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Tres expedientes, tres respuestas: el doble rasero que el Gobierno debe explicar

Por: Redacción de LYPmultimedios

Ciudad de México, 22 de julio de 2026.— Ernesto Ruffo está en prisión preventiva y comparece ante una jueza. Marina del Pilar Ávila permanece al frente del Gobierno de Baja California y el Gabinete de Seguridad descartó investigar los audios atribuidos a su voz. Rubén Rocha Moya solicitó licencia en Sinaloa, pero sigue en México pese a una acusación formal y una solicitud de extradición de Estados Unidos.

Los tres casos tienen pruebas, autoridades y etapas procesales diferentes.

No pueden colocarse en una misma categoría ni resolverse con una comparación automática.

Pero juntos construyen una pregunta que el Gobierno de Claudia Sheinbaum no debería responder únicamente con consignas: ¿qué criterios utiliza el Estado mexicano para decidir cuándo una acusación amerita investigación, cuándo exige prudencia y cuándo justifica una operación penal de alto impacto?

El presidente nacional del PAN, Jorge Romero Herrera, acusó desde el 19 de julio al Gobierno federal de medir con distinto rasero los casos que involucran a opositores y los que alcanzan a figuras de Morena.

Tres días después, su posicionamiento no ha perdido vigencia.

Al contrario: la audiencia contra Ruffo, las nuevas revelaciones sobre la posible dimensión del contrabando y la ausencia de una investigación anunciada contra Marina del Pilar fortalecieron la necesidad de discutir la consistencia institucional, aunque no necesariamente demuestren una persecución política.

El boletín envejeció; la pregunta se volvió más grande

Publicar ahora únicamente que Jorge Romero acusó una “cacería de brujas” sería llegar tarde a una confrontación partidista ya conocida.

La información adquirió valor porque los hechos siguieron avanzando.

Ruffo comparece junto con otras siete personas ante una jueza federal en el penal del Altiplano. La Fiscalía lo señala como presunto integrante de una red dedicada a introducir combustible desde Estados Unidos mediante declaraciones falsas sobre el volumen y tipo de hidrocarburo transportado. 

La audiencia se desarrolla de manera privada porque, de acuerdo con la información judicial disponible, podrían revelarse nombres de personas que todavía no han sido detenidas. La decisión definirá si los datos presentados permiten abrir formalmente un proceso penal, no si Ruffo es culpable. 

La prisión preventiva tampoco equivale a una condena.

Determina que el exgobernador permanezca encarcelado mientras avanza esta etapa del procedimiento, pero la Fiscalía todavía debe probar conocimiento, participación y responsabilidad personal.

La acusación contra Ruffo ganó peso, no una sentencia

La investigación dejó de estar limitada al decomiso de 129 ferrotanques con más de 15 millones de litros de combustible.

Un análisis periodístico publicado el 22 de julio, construido con registros públicos de comercio y aduanas, identificó casi 7 mil 200 operaciones ferroviarias y cerca de 5 mil movimientos por carretera. La estimación ubica el volumen total por encima de 800 millones de litros y calcula un perjuicio fiscal mínimo de 5 mil 400 millones de pesos. 

La investigación también documentó relaciones corporativas entre Ingemar —empresa vinculada con Ruffo— y Crismón Hidrocarburos y Derivados, una de las compañías relacionadas con la comercialización del combustible. Ruffo ha negado que su empresa conociera las irregularidades y sostiene que su responsabilidad se limitaba a la gestión de permisos y trámites aduanales.

Estos nuevos datos vuelven más difícil presentar el expediente como una acusación construida únicamente a partir de la identidad partidista del exgobernador.

Existe una red económica que debe investigarse.

Existe un volumen extraordinario de operaciones.

Existen relaciones empresariales que necesitan explicación.

Pero ninguna de esas circunstancias autoriza a Morena, al Gobierno o a los medios a declarar culpable a Ruffo antes de que un tribunal valore la evidencia.

El PAN puede exigir debido proceso sin decretar inocencia

Jorge Romero evita, en el comunicado, afirmar que Ruffo sea inocente. Reconoce que corresponde al exgobernador aclarar los señalamientos y que el proceso debe continuar conforme a derecho.

Ese matiz es importante.

El PAN tiene derecho a vigilar la actuación de la Fiscalía, cuestionar irregularidades y acompañar jurídicamente a una de sus figuras históricas.

Pero la defensa del debido proceso no puede convertirse en una descalificación anticipada de toda la investigación.

Ruffo no debe ser perseguido por haber pertenecido al PAN.

Tampoco debe ser protegido por haber sido el primer gobernador opositor que derrotó al PRI.

La trayectoria democrática de una persona no funciona como inmunidad frente a sus actividades empresariales posteriores.

Marina del Pilar: un audio auténtico y una respuesta insuficiente

La comparación más inmediata planteada por el PAN se encuentra en Baja California.

Marina del Pilar reconoció la autenticidad de una primera conversación difundida públicamente. Según su explicación, el diálogo formaba parte de gestiones legales para solicitar que Estados Unidos reconsiderara la cancelación de su visa. Posteriormente apareció una segunda grabación donde la voz atribuida a la mandataria habla de colaborar y compartir lo que conoce por las mesas de seguridad. 

