Iba a ser el orador central del foro que presentaría a Milei como modelo regional. No llegó
Por: Rodrigo Vissuet
Buenos Aires, 20 de septiembre de 2026.— El foro se llamaba «Vientos de cambio». Durante un mes, los organizadores anunciaron que Peter Thiel sería su orador central. Las primeras entradas, de entre 50 y 600 dólares, se agotaron. El escritor chileno Axel Kaiser tenía preparada la entrevista.
El martes 1 de septiembre, en el Hotel Sheraton de Retiro, el ministro de Desregulación Federico Sturzenegger abrió el evento describiendo su cartera como «el ministerio de la felicidad». Estaban el ministro de Economía, Luis Caputo, y el viceministro José Luis Daza. Estaban delegaciones de Chile, Perú, Colombia, Brasil y El Salvador.
Thiel no.
Los organizadores emitieron un comunicado de una línea: «Peter Thiel finalmente no podrá participar del evento por motivos de fuerza mayor ajenos a la organización.»
No hubo más explicación. Tampoco llegó el presidente Milei, que había recibido invitación formal.
Esta es la séptima entrega de nuestra serie. Trata del país que Thiel eligió en 2026 y de por qué esa elección contradice, punto por punto, lo que escribió en 2009.
Lo que construyó en cinco meses
La ausencia del Sheraton no borra lo que ocurrió antes, y lo que ocurrió está documentado.
En abril se reunió con Milei en la Casa Rosada durante casi una hora. Ese mismo mes vio al asesor presidencial Santiago Caputo. A mediados de mayo, el ministro Luis Caputo lo recibió en el Palacio de Hacienda.
En ese periodo compró una residencia en Barrio Parque, una de las zonas más exclusivas de Buenos Aires. Su familia se instaló ahí.
Y entonces llegó el dinero. Su fondo Thiel Macro LLC adquirió cerca del 1% de Vista Energy por más de 75 millones de dólares. Vista es una petrolera argentina cuyos principales activos están en Vaca Muerta, la mayor formación de hidrocarburos no convencionales del país. La operación quedó registrada ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos.
Poco después empezaron las protestas frente a la mansión de Barrio Parque.
Por qué Argentina
La respuesta tiene nombre de régimen fiscal.
El gobierno de Milei creó el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones, conocido como RIGI, y tramita una versión ampliada, el Super RIGI, dirigida a lo que denomina sectores del futuro: centros de datos, semiconductores, energía nuclear, baterías de litio, hidrógeno y gas natural licuado.
La lógica de ambos es la misma. El Estado ofrece estabilidad fiscal, beneficios tributarios y garantías cambiarias de largo plazo a cambio de inversión de gran escala. Energía abundante y barata, recursos naturales y reglas que no cambian: la oferta está diseñada para exactamente el tipo de capital que Thiel mueve.
Ahí está la primera contradicción que esta serie necesita registrar.
El escape que se volvió cercanía
En la primera entrega documentamos el ensayo que Thiel publicó en 2009. Escribió que la gran tarea de los libertarios era «encontrar una vía de escape de la política en todas sus formas», e identificó tres territorios donde construirla: el ciberespacio, el espacio exterior y el mar.
Diecisiete años después, no está en ninguno de los tres. Está en Barrio Parque, a veinte minutos de la Casa Rosada, con reuniones en el gabinete y una participación en una petrolera que depende de concesiones estatales.
Esto no es una incoherencia menor. Es la revelación de cómo funciona en la práctica la idea de escapar de la política cuando se tiene suficiente capital: no se huye del Estado. Se elige un Estado dispuesto a ofrecerse, y se instala cerca de quien lo gobierna.
El RIGI no es la ausencia de política. Es política en su forma más directa: un gobierno que decide por ley qué inversionistas reciben un trato que el resto no recibe.
Chile, sin agenda
En agosto, Thiel visitó Chile y se reunió en privado con el presidente José Antonio Kast.
El encuentro no apareció en la agenda presidencial. No hubo fotografías ni comunicado.
