimiento municipal.
En la presentación del festival participaron el síndico del Ayuntamiento, José Francisco Landeras Layseca; el director de Turismo, Abraham Alejandro Corona Ruiz; y la directora de Proyectos Regionales del Gobierno del Estado, Tania Ruiz Castro, quien señaló que conservar la tradición permite que más personas conozcan la identidad cultural de San Juan del Río.
Vale la pena registrar el orden de los factores: la tradición lleva más de 120 años en La Valla. El festival que la celebra tiene tres.
Durante más de un siglo, las familias de la comunidad sostuvieron la danza sin respaldo institucional, con faenas y acompañamiento de los mayores. El reconocimiento llegó después.
Lo que queda por saberse
La investigación sobre el origen sigue abierta. El museo es, por ahora, una propuesta. Y la pregunta sobre cuántos niños de La Valla tomarán la máscara en los próximos años no tiene respuesta todavía.
Lo que sí ocurrió el domingo: cien personas se cubrieron la cara con madera tallada y bailaron en un campo de futbol, como vienen haciéndolo desde antes de la Revolución.



