El balance municipal modificó los aforos y las derramas difundidos después de distintos eventos. Además, los tres impactos económicos destacados equivalen exactamente a 150 pesos por visitante, mientras el gobierno omite la metodología de cálculo, los costos públicos y las ventas comprobadas.
San Juan del Río, Qro. 2 de Octubre del 2026.— Roberto Cabrera Valencia presentó Festivaleando como una maquinaria capaz de reunir a 71 mil 400 personas, impulsar la economía de 20 comunidades y convertir la gastronomía local en una política de desarrollo. El relato luce bien frente a los comerciantes; el problema aparece cuando se revisa la calculadora.
Las cifras ofrecidas durante su Quinto Informe no coinciden con las que la propia Coordinación de Festivaleando difundió inmediatamente después de algunos eventos. En un caso desaparecieron tres mil asistentes; en otro aparecieron dos mil visitantes adicionales. Las derramas económicas también cambiaron.
No se trata de diferencias marginales ni de simples redondeos. Son datos utilizados por el alcalde para acreditar resultados económicos ante la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de San Juan del Río.
Los asistentes que aparecen y desaparecen
En abril, al concluir el quinto Festival de la Gordita y la Dobladita de El Carrizo, la información difundida por el municipio señaló una asistencia superior a 15 mil personas y una derrama cercana a 1.9 millones de pesos. Esas cifras fueron publicadas el 27 de abril a partir de información municipal.
Cinco meses después, en el balance presentado por Cabrera, el mismo festival aparece con 12 mil asistentes y una derrama de 1.8 millones. En el camino hacia el informe se perdieron, estadísticamente, al menos tres mil visitantes.
Con el Festival con Sabor a Mar ocurrió lo contrario. En julio, la Coordinación de Festivaleando informó que el encuentro realizado en La Estancia había reunido a más de ocho mil personas y generado cerca de 1.2 millones de pesos. Así quedó consignado al finalizar el evento.
En el informe de Cabrera, aquel festival creció retrospectivamente hasta 10 mil asistentes y 1.5 millones de pesos. Sin una nueva medición pública, aparecieron dos mil visitantes y 300 mil pesos adicionales.
| Evento | Cifra difundida después del festival | Cifra presentada en el informe |
|---|---|---|
| Gordita y Dobladita | Más de 15 mil asistentes; $1.9 millones | 12 mil asistentes; $1.8 millones |
| Sabor a Mar | Más de 8 mil asistentes; $1.2 millones | 10 mil asistentes; $1.5 millones |
El gobierno municipal debe aclarar cuál versión es correcta, por qué modificó sus estadísticas y qué documentos respaldan la rectificación. No pueden coexistir dos resultados oficiales para un mismo acontecimiento sin una explicación.
Una derrama de 150 pesos por cabeza
La coincidencia matemática es todavía más reveladora.
Cabrera atribuyó 1.8 millones de pesos de derrama al Festival de la Gordita, con 12 mil asistentes. La división arroja exactamente 150 pesos por persona.
Al Festival del Músico y la Gordita le asignó 1.5 millones de pesos con 10 mil asistentes: nuevamente, 150 pesos por persona.
Para Sabor a Mar reportó otros 1.5 millones con 10 mil visitantes: una vez más, exactamente 150 pesos por cabeza.
La identidad entre los tres cálculos sugiere que la derrama no proviene necesariamente de sumar ventas declaradas por comerciantes, tickets, pagos electrónicos, consumo promedio levantado mediante encuestas o registros fiscales. Parece provenir de aplicar un multiplicador uniforme a la cifra estimada de asistentes.
Eso no demuestra por sí mismo una manipulación, pero sí despoja al dato de la contundencia con la que fue presentado. Una proyección construida mediante un gasto supuesto de 150 pesos por persona no puede exhibirse como si fuera dinero efectivamente ingresado a los negocios.
Para sostener esas cifras, el municipio tendría que publicar:
- La metodología utilizada para contar asistentes.
- El tamaño y diseño de las muestras de consumo.
- Las ventas reportadas por los expositores.
- La diferencia entre visitantes locales y foráneos.
- El gasto promedio en alimentos, transporte y otros servicios.
- Los márgenes de error de cada estimación.
- El nombre del área o consultora responsable del cálculo.
Sin esos elementos, la llamada derrama económica es una multiplicación, no una medición.
Setenta y siete por ciento de la asistencia está concentrada
Los eventos destacados por el alcalde concentran 55 mil de los 71 mil 400 asistentes reportados.