Hasta ahora no existe una acusación penal pública del Departamento de Justicia o del FBI contra la gobernadora. Tampoco se ha demostrado que hubiera entregado información reservada.

Ese contexto diferencia su situación de la de Ruffo.

Pero la respuesta del Gobierno federal ha sido insuficiente.

Omar García Harfuch declaró que en las mesas estatales no se comparte información con el nivel de sensibilidad que pudiera comprometer operaciones y sostuvo que del audio no se desprende un delito. Con ese razonamiento descartó iniciar una investigación. 

La afirmación deja preguntas abiertas.

Para saber si una gobernadora ofreció información pública, reservada o inexistente sería necesario conocer con quién habló, qué pretendía entregar, qué datos poseía y si la conversación avanzó más allá de una oferta.

Investigar no significa declarar culpable.

También puede servir para cerrar fundadamente una acusación.

Cuando el Gobierno rechaza revisar un episodio que afecta a una figura de su partido, mientras sostiene que una investigación contra un opositor debe seguir hasta sus últimas consecuencias, alimenta la percepción que el PAN intenta explotar.

Los audios no equivalen al expediente de huachicol

El contraste tampoco debe deformarse.

Una grabación, incluso reconocida como auténtica, no tiene el mismo contenido probatorio que registros aduanales, transferencias financieras, documentos empresariales, permisos de importación y cargamentos decomisados.

La exigencia de aplicar la ley “igual para todos” no significa que todas las personas deban ser detenidas cuando aparecen en una controversia pública.

Significa que las autoridades deben utilizar criterios predecibles y explicar por qué consideran que en un caso existen elementos para investigar y en otro no.

El Gobierno podría sostener legítimamente que los audios de Marina del Pilar no acreditan delito.

Lo que no debería hacer es pedir que la ciudadanía acepte esa conclusión sin una revisión institucional transparente.

Rocha Moya es el contraste más delicado

El caso de Rubén Rocha Moya presenta una situación jurídicamente más grave que la controversia de los audios.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos informó el 29 de abril que un gran jurado federal acusó al entonces gobernador de Sinaloa y a otros nueve funcionarios o exfuncionarios de conspiración para importar narcóticos, posesión de ametralladoras y conspiración relacionada con armas. La autoridad estadounidense sostiene que los acusados habrían colaborado con el Cártel de Sinaloa, pero advierte expresamente que todos deben ser considerados inocentes mientras no se demuestre lo contrario. 

Rocha solicitó licencia para separarse temporalmente del cargo.

Posteriormente, la Cancillería mexicana hizo públicos documentos relacionados con solicitudes estadounidenses de detención provisional con fines de extradición. La FGR ha pedido información adicional para valorar el procedimiento y las autoridades mexicanas no han ejecutado la entrega solicitada. 

Aquí el reclamo del PAN tiene mayor sustento político.

Existe una acusación judicial formal en Estados Unidos.

Existen solicitudes diplomáticas.

Existe una persona identificada.

Existe una separación temporal del cargo.

Y, sin embargo, el Gobierno mexicano sostiene que antes de detener o extraditar necesita revisar la suficiencia de la documentación.

Ese estándar de prudencia es defendible.

El problema es que debe ser igualmente visible cuando la Fiscalía mexicana investiga a una figura opositora.

Sheinbaum no puede ordenar una extradición como acto político

Jorge Romero exige que Claudia Sheinbaum “extrade” a Rocha Moya.

La frase funciona para una conferencia partidista, pero simplifica un procedimiento legal.

Una extradición no depende únicamente de la voluntad presidencial.

Requiere una solicitud diplomática válida, documentación, análisis de la FGR, intervención judicial, garantías procesales y una decisión final conforme al tratado entre México y Estados Unidos.

El Ejecutivo no debería utilizar la extradición como castigo político ni bloquearla para proteger a un aliado.

Su obligación es permitir que el procedimiento avance, explicar su estado y evitar decisiones partidistas.

La rendición de cuentas debería incluir:

  • Qué documentos recibió México.
  • Qué pruebas adicionales solicitó.
  • Qué información falta.
  • En qué etapa se encuentra el análisis.
  • Qué autoridad debe tomar la siguiente decisión.
  • Qué plazos resultan aplicables.
  • Qué recursos puede presentar la defensa.

La soberanía no consiste en ignorar solicitudes extranjeras.

Tampoco en obedecerlas sin revisión.

Consiste en procesarlas con reglas claras y sin privilegios.

El PAN también utiliza dos medidas

El comunicado acusa al Gobierno de juzgar con criterios partidistas, pero el propio PAN incurre en una tensión semejante.

Para Ruffo exige presunción de inocencia, revisión cuidadosa y respeto al debido proceso.

Para Marina del Pilar y Rocha Moya utiliza expresiones como “vínculos con el narcotráfico”, “pacto de impunidad”, “traición a la patria” y protección a grupos criminales, aunque ninguno cuenta con una sentencia firme. 

El mismo estándar debe aplicarse a todos.

