Alteraciones persistentes en el sueño o la alimentación, aislamiento, pérdida de interés y cambios bruscos de comportamiento pueden indicar que una niña, niño o adolescente necesita acompañamiento. La Universidad pide fortalecer la escucha antes de que el malestar se convierta en crisis.
Querétaro, Qro. 2 de Octubre del 2026.— Los cambios emocionales durante la infancia y la adolescencia no siempre se expresan con palabras. En ocasiones aparecen como aislamiento, alteraciones en el sueño, pérdida de apetito, irritabilidad o abandono de actividades que antes generaban entusiasmo.
Frente a estas señales, la Facultad de Psicología y Educación de la Universidad Autónoma de Querétaro llamó a madres, padres, docentes y personas cuidadoras a fortalecer la observación, la escucha y el acompañamiento durante las primeras etapas de la vida.
Alejandro Morales Herrera, coordinador de Extensión, Vinculación y Servicio Social de la Facultad, explicó que construir ambientes protectores desde edades tempranas permite desarrollar herramientas emocionales para enfrentar conflictos, cambios y situaciones adversas.
La prevención, señaló, comienza en las relaciones cotidianas: escuchar sin descalificar, reconocer las emociones, compartir tiempo de calidad y mantener una comunicación cercana.
Señales que no deben ignorarse
Entre las manifestaciones que requieren atención se encuentran:
- Alteraciones importantes o persistentes en los horarios de sueño.
- Cambios notorios en la alimentación.
- Aislamiento de familiares, amistades o compañeros.
- Pérdida de interés por juegos, actividades o proyectos habituales.
- Cambios bruscos de comportamiento o estado de ánimo.
- Disminución del entusiasmo y abandono de actividades personales.
- Dificultades recurrentes para relacionarse o comunicar lo que sienten.
Una señal aislada no equivale necesariamente a un diagnóstico. Los cambios pueden responder a distintas circunstancias familiares, escolares, físicas o emocionales. Sin embargo, cuando son intensos, persisten o interfieren con la vida cotidiana, resulta necesario solicitar orientación profesional.
La detección temprana permite intervenir antes de que el malestar se profundice y puede disminuir riesgos relacionados con violencia, consumo de sustancias o conductas autolesivas.
Escuchar también es una forma de cuidar
Morales Herrera destacó que algunos de los recursos protectores más importantes no requieren grandes inversiones. Conversar, leer juntos, jugar, compartir alimentos y preguntar genuinamente cómo se sienten las niñas y los niños ayuda a construir confianza.
El acompañamiento no consiste únicamente en estar físicamente presente. También implica evitar burlas o castigos ante la expresión emocional, tomar en serio aquello que preocupa a la persona menor de edad y reconocer cuándo la familia necesita ayuda especializada.
Estas prácticas favorecen la resolución pacífica de conflictos y la formación de vínculos basados en respeto, empatía y seguridad emocional.
La Universidad sostuvo que la responsabilidad no puede depositarse exclusivamente en las familias. Las escuelas, instituciones de salud y comunidades también deben generar mecanismos de detección, canalización y atención.
Docentes y personal educativo pueden advertir cambios en el rendimiento, la convivencia o la asistencia escolar que no siempre son visibles dentro del hogar. La coordinación entre escuela y familia resulta fundamental para evitar que una señal de alerta quede reducida a una falta de disciplina.
Pedir ayuda no debe esperar a una crisis
La Facultad de Psicología ofrece servicios comunitarios mediante sus unidades CESECO, con programas de atención psicológica para niñas, niños, adolescentes y familias. CESECO Norte informa atención a población infantil y adolescente en el teléfono 442 246 9027, aunque se recomienda consultar previamente disponibilidad, requisitos y horarios. La UAQ mantiene publicado su catálogo de servicios psicológicos comunitarios.
Cuando exista una crisis emocional, referencias directas a la muerte, intención de hacerse daño o peligro inmediato, la situación debe tomarse con seriedad y requerir ayuda profesional o de emergencia.
La Línea de la Vida, operada por la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones, brinda orientación gratuita y confidencial las 24 horas del día en el 800 911 2000. El servicio atiende problemas de salud mental, consumo de sustancias y riesgo suicida, y puede canalizar los casos que requieran atención presencial. La Secretaría de Salud confirma su disponibilidad permanente.
En una emergencia inmediata también debe solicitarse apoyo a través del 911.
La prevención no comienza cuando aparece una crisis. Empieza mucho antes: cuando una persona adulta presta atención a un cambio, escucha sin juzgar y decide acompañar en lugar de minimizar.



