Al concluir una gira nacional de 12 días que movilizó a cerca de 850 mil personas, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo utilizó la plancha del Zócalo capitalino para proyectar el músculo político y territorial de su administración. Bajo la narrativa de la «rendición de cuentas», la mandataria presentó un corte de caja a dos años de gobierno que confirma un profundo cambio de régimen: la consolidación de la jornada laboral de 40 horas, la elección popular del Poder Judicial y la adopción de una postura inusualmente rígida contra la injerencia extranjera.
El evento, denominado «Honestidad y resultados», operó no solo como un informe administrativo, sino como una demostración de fuerza del Estado frente a presiones externas e internas. Acompañada por la jefa de Gobierno, Clara Brugada, Sheinbaum delineó un país donde el desmantelamiento de las políticas de las últimas tres décadas ya es constitucional, apoyándose en la movilización de la plaza pública como el principal mecanismo de legitimación de su mandato.
El paquete de reformas y la barrera geopolítica La Jefa del Ejecutivo Federal enmarcó los logros de sus primeros dos años como una reversión directa del neoliberalismo. En el ámbito de derechos sociales y laborales, destacó la elevación a rango constitucional de los Programas para el Bienestar, el reconocimiento de pueblos indígenas y afromexicanos, la igualdad sustantiva para las mujeres y la aprobación de la jornada laboral de 40 horas.
En el plano institucional, el gobierno ha reconfigurado el aparato de poder con la prohibición de la reelección para cualquier cargo a partir de 2030, el candado contra el nepotismo y la ya ejecutada elección por voto popular del Poder Judicial.
Sin embargo, el giro más duro se dio en materia de soberanía. La presidenta anunció el impulso de una reforma histórica que exigirá nacionalidad única (mexicana) para quienes aspiren a la Presidencia, Gubernaturas o Jefatura de Gobierno. A esto sumó una advertencia frontal en política exterior: el rechazo a la injerencia foránea y la aplicación de la pena máxima a cualquier agente extranjero que intente violar el territorio nacional.
La maquinaria social en la capital Para sostener esta base política, el gobierno federal inyecta recursos masivos. Bajo el esquema «por el bien de todos, primero los pobres», Sheinbaum detalló que tan solo en la Ciudad de México se invierten 70 mil 258 millones de pesos para cubrir a 3 millones de beneficiarios.
El desglose exhibe la magnitud del aparato de transferencias directas:
1,377,198 derechohabientes de la Pensión para Adultos Mayores.
935,462 beneficiarios de Leche para el Bienestar.
389,305 jóvenes con Beca de Educación Media Superior.
387,867 infantes de primaria en Mi Beca para Empezar.
321,684 inscritas en la Pensión Mujeres Bienestar.
60 mil millones en concreto y vías férreas En materia de infraestructura, la capital y su zona metropolitana reciben una inyección de casi 60 mil millones de pesos. Los recursos abarcan desde la conclusión de la Línea 12 hasta Observatorio y la aportación para la Línea 4 del Cablebús, hasta la red ferroviaria que conecta la capital con Toluca (Tren Insurgente), el AIFA, Pachuca y Querétaro. En salud, la agenda se centró en la expansión hospitalaria del IMSS y el ISSSTE, destacando el Hospital Oncológico de la Gustavo A. Madero y la puesta en marcha de 804 consultorios del IMSS Bienestar.
VOCES Y DECLARACIONES
“Rendir cuentas en plaza pública es obedecer al pueblo, porque es el pueblo el único dueño de la soberanía nacional”. — Claudia Sheinbaum Pardo.
“Ninguna potencia extranjera, élite económica o política dicta el presente ni el futuro de la patria (…) Recuerden siempre que no hay divorcio entre pueblo y gobierno”. — Claudia Sheinbaum Pardo.
El mitin en el Zócalo evidencia que la administración de Sheinbaum ha trascendido la etapa de transición para entrar a la consolidación de un Estado centralizado, nacionalista y de fuerte inversión social. La mención explícita de castigos máximos a agentes extranjeros y la exigencia de «nacionalidad única» para gobernantes es un mensaje directo a Estados Unidos en un contexto de tensión por seguridad binacional. Paralelamente, la confirmación de la jornada de 40 horas asegura la lealtad del sector obrero y sindical, blindando su capital político ante posibles turbulencias económicas.