El Festival de la Gordita, el Festival del Músico, A Volar Papalote, Sabor a Mar y las dos ediciones del Festival de las Rosas representan seis de los 15 encuentros. En conjunto agrupan aproximadamente 77 por ciento de toda la asistencia atribuida a Festivaleando.
Eso deja 16 mil 400 asistentes para los nueve eventos restantes: un promedio de alrededor de mil 822 personas por encuentro.
La concentración no invalida el programa, pero contradice la idea de un éxito homogéneo. Algunos festivales pueden haber alcanzado grandes aforos; otros tuvieron una dimensión considerablemente menor. El gobierno juntó todos dentro de una cifra global para evitar mostrar el desempeño individual.
También debe explicar cómo 15 eventos tuvieron “presencia en 20 comunidades”. La expresión puede significar comunidades anfitrionas, participantes comerciales, delegaciones invitadas o localidades beneficiadas. Sin una relación detallada, la cobertura territorial funciona como otra cifra amplia y difícil de auditar.
¿Cuánto costó reunirlos?
El gobierno informó cuánta gente supuestamente asistió y cuánto dinero habría dejado, pero no cuánto pagó el municipio para realizar los festivales.
En abril se reportó que Festivaleando operaría durante 2026 con un presupuesto de 1.6 millones de pesos destinado a ocho ediciones. La cifra fue difundida durante el Festival de la Gordita y la Dobladita.
Ahora Cabrera habla de 15 eventos, pero no explica si el presupuesto aumentó, si algunas actividades fueron financiadas por otras dependencias, cuánto aportaron patrocinadores o cuánto absorbieron las propias comunidades.
Tampoco desglosa pagos por escenarios, sonido, artistas, carpas, mobiliario, seguridad, limpieza, publicidad, transporte, energía, sanitarios o producción.
Sin el gasto público total no puede calcularse el rendimiento del programa. Y sin conocer cuánto invirtieron cocineras, artesanos y comerciantes en insumos, tampoco puede confundirse la venta bruta con una ganancia para las familias.
Visualizaciones no son desarrollo económico
La misma fragilidad atraviesa otros indicadores presentados ante la Canaco.
Cabrera señaló que la campaña Consume Local “benefició” a 72 establecimientos, pero no detalló en qué consistió el beneficio, cuánto aumentaron sus ventas ni cuántos clientes nuevos recibieron.
La plataforma Vive San Juan alcanzó 17 mil 301 visualizaciones. Una visualización, sin embargo, puede durar segundos, pertenecer a una persona repetida o no producir una sola visita ni compra. Faltan usuarios únicos, tiempo de permanencia, clics hacia comercios, reservaciones y conversiones.
El Sistema de Apertura Rápida de Empresas atendió 150 trámites, pero atender una solicitud no significa que 150 negocios hayan abierto. El informe no distingue trámites concluidos, rechazados o pendientes, ni informa inversión generada, empleos creados o supervivencia de los establecimientos.
También se reportaron 368 recorridos de supervisión comercial. El número describe actividad burocrática, no desarrollo económico. Para evaluarlo se necesitan resultados: establecimientos regularizados, sanciones, clausuras, incidencias corregidas y tiempos de respuesta.
Incluso los dos mil 169 registros en talleres de autoempleo fueron presentados como “participaciones”, una palabra que permite contar varias veces a la misma persona y evita informar cuántas consiguieron empleo o comenzaron una actividad productiva.
Festejar no equivale a rendir cuentas
Los festivales comunitarios pueden preservar tradiciones, abrir escaparates para productores y generar convivencia. Cuestionar sus cifras no implica negar su valor cultural.
Precisamente porque utilizan recursos públicos y se presentan como instrumentos de desarrollo económico, deben evaluarse con mayor rigor.
El problema de Festivaleando no es que existan gorditas, papalotes, rosas, mariscos o música. El problema es que Roberto Cabrera pretende convertir estimaciones sin metodología conocida en evidencia incuestionable de éxito.
La contabilidad festiva de su gobierno permite que asistentes desaparezcan en El Carrizo, reaparezcan en La Estancia y gasten, de manera extraordinariamente uniforme, 150 pesos por cabeza.
Hasta que el Ayuntamiento publique contratos, costos, aforos, ventas y criterios de estimación, los 71 mil 400 asistentes serán una afirmación gubernamental, no un resultado plenamente verificable.
San Juan del Río merece cultura y turismo comunitario. Pero también merece que su gobierno deje de contar aplausos como si fueran auditorías.




