Por Redacción LYPmultimedios
TEQUISQUIAPAN, QRO. – A punto de cumplir 475 años de existencia, el Pueblo Mágico de Tequisquiapan es mucho más que un pintoresco destino de fin de semana; es un libro abierto donde las páginas huelen a cantera, a aguas termales y a buen vino.
A través de la voz de Juan Carlos Hernández Nieves, cronista municipal, la nueva entrega de Spotlight Mágico nos invita a redescubrir el verdadero epicentro fundacional de este municipio: el Barrio de la Magdalena.
Un pacto de paz bajo la sombra de un árbol
Lejos del ajetreo del centro actual, el Templo de Santa María Magdalena resguarda el «kilómetro cero» de Tequisquiapan. El cronista relata que el 24 de julio de 1551, en este preciso lugar, se llevó a cabo un «acto incruento» (una fundación pacífica sin derramamiento de sangre).
Bajo la sombra de un mezquite que, a pesar de haber sido alcanzado por un rayo, sigue vivo con más de 500 años de antigüedad, el clérigo Juan Bautista ofició la primera misa. Ahí mismo, Domingo Moreno, acompañado del cacique otomí Nicolás de San Luis Montañés, midió con una vara castellana los cuatro puntos cardinales a partir de la cruz atrial.
«El nombre original no fue Tequisquiapan, fue Santa María de la Asunción y de las Aguas Calientes», explica Hernández Nieves. El cronista detalla cómo el sitio fue elegido por la presencia previa de un asentamiento otomí y un antiguo temazcal prehispánico. No fue sino hasta el siglo XIX que el poblado adoptó su nombre náhuatl, que se traduce como «lugar de agua y tequesquite».
El sabor de la tierra: El legado de Viña Magal
Esa misma tierra que hace casi cinco siglos cautivó a los fundadores, hoy da frutos que deleitan al mundo. La historia de Tequisquiapan no está completa sin sentarse a su mesa y degustar su vocación vitivinícola, y no hay mejor lugar para entenderlo que Viña Magal.
Con más de 48 años de legado, el nombre de este viñedo es un tributo a sus fundadores, María y Galdino. Enclavada en el corazón de la Ruta del Arte, Queso y Vino, esta casa vinícola ofrece una experiencia íntima donde florecen uvas Malbec, Sauvignon y la audacia de una nueva cosecha de uvas griegas cultivadas en suelo queretano.
Sin embargo, el alma de la finca se embotella bajo el nombre de «Parcionero», un vino 100% artesanal creado para rendir homenaje a los campesinos posrevolucionarios que trabajaban estas tierras y recibían una parcela como pago. Ya sea en su exclusiva terraza frente a la vid o en una íntima parrillada, Viña Magal no solo sirve vino, sirve la historia líquida de México, coronando un viaje inolvidable al corazón de Tequisquiapan.
CEO del medio de comunicación LYPmultimedios y GreenInc.