James Talarico el lenguaje moral que las izquierdas deben retomar

James Talarico: el demócrata cristiano que incomoda a la derecha religiosa y puede darle un nuevo lenguaje a la izquierda

Por: Rodrigo Vissuet
Ciudad de México, 12 de julio de 2026.— Durante décadas, la derecha conservadora logró una operación política de alto impacto: convencer a millones de personas de que hablar de Dios, familia, fe y valores era casi automáticamente hablar desde la derecha.

James Talarico está intentando romper esa ecuación.

El político texano, integrante del Partido Demócrata, exmaestro de secundaria y seminarista presbiteriano, se ha convertido en una figura incómoda para el conservadurismo religioso de Estados Unidos porque disputa el territorio donde la derecha se sentía dueña absoluta: el lenguaje cristiano.

Pero su irrupción no consiste en copiar la estrategia religiosa de la derecha. No aparece como un predicador contra derechos, ni como un candidato que promete convertir al Estado en púlpito. Su propuesta es otra: usar el cristianismo como lenguaje moral para hablar de justicia social, desigualdad, corrupción, migración, derechos, democracia y poder popular.

La pregunta que abre Talarico es enorme: ¿qué pasaría si las izquierdas volvieran a disputar la fe, no para imponer religión, sino para recuperar un lenguaje moral que conecte con millones de personas creyentes?

Quién es James Talarico

James Talarico nació en Texas, fue maestro de secundaria y llegó a la Cámara de Representantes estatal en 2018. Su propia campaña lo presenta como texano de octava generación, exdocente y seminarista presbiteriano. Esa combinación —maestro, político y cristiano progresista— le permite hablar desde tres registros que suelen tener potencia emocional: la escuela, la comunidad y la fe.

Antes de construir una carrera nacional, Talarico ya tenía un perfil local asociado a educación pública, derechos civiles y crítica a los grandes donantes que, según él, capturan la política texana. Su campaña al Senado sostiene que busca llevar a Washington una pelea contra la corrupción y recuperar poder para la clase trabajadora.

Pero lo que lo convirtió en fenómeno no fue solo su agenda. Fue la forma.

Talarico habla como político, pero también como alguien que conoce el ritmo del sermón. Puede hablar de multimillonarios, gerrymandering, escuelas públicas o derechos reproductivos usando una estructura moral reconocible para millones de creyentes: el deber de amar al prójimo, proteger al vulnerable y enfrentar a los poderes que convierten la fe en instrumento de dominación.

Su novedad no está en decir que es cristiano. Está en decir que precisamente por ser cristiano no puede aceptar una política que abandona a pobres, migrantes, mujeres, estudiantes o trabajadores.

El cristianismo como contraataque a la derecha religiosa

En Estados Unidos, la derecha religiosa ha construido durante décadas una alianza poderosa entre conservadurismo cultural, Partido Republicano, guerra contra derechos reproductivos, rechazo a la diversidad sexual, defensa de armas, nacionalismo y discursos de “valores familiares”.

Talarico entra por la puerta contraria.

En su plataforma, acusa a figuras republicanas como John Cornyn y Ken Paxton de apropiarse de las palabras “libertad, familia y fe”, mientras impulsan políticas que —desde su lectura— controlan cuerpos, censuran libros, niegan licencias familiares pagadas, encarecen cuidados infantiles y usan la religión para dañar a otros.

Ese giro es estratégico.

La izquierda estadounidense suele responder a la derecha religiosa desde el secularismo: “la religión debe quedar fuera de la política”. Talarico no abandona esa defensa de la separación Iglesia-Estado, pero añade otra capa: “ustedes no representan el cristianismo; lo están deformando”.

No le dice a la derecha religiosa “no hables de Dios”. Le dice: “no uses a Dios para justificar privilegios, odio o autoritarismo”.

Ese movimiento cambia el tablero.

Porque no deja a los votantes creyentes ante una falsa elección entre fe conservadora y progresismo secular. Les ofrece una tercera posibilidad: ser creyentes y defender derechos; ser cristianos y votar por redistribución; hablar de familia y apoyar cuidados; hablar de libertad y rechazar la censura; hablar de fe y defender a migrantes.

El mensaje económico: no izquierda contra derecha, sino arriba contra abajo

Uno de los elementos más potentes de Talarico es su forma de traducir la lucha de clases al lenguaje moral estadounidense.

En su sitio de campaña, afirma que la mayor división del país no es izquierda contra derecha, sino “arriba contra abajo”: los multimillonarios quieren que la ciudadanía se mire entre sí como enemiga para no mirar hacia quienes concentran poder y riqueza.

La frase tiene fuerza porque desplaza el pleito cultural hacia la economía política.

No abandona la agenda de derechos, pero la conecta con corrupción, dinero privado, captura institucional, impuestos, salud, educación y costos de vida. Su plataforma anticorrupción propone medidas como prohibir super PACs y PACs corporativos, terminar con el gerrymandering partidista, limitar el comercio de acciones por congresistas y ampliar controles éticos en el poder.

Ahí está el corazón de su fórmula:

Cristianismo sin nacionalismo.
Populismo sin xenofobia.
Fe sin teocracia.
Derechos sin lenguaje elitista.
Clase trabajadora sin abandonar diversidad.
Anticorrupción sin tecnocracia fría.

Talarico intenta hacer algo que muchas izquierdas han olvidado: convertir la política pública en una historia moral sencilla.

No basta con decir “reforma fiscal progresiva”. Hay que decir quién se beneficia, quién paga, quién fue abandonado y por qué eso es injusto.

Por qué funciona en la era de la desconfianza

El ascenso de Talarico ocurre en un momento de fatiga democrática.

En Estados Unidos, la polarización, la crisis de representación, la desconfianza hacia élites políticas y el poder de los algoritmos han producido una ciudadanía más cínica, más enojada y más desconfiada.

Por eso su perfil llama la atención.

No aparece como un tecnócrata que promete administrar mejor lo mismo. Tampoco como un político que reduce la izquierda a lenguaje universitario o identitario. Habla de corrupción, riqueza extrema, escuelas, salud, familia, frontera, libertad religiosa y derechos con una narrativa que busca sonar comprensible para personas que no necesariamente se definen como progresistas.

Medios estadounidenses han señalado que su aparición en espacios no tradicionales, incluido el podcast de Joe Rogan, amplificó su figura ante audiencias que no suelen consumir comunicación demócrata convencional.

Su fuerza no viene solo de hablarle a los convencidos. Viene de intentar cruzar la frontera cultural donde muchas izquierdas dejaron de hacer campaña.

Ese es un dato clave para México y América Latina.

México: una izquierda laica en un país profundamente creyente

México es constitucionalmente laico, pero culturalmente religioso.

El Censo 2020 registró casi 98 millones de personas católicas y más de 14 millones de protestantes o cristianas evangélicas; también creció la población sin religión, especialmente entre jóvenes, pero la identidad cristiana sigue teniendo un peso enorme en la vida social.

La izquierda mexicana ha tenido una relación compleja con la religión. Por un lado, viene de tradiciones liberales, laicas y anticlericales que fueron fundamentales para separar al Estado de la Iglesia. Por otro, su base popular es mayoritariamente creyente, guadalupana, comunitaria, sincrética y atravesada por símbolos religiosos.

Andrés Manuel López Obrador entendió ese terreno mejor que muchos políticos de izquierda. Se identificó públicamente como cristiano, usó símbolos como la Virgen de Guadalupe y disputó la relación con las bases católicas sin subordinarse a la jerarquía eclesiástica. El País lo describió como una estrategia de cercanía con votantes católicos y distancia frente al episcopado.

Ahí está una diferencia importante: López Obrador construyó un cristianismo popular, nacional, moral y comunitario. Talarico está construyendo una versión más explícitamente teológica, progresista y antinacionalista.

México ya conoce una izquierda que habla con símbolos religiosos. Lo que Talarico muestra es cómo convertir esa dimensión moral en una defensa explícita de derechos, democracia y justicia social frente a la derecha religiosa.

El riesgo mexicano: confundir lenguaje moral con confesionalismo

Para México, la lección de Talarico no puede ser “religionizar” la política.

Eso sería un error enorme.

La laicidad mexicana no es un capricho académico: es una conquista histórica frente al poder clerical, las guerras religiosas, la tutela moral de las iglesias y el riesgo de convertir derechos civiles en permisos religiosos.

La lección es más fina.

Las izquierdas mexicanas pueden recuperar un lenguaje moral capaz de hablar de prójimo, comunidad, dignidad, compasión, justicia, cuidado, pobreza, migración y territorio sin convertir al Estado en iglesia ni legislar desde dogmas.

No se trata de meter a Dios al gobierno. Se trata de dejar de regalarle a la derecha el vocabulario de la bondad, la familia y los valores.

La derecha suele presentarse como defensora de la familia, aunque vote contra cuidados, licencias, salud pública o salarios dignos.