Esa discreción contrasta con la exposición argentina, y probablemente no es casual. Kast asumió hace pocos meses; una reunión pública con Thiel lo habría obligado a explicarla. La reunión privada no obliga a nada.
Su recorrido regional se completa con la adquisición de tierras en Uruguay, cerca de Punta del Este, y coincide con el impulso argentino a un programa de pasaporte dorado que permitiría acceder a la ciudadanía a extranjeros con inversiones significativas.
El dato que complica la lectura
Hay un encuentro que no encaja en ningún esquema simple, y conviene no omitirlo.
A principios de junio, en Buenos Aires, Thiel se reunió con Juan Grabois, diputado kirchnerista y dirigente de organizaciones sociales, uno de los críticos más frontales del gobierno de Milei. Según trascendió, conversaron sobre inteligencia artificial.
La prensa argentina lo describió como una de las imágenes políticas más inesperadas del año.
No hay información pública sobre el contenido de ese encuentro ni sobre su propósito. Pero su sola existencia advierte contra una lectura demasiado lineal: Thiel no se limita a cultivar a sus afines. Habla también con el adversario, lo que es consistente con alguien que piensa en posiciones de largo plazo y no en alianzas de coyuntura.
La otra fórmula: escapar dentro de un país
Hay un antecedente latinoamericano que ilumina lo que Thiel busca en la región.
En Honduras opera Próspera, una Zona de Empleo y Desarrollo Económico en la isla de Roatán: una ciudad privada con reglas propias, régimen fiscal propio y un sistema de gobierno distinto del nacional. El proyecto ha recibido financiamiento de fondos vinculados a Thiel y a su entorno inversor, según han documentado medios de la región.
Próspera es la versión terrestre del seasteading que Thiel financió en los años posteriores a 2009: si no se puede construir una ciudad sobre el mar, se construye una dentro de un país que acepte ceder parte de su soberanía.
El Congreso hondureño derogó en 2022 la ley que permitía esas zonas. Próspera respondió demandando al Estado de Honduras ante un tribunal internacional de arbitraje de inversiones.
Es la forma más literal de la idea que recorre toda esta serie: el territorio no como comunidad política, sino como jurisdicción contratable.
Por qué esto llega a Querétaro
La competencia que Argentina abre con el Super RIGI no es solo sudamericana.
Entre los sectores que ese régimen busca atraer están los centros de datos. Querétaro es hoy uno de los principales polos de centros de datos de América Latina, y compite regionalmente exactamente por ese tipo de inversión.
La pregunta que plantea el caso argentino es pertinente para cualquier estado que diseñe incentivos: cuánta estabilidad fiscal, qué exenciones y qué garantías de largo plazo se ofrecen a cambio de una inversión, y qué se pide a cambio en agua, energía y empleo local.
Querétaro ya discute la presión de esa industria sobre el agua. El Plan Estratégico 2050, presentado esta semana en el Congreso local, fue cuestionado precisamente por no dar suficiente centralidad a ese recurso.
Argentina está ofreciendo reglas que no cambian por décadas. El modelo tiene defensores y detractores serios. Lo que no admite es que se discuta sin saber quién está sentado del otro lado de la mesa.
Lo que queda
En el foro del Sheraton sobraron discursos sobre el futuro de la región. Faltó el hombre que había sido anunciado para explicarlo.
Su ausencia no cambia lo que construyó. La residencia sigue en Barrio Parque. La participación en Vista Energy sigue registrada. Las reuniones con dos presidentes ocurrieron.
Hace diecisiete años escribió que había que encontrar una salida de la política. En 2026 encontró algo distinto: un gobierno que se la ofrece por ley.
En la última entrega: El precedente Gawker. Cómo financió en secreto, durante años, los litigios que llevaron a la quiebra a un medio de comunicación estadounidense, por qué lo llamó «una de mis mayores acciones filantrópicas», y qué significa eso para cualquier redacción que publique sobre él.



