Por Redacción LYPmultimedios
AMEALCO DE BONFIL, QRO. – Hoy en día, ver a la muñeca artesanal de Amealco estampada en marcas internacionales, exhibida en los estudios universales o viajando por Japón es motivo de orgullo nacional. Sin embargo, detrás de esas coloridas cintas y rostros sonrientes, existe una cruda historia de pobreza, criminalización y, sobre todo, de una inquebrantable resistencia femenina.
El más reciente episodio de Spotlight Mágico nos adentra en el Museo de la Muñeca, donde historiadores y artesanas reconstruyen el verdadero origen de este ícono mundial.
El éxodo y la marginación en la gran ciudad
La historia de estas muñecas no nació en la abundancia. En los años 70, la extrema pobreza en Santiago Mezquititlán obligó a los hombres otomíes a migrar a la Ciudad de México para trabajar como albañiles. Sus esposas los acompañaron, pero al intentar aportar al sustento vendiendo chicles o pidiendo monedas en las esquinas, se enfrentaron a la discriminación de las autoridades capitalinas, quienes las detenían sistemáticamente.
El punto de inflexión llegó durante el sexenio de Luis Echeverría. A través del Instituto Nacional de Protección a la Infancia (IMPI), y por intervención de María Esther Zuno, las mujeres detenidas dejaron de ser enviadas a la delegación. En su lugar, fueron trasladadas a un gran taller en Coyoacán. Ahí se les pidió «hacer una muñeca que se pareciera a ellas».
El taller que cambió sus vidas
Ese espacio se convirtió en un refugio de empoderamiento. Las mujeres recibían un sueldo de 105 pesos semanales, contaban con guardería y, lo más importante, aprendieron a leer, a escribir y a utilizar máquinas de coser.
Fue en ese taller donde la muñeca primitiva (hecha de trapos viejos y enrollados) evolucionó. Las artesanas incorporaron moldes, mejoraron los rostros y agregaron la icónica corona de listones. Mujeres como Cleta, Petra o Juana pasaron de ser marginadas a convertirse en maestras artesanas, logrando forjar un patrimonio que hoy les ha permitido pagar carreras de ingeniería a sus hijos.
Lelé y Dönxu: Dos almas distintas
El reportaje también hace una importante distinción cultural a menudo ignorada: existen dos muñecas principales. Lelé, originaria de Santiago Mezquititlán, cuyo nombre significa «bebé» en otomí; es flexible, manejable y es la que ha alcanzado fama global. Por otro lado está Dönxu (que significa «muñeca»), originaria de San Ildefonso Tultepec; esta pieza tiene una postura recta, no se sienta y cuenta con un trabajo de bordado en punto de cruz y grecas mucho más laborioso y costoso.
El orgullo local en el presente: La Perrona Western
Ese espíritu de trabajo y superación sigue vivo en las calles de Amealco. El reportaje concluye celebrando el comercio local con la visita a La Perrona Western Wear, un emprendimiento fundado por Mario García Tobar, originario de la comunidad de El Rincón.
Con 22 años de experiencia, Mario ha regresado a su tierra para ofrecer productos de calidad suprema, destacando su propia marca de tejanas «El Tirano» y las codiciadas botas vaqueras «Sales Boots». Su tienda es un testimonio de cómo el talento amealcense —ya sea tejiendo muñecas o diseñando moda vaquera de vanguardia— impone respeto y calidad en cualquier escenario.
CEO del medio de comunicación LYPmultimedios y GreenInc.