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La diputada Leonor Mejía atribuye el resultado a la Nueva Escuela Mexicana; el organismo internacional ubica la caída en un contexto global
Por: Redacción de LYPmultimedios
Santiago de Querétaro, Qro., 9 de septiembre de 2026.— La diputada local Leonor Mejía Barraza, del PAN, sostuvo que los resultados de la prueba PISA 2025 publicados el lunes muestran un retroceso educativo del país y el fracaso de las políticas del gobierno federal, en particular del modelo conocido como Nueva Escuela Mexicana.
Los números que citó son correctos. México obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias. Los promedios de la OCDE fueron 463, 461 y 482.
En matemáticas, solo 30% de los estudiantes mexicanos alcanzó el nivel básico de competencia, frente a 65% del promedio de la organización. Siete de cada diez no llegaron a ese umbral.
La serie histórica que expuso la legisladora
Mejía Barraza reconstruyó dos décadas de resultados para sostener su argumento.
Señaló que en 2003 México obtuvo 385 puntos en matemáticas y en 2009 alcanzó 419; que en lectura pasó de 400 puntos en 2003 a 425 en 2009; y que en 2012 se mantenía en 413 y 424 respectivamente. Atribuyó esos avances a los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón.
Después trazó la caída: 409 puntos en matemáticas en 2018, 395 en 2022 y 388 en 2025. En lectura, 420 en 2018, 415 en 2022 y 408 en 2025.
«Esto no puede explicarse únicamente diciendo que PISA es una prueba extranjera o que no toma en cuenta las particularidades sociales de México», planteó. «Lo que verdaderamente muestra es el fracaso de la llamada Nueva Escuela Mexicana, política pública que no abona en nada, con libros de texto plagados de errores y un olvido al gremio magisterial.»
Los cuatro datos que el boletín no incluye
El informe de la OCDE contiene elementos que conviene tener a la vista para leer las mismas cifras.
La caída es mundial. Entre los países miembros, la comprensión lectora retrocedió 28 puntos en la última década —el equivalente a más de un año escolar de aprendizaje— y en matemáticas la pérdida equivale a seis meses. Uno de cada cinco estudiantes de la OCDE tuvo resultados insuficientes en las tres materias; hace diez años era uno de cada seis.
El descenso mexicano en lectura no es estadísticamente significativo. La propia OCDE señala que la diferencia de siete puntos respecto a 2022 no permite afirmar un retroceso confirmado en esa área.
En ciencias México subió. Obtuvo 414 puntos, cuatro más que en 2022. Fue el área principal de evaluación en esta edición.
El director de Educación de la OCDE usó una palabra específica. Andreas Schleicher declaró: «En un momento en que muchos sistemas educativos alrededor del mundo han experimentado un descenso en los resultados de aprendizaje, México ha demostrado resiliencia.»
Nada de esto anula el dato de fondo: México ocupó el lugar 64 de 91 países evaluados, se ubica en el penúltimo puesto de la OCDE en ciencias y comprensión lectora, y solo uno de cada 200 estudiantes mexicanos alcanza los niveles más altos de desempeño.
El factor que la OCDE señaló y que México ya está discutiendo
El organismo vinculó directamente los resultados con el tiempo de pantalla.
Más de una cuarta parte de los alumnos evaluados reportó que sus compañeros se distraían con dispositivos en clase. Los estudiantes mexicanos declararon dedicar 1.5 horas diarias a dispositivos para actividades escolares y 1.2 horas a entretenimiento dentro de la escuela. Solo 27% asistía a planteles donde el celular estaba prohibido.
El secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, matizó: los aparatos no son nocivos en sí mismos, y el problema es el aumento de su uso recreativo, que dificulta sostener la atención en textos complejos.
El secretario de Educación Pública, Mario Delgado, atribuyó el descenso global precisamente a ese factor y sostuvo que México «no tiene una caída pronunciada como sí muchos países en el mundo».
Es el mismo argumento que sostiene el ciclo de conferencias que la Presidencia dedica cada lunes al uso de plataformas digitales entre menores, y la propuesta de regulación de celulares en escuelas que debía presentarse antes del inicio del ciclo escolar. Querétaro fue el primer estado del país en aplicar esa medida, en febrero de 2025.
La cautela sobre Querétaro
En la parte estatal, Mejía Barraza introdujo una advertencia metodológica que conviene destacar porque va en contra de su propio argumento político.
Señaló que Querétaro participó con solo 16 estudiantes, provenientes de dos secundarias, una pública y una particular. Por eso pidió leer los resultados «con prudencia y sentido de justicia», porque reflejan el desempeño de los alumnos seleccionados y no pueden representar por sí solos el rostro completo de la educación queretana.
La observación es técnicamente correcta. PISA está diseñada para producir estimaciones nacionales, no estatales: la muestra mexicana fue de 7,843 estudiantes en 297 escuelas, representativa del 69% de los jóvenes de 15 años del país. Ninguna submuestra estatal de esa magnitud permite conclusiones sobre una entidad.
La legisladora citó dos indicadores locales para sostener que en el estado se avanza: segundo lugar nacional en grado promedio de escolaridad, con 11.2 años, y un rezago educativo de 14.5% frente a 18.6% nacional. Ninguno de los dos pudo verificarse de forma independiente para esta nota.
El planteamiento de fondo
Mejía Barraza cerró con una propuesta que trasciende la coyuntura: que la educación se maneje como política de Estado y no de gobierno.
«Una política que trascienda sexenios, una política que evalúe resultados, que ponga al centro de las acciones a la niñez», expresó. «Nuestras niñas, niños y adolescentes no merecen menos herramientas para competir, para incorporarse al mercado laboral y para construir su propio proyecto de vida.»
Ese punto coincide con una recomendación del IMCO publicada el mismo día que los resultados: restablecer una evaluación nacional de aprendizajes estandarizada, comparable en el tiempo y con resultados públicos, ante la ausencia de información nacional comparable tras la desaparición de PLANEA y de Mejoredu.
Sin esa herramienta, México solo puede medirse a sí mismo cada tres años, con una prueba extranjera, y discutir los resultados como acaba de ocurrir esta semana.