La izquierda podría responder: familia también es guardería pública, vivienda, tiempo para cuidar, seguridad alimentaria, transporte, escuelas, salud mental, pensión, agua y trabajo digno.

Ese es el tipo de traducción que Talarico hace en Estados Unidos.

Y esa traducción podría ser muy poderosa en México.

América Latina: el campo religioso que la izquierda dejó disputar sola

En América Latina, el tema es todavía más profundo.

La región vive una transformación religiosa acelerada: el catolicismo sigue siendo mayoritario, pero ha perdido terreno; crecen las personas sin afiliación y en varios países las iglesias evangélicas mantienen un peso político cada vez mayor. Una encuesta de Pew citada por AP encontró caídas importantes del catolicismo en países como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, mientras aumentan los no afiliados; aun así, la región sigue siendo ampliamente religiosa en creencias y prácticas.

La derecha entendió antes que muchas izquierdas que las iglesias evangélicas y pentecostales no son solo espacios de fe: son redes de comunidad, contención, ayuda, identidad, liderazgo barrial, comunicación emocional y movilización política.

Brasil lo mostró con claridad. La influencia del fundamentalismo cristiano de derecha fue clave en el bolsonarismo, y documentales recientes han analizado cómo sectores evangélicos ayudaron a construir una política de guerra cultural, anticomunismo, orden moral y nostalgia autoritaria.

Centroamérica también muestra el ascenso de poderes evangélicos conservadores, con impacto en derechos reproductivos, diversidad sexual, educación y política institucional. El caso de Costa Rica ha sido leído como parte de una “marea evangélica” regional que desplaza viejas formas de influencia católica y conecta con la nueva derecha internacional.

El problema de muchas izquierdas latinoamericanas no fue defender la laicidad. Fue confundir laicidad con silencio moral ante comunidades creyentes.

Ese vacío lo ocupó la derecha.

La memoria latinoamericana: teología de la liberación

La paradoja es que América Latina no necesita importar de Estados Unidos la idea de una fe progresista.

Ya la tuvo. La produjo. La exportó.

La teología de la liberación nació en América Latina en el siglo XX como una lectura cristiana de la pobreza, la opresión, la injusticia estructural y la opción preferencial por los pobres. Sus figuras —Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Jon Sobrino, entre otros— construyeron una de las tradiciones más potentes de cristianismo social en el mundo.

Talarico no inventa eso.

Pero lo actualiza en clave digital, electoral, estadounidense y antinacionalista.

La gran ironía es que un demócrata texano podría recordarle a América Latina algo que América Latina le enseñó al mundo: que la fe también puede estar del lado de los pobres, no de los poderosos.

Esa memoria puede volver a ser políticamente útil.

No para convertir a partidos de izquierda en iglesias.

Sino para reconstruir puentes con mayorías populares que no separan su vida material de su vida espiritual.

La estrategia para las izquierdas del mundo

El fenómeno Talarico puede significar una estrategia discursiva y política para las izquierdas si se entiende en cinco claves.

La primera: disputar el lenguaje moral.

La izquierda suele tener mejores diagnósticos estructurales, pero peores relatos emocionales. Habla de desigualdad, precarización, financiarización, extractivismo o neoliberalismo. Todo eso importa. Pero millones de personas entienden antes una frase moral que una categoría académica.

Talarico dice: amar al prójimo implica cuidar al migrante, financiar escuelas, defender salud, frenar corrupción y proteger derechos.

Esa traducción es poderosa.

La segunda: separar fe de autoritarismo.

La derecha nacionalista ha usado religión para justificar exclusión, censura, misoginia, homofobia y concentración de poder. Talarico responde que eso no es fe, sino adoración del poder con lenguaje religioso.

Ese marco permite hablarle a creyentes que sienten incomodidad frente al extremismo, pero que tampoco se reconocen en una izquierda que desprecia su espiritualidad.

La tercera: reconstruir comunidad.

Las izquierdas globales enfrentan un problema de organización. Perdieron sindicatos, comités territoriales, círculos comunitarios y redes de cuidado. Muchas iglesias, en cambio, sí mantuvieron comunidad semanal, liderazgos locales, acompañamiento y pertenencia.

No se trata de convertir partidos en templos. Se trata de aprender que la política necesita ritual, presencia, escucha, cuidado y continuidad.

La cuarta: vincular derechos con vida cotidiana.

Una izquierda que defiende derechos reproductivos, diversidad sexual o migración debe poder explicarlos no solo como agenda legal, sino como expresión de dignidad humana, amor al prójimo y libertad frente al poder del Estado.

Talarico no abandona derechos para hablar de fe. Usa la fe para defender derechos.

La quinta: hacer anticorrupción con contenido popular.

Su crítica a multimillonarios, PACs corporativos, manipulación electoral y captura del Estado conecta con un enojo transversal. La corrupción deja de ser solo delito administrativo y se vuelve pecado político contra la comunidad.

La izquierda necesita menos superioridad moral abstracta y más lenguaje moral encarnado en salarios, cuidados, vivienda, escuelas, salud, democracia y comunidad.

Los riesgos: no todo lo religioso es progresista

El fenómeno Talarico también tiene límites.

El primero es la exclusión.

Si una izquierda habla demasiado desde códigos cristianos, puede dejar fuera a personas ateas, agnósticas, musulmanas, judías, indígenas, afroespirituales o simplemente no religiosas.

Por eso el modelo solo funciona si su cristianismo es inclusivo, no identitario. Es decir: si usa la fe como fuente ética personal, no como requisito de pertenencia política.

El segundo riesgo es la instrumentalización.

Cuando la política usa religión solo como táctica electoral, la ciudadanía lo detecta. Talarico funciona precisamente porque su fe parece biográfica, no decorativa: viene de familia religiosa, de formación teológica, de iglesia y de una narrativa personal consistente.

El tercer riesgo es la reacción conservadora.

La derecha religiosa no va a ceder el monopolio moral sin atacar. En Texas, figuras republicanas ya han respondido con descalificaciones personales y acusaciones religiosas contra Talarico, mientras él crece como candidato competitivo.

El cuarto riesgo es que el discurso supere a la organización.

Hablar bonito de justicia no reemplaza estructura territorial, alianzas, programa, cuadros, financiamiento limpio y capacidad de gobierno.

Talarico puede abrir una puerta discursiva. Pero ninguna izquierda gana solo con sermones progresistas. Necesita organización.

Qué podría aprender Morena y la izquierda mexicana

Para Morena, el fenómeno Talarico puede ser especialmente interesante.

La 4T ya utiliza una moral política basada en pueblo, pobres, honestidad, austeridad, comunidad y justicia. Pero a veces ese lenguaje se vuelve consigna repetida. Talarico muestra cómo actualizar la dimensión moral sin perder conflicto de clase ni agenda de derechos.

La izquierda mexicana podría aprender tres cosas.

Primero: hablar de valores sin sonar conservadora.

Valores no son solo obediencia, castigo o tradición. También son solidaridad, cuidado, honestidad, justicia, igualdad y amor al prójimo.

Segundo: hablarle a creyentes sin entregar la laicidad.

México puede defender Estado laico y al mismo tiempo reconocer que millones de personas procesan la política desde categorías morales y espirituales.

Tercero: disputar a la derecha la palabra “familia”.

La familia no se defiende negando derechos. Se defiende con salarios, vivienda, agua, salud, cuidados, escuelas, transporte seguro, licencias parentales y protección contra la violencia.

La izquierda mexicana tiene una oportunidad: dejar de permitir que la derecha use “valores” como sinónimo de castigo.

Qué podría aprender América Latina

En América Latina, la lección es más urgente.

Las derechas cristianas han sabido construir poder desde abajo: templos, barrios, radios, redes sociales, pastores, liderazgos comunitarios, grupos de mujeres, jóvenes y familias.

Las izquierdas, en cambio, muchas veces respondieron con desprecio cultural, pensando que la religión desaparecería con educación o modernización. No ocurrió. La religión cambió, se fragmentó, migró de instituciones tradicionales a iglesias más flexibles, emocionales y territoriales.

Talarico muestra que la izquierda puede hablar con comunidades creyentes sin renunciar a derechos ni convertirse en conservadora.

Pero debe hacerlo con respeto.

No basta con visitar iglesias en campaña.
No basta con citar a Jesús una vez.
No basta con decir “primero los pobres” si después se gobierna para élites.
No basta con defender derechos en tribunales si no se explican en barrios, familias y comunidades.

La batalla cultural no se gana burlándose de la fe popular. Se gana demostrando que justicia social, cuidado comunitario y dignidad humana pueden hablar también en lenguaje espiritual.

Una izquierda menos fría

El fenómeno Talarico revela una debilidad de la izquierda global: demasiadas veces se volvió correcta, técnica, jurídica, universitaria, institucional, pero emocionalmente fría.

La derecha entendió que la política también es pertenencia.

Prometió familia, patria, Dios, orden, comunidad, identidad.

Aunque muchas veces lo hizo para defender privilegios, excluir minorías o movilizar miedo.