Si el PAN exige que Ruffo no sea presentado como culpable antes de la resolución judicial, tampoco debería declarar culpables a gobernantes de Morena mediante un comunicado partidista.

Puede exigir investigación.

Puede pedir licencias.

Puede señalar contradicciones gubernamentales.

Puede denunciar falta de transparencia.

Pero debería atribuir las acusaciones y respetar las etapas procesales que reclama para uno de los suyos.

La presunción de inocencia no es un beneficio reservado para adversarios políticos cuando llegan a los tribunales.

Casos diferentes pueden recibir respuestas distintas

Ruffo, Marina del Pilar y Rocha Moya no se encuentran en la misma posición.

Ruffo enfrenta una carpeta de la FGR, una orden de aprehensión ejecutada, imputaciones formuladas y una audiencia judicial.

Marina enfrenta una controversia política basada en grabaciones, pero no una acusación penal pública confirmada por Estados Unidos o México.

Rocha enfrenta una acusación formal estadounidense y una solicitud de extradición, pero no una sentencia ni un proceso penal concluido en territorio mexicano.

Una política de justicia consistente no obliga a tratarlos de manera idéntica.

Obliga a explicar las diferencias.

El doble rasero no se demuestra porque una persona esté detenida y otra no.

Se demostraría si las autoridades exigen pruebas rigurosas para investigar a integrantes de Morena, pero aceptan inferencias débiles cuando se trata de opositores.

También se demostraría si el Gobierno acelera selectivamente expedientes, oculta resoluciones judiciales, bloquea solicitudes internacionales o utiliza públicamente las acusaciones para condenar antes de tiempo.

Determinarlo requiere documentos, no únicamente discursos.

Las órdenes contra Ruffo necesitan máxima transparencia

Jorge Romero retomó información atribuida al periódico Reforma sobre una primera solicitud de órdenes de aprehensión que habría sido rechazada y una segunda concedida por otra persona juzgadora. 

La versión alimenta sospechas sobre el funcionamiento del nuevo Poder Judicial y sobre una posible selección de tribunales.

Pero para convertir esa sospecha en evidencia se necesitan las resoluciones.

La FGR y el Poder Judicial deberían transparentar, dentro de los límites que permita la investigación:

  • Qué contenía la primera solicitud.
  • Por qué fue rechazada.
  • Si se presentaron datos nuevos.
  • Qué modificaciones incorporó la Fiscalía.
  • Cómo fue asignado el segundo expediente.
  • Qué argumentos justificaron las órdenes.
  • Si las defensas impugnaron las decisiones.

Que una segunda persona juzgadora conceda lo que otra negó no prueba automáticamente manipulación.

La Fiscalía puede corregir deficiencias o presentar nueva evidencia.

Pero cuando el imputado es una figura opositora y la detención tiene efectos políticos nacionales, la opacidad solo aumenta la desconfianza.

El Gobierno debe responder con expedientes, no con Morena

Las respuestas partidistas de Morena no resuelven la acusación de justicia selectiva.

Señalar el pasado del PAN, recordar sus contradicciones o acusarlo de proteger a Ruffo puede ser parte de la disputa política.

No sustituye una explicación institucional.

La Presidencia, la FGR, la Secretaría de Seguridad y la Cancillería deberían publicar información suficiente para entender:

  • Por qué Ruffo fue detenido.
  • Por qué Marina del Pilar no será investigada.
  • Qué falta para resolver la solicitud contra Rocha.
  • Qué criterios determinan la apertura de carpetas.
  • Qué garantías se han ofrecido a las defensas.
  • Cómo se evita que las decisiones respondan a filiaciones políticas.

La mejor manera de desmontar la acusación de doble rasero no es acusar al PAN de hipocresía.

Es demostrar que el mismo procedimiento se aplicaría si los nombres y los partidos estuvieran invertidos.

Sí hay una nota, pero no es la que escribió el PAN

El boletín conserva interés porque conecta tres asuntos que siguen abiertos y coloca sobre la mesa una exigencia democrática: que la justicia no dependa de la cercanía con el poder.

La nota no debe afirmar que Ruffo es un perseguido político.

Tampoco debe concluir que Marina del Pilar o Rocha Moya son protegidos del Gobierno.

La evidencia disponible no permite sostener ninguna de esas afirmaciones como hecho definitivo.

Lo que sí permite decir es que las autoridades han respondido de manera distinta y que todavía no han explicado con suficiente claridad por qué.

El PAN tiene razón al exigir el mismo estándar.

Pierde parte de esa autoridad cuando utiliza como culpables a figuras de Morena mientras pide prudencia para Ruffo.

El Gobierno tiene razón al señalar que los casos poseen expedientes diferentes.

Pierde credibilidad cuando convierte esa diferencia en una excusa para no transparentar decisiones que afectan a integrantes de su propio movimiento.

La justicia selectiva no se demuestra con un comunicado opositor.

Pero tampoco desaparece porque el Gobierno la niegue.

Se comprueba —o se descarta— cuando las instituciones muestran sus pruebas, explican sus criterios y aplican las mismas garantías a quienes están frente al poder y a quienes forman parte de él.

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