Talarico intenta responder con otra gramática: fe sin odio, familia sin control, libertad sin censura, comunidad sin nacionalismo, cristianismo sin supremacía.

Si la derecha convirtió la religión en arma cultural, la izquierda puede convertir la espiritualidad popular en lenguaje de cuidado, justicia y comunidad.

Esa es la disputa.

La pregunta global

James Talarico no garantiza una nueva era para la izquierda. Puede ganar o perder. Puede crecer o diluirse. Puede convertirse en figura nacional o quedar como fenómeno texano.

Pero su irrupción ya deja una enseñanza.

Las izquierdas del siglo XXI no solo necesitan mejores programas. Necesitan mejores lenguajes para explicar por qué esos programas son moralmente necesarios.

La desigualdad no es solo ineficiencia: es injusticia.
La corrupción no es solo ilegalidad: es traición comunitaria.
La migración no es solo frontera: es humanidad.
La salud no es solo gasto: es cuidado.
La educación no es solo presupuesto: es futuro.
La democracia no es solo procedimiento: es pacto moral.
La familia no es solo consigna: es red de protección material y afectiva.

Ese es el territorio donde Talarico está irrumpiendo.

Y ese es el territorio que muchas izquierdas podrían volver a disputar.

Porque quizá la pregunta no sea si la izquierda debe hablar de religión.

La pregunta es si puede volver a hablar de esperanza sin que le dé vergüenza.

Cada lluvia es una evaluación para Felifer Macías,

Cada lluvia evalúa a Felifer Macías: Querétaro ya no puede culpar solo al clima

Por: Rodrigo Vissuet
Santiago de Querétaro, Qro., 4 de julio de 2026.— En Querétaro, cada lluvia es una evaluación pública. No lo dice la oposición, no lo dice una encuesta, no lo dice una consigna: lo dice la calle cuando se inunda, el tráfico cuando se paraliza, la coladera cuando no traga, el dren cuando se desborda y la familia que vuelve a mirar la puerta de su casa con miedo de que el agua entre otra vez.

Durante años, las autoridades han tratado la lluvia como si fuera un accidente del cielo. Como si cada tormenta llegara sin aviso, como si julio no existiera en el calendario, como si el agua tuviera mala intención y la ciudad ninguna responsabilidad.

Pero la verdad es más incómoda: la lluvia no solo cae sobre Querétaro; también revela cómo fue gobernado, planeado y mantenido Querétaro.

Y hoy esa evaluación tiene destinatario político: el gobierno municipal encabezado por Felipe Fernando Macías, Felifer Macías, y su equipo.

No porque la lluvia sea culpa del alcalde. Nadie serio diría eso. Pero sí porque los efectos de la lluvia —las inundaciones, los encharcamientos, el caos vial, los riesgos en colonias, el mantenimiento preventivo, la respuesta de Protección Civil, la limpieza de drenes, la vigilancia de obras y la comunicación con la ciudadanía— sí forman parte de la responsabilidad pública de un gobierno municipal.

No se gobierna el clima. Se gobierna la ciudad que recibe ese clima.

El problema no es que llueva; el problema es qué pasa cuando llueve

Querétaro no necesita funcionarios que miren al cielo con sorpresa cada vez que se nubla. Necesita autoridades que entiendan que la temporada de lluvias no es una emergencia imprevista, sino una prueba anunciada.

Se sabe que va a llover. Se sabe dónde se inunda. Se sabe qué vialidades colapsan. Se sabe qué drenes requieren limpieza. Se sabe qué colonias han vivido afectaciones. Se sabe qué pasos, avenidas, puentes, bordos y zonas bajas necesitan vigilancia.

Entonces la pregunta no es meteorológica. Es política.

¿Qué se hizo antes de que lloviera?

Ahí empieza la verdadera evaluación para Felifer Macías y su equipo. Porque una cosa es reaccionar con brigadas cuando el agua ya está encima, y otra muy distinta es anticiparse con mantenimiento, prevención, información pública y decisiones urbanas responsables.

Gobernar bien no consiste en tomarse la foto con botas después de la tormenta. Gobernar bien consiste en evitar que la gente necesite esas botas dentro de su propia casa.

La lluvia desnuda la ciudad que el discurso maquilla

Querétaro tiene una narrativa cuidadosamente construida: ciudad moderna, ordenada, competitiva, atractiva para invertir, buena para vivir, símbolo de crecimiento y calidad urbana.

Y en parte lo es.

Pero cada tormenta pone esa narrativa contra el pavimento. La baja de su pedestal. La moja. La obliga a responder preguntas más concretas que cualquier campaña institucional.

¿Puede una ciudad presumir modernidad si cada lluvia convierte avenidas en canales?
¿Puede presumir planeación si los mismos puntos se inundan año tras año?
¿Puede hablar de futuro si no protege sus áreas de infiltración?
¿Puede venderse como ciudad de primer nivel si sus colonias viven con miedo al temporal?

La lluvia tiene una virtud política brutal: no respeta propaganda.

No le importa el eslogan, no lee boletines, no distingue colores partidistas. El agua simplemente busca salida. Y cuando no la encuentra, exhibe lo que se tapó, lo que se autorizó mal, lo que no se limpió, lo que se improvisó y lo que se dejó para después.

Por eso el gobierno municipal debe entender algo: en temporada de lluvias, la calle comunica más que cualquier rueda de prensa.

Felifer frente a una ciudad que ya no acepta pretextos

Felifer Macías gobierna una capital compleja, desigual y acelerada. Una ciudad que creció con velocidad, con presión inmobiliaria, con expansión vial, con nuevos desarrollos, con plazas, fraccionamientos, parques industriales y una demanda ciudadana cada vez más alta.

Esa ciudad no se administra con discursos de buena voluntad. Se administra con capacidad técnica, coordinación, sensibilidad social y una obsesión por el mantenimiento.

Querétaro no puede seguir actuando como si el crecimiento urbano fuera solo una buena noticia. Crecer también tiene costos: más agua sobre concreto, más autos en vialidades saturadas, más colonias expuestas, más basura en drenajes, más presión sobre servicios y más riesgo cuando la infraestructura no acompaña al desarrollo.

Una ciudad que crece rápido pero no se prepara bien termina inundándose no solo de agua, sino de errores acumulados.

Ahí es donde el equipo municipal debe demostrar si está a la altura. No basta con decir que hay monitoreo. No basta con publicar recomendaciones. No basta con pedir a la gente que no tire basura, aunque la ciudadanía también tenga responsabilidad.

La autoridad no puede reducir el problema a “la gente tapa las coladeras”. Eso existe, pero no explica todo. También hay permisos, obras, supervisión, drenaje insuficiente, mantenimiento, planeación, desazolve, coordinación metropolitana y prioridades presupuestales.

La basura en la calle es un problema ciudadano.
La falta de prevención estructural es un problema de gobierno.

La lluvia también pregunta por las prioridades

El debate sobre lluvias en Querétaro se conecta con muchos otros temas que hoy están en la conversación pública: venta de predios municipales, áreas de donación, pérdida de espacios públicos, crecimiento inmobiliario, falta de áreas verdes y presión sobre el suelo urbano.

Porque los parques no son adornos. Los árboles no son decoración. Las áreas permeables no son terrenos “vacíos”. Los drenes no son zanjas olvidadas. Los predios públicos no son caja chica.

Todo eso forma parte de la defensa de la ciudad frente al agua.

Cuando se pierde suelo público, cuando se reduce área verde, cuando se construye sin mirar escurrimientos, cuando se pavimenta sin pensar en infiltración, cuando se autoriza desarrollo sin infraestructura suficiente, la factura llega. Y muchas veces llega con lluvia.

Querétaro necesita dejar de tratar el urbanismo como negocio de metros cuadrados y empezar a tratarlo como política de supervivencia urbana.

No se trata de detener el desarrollo. Se trata de preguntarse desarrollo para quién, con qué infraestructura, con qué impacto y con qué responsabilidad frente al futuro.

El ciudadano no quiere heroicidad; quiere que funcione

Hay una escena que se repite en muchas ciudades mexicanas: llueve fuerte, se inunda una avenida, llegan autoridades, se activan cuadrillas, se suben fotos, se presume atención inmediata.

Pero la gente no quiere heroicidad administrativa. Quiere que las cosas funcionen.

Quiere poder salir del trabajo sin pasar dos horas atrapada. Quiere que su colonia no se convierta en laguna. Quiere que el transporte avance. Quiere que una ambulancia pueda cruzar. Quiere que el agua no entre a su negocio. Quiere que la autoridad le avise a tiempo, no cuando ya está todo cerrado. Quiere que los puntos de riesgo estén atendidos antes, no narrados después.

La eficiencia pública no se mide cuando el funcionario aparece en la emergencia; se mide cuando la emergencia no escala.

Eso es lo que debe entender el gobierno de Felifer Macías. La ciudadanía no está pidiendo milagros climáticos. Está pidiendo administración seria de una ciudad que ya conoce sus riesgos.

No todas las lluvias son iguales, pero todos los gobiernos son evaluados

Sería injusto negar que hay tormentas extraordinarias. El cambio climático está alterando patrones de lluvia y haciendo más frecuentes eventos intensos. Las ciudades del mundo están enfrentando retos nuevos.

Pero justamente por eso la vara de exigencia debe subir.

Si las lluvias son más intensas, la planeación debe ser más inteligente. Si el clima es más agresivo, la infraestructura debe ser más resiliente. Si la ciudad creció, el gobierno debe dejar de administrar como si siguiera siendo una capital pequeña.

La nueva normalidad climática no puede enfrentarse con viejas respuestas burocráticas.

Querétaro necesita mapas de riesgo actualizados, drenaje pluvial con visión metropolitana, inversión preventiva, transparencia en puntos críticos, comunicación en tiempo real, revisión de permisos urbanos, protección de áreas verdes y coordinación con Corregidora, El Marqués y gobierno estatal.

El agua no reconoce fronteras municipales. Una mala decisión en una zona puede afectar a otra. Un escurrimiento no se detiene porque cambie el límite administrativo.

Por eso el gobierno de la capital debe liderar con mayor claridad. Querétaro no puede esperar a que cada municipio actúe por separado mientras el agua corre junta.

La lluvia como oposición perfecta

En política se suele decir que la oposición desgasta a un gobierno. Pero en temporada de lluvias, la oposición más dura puede ser el clima.

La lluvia no necesita tribuna. No necesita campaña. No necesita desplegados. Le basta caer.

Y cuando cae, pregunta sin pedir permiso:

¿Se limpió a tiempo?
¿Se invirtió donde hacía falta?
¿Se protegieron los puntos vulnerables?
¿Se escuchó a las colonias?
¿Se revisaron las obras?
¿Se permitió construir donde no debía?
¿Se informó con claridad?
¿Se actuó antes o solo después?

Cada tormenta es una comparecencia pública sin micrófono.

Felifer Macías y su equipo deberían tomarlo así. No como una crítica incómoda, sino como una oportunidad de demostrar gobierno. Porque una ciudad que responde bien a la lluvia gana confianza. Una ciudad que se desborda cada temporada acumula enojo.

Y el enojo urbano no siempre grita. A veces se queda en silencio, atrapado en el tráfico, empujando una puerta mojada, secando una sala, perdiendo mercancía o esperando que alguien responda.

Humanizar la infraestructura

Hablar de drenaje puede sonar técnico. Hablar de cárcamos, bordos, rejillas y escurrimientos puede parecer asunto de ingenieros. Pero al final, todo eso se traduce en vida cotidiana.

Una coladera limpia puede evitar que una madre llegue tarde por su hijo.
Un dren funcionando puede salvar un negocio familiar.
Una alerta oportuna puede evitar que alguien cruce una corriente.
Una calle bien diseñada puede impedir un accidente.
Un parque conservado puede absorber agua y dar sombra.
Una obra bien planeada puede evitar años de afectaciones.

La infraestructura también es una forma de cuidado.

Y si el gobierno municipal quiere hablar de calidad de vida, debe empezar por eso: por cuidar lo básico, lo cotidiano, lo que permite que una ciudad siga funcionando incluso cuando el cielo se rompe.

Querétaro no necesita un gobierno que prometa controlar la lluvia. Necesita uno que entienda que cada tormenta afecta personas reales, no solo estadísticas de Protección Civil.

El cierre que debería escuchar el municipio

Felifer Macías está ante una oportunidad política importante. Puede tratar las lluvias como un problema estacional que se atiende con comunicados, patrullas y cuadrillas. O puede convertirlas en el punto de partida de una agenda seria de resiliencia urbana.

Puede esperar a que el agua suba. O puede decirle a la ciudad, con hechos, dónde están los riesgos y qué se está haciendo para reducirlos.

Puede culpar al clima. O puede aceptar que gobernar también es anticipar.

Porque en Querétaro, cada lluvia ya no es solo lluvia.

Cada lluvia es una evaluación pública del gobierno municipal.
Cada encharcamiento pregunta por el mantenimiento.
Cada inundación pregunta por la planeación.
Cada cierre vial pregunta por la movilidad.
Cada familia afectada pregunta por la prevención.
Cada tormenta pregunta si la ciudad creció con inteligencia o solo creció rápido.

Y esa pregunta, tarde o temprano, llega al escritorio del presidente municipal.

No como consigna.
No como ataque.
Como realidad.

Porque la lluvia no vota, pero sí exhibe. Y en Querétaro, lo que el agua exhibe ya no puede seguir tratándose como simple pronóstico.

tradicion

Retrato de una tortura celebrada en San Juan del Río

Hay violencias que se esconden.
Otras se justifican.
Y algunas, las más perturbadoras, se celebran con boleto, aplauso y fotografía oficial.

En San Juan del Río, en el marco de su feria tradicional, una corrida de toros volvió a abrir una pregunta que incomoda porque no se resuelve con nostalgia, folclor ni economía: ¿qué clase de sociedad somos cuando llamamos tradición al sufrimiento de un ser sintiente?

El debate no es nuevo, pero el momento sí lo vuelve urgente. Mientras el país vive una Copa del Mundo cargada de contrastes —por un lado, la ternura colectiva provocada por Merlin, el pato que se volvió símbolo viral de la afición mexicana; por otro, celebraciones masivas que terminaron en tragedia, con cuatro personas fallecidas en la Ciudad de México tras el partido de México contra Ecuador—, San Juan del Río quedó atrapado en su propio espejo: el de una comunidad que puede conmoverse por un animal convertido en ícono mundialista y, al mismo tiempo, permitir que otro animal sea herido, sometido y reducido a espectáculo.

La contradicción duele porque retrata algo más profundo: la sensibilidad humana parece depender del escenario. Si el animal nos enternece, lo abrazamos como símbolo. Si el animal nos enfrenta con nuestra violencia, algunos prefieren llamarle cultura.

La denuncia que nadie debería ignorar

Tras la corrida realizada en San Juan del Río, una denuncia ciudadana difundida en redes sociales relató una escena brutal. De acuerdo con ese testimonio, después del festejo, el toro aún habría estado luchando por vivir cuando fue levantado con maquinaria, colocado boca arriba en una camioneta y herido con un cuchillo en el pecho para provocarle la muerte.

La frase escrita por la persona denunciante es difícil de leer. Pero precisamente por eso debe leerse.

Porque si lo denunciado es cierto, no estamos ante una “tradición”, sino ante un acto de crueldad que exige investigación. Y si alguien considera exagerado llamarle tortura, entonces el problema no está en la palabra: está en la anestesia moral con la que hemos aprendido a mirar.

LYPmultimedios no cuenta, hasta este momento, con una confirmación oficial independiente sobre el procedimiento descrito en esa denuncia. Por responsabilidad periodística, debe decirse así. Pero también debe decirse lo otro: una denuncia ciudadana de esta gravedad no puede ser desestimada solo porque incomoda a intereses económicos, políticos o sociales.

Las autoridades municipales y estatales tendrían que aclarar qué ocurrió, bajo qué protocolos se manejó al animal, quién supervisó el evento, qué personal veterinario estuvo presente, qué empresa organizó el espectáculo y si existió algún incumplimiento a la normativa aplicable.

Porque el silencio institucional también comunica. Y muchas veces comunica complicidad.

No se trata de tradición: se trata de violencia

Este artículo no busca discutir si la tauromaquia tiene historia. La tiene. Tampoco pretende negar que existan personas que la defienden como actividad cultural o económica. El punto es otro: ninguna tradición debería tener licencia moral para convertir el dolor en entretenimiento.

En México, el debate público ya se movió. Una encuesta de Enkoll para EL PAÍS y W Radio reportó en 2025 que 72% de las personas consultadas estaba en contra de las corridas de toros y las consideraba maltrato animal. Ese dato no es menor: revela que la sociedad mexicana no está donde algunos grupos de poder creen que está.

La Ciudad de México ya dio un paso relevante al aprobar una reforma para transformar las corridas tradicionales en espectáculos taurinos sin violencia: sin muerte del toro, sin banderillas, sin espadas, sin lanzas y con la obligación de proteger la integridad física del animal antes, durante y después del evento. La medida fue celebrada por sectores animalistas y rechazada por el gremio taurino, precisamente porque toca el nervio central del debate: sin violencia, la tauromaquia tradicional pierde su forma actual.

Eso confirma lo evidente. No estamos hablando solo de una actividad cultural. Estamos hablando de una práctica cuya estructura depende de la dominación física de un animal.

La violencia no empieza en la plaza, pero ahí se normaliza

En un país donde la violencia se mide todos los días con datos duros, carpetas de investigación, cuerpos, ausencias y miedo, resulta perturbador que todavía haya espacios donde el dolor pueda organizarse como fiesta.

La crueldad hacia los animales no es un asunto menor ni aislado. Diversas investigaciones han estudiado la relación entre crueldad animal y otras formas de violencia interpersonal, especialmente violencia familiar, abuso infantil y conductas antisociales. No significa que toda persona que asiste a una corrida sea violenta; significa que una sociedad que normaliza la violencia ritualizada contra seres vulnerables debería preguntarse qué está educando, qué está tolerando y qué está celebrando.

San Juan del Río no puede analizar este hecho como si ocurriera en el vacío. El municipio vive discusiones permanentes sobre seguridad, consumo problemático de sustancias, violencia familiar, deterioro urbano, prioridades presupuestales e infraestructura pública. Y Querétaro, aunque suele presentarse como una entidad de orden y desarrollo, también enfrenta una realidad grave en materia de violencia contra las mujeres: la ENDIREH 2021 del INEGI colocó al estado entre las entidades con mayor prevalencia de violencia contra mujeres mayores de 15 años.

Por eso el debate importa. Porque la violencia no siempre aparece de golpe. A veces se entrena en símbolos. A veces se legitima en discursos. A veces se normaliza desde la infancia con la idea de que un cuerpo indefenso puede ser sometido si existe una razón económica, estética, cultural o política para hacerlo.

La hipocresía política alrededor del ruedo

La corrida en San Juan del Río también exhibió otro elemento incómodo: la presencia, simpatía o silencio de actores políticos de distintas ideologías frente a un espectáculo cuestionado por sectores cada vez más amplios de la sociedad.

Panistas, priistas, emecistas, morenistas o cualquier otra fuerza política no pueden hablar de paz, bienestar social, derechos, humanismo o reconstrucción del tejido comunitario mientras se sientan cómodamente frente a una escena donde un animal es llevado al límite del miedo, la sangre y la muerte.

Aquí no hay superioridad moral por partido. Hay una contradicción transversal.

La política local suele indignarse con la violencia cuando la violencia tiene costo electoral. Pero cuando la violencia tiene taquilla, palco, patrocinio o tradición, entonces se vuelve muda, elegante y administrable.

Esa es la hipocresía que debe nombrarse.

La ley que protege a medias

El caso también obliga a revisar la eficacia de las normas de protección animal en Querétaro. El estado ha sido escenario de precedentes importantes en materia de maltrato animal, como el caso Athos y Tango, los perros rescatistas envenenados en 2021, cuyo proceso derivó en una sentencia histórica en México.

Pero esa misma sensibilidad jurídica parece tener límites cuando se trata de espectáculos taurinos. Querétaro forma parte de los estados donde la tauromaquia ha sido reconocida o protegida como tradición cultural, lo que genera una tensión evidente entre bienestar animal, intereses económicos y discursos patrimoniales.

La pregunta es inevitable: ¿a quién protege realmente la ley cuando un perro envenenado merece justicia, pero un toro torturado puede ser convertido en espectáculo?

Si la protección animal depende de la especie, del negocio o del peso político de quienes organizan el evento, entonces no estamos ante una política de bienestar animal. Estamos ante una protección selectiva.

Y la protección selectiva no es justicia. Es simulación.

La feria que también debe rendir cuentas

Una feria municipal no es solo entretenimiento. Es una decisión pública. Implica permisos, seguridad, recursos, logística, prioridades, discurso institucional y responsabilidad política.

Por eso, cuando dentro de una feria ocurre un hecho denunciado como maltrato animal, el municipio no puede lavarse las manos diciendo que se trata de un evento privado o de una costumbre arraigada. Si ocurre dentro del marco de una celebración pública, bajo condiciones autorizadas por autoridades públicas, entonces hay responsabilidad pública.

San Juan del Río merece una discusión más seria que el falso dilema entre “tradición” y “prohibición”. La verdadera pregunta es si una ciudad que aspira a vivir en paz puede seguir celebrando espectáculos donde la violencia es parte del atractivo.

Porque una comunidad no solo se define por sus obras, sus festivales o sus discursos oficiales. También se define por aquello que decide dejar de aplaudir.

El lamento que no entró al programa oficial

En medio de la música, las luces, las fotografías y los discursos de feria, hubo un lamento que no apareció en ningún boletín.

El de un toro.

Un animal encerrado en un destino diseñado por humanos. Un cuerpo aturdido. Un ser sintiente al que no se le preguntó si quería formar parte de una tradición. Un animal cuyo miedo fue convertido en espectáculo y cuya agonía, según la denuncia ciudadana, habría continuado incluso después del ruedo.

Esa imagen debería perseguirnos más que cualquier polémica partidista.

Porque el fondo no es si a alguien le gustan o no los toros. El fondo es si somos capaces de reconocer sufrimiento cuando el sufrimiento no habla nuestro idioma.

La conversación que San Juan del Río necesita

Este debate no se resuelve con insultos entre taurinos y antitaurinos. Tampoco con superioridades morales instantáneas. Se resuelve con una conversación pública a la altura de una sociedad que dice querer paz, justicia y bienestar.

Esa conversación debe llegar a los ayuntamientos, al Congreso local, a los empresarios, a las autoridades de cultura, a las áreas de protección animal, a las escuelas y a las familias.

La pregunta no es si la tradición debe desaparecer de un día para otro. La pregunta es si la tradición puede evolucionar sin sangre, sin tortura y sin muerte.

La experiencia de la Ciudad de México demuestra que existen rutas legislativas para replantear estos espectáculos desde el bienestar animal, aunque el gremio taurino las rechace. La presión social también está cambiando: la mayoría de la población mexicana ya no mira las corridas con la misma naturalidad de antes.

San Juan del Río puede elegir quedarse en el pasado o puede abrir una discusión valiente.

Puede seguir aplaudiendo desde la grada o puede preguntarse qué tipo de convivencia quiere construir.

Puede llamar tradición a la violencia o puede tener la madurez ética de replantearla.

Porque cualquier práctica que necesite del sufrimiento de un ser indefenso para sostenerse merece, por lo menos, ser cuestionada. Y cualquier gobierno que permita ese sufrimiento tiene la obligación de rendir cuentas.

La paz no se construye solo reduciendo delitos.
También se construye dejando de celebrar la crueldad.

Celia Maya entra a la competencia por Querétaro

La persistencia de Celia Maya y el empate técnico que definirá a Morena en Querétaro

Por Redacción LYPmultimedios | Columna de Opinión y Análisis Político 17 de junio de 2026

En política, el reconocimiento de nombre es un activo que tarda años, a veces décadas, en construirse. Y si hay alguien en Querétaro que ha cimentado su marca a base de persistencia electoral, es Celia Maya García.

Esta semana, el panorama rumbo a las elecciones a la gubernatura de 2027 sufrió una sacudida importante. Una robusta encuesta publicada por el diario El Universal, elaborada por la casa encuestadora Enkoll (levantada cara a cara entre el 30 de mayo y el 3 de junio de 2026), arrojó un dato que a muchos sorprendió, pero que a los analistas locales nos hace todo el sentido: Celia Maya encabeza las preferencias para abanderar a la Cuarta Transformación en el estado.

Los números fríos: Un liderazgo con sabor a empate técnico

Vamos a los datos verificados. Ante la pregunta «¿A quién prefiere como candidato o candidata por Morena para la gubernatura de Querétaro?», la actual integrante del Tribunal de Disciplina Judicial obtuvo una preferencia bruta del 16%.

Sin embargo, el triunfo interno está lejos de ser un día de campo. Pisándole los talones se encuentra el extitular de la UIF, Santiago Nieto Castillo, con un 13%, y la senadora Beatriz Robles Gutiérrez, con un 12%. Mucho más rezagado quedó el senador Gilberto Herrera Ruiz con un lejano 7%.

¿Qué nos dice esto? Que si tomamos en cuenta el margen de error metodológico de la encuesta (+/- 2.8%), lo que realmente tenemos en Querétaro es un trepidante empate técnico a tres bandas.

El factor conocimiento: El arma de doble filo de Celia Maya

La verdadera fortaleza de Celia Maya en este estudio no es su 16% de intención de voto interna, sino su nivel de conocimiento. El 40% de los queretanos encuestados afirma conocerla o haber escuchado de ella, logrando además un nada despreciable 21% de opinión positiva.

Esto no es obra de la casualidad. Sus múltiples candidaturas pasadas al gobierno del estado la han mantenido en la boleta y en la mente del electorado. La gente en la Sierra Gorda, en San Juan del Río y en la capital ubica perfectamente su rostro y su nombre.

No obstante, aquí radica el gran dilema para la dirigencia nacional de Morena. En los cuartos de guerra del partido guinda saben que Querétaro es, junto con Guanajuato, la «joya de la corona» del panismo nacional. Arrebatarle el estado al PAN en 2027 requerirá más que solo reconocimiento de nombre; requerirá una figura que atraiga al voto indeciso, a la clase media y al sector empresarial.

¿Es Celia Maya ese perfil aglutinador o su nivel de conocimiento ya alcanzó un «techo» electoral? Esa es la pregunta que Santiago Nieto y Beatriz Robles intentarán capitalizar en los próximos meses. Nieto, apostando por su perfil de «zar anticorrupción» y su red de contactos institucionales; y Robles, afianzándose como el perfil orgánico y leal a la línea dura de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Las reacciones y el filtro nacional

La publicación de El Universal no pasó desapercibida. En los pasillos políticos locales, el bloque afín a Maya celebró los números como una validación de su lealtad al movimiento. Sin embargo, desde la trinchera de sus competidores, se argumenta que la encuesta demuestra que «no hay nada definido» y que dos terceras partes del obradorismo queretano buscan una alternativa distinta.

A nivel nacional, la presidenta de la Comisión de Elecciones de Morena, Citlalli Hernández, ha sido muy clara esta misma semana: el partido priorizará encuestas rigurosas y perfiles sin «cola que les pisen», buscando competitividad real para las 17 gubernaturas en juego en 2027.

La moneda está en el aire

La encuesta de El Universal y Enkoll es una fotografía invaluable del momento que vive Morena en Querétaro a mediados de este 2026. Confirma que Celia Maya está más vigente que nunca, validando el peso de su trayectoria jurídica y política.

Pero también nos deja una lección clarísima: en Querétaro no hay «dedazo» que valga aún. Con una contienda interna dividida a tercios, el candidato o candidata que logre representar a la 4T en 2027 será aquel que, además de convencer a las bases obradoristas, logre tender puentes hacia una sociedad queretana altamente exigente. El tiro está cantado y el reloj electoral ya comenzó a correr.

Ulises Gómez de la Rosa se reúne con compañeros de partido y aspiración

Ulises Gómez de la Rosa y César Guti cierran filas: Lideran pacto de unidad en Morena por la capital queretana

Por Redacción LYPmultimedios | Política Local

SANTIAGO DE QUERÉTARO, QRO. (13 de junio de 2026). – Las piezas del ajedrez político en la capital queretana comienzan a acomodarse y los liderazgos reales de la Cuarta Transformación han decidido dar un paso al frente. Con la convicción de que los grandes retos del municipio requieren visión de futuro, el diputado local Ulises Gómez de la Rosaarticuló una mesa de diálogo clave para definir el rumbo de los Comités de Defensa de la 4T en Querétaro.

Reconocido por su destacada labor como diputado local, su indudable capacidad para la búsqueda de acuerdos y respaldado por un gran capital político que tiene como base a Santa Rosa Jáuregui, Gómez de la Rosa convocó a los perfiles que han levantado la mano para coordinar el movimiento en la capital. Dejó en claro que la unidad y la construcción de consensos serán la única ruta viable para hacer frente a los desafíos electorales que se avecinan.

La mancuerna estratégica: Ulises y Guti

El peso específico de esta cumbre política recayó en la sólida alianza mostrada entre el diputado y César Gutiérrez «Guti», ex titular del Corredor Económico de Bienestar en Querétaro y uno de los cuadros más activos en la movilización territorial del partido.

Guti respaldó la iniciativa de Gómez de la Rosa, coincidiendo en que, más allá de las legítimas aspiraciones personales, el trabajo conjunto es innegociable. “Querétaro necesita sumar visiones, capacidades y liderazgos comprometidos con la transformación. Estoy convencido de que, caminando juntos y poniendo por delante el bienestar de la gente, podremos hacer realidad los principios de la Cuarta Transformación”, destacó César Guti, reafirmando su lema de que “A Querétaro lo transformamos todos”.

Ambos liderazgos marcaron la pauta del encuentro: ampliar la visión política, fortalecer a los perfiles más competitivos y evitar las divisiones internas que en el pasado han mermado al movimiento en la capital del estado.

Respaldo legislativo y sumas menores

El pacto de unidad tejido por Ulises Gómez de la Rosa y César Guti cuenta además con el aval de otras figuras de peso dentro del partido. Durante el cónclave, se reconoció la disposición de la diputada local Andrea Tovar y del regidor Fernando Flores, quienes, aunque no pudieron asistir por compromisos de agenda, enviaron su respaldo total para sumarse a este esfuerzo conjunto por el bienestar del municipio.

Finalmente, a esta mesa de diálogo articulada por los liderazgos principales, también se le dio espacio de participación a Mauricio Ruiz Olaes, actual titular de la representación de la SEP en la entidad, quien acudió a la reunión para suscribir los acuerdos de unidad planteados por el bloque mayoritario.

Con este cierre de filas, Gómez de la Rosa y Guti envían un mensaje claro tanto al interior de Morena como hacia la oposición: en Querétaro, la 4T ya tiene orden, estructura y un bloque unido listo para competir.

Plan B

No pasó la reforma constitucional electoral, o plan A… pero eso no significa que el tema se haya detenido.

Soy Daniel Dorantes, y esta es la primera emisión de la videocolumna “La Llave”.

Una llave que abre un espacio para analizar a fondo los temas públicos, explicarlos de forma sencilla y entender con claridad qué es lo que está en juego.

No pasó la reforma constitucional electoral, o plan A… pero eso no significa que el tema se haya detenido.

Se activó el llamado plan B, que en este momento se encuentra en el Senado. La lógica, según se aprecia, es avanzar por partes en aquellos temas donde pudiera haber condiciones para construir mayoría. Sobre la mesa hay tres ejes fundamentales: austeridad política, revocación de mandato y ajustes en gobiernos locales y ayuntamientos.

En revocación de mandato, el cambio más visible está en los tiempos. Hoy solo puede pedirse una vez al cierre del tercer año de gestión de quien encabece la Presidencia de la República. Con esta iniciativa, también podría solicitarse ya al cierre del segundo año. La jornada quedaría fijada para el primer domingo de junio del tercer o del cuarto año, según corresponda y sea procedente. Algo importante es que se mantiene el hecho de que la solicitud la puede realizar la ciudadanía cumpliendo con sus respectivos requisitos.

Llevado esto al caso presidencial actual, significa algo muy concreto: la revocación podría pedirse desde 2026 para realizarse la consulta en junio de 2027, de manera concurrente con las elecciones ordinarias; y si se activa después, entonces podría irse a junio de 2028.

En ese rubro de la consulta hay otra novedad que, según hemos visto en medios, se ha estado revisando en el Senado de la República. La iniciativa plantea que la persona sujeta a revocación pueda difundir el proceso y promover el voto a favor de su gestión. Dicho en términos más neutrales, hay una modificación en las reglas de participación para quien está sujeto a este proceso.

En ayuntamientos, la propuesta también incide. La versión presentada originalmente hablaba de una sindicatura y de siete a quince regidurías en su integración. Pero también se ha dicho que ese punto tendría ajustes en el Senado: por un lado, para quitar el número mínimo de siete y dejar el tope de hasta quince; y por otro, para una reincorporación del principio de paridad en la redacción.

Aquí vale la pena aterrizar el caso a Querétaro tal como está hoy. Nuestra norma local dice que todos los municipios tienen dos sindicaturas. Y en regidurías, Querétaro tiene 13; San Juan del Río, Corregidora y El Marqués, 11; Cadereyta y Tequisquiapan, 9; y los demás municipios, 7.

Por eso, al bajar esta discusión al caso queretano, el dato fino es muy claro: aquí el efecto más visible no recaería realmente en las regidurías como están integradas hoy, sino en las sindicaturas.

En presupuesto, pasa algo parecido. La iniciativa pone un tope para los congresos locales, pero en el caso de Querétaro, el Congreso local hoy ya estaría por debajo del límite planteado. Entonces, no veríamos un recorte fuerte e inmediato por esa vía; sino más bien, una lógica de contención hacia adelante.

Dicho en sencillo, este plan B no rehace por completo el sistema, pero mueve piezas importantes: cambia los tiempos de la revocación, modifica las reglas sobre la participación de la persona sujeta a este proceso, toca la integración municipal y aprieta las reglas de gasto.

En política, cuando no pasa una ruta, normalmente aparece otra. Y eso es exactamente lo que estamos viendo… seguramente en los próximos días habrá un desenlace.

Soy Daniel Dorantes y esto es La Llave.

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La tenían, era suya y la dejaron ir

«El Poder Se Toma»

-Alta Gracia Gómez

Querétaro, Qro., 12 de octubre de 2025 – En el epílogo de una farsa parlamentaria que ha expuesto las fisuras de una democracia en miniatura, la LXI Legislatura de Querétaro consumó el viernes 10 de octubre lo que se vislumbra como un triunfo efímero: la devolución del control de su Mesa Directiva al Partido Acción Nacional (PAN), ese bastión conservador que, durante décadas, ha tejido su hegemonía estatal como un tapiz de privilegios inquebrantables.

Bajo el pretexto de forjar una “mesa más plural”, los diputados de Morena y sus aliados de la Cuarta Transformación (4T) –ese bloque que, en teoría, encarna la mayoría numérica y el mandato popular– optaron por un consenso opaco, negociado en los pasillos sombreados del poder, lejos de la luz cruda del escrutinio público. Así, lo que nació como una legitimación orgánica, forjada en el fuego de un escándalo el 30 de septiembre, se disolvió en un trueque político que deja al bloque transformador no solo debilitado, sino caricaturizado: pendencieros al servicio de sus caprichos, acobardados ante la perspectiva de un verdadero asalto al statu quo.

Recordemos el prólogo de esta tragicomedia, que aún resuena en la memoria colectiva queretana como un eco de desorden institucional. El 30 de septiembre, en una sesión ordinaria que prometía ser rutinaria, el pleno del Congreso se convirtió en un circo de agravios y emboscadas. Diputados panistas, liderados por figuras como Guillermo Vega Guerrero y Enrique Correa Sada, al vislumbrar la inminente minoría numérica ante la votación de la Mesa Directiva, desataron un conato de violencia que rozó lo grotesco: se robaron la urna de votación y arrebataron de las manos del vicepresidente en turno, Ulises Gómez de la Rosa (Morena), una boleta de votación.

En un contexto donde la mayoría simple de la 4T (11 de Morena, 2 del PVEM y 1 del PT, sumando 14 escaños frente a los 11 de PAN, PRI, MC y un independiente aliado) confería legitimidad aritmética al proceso, el clímax llegó con la activación intencional de la alarma contra incendios. Un montaje teatral que evacuó el recinto y frustró cualquier avance, dejando al aire un espectáculo de empujones y acusaciones que, en palabras de analistas locales, “legitimó de forma orgánica” la elección posterior del bloque 4T. Aquel episodio, documentado en videos virales que circularon como un réquiem por la cordura legislativa, no solo expuso la torpeza panista –encabezada por un “Memo” Vega cuya actuación fue tildada de “vergonzosa” en corrillos políticos–, sino que galvanizó a la ciudadanía: troyanos y aqueos, por igual, percibieron en el caos un mandato implícito para que la mayoría asumiera el timón, rompiendo el dominio histórico del PAN en un estado que, hasta las elecciones de junio pasado, había sido su feudo inexpugnable.

De aquella legitimación espontánea surgió, la tarde-noche del 1 de octubre, una sesión extraordinaria convocada exclusivamente por el bloque 4T, donde Georgina Guzmán Álvarez (PVEM) fue electa presidenta, flanqueada por aliados como Sully Yanira Mauricio Sixtos (Morena) en la vicepresidencia, Arturo Maximiliano García Pérez (Morena) como primer secretario y Claudia Gayou como segunda secretaria. Era una mesa íntegramente transformadora, un símbolo de la irrupción federal en las entrañas locales: por primera vez, la 4T ostentaba no solo números, sino narrativa.

El respaldo llegó como un trueno el 6 de octubre, cuando Ricardo Monreal Ávila, el arquitecto pragmático de Morena en San Lázaro, validó públicamente la elección en una conferencia de prensa: “Respaldamos a la nueva Mesa Directiva, encabezada por una mujer muy inteligente. Lo más conveniente es la conciliación, pero debe haber apertura de la mayoría y diálogo con la minoría”, declaró, confiando en la “sensatez” del gobernador Mauricio Kuri González para mediar.

Este espaldarazo federal, gestionado con la astucia que caracteriza a Monreal en vísperas del Presupuesto de Egresos 2026 –donde las participaciones federales representan hasta el 80% de los ingresos estatales–, obligó al Ejecutivo panista a mover ficha: al día siguiente, el 7 de octubre, el secretario de Gobierno, Eric Gudiño Torres, irrumpió en la Junta de Coordinación Política (JUCOPO) como un árbitro imparcial, facilitando un acuerdo que inició la entrega-recepción de la mesa y calmó las aguas turbulentas. Gudiño, en su rol de facilitador, se “tomó la foto” con la nueva directiva –un gesto simbólico que, para sorpresa de observadores, parecía sellar la victoria transformadora, con Guzmán al frente y un pleno reactivado para el 14 de octubre.

Pero he aquí el giro shakespeariano: lo que el 7 de octubre se presentó como un consenso maduro, el 10 se reveló como un retroceso calculado, votado por unanimidad en pleno, pero cocinado en “lo oscurito”, como susurran fuentes cercanas al proceso. La Mesa Directiva modificada –presidencia para Guzmán (PVEM), vicepresidencia para Mauricio Cárdenas Palacios (PAN), vicepresidencia suplente para Sinhue Piedragil (Morena), primer secretario para Arturo Maximiliano García (Morena), segundo secretario para Luis Gerardo Ángeles Herrera (PAN), y suplencias repartidas entre Sully Sixtos (Morena) y Juliana Hernández (PAN)– no es pluralidad, sino restitución: el PAN recupera posiciones estratégicas en el control administrativo y político del Congreso, ese órgano que maneja no solo el debate legislativo, sino las riendas presupuestales para 2026, estimadas en 40 mil millones de pesos.

En este trueque rodaron cabezas colaterales –como la salida del director de Comunicación Social, Francisco “Paco” Macías, y del titular de la Oficina de Transparencia–. Estos despidos parecen el precio de un pacto que priorizó el statu quo sobre la audacia. El PAN, ese oficialismo que se jacta de su “unidad” en redes sociales, no oculta su regocijo; y expone el ridículo de una 4T que, de depredadora, pasa a chancla.

Este desaguisado no es mero tropiezo táctico; es un diagnóstico sombrío de la inmadurez política del bloque transformador en Querétaro. En un estado donde la 4T irrumpió como ariete contra la mediocridad panista –rompiendo su monopolio en el Legislativo por primera vez desde la alternancia de 1997–, la decisión de ceder terreno revela una tibieza congénita, un acobardamiento ante la perspectiva de gobernabilidad real. ¿Pendencieros al servicio de intereses personales? Indudablemente: el conato del 30 de septiembre los victimizó y legitimó, el respaldo de Monreal los enalteció, y el pacto del 10 los despojó de toda épica, dejando a Morena, PT y a esa diputada del PVEM como comparsas en su propia derrota.

Alejados del pueblo que observaba el “espectáculo” del 30 como un llamado a la transformación, estos legisladores han optado por la comodidad del statu quo, traicionando la lucha por la gubernatura de 2027 –esa contienda donde, sin control parlamentario, la agenda social y fiscal quedará a merced de un PAN que se ríe en las sombras, burlándose de unos aliados que, como en el clásico futbolero, “la tenían, era suya y la dejaron ir”.

En política, como en el balompié, los errores tácticos se pagan con intereses usureros: la deslegitimación de la 4T no solo erosiona su capital simbólico, sino que aplaza indefinidamente cualquier atisbo de transformación en Querétaro. Lejos queda el sueño de un Congreso al servicio de la mayoría; en su lugar, reina la mediocridad de un pacto que, en lo oscurito, perpetúa el viejo orden. Y mientras el PAN brinda por su resurrección, la ciudadanía –esa que legitimó orgánicamente la rebelión del 30– se pregunta: ¿Y la transformación, para cuándo?

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Espaldarazo de Monreal destraba crisis legislativa en Querétaro: se instala nueva Mesa Directiva rumbo al presupuesto 2026

Por: Redacción | LYPmultimedios

Querétaro, Qro., 7 de octubre de 2025 – Luego de días de tensión e inactividad parlamentaria, el Congreso del Estado de Querétaro instaló este martes la nueva Mesa Directiva durante una sesión extraordinaria. La designación fue producto de un acuerdo unánime alcanzado en la Junta de Coordinación Política (JUCOPO), mediado por el secretario de Gobierno, Eric Gudiño Torres. Este desenlace se concretó apenas un día después de que el coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal Ávila, respaldara públicamente al nuevo órgano legislativo surgido del bloque mayoritario afín a la Cuarta Transformación (4T), en un contexto en el que el control del presupuesto estatal 2026 se perfila como el eje central del conflicto.

La crisis estalló el 30 de septiembre, cuando durante una sesión ordinaria de la LXI Legislatura, los diputados del Partido Acción Nacional (PAN), al prever la pérdida de mayoría frente a la inminente elección de la nueva mesa, intentaron frenar el proceso de violencia. Legisladores como Enrique Correa Sada y Guillermo Vega irrumpieron en la votación, se apoderaron de la urna y del acta de sesión, y activaron la alarma contra incendios para evacuar el recinto. El episodio derivó en empujones, gritos y acusaciones cruzadas: Morena denunció un “golpe legislativo” por parte del PAN; este, a su vez, calificó su acción como una “defensa institucional” frente a supuestas irregularidades. La sesión quedó suspendida de forma indefinida, sumiendo al Congreso en un limbo legislativo por más de una semana.

Ante la parálisis, el bloque Morena–PT–PVEM, que cuenta con 13 de los 25 escaños, convocó una sesión extraordinaria la tarde – noche del 1 de octubre, en la que eligió a la diputada Georgina Guzmán Álvarez (PVEM) como presidenta de la nueva Mesa Directiva. La sesión, realizada únicamente con la presencia del bloque 4T, marcó una parteaguas: por primera vez, el PAN quedó fuera del órgano directivo del Congreso. PAN, PRI y MC denunciaron ilegalidad, acusaron manipulación de boletas y calificaron el procedimiento como un “secuestro institucional”.

El punto de inflexión llegó el lunes 6 de octubre, cuando Ricardo Monreal, desde San Lázaro, ofreció su respaldo total a la nueva mesa. «Apoyamos a la Mesa Directiva encabezada por una mujer inteligente. Lo más conveniente es la conciliación: que haya apertura de la mayoría y diálogo con la minoría», afirmó. Su intervención —considerada clave por fuentes legislativas— coincidió con el inicio de las negociaciones del Presupuesto de Egresos de la Federación 2026 , contexto en el cual Querétaro depende de las participaciones federales para cerca del 80% de su ingreso anual.

Presionado por este escenario, el gobernador Mauricio Kuri instruyó a su secretario de Gobierno, Eric Gudiño , un intervenir como mediador. El funcionario acudió a la JUCOPO este martes, donde facilitó un acuerdo entre las bancadas, permitiendo la instalación formal de la Mesa Directiva y reactivando las sesiones legislativas para el 14 de octubre. Aunque Gudiño declaró haber actuado solo como “facilitador”, su presencia destrabó la resistencia del PAN e indujo a aliados como MC y PRI a ceder, evitando así un escenario que habría puesto en riesgo la aprobación del paquete fiscal estatal, estimado en más de 40 mil millones de pesos, enfocado en seguridad, salud y desarrollo social.

El diputado Homero Barrera Mcdonald , una de las voces más visibles del bloque 4T, celebró el acuerdo en redes sociales como un “triunfo de la democracia” y un paso para recuperar la confianza en las instituciones. La bancada oficialista reconoce a Barrera como el enlace clave con Monreal y promotor del discurso que ha evidenciado las fracturas internas del PAN en la entidad.

La nueva Mesa Directiva, presidida por Guzmán Álvarez, asume funciones en un entorno delicado: el control de las cuentas públicas estatales y municipales de 2026 está en juego, y con ello, la limitación de fuerzas rumbo a la elección de 2027. Si prevalece el diálogo, la LXI Legislatura podría recuperar la estabilidad institucional. Si no, el Congreso de Querétaro continuará siendo un campo de batalla política con repercusiones nacionales.

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Así se gestó la inédita alianza legislativa de Morena que sacudió al panismo en Querétaro

Por Rodrigo Vissuet

El pasado viernes 29 de agosto ocurrió lo que, hasta hace poco, parecía un escenario imposible: la bancada de Morena en Querétaro actuó con unidad. Aunque debería tratarse de una práctica natural en cualquier grupo parlamentario, en la entidad la diversidad de intereses había convertido la cohesión en una quimera, facilitando al PAN el control de la agenda legislativa gracias a la fragmentación de sus opositores.

El cónclave morenista

 

La chispa se encendió en un discreto restaurante de avenida de Los Arcos, donde se reunieron Israel Alejandro Pérez, secretario estatal de Morena; Edgar “Güero” Inzunza, coordinador de la bancada; y los diputados Arturo Maximiliano, Ulises Gómez de la Rosa y Sinhue Piedragil. Allí, los liderazgos internos —los vinculados al grupo gilbertistas,  los piedragilovers e incluso aquellos con operación legislativa propia— se vieron obligados a confrontar viejos agravios, entre ellos la polémica elección de Inzunza como coordinador. Pese a tensiones y reproches, prevaleció la necesidad de construir una salida conjunta.

La suma del PT

 

El siguiente paso fue tender un puente con Claudia Díaz Gayou, diputada del PT, quien atraviesa distancias con sus dirigencias estatal y nacional y que, según versiones, podría dar el salto a Morena. Su incorporación resultó menos ríspida y abonó a la conformación de un frente opositor común. Incluso, se comenta que los legisladores varones acordaron vestir con corbata guinda y traje negro en la sesión solemne, como signo visible de unidad.

La protesta simbólica

 

El resultado fue contundente: Morena y PT abandonaron el informe del primer año de la LXI Legislatura en protesta por lo que califican como parálisis legislativa impuesta por el PAN y sus aliados —PRI, PVEM y MC—. Con ello, no solo evidenciaron las tensiones del Congreso local, sino que enviaron un mensaje de fortaleza a su militancia: la oposición puede caminar en bloque.

¿Parteaguas o anécdota?

 

Si esta alianza se consolida en los próximos dos periodos ordinarios, podría alterar el equilibrio político queretano. Aunque el PAN conserva mayoría con sus aliados, Morena y PT, con 12 votos, ganarían en fuerza moral y narrativa, legitimando un discurso opositor que conecte con la ciudadanía y allane el camino hacia 2027. La militancia lo sabe: la unidad es condición para competir con seriedad por la gubernatura.

Por ahora, queda la incógnita: ¿se trata del nacimiento de un verdadero parteaguas político o de un episodio anecdótico en la historia legislativa queretana? Lo cierto es que el tablero se movió y, con ello, las reglas del juego ya no lucen tan inmutables.

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Jenaro Villamil sugiere vínculo entre Latinus y Televisa

En una conversación de alto calibre periodístico transmitida por Canal 11 en el programa «Largo Aliento», conducido por la reconocida periodista Sabina Berman, el presidente del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, Jenaro Villamil, lanzó una afirmación que ha comenzado a generar reacciones en múltiples frentes: Latinus, el medio digital surgido al inicio del sexenio anterior, podría ser, en realidad, un brazo ejecutor de guerra sucia vinculado a Televisa, la poderosa transnacional mexicana de medios de comunicación.

La declaración surgió a propósito de la investigación periodística #TelevisaLeaks, encabezada por la periodista Carmen Aristegui, un trabajo que Villamil describió como «imprescindible» para toda mexicana y mexicano comprometido con el derecho a la información y la transparencia. En palabras del periodista, este trabajo revela con precisión quirúrgica el funcionamiento de lo que denominó como “fábricas de mentiras”, articuladas desde las entrañas de una de las corporaciones mediáticas más influyentes del mundo hispanoparlante.

Una acusación de alto voltaje: Latinus, ¿la extensión digital de Televisa?

Fue durante ese mismo diálogo, tras reflexionar sobre la necesidad de seguir la ruta del dinero detrás de las estrategias de desinformación, cuando Sabina Berman preguntó a Villamil sobre los otros actores que podrían operar con lógicas similares. Fue entonces cuando el presidente del SPR formuló una hipótesis que, aunque reconoció carecer de pruebas documentales concluyentes, se apoya en indicios que considera contundentes:

“Mi sospecha —porque eso es, una sospecha— es que Latinus es otro brazo ejecutor de guerra sucia de Televisa. No forma parte orgánicamente de la televisora, pero hay muchas señales que indican esta conexión”, afirmó Villamil.

Entre los elementos que sustentan esta conjetura, Villamil destacó el alto nivel de producción audiovisual de Latinus, inusual para un medio que se presenta como nativo digital e independiente. También subrayó el hecho de que la empresa esté registrada legalmente en Delaware, EE.UU., un conocido paraíso fiscal, lo que abre interrogantes sobre su financiamiento y modelo de operación. A esto se suma la presencia sistemática de analistas y opinadores ligados a Televisa en sus espacios de debate, lo cual, a juicio del periodista, refuerza el perfil de Latinus como una extensión mediática informal de la televisora.

Sabina Berman fue aún más incisiva al calificar a algunos de estos participantes como “tontos útiles” de este entramado, aludiendo directamente a figuras como Denisse Dresser y Jesús Silva-Herzog Márquez, cuyos vínculos mediáticos han sido objeto de amplio debate.

El desafío legal y ético ante la era de la desinformación

Villamil, sin limitarse a la denuncia, fue enfático al señalar la urgencia de una legislación robusta contra la desinformación, tomando como referencia cuatro países que ya han tipificado las mentiras deliberadas en medios —sean públicos o digitales— como conductas sancionables: Reino Unido, Francia, Turquía e India.

“Una cosa es la libertad de expresión y otra muy distinta es la desinformación”, sentenció Villamil, diferenciando con claridad entre el derecho legítimo a opinar y la fabricación sistemática de falsedades con fines políticos y económicos.

Desintoxicar el debate público: una urgencia democrática

En el cierre de esta conversación intensa y esclarecedora, ambos periodistas coincidieron en que el país necesita con urgencia una «desintoxicación del debate público». Un llamado que no apela al silenciamiento de voces, sino a la reconstrucción de un ecosistema informativo más honesto, plural y riguroso.

En tiempos donde la línea entre información y propaganda se difumina con facilidad, las palabras de Jenaro Villamil retumban como un desafío para los medios, para las audiencias y para los poderes públicos: recuperar la verdad no es solo un imperativo ético, sino un requisito imprescindible para la democracia